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INDIA Y PAKISTAN A UN TRIS DE LA GUERRA NUCLEAR

NOTICIAS BOMBA DETRÁS DE LAS BOMBAS

Detrás de las condenas universales a India y Pakistán, empiezan a preocupar China y Rusia, los verdaderos sponsors.

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"No bombas, no guerra, no lágrimas", dice el cartel de un manifestante.

Fue en una marcha antibélica en Nueva Delhi, pero los antibélicos son minoría.


Por Claudio Uriarte

t.gif (67 bytes)  La mayoría de los análisis periodísticos seguramente está hablando de lo que hicieron Pakistán y la India. Pero esa no es la verdadera noticia. No se trata de que el Consejo de Seguridad haya condenado enérgicamente las cinco pruebas nucleares paquistaníes, ni de que la secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright haya pedido una nueva reunión urgente del Consejo --presuntamente para ver si es posible sacar una condena más vinculante o punitiva--, ni de que Pakistán se reservara el derecho de hacer nuevos ensayos, ni siquiera de que la inteligencia norteamericana anticipara que habrá nuevas pruebas paquistaníes este fin de semana. Estas informaciones, si bien son preocupantes, corresponden a movimientos previsibles de la rueda automática de la escalada, una vez que ésta se puso en marcha. Lo importante está detrás. Las verdaderas noticias aparecen por debajo de las explosiones: en las reacciones de los distintos actores nucleares mundiales, que son como los cráteres abiertos por los dos gobiernos bomba en la trama de las relaciones internacionales, y a la vez un signo anticipatorio de lo que vendrá. Esto se decodifica así:

* China remoloneó hasta último momento en su condena y lo hizo en los términos más lavados posibles. Esto es porque China es aliada de Pakistán y porque el premier indio Atal Behari Vajpayee amenazó directamente a Pekín con un ataque nuclear. India y China estuvieron brevemente en guerra en los años 50, pero entonces no tenían la Gran Bomba. Ahora sí, y China debe prever involucrarse con su aliado Pakistán, tal vez con un ataque nuclear preventivo contra Nueva Delhi. Por eso condena flojo.

* Rusia esta vez condenó también tibiamente a Pakistán, pese a su tradicional alianza con India. Esto no es por un debilitamiento de las razones geopolíticas de hierro que atan a Rusia a la India sino porque Rusia misma está profundamente debilitada, y la pregunta no es ya si va a caerse sino a qué niveles de autodestrucción va a llegar. Entonces, Rusia se repliega sobre sí misma y baja los decibeles en sus principales teatros de política exterior, como también lo ha hecho en el caso de su respaldo a Serbia contra casi toda la comunidad internacional. Pero el repliegue ruso no vuelve la situación menos sino más grave, por la simple razón de que el barco ruso está al garete, con un presidente senil y alcohólico que cree que el arte de ejercer el poder se reduce a aterrorizar a sus funcionarios con despidos imprevisibles y decisiones poco sobrias. La crisis de Boris Yeltsin y el ataque especulativo contra el rublo son solamente el eslabón saliente de una cadena muy negra que empieza en empresas estatales falsamente privatizadas --en realidad, con los títulos de propiedad turbiamente transferidos a los viejos gerentes de la época soviética, como el caso del ex premier Viktor Chernomyrdin, identificado con el monopolio del gas, Gazprom--. Esa cadena negra tiene otro punto de arranque en un capitalismo algo menos falso pero profundamente mafioso e ilegítimo, que adorna las mesas de 1000 dólares de los restaurantes caros de Moscú con teléfonos celulares, trajes de Armani, anteojos oscuros y cocaína. Entonces, pese al apoyo del FMI y de Estados Unidos --que en realidad trataron y ya fracasaron en mantener más o menos unido un tinglado sostenido con alfileres--, eventualmente los mercados tenían que atacar. El aumento de las tasas de interés en un 150 por ciento intenta frenar la hemorragia monetaria pero el costo es crear una recesión fortísima en un país donde la mayoría de los trabajadores cuelga sueldos adeudados de varios meses. Ya que la tasa de interés define qué negocios se pueden hacer y cuáles no, y un aumento del 150 por ciento implica que los únicos posibles son los ilegales. En este cuadro de profunda descomposición --salpicado de crecientes episodios de lucha de clases y de lucha de calles-- la presidencia de Yeltsin, que dista de contar con los mecanismos de piloto automático que enorgullece a la norteamericana y que garantizan que cualquier estúpido pueda ser presidente, representa la perfecta expresión del estado --en el doble sentido de la palabra-- de su país: tambaleante y a los tumbos. Esta es una situación muy peligrosa para el país que dispone del segundo arsenal nuclear de la tierra. El peligro es muy concreto: que Rusia sobrerreaccione a una crisis y dé un golpe nuclear preventivo contra China, en cuyo caso estamos ante una nueva guerra mundial. Pero nuclear.

* Estados Unidos, en este contexto, está obligado a parar a los antagonistas. El problema es cómo. Una posibilidad de parar la rueda de la escalada es que Pakistán, más débil que la India, afloje ante las sanciones económicas de casi todo el mundo. Pero eso no nos deja en un mundo ideal, ya que el gobierno bomba indio va a seguir existiendo y provocando. El problema es que hindúes y paquistaníes eligieron y siguen eligiendo. Y lo hacen muy mal.

 

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