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EL CAMINO DE CHIAPAS

Por Manuel Vázquez Montalbán


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T.gif (67 bytes) Mientras pudo, el PRI, partido que gobierna México desde hace más de 70 años, sostuvo que la matanza de Chiapas había sido un pleito entre clanes indígenas, quitándole el carácter de provocación mercenaria pagada por los caciques de la zona. Los señores feudales de Chiapas, adscritos al PRI, están interesados en desestabilizar para justificar una intervención militar. Chiapas es potencialmente rica, hasta el punto de haber conseguido enriquecer a la oligarquía a costa de la miseria de la población, mayoritariamente indígena. Mientras el PRI trata de enmascarar este asesinato perpetrado por mercenarios, la oposición pretende debilitar al PRI exhibiendo uno más de sus deslices. Pero ¿quién tiene en cuenta el problema de los indígenas, el que dio lugar al movimiento zapatista, una revolución a la defensiva, casi incruenta, con la mayor parte de sangres derramadas por los propios insurgentes?

PRI y caciques quieren cansar a los indígenas para que abandonen al comando de dirección y al carismático vicecomandante Marcos, una verdadera pesadilla mediática que ha conseguido algo similar a lo que consiguiera Charlot al rodear a las tropas del kaiser. Marcos ha conseguido emitir un sistema de señales positivo que ha invalidado todos los intentos mediáticos de ridiculizar, minimizar o demonizar la revolución zapatista. El PRI tiene una deuda muy grande que pagarle a este país, declaró en su día el vicecomandante y esa deuda no cesa de incrementarse. Las negociaciones entre los zapatistas y el poder se han roto porque el PRI practica el filibusterismo que le ha permitido gobernar durante tantas décadas, no dándose por enterado a veces, incluso, de que había perdido las elecciones en las urnas. El PRI quiere ganar tiempo para que el cansancio de las bases sociales que respaldan al frente zapatista justifique un bloqueo militar más asfixiante que el actual y el toque de degüello. El jaque zapatista no sólo deteriora la apostura política del PRI, sino que alarma a muchos otros gobiernos latinoamericanos empeñados en la operación del simulacro del desarrollismo económico y del democratismo político. Chiapas es un ruido en el canal de comunicación del Happy End del milenio.

Quieren que Chiapas vuelva al orden para que el desorden no se contagie, en parecidos términos a los que Bismarck utilizaba para pedir cuanto antes que se sofocase La Comune de París: "...antes de que esa pelagra parisina contagie a toda Europa". En toda América latina, el fracaso social del desarrollismo dará paso a la búsqueda de un modelo de intervención política construido de abajo a arriba, a partir de un balance de las necesidades reales, prescindiendo de teorías emancipatorias demasiado totales. El pragmatismo crítico de los zapatistas exaspera más que cualquier revolucionarismo utópico, exaspera precisamente porque las reivindicaciones indígenas se basan en necesidades reales, fundamentales y de posible satisfacción. Sólo desde el miedo a que el espontaneísmo crítico zapatista se aplique al conjunto de la política mexicana o desde el prejuicio y la desinformación podían ser calificadas de utópicas las reivindicaciones indígenas.

Los especialistas en comunicación están sorprendidos de cómo los zapatistas disponen de un sistema de información alternativo y global, basado en el activismo de un voluntariado solidario y cibernauta, que en pocos minutos puede oponer una verdad de artesanía a la mentira de las poderosas maquinarias de información. Tema de estudio que propongo como obligatorio para toda Facultad de Ciencias de la Comunicación todavía no vampirizada por el pensamiento único.

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