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CTAMBIÉN EL EQUIPO DE MONITOREO DE LA CAUSA AMIA CREADO POR RUBEN BERAJA CUESTIONA LA INVESTIGACIÓN DEL JUEZ GALEANO Y SUS VINCULOS CON EL PODER POLITICO

LA DUDA

Gabriel Levinas, contratado por el presidente de la DAIA para informatizar la causa, cuestiona la investigación del juez Galeano y sus vínculos con el poder político. Levinas sostiene que en forma deliberada se abandonaron pistas que conducían a personas vinculadas con el presidente Carlos Menem. Una de sus hipótesis es que los autores del atentado habrían intentado matar a Telleldín cuatro días antes de la explosión, para cortar allí el hilo. Las conclusiones de Levinas son rechazadas por el abogado de la AMIA, Luis Dobniewski, perplejo ante las estrategias de Rubén Beraja.

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GABRIEL LEVINAS, CONTRATADO POR RUBÉN BERAJA PARA INFORMATIZAR LA CAUSA Y ENTRECRUZAR DATOS


UNA INVESTIGACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN ENCARGADA POR LA DIAA QUE DESCONCIERTA A LA AMIA.


Por Horacio Verbitsky

t.gif (67 bytes) "La teoría de la Traffic explosiva no se sustenta en ninguna constancia seria, y el juez sigue desvíos voluntarios para no entrar en conflicto con el máximo poder político", sostiene Gabriel Levinas, jefe de un equipo de análisis de la investigación por el atentado a la mutual judía de Buenos Aires (AMIA) integrado por cuatro personas y que financia el presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas (DAIA), Rubén Beraja. Levinas informatizó la causa en computadoras, y la analizó con programas de animación y de entrecruzamiento de información. "La informatización es un proyecto de la DAIA. Las observaciones corren por mi cuenta", aclara. A una conclusión similar a la suya habían llegado pocos meses después del atentado los periodistas Jorge Lanata y Joe Goldman en su libro "Cortinas de humo". Según Levinas, el juez Juan José Galeano desistió en forma voluntaria de investigar aquellas pistas que llevaban a personas allegadas al presidente Carlos Menem, como el ex presidente del Centro Islámico, Nassib Haddad, propietario de la empresa que depositó un volquete en la puerta de la AMIA minutos antes de la explosión y a los funcionarios de Fabricaciones Militares que mintieron sobre la compra de amonal por Haddad y su hijo Javier. "Sólo desde lo más alto del poder político es posible llevar la causa por carriles equivocados", dice Levinas, quien menciona la relación personal entre el juez y quien apadrinó su designación, el Secretario de Inteligencia del Estado Hugo Anzorreguy. En la misma dirección, del encubrimiento orientado políticamente, apunta el libro "El Atentado", del periodista Juan Salinas, quien contó con colaboración de la AMIA. Estos cuestionamientos se producen al mismo tiempo que Galeano y funcionarios de la Presidencia de la Nación siguen en Alemania la evanescente pista iraní. Luego del primer contacto con Levinas, el año pasado, Página/12 consultó con Rubén Beraja acerca de la autenticidad del vínculo alegado. El presidente de la DAIA lo admitió y ofreció organizar una reunión de este diario con el jefe de su equipo de investigación, pero luego no la concretó. La situación parecía incomodarle, como si Levinas hubiera hablado más de lo convenido.

 

Hechos e hipótesis

El artista plástico Levinas no es un recién llegado a la vida comunitaria judía. Dice que su padre inauguró como miembro del tribunal de ética de la AMIA el edificio destruido en el atentado de 1994, que un tío

intervino en la captura de Adolfo Eichmann en Buenos Aires, en 1960, que un primo cumple tareas en el gobierno israelí y que Menahem Begin durmió en su casa de Buenos Aires antes de ser primer ministro de Israel. En la década del 80 fue director-propietario de la revista "El Porteño", que durante la misma dictadura militar publicó las primeras investigaciones sobre la desaparición de personas. Levinas no cree que los detenidos Carlos Telleldín y Juan José Ribelli sean ajenos al atentado, pero sí que es necesaria una explicación distinta acerca de cuál fue su participación. La relación de Levinas con Beraja es compleja. Comenzó cuestionando que un banquero presidiera la organización central judía y terminó trabajando para él en la investigación de la investigación. Levinas dijo que antes de hablar con este diario informó a Beraja y que acordaron un enlace discreto a través de un tercero por si esta semana les resultara incómodo comunicarse en forma directa. Beraja no respondió a un llamado de este diario, el viernes 24.

Levinas se resiste a exponer hipótesis y prefiere limitarse al análisis de los hechos del expediente. Pero cuando se le insiste, arriesga que el motor que apareció entre los escombros pudo haber sido sembrado en forma deliberada para desviar la atención hacia Telleldín, quien cuatro días antes del atentado eludió un intento de asesinato por parte de sus socios policías. "Ahí debía cortarse el hilo", dice Levinas.

Galeano no fue consultado antes de la redacción de esta nota porque estaba en Alemania. En oportunidades anteriores el juez se negó a conceder un reportaje sobre otros puntos de la causa.

El abogado de la AMIA, Luis Dobniewski, quien sí aceptó la consulta, no descarta cada una de las afirmaciones fácticas de Levinas, pero difiere radicalmente en su interpretación. "Hay muchos detalles que aún no tienen explicación, pero que no son esenciales. No tenemos dudas acerca de la existencia del coche-bomba, aunque sólo Telleldín sepa cuál fue su itinerario. Y a partir de allí queremos avanzar sobre la autoría, para no empantanarnos como la Corte Suprema, que todavía sigue discutiendo si la explosión fue dentro o fuera de la embajada de Israel", dice Dobniewski, quien atribuye todas las dudas a una estrategia de la defensa de Ribelli. Cuando se le informa que la fuente de esas observaciones no es el ex comisario detenido sino el jefe del equipo que responde a Beraja, Dobniewski confirma que conoce de su existencia, pero sólo responde con un gesto de desconcierto. Es ostensible que no entiende la estrategia de Beraja. La publicación de este artículo no implica dar fe de las afirmaciones de Levinas. Pero por su gravedad, por los antecedentes de quien las formula y por el comitente para quien trabaja, es obvio que merecen ser escuchadas como parte del proceso de elaboración colectiva de la verdad y, de ser posible, refutadas. Lo que sigue es una exposición de sus principales observaciones, y las respuestas que sobre cada punto brindó, o no, Dobniewski.

 

La foja 114

Según Levinas, el juez Galeano comenzó a investigar a Telleldín cinco días antes de que apareciera entre los escombros el motor numerado:

--En la foja 114, que no tiene fecha pero que está cosida entre dos del 20 de julio de 1994, se ordena la escucha de varios teléfonos, entre ellos los de Telleldín, su hermano y Alejandro Monjo. Pero el motor aparece el 25 de julio a la noche y recién a partir de allí su pudo reconstruir la cadena (primer propietario, compañía de seguros que se quedó con los restos del vehículo incendiado, Monjo que lo compró y que dice que lo vendió a un tal Teccedin).

--¿Usted informó esto?

--Sí, a Beraja y al abogado de DAIA, Rogelio Chichowolsky, pero advierto que nuestro trabajo sólo está sirviendo para que se limpien cosas, en una práctica amistosa confusa de los abogados con el juez. Se lo plantearon a Galeano, quien dijo informalmente que la foja 114 se traspapeló. Pero la secretaria María Susana Spina firmó la recepción del primer cuerpo del expediente, cosido y terminado, el día 25 de julio a la mañana. En el cuerpo 2, aparecen más de 40 fojas del mismo día 25. Es decir que ya había un cuerpo nuevo abierto. Esto sólo se explica porque había intención predeterminada de encontrar a ese hombre.

--¿Por qué?

--Sólo puedo contestar subjetivamente. Creo que formaba parte del plan. Pensaban que a Telleldín lo iban a encontrar muerto, pero el 14 de julio zafa en un tiroteo, en el que participan sus socios policías Bareiro y Barreda. La idea era encontrar a partir del motor un pedazo de terrorista muerto, un antisemita, hijo de un represor. Ahí se hubiera cerrado la investigación. Pero Telleldín se asusta y se esconde. Reaparece una vez que pacta las condiciones, entre su mujer, Bareiro y Barreda.

Dobniewski niega que haya habido explicaciones informales. Primero dijo que el juez había labrado un sumario que determinó que esa foja se había traspapelado, en el desorden de los primeros días. Cuando este diario le solicitó ver el sumario, precisó la información: "No fue un sumario, sino un incidente de nulidad del hallazgo del block de motor, a raíz de la solicitud del defensor de Ribelli, Jorge Fiscalini, que usó el mismo argumento que menciona Levinas. Ese cuerpo del expediente se cosió en el Departamento de Protección al Orden Constitucional de la Policía Federal y se recibió en el juzgado el día 29. Los pedidos de escucha se anticiparon en forma telefónica el 25 de julio, luego de la aparición del motor y las escuchas comenzaron el día 26. Si Levinas conoce la causa como para detectar lo de la foja 114, ¿cómo no conoce también estos hechos determinados en el expediente?", dice Dobniewski, quien entregó una copia del incidente de nulidad, resuelto por Galeano el 17 de enero de 1997.

 

Los Haddad

Otro punto clave en las observaciones del jefe del equipo contratado por Beraja es la ausencia de investigación sobre la compañía Santa Rita, que depositó un volquete frente a la AMIA minutos antes de la explosión. "El chofer Juan Alberto López dijo que el ingeniero Andrés Malamud recibió el volquete. Pero su mujer no reconoció la firma en el remito, que una vez peritada resultó falsa", dice Levinas. La empresa Santa Rita es propiedad de Nassib Haddad, quien según Levinas "nació en una aldea del sur del Líbano, de donde es la familia del líder espiritual del Hizbollah, Mohamed Hussein Fadlalla. Por fuera del expediente, fuentes israelíes confirman que son primos hermanos. Pero aunque no lo fueran, ambos tienen la misma edad, se criaron en una aldea de 60 habitantes y deben haber jugado juntos a la bolita", dice.

Además de volquetes, la empresa de Haddad se ocupa de demoliciones con explosivos. "Javier Haddad declaró que nunca había usado amonal y que no conocía ese explosivo. El juez pide al ministerio de Defensa información sobre las compras, contesta la carta el coronel Carlos Jorge Franke, quien dice que Haddad comenzó las compras regulares de explosivos para la represa Casa de Piedra a partir de marzo de 1994. Pero Delbene y Serris S.A. Fábrica Argentina de Explosivos de Olavarría manda una boleta de octubre del '93. Haddad había comprado la cantidad de amonal que según los expertos serían necesaria para el atentado. Franke no es cualquier coronel: estuvo procesado en la causa por la venta de armas a los musulmanes de Bosnia y acaba de ser desprocesado por la sala de la Cámara que integra la jueza Riva Aramayo, casualmente" , dice Levinas.

Añade que el chofer López tenía que entregar otro volquete en un terreno de Constitución, propiedad del empresario textil y amigo presidencial Alberto Kanoore Edul: es un baldío con una casilla precaria. "Ahí no tenía por qué ir un volquete. Tal vez era el lugar previsto para desarmar la bomba si no se podía colocar en la AMIA. Tanto el chofer López como Edul se comunicaron con Telleldín, por teléfono o a través de mensajes. No me animo a decir que esto complete una hipótesis sobre el atentado, pero es suficientemente significativo como para que se profundice la investigación, cosa que el juez no hizo. Como mínimo daba para procesarlos a todos por falso testimonio, a Javier Haddad por el delito federal de transportar explosivos no autorizados por una ruta nacional, y por supuesto para seguirlos investigando. Los Haddad estuvieron demorados un par de días, igual que otros tres detenidos de origen árabe propietarios de un departamento en el mismo edificio de la calle Cochabamba donde tenía el suyo en Buenos Aires Carlos Menem. Uno de ellos declaró ser sobrino del presidente de Siria. Galeano los dejó en libertad luego de reunirse con Menem, al regreso de Venezuela, donde fue a escuchar al extraño arrepentido iraní Manucher Moatamer. Una de las personas que se buscaban en aquellos allanamientos era el presunto inversor saudita Hassan Sibai. Es el mismo que los israelíes buscaban el mes pasado cuando colocaron los micrófonos en la sede diplomática en Berna. Todo esto hubiera merecido una investigación a fondo", añade Levinas.

El abogado de la AMIA es cauto. "Nosotros también suponemos que el contenedor pudo haber servido para abrir camino a la camioneta, para que nadie estacionara allí. Tal vez quien lo llevaba se comunicó por radio con el conductor del coche explosivo. Una testigo, ascensorista de AMIA, declaró que le sorprendió el silencio que había en la calle, como si hubieran evitado la circulación. Pero a todos los sospechosos se los debió escuchar con un código garantista, como corresponde, porque de otro modo la Cámara los hubiera puesto en libertad", dice Dobniewski, quien tampoco da por seguro el parentesco entre Haddad y el líder espiritual de Hizbollah.

--¿No había elementos para procesarlos por falso testimonio al menos?

--Seguimos otra estrategia procesal, pero la investigación no se detiene. Sobre cada punto mencionado se abrieron legajos en los que se van acumulando los datos como piecitas de un rompecabezas. Ni los Haddad, ni Edul, ni Fabricaciones Militares, ni el amonal han quedado fuera de la investigación agrega, sin entrar en detalles.

 

La Traffic

Levinas sostiene que los pedazos de chapa y las piezas de vehículos encontrados entre los escombros no corresponden a la supuesta Traffic explosiva. "Es muy llamativo que a los pocos minutos del atentado la Policía Federal ya hablara de una Traffic. Sólo se encontró un 7 por ciento del presunto vehículo, cuando el promedio en atentados explosivos con vehículos es del 35 al 40 por ciento. Los peritajes solicitados a Ciadea indicaron que los pedazos de chapa hallados no fueron sometidos a temperaturas superiores a las del proceso de pintura. Es decir que no estuvieron en un incendio, lo cual permite desechar la versión de que se trata del vehículo quemado que Telleldín le compró a Monjo. El informe de Ciadea dice que la bomba de nafta del presunto cochebomba nunca fue montada. El experto que firma me ratificó que 'jamás pasó nafta por su interior', es decir que no fue usada para poner en marcha vehículo alguno. Están tratando de hacer posible un vehículo con un amortiguador de Traffic largo para mucha carga, con otro corto, una bomba de nafta que nunca funcionó, tacos de motor que no corresponden al tipo de motor utilizado, un motor que no pudo transportar una carga de mil kilos a una velocidad lógica. Parecen un montón de piezas puestas en el lugar, antes o después de la explosión, que no podían conformar un vehículo posible. Hay cosas que no se encontraron y que debían encontrarse: el falso chasis que está debajo del motor y que es más sólido y grueso que el motor. Los propios fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia afirman en la foja 12.203: 'Los restos hallados en el escenario del hecho no se corresponden con la camioneta reparada en el taller de Nitzcaner'. Cuando le pregunté a los técnicos de Ciadea por qué no habían explicado que esos pedazos no podían corresponden a un vehículo que hubiera andado me dijeron: 'Porque nadie nos lo preguntó'. Hay una segunda Traffic que se investiga, que fue robada al disc jockey Pedro Alejandro Sarapura y que tal vez sea la que, vía Telleldín, llegó a Ribelli. Pero según el peritaje de Ciadea tampoco corresponden a ese vehículo los restos hallados entre los escombros. Nitzcaner dice que la camioneta que le trajo Telleldín estaba cargada de madera, con la que se hizo una mesa, lo cual descarta que haya estado en un incendio", dice Levinas.

También cuestiona el modo en que fueron encontradas las piezas del vehículo: "El 90 por ciento de los hallazgos tiene como testigos a tres tipos de dudosa calidad: Gustavo Hernán Moragues, dueño de 'Moragues instalaciones SRL', de Pasteur 669, donde la Policía Federal instala su centro de operaciones, y dos de sus empleados, Garris y Lugo. En las actas de secuestro de pruebas, los bomberos anotan que dada la peligrosidad del lugar no había otros testigos disponibles, lo cual es refutado por las innumerables filmaciones y fotografías con centenares de personas que circulaban entre los escombros. Esas actas hablan de peligrosidad en Tucumán o Viamonte al 2300, a 150 metros del derrumbe, donde no había riesgo alguno y los negocios ya estaban abiertos. Sobre todo uno de los testigos, Pablo Marcelo Garris, tiene antecedentes interesantes. Su padre, René Federico Garris, fue colaborador del coronel Roberto Roualdés durante la dictadura militar", dice Levinas, quien sugiere que la existencia misma de 'Moragues Instalaciones' en la cuadra de la AMIA debería ser investigada. (Garris fue uno de los peritos del Banco Central y de la Comisión Nacional de Valores que en 1977 participaron en las investigaciones ilegales por las cuales un grupo de empresarios de Industrias Metalúrgicas Grassi y el Banco de Hurlingham estuvieron secuestrados en Campo de Mayo, donde varios de ellos fueron torturados y la esposa de uno fue violada).

Levinas agrega que "hace un mes los abogados de DAIA y AMIA pidieron que se analizaran los restos de vehículo para evaluar si habían sido afectados por una explosión y podían corresponder a una Traffic. En una semana están tratando de hacer lo que no se hizo en cuatro años, es una vorágine para acomodar las cosas para el día del juicio oral, en el que temen que aparezca Ribelli con la camioneta. Un pedazo de motor no significa nada, cuando las reglas de resguardo de pruebas fueron transgredidas. Aunque el nuevo peritaje indicara que el motor tiene restos de explosivos no cambiaría nada. Si los hubieran puesto en un contenedor esos pedazos hubieran salido disparados y el peritaje igual diría que estuvieron en una explosión". Levinas también cuestiona a Nicolasa Romero, la única persona que dijo haber visto la Traffic y la única de cuyo testimonio se levantó un plano. "A todas luces miente en su primera declaración. Cronometré los tiempos posibles en la trayectoria que narra y no coincide. Señalé una serie de contradicciones entre su testimonio y el de su hermana, que iba con ella. Luego de analizar su testimonio con un programa de animación computada objeté afirmaciones suyas como que había visto la cara del conductor de la Traffic a 30 centímetros de distancia y que tenía facciones árabes. Desde la posición en que dice haber estado no pudo verlo a menos de un metro y medio. Los dos o tres segundos que tuvo para observar el vehículo no dan para semejante descripción del conductor. La hermana nunca vio una Traffic, pero sí un taxi. Nicolasa dice que la Traffic casi las atropella y que venía lentamente lo cual es una contradicción. Le transmití todo eso a Chichowolsky, que pidió que volviera a declarar. Cuando estaba señalando que el policía que le tomó la primera declaración modificó cosas en su testimonio, rompió a llorar. En lugar de profundizar el interrogatorio, el juez levantó la audiencia, no dejó constancia de su quiebre ni volvió a citarla. A la hermana tampoco se la volvió a llamar y nadie se tomó el trabajo de averiguar si alguien miente y por qué", dice Levinas.

 

Una pista falsa

Dobniewski refuta algunas de estas observaciones, coincide con otras y calla sobre unas pocas. "La policía habló de una Traffic desde el primer momento, porque los pedazos de chapa que se hallaron no correspondían a ningún auto estacionado en el lugar y en cambio coincidían con el tipo de chapa de la Traffic. Los informes técnicos prueban la existencia del coche-bomba, del que se identificó enorme cantidad de piezas, encontradas en el lugar del hecho, muchas de ellas por la brigada israelí de socorristas. El motor apareció en la dirección que teóricamente había indicado el jefe de esa brigada. Eso posibilitó la detención de Telleldín", dice.

Según el letrado de la AMIA "hubo gente que instaló que no explotó un coche-bomba sino el contenedor. Sobre todo un señor Di Napoli, que se presenta como productor agropecuario, dice haber sido secuestrado por el padre de Telleldín, cosa que no se verificó, y se pegó a los familiares de las víctimas. Eso generó dudas en mucha gente e hizo perder mucho tiempo, siguiendo una pista falsa. Se pretendía que los restos aparecidos bajo los escombros fueron plantados para ocultar lo que pasó. Nos vimos obligados a hacer un simulacro, con el apoyo de los periodistas Raúl García y Néstor Macchiavelli".

--¿Ustedes dirigieron y financiaron ese trabajo que se presentó como una investigación periodística?

--Sí. Es el que se pasó en el programa de Mariano Grondona. En la primera explosión, de un contenedor con nitrato de amonio, se observa que su piso desaparece y el resto se fragmenta en trocitos. En la segunda explosión, con otro contenedor vacío al lado, a la distancia de la entrada de la AMIA a que estaba el auténtico, el piso del volquete vacío quedó integro y retorcido de la misma forma que el de la calle Pasteur. Nosotros no nos atamos a una explicación determinada, porque lo que buscamos es la verdad. Es posible que el volquete haya formado parte del operativo, pero creemos que está demostrado que no como contenedor de explosivos. En cambio es seguro que el motor que se encontró es el incendiado en la Traffic de Aarón Cassin, que luego Monjo le vendió a Telleldín. Con ese motor y la carrocería de otra Traffic robada se armó la camioneta explosiva. No sabemos cuál era esa Traffic robada, pero el motor individualiza el coche-bomba. El envoltorio es jurídicamente irrelevante. Si pedimos una pericia molecular fue para demostrar que estuvo afectado por la explosión y no fue plantado allí. Es verdad que hay piezas que no se sabe de qué son y otras que no corresponden a una Traffic y eso está abierto a hipótesis, pero que haya situaciones que todavía no se explican no altera la realidad. Sólo Telleldín sabe cuál es la carrocería que usó y hasta ahora no lo ha dicho. Dudamos si lo de Niztcaner no es otra pista falsa implementada por Telleldín, que confundió la investigación mucho tiempo. Nitzcaner es sólo una hipótesis, Sarapura es otra.

Acerca del testimonio de Nicolasa Romero, Dobniewski sostiene que la interrupción del interrogatorio ante su llanto sólo puede interpretarse como un gesto de delicadeza del juez. "Era una víctima del atentado, no una imputada", dice. Añade que la AMIA conserva el pizarrón que se usó para anotar lo que se iba encontrando. "En la presentación judicial que se editó con el título 'La denuncia' fuimos muy claros en señalar lo mal que se trabajó, la falta de centralización, y la intervención de gente tal vez involucrada en el atentado. Luego de analizar los rebotes de las ondas expansivas el perito Osvaldo Laborda señaló una terraza inaccesible, en Pasteur y Viamonte, donde dijo que tendría que haber fragmentos. Se ordenó el allanamiento y en el piso de la terraza se encontraron pedazos de chapa y de goma que correspondían a una Traffic. Admitamos que se pudo plantar un motor entre los escombros de la AMIA. ¿Y eso también fue plantado?", dice Dobniewski.

 

El auto de oro

Otro punto en el que insiste Levinas gira en torno del auto del electricista Daniel Joffe, un Renault 20 de 1979/80 que estaba al lado del volquete en el momento de la explosión. "Es el único de todos los vehículos que tiene desintegración material por proximidad. Sin embargo no fue peritado y se trató de destruirlo arrojándole escombros encima. Nueve meses después del atentado el juez decidió devolver lo que quedaba del vehículo y al día siguiente un desconocido, que no podía saber que él lo tenía, le ofreció 5.000 dólares por ese pedazo de chatarra inservible. Joffe se negó y el desconocido le ofreció 10.000 dólares, que es casi lo que vale un cero kilómetro. Cuando volvió a negarse, lo insultó y lo amenazó", señala Levinas.

Dobniewski disiente. "No hay coincidencia sobre el lugar exacto en que quedó el auto, debido a la confusión y a la destrucción del lugar. Tal vez estaba al lado del volquete y tal vez no. Tampoco recuerdo haber visto en el expediente la historia de la oferta de compra y la amenaza. Pero nada de eso modifica la autoría. Está demostrado que hubo un coche-bomba, que arrastró y destruyó el volquete. El efecto que eso produjo sobre lo que estaba cerca es sólo un fenómeno físico, irrelevante para la búsqueda de la verdad", insiste, con una rigidez llamativa en un hombre reflexivo como él. Aclara que no es defensor de Galeano y que su único interés es llegar a la verdad. El cuestionamiento lo irrita, sobre todo cuando sabe que proviene de alguien contratado por Beraja, cuyas actitudes no termina de entender. "Muchas de las críticas parten de una premisa falsa: que nadie investiga. Se está avanzando, pese a la falta de colaboración de años. Nosotros tampoco descartamos ir a la Corte Interamericana de San José, como anunciaron los familiares. Pero esa es una decisión política, de última instancia, a la que sólo recurriríamos si creyéramos que es imposible obtener una condena jurídica en el expediente argentino. Estamos metidos en serio en la investigación. Admito que hay una contradicción entre la reserva del sumario y la información republicana, ambas necesarias. Hasta ahora no supimos encontrar el punto justo", concluye.


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Ciadea informa que los restos de chapa hallados entre los escombros nunca fueron sometidos a más calor que el del pintado

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El Coronel Franke certifica quel el Del Bene vendió explosivos a Haddad a partir de marzo de 1994. Pero las ventas habían empezado en octubre de 1993.


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Carlos Telleldín escapó de un tiroteo y se salvó de la muerte.


Levinas supone que "ahí se hubiera cerrado la investigación".

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Rubén Beraja, presidente de la DAIA


Ofreció una reunión con el equipo dirigido por Levinas pero no la concretó.


El volquete: "Haddad mintió sobre el amonal, pero luego de una audiencia con Menem, Galeano lo dejó en libertad. Tampoco investigó a un coronel de Fabricaciones Militares, procesado por la venta de armas a los musulmanes de Bosnia".

La Traffic: "Ribelli y Telleldín no son ajenos al atentado. Pero falta una explicación convincente de su participación porque la teoría de la Traffic explosiva es insostenible".

 

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