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CUANDO NO SON LOS SANTOS
LOS QUE VIENEN MARCHANDO

Los protestantes están impedidos por vez primera para una marcha tradicional por barrios católicos. Pero no lo aceptan.

Protestantes lealistas incendian vehículos y arman barricadas.
Están dispuestos a casi todo por su procesión humilla-católicos.

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Por Marcelo Justo
Desde Londres

t.gif (67 bytes)  Por segunda noche consecutiva, miles de miembros de la Orden de Orange, una organización político-religiosa protestante en Irlanda del Norte, permanecen acampados a las afueras de una población católica por donde quieren desfilar a pesar de la prohibición emitida por la Comisión Independiente de Desfiles. Separados por una barricada de acero, alambre de púa y una larga trinchera del ingreso a la calle Garvanghy, centro de un barrio católico de Portadown, al suroeste de la capital, Belfast, los miembros de la Orden se preparan para un largo finteo con la fuerte presencia policial desplegada en la zona. Mientras tanto, en áreas protestantes de Belfast se produjeron anoche violentos enfrentamientos entre la policía y grupos lealistas, que desean mantener el vínculo con Gran Bretaña. El ministro principal de la provincia, el protestante David Trimble, se vio obligado a desmentir rumores de una posible renuncia a sólo una semana de que lo eligiera la Asamblea Legislativa autónoma de Irlanda del Norte, un órgano en el que protestantes y católicos comparten el poder en un intento de llegar a una solución pacífica al ancestral conflicto entre ambas comunidades.

Como parte de las medidas ensayadas ayer para desactivar la crisis, la Comisión Independiente de Desfiles anunció por la tarde que se permitiría la realización de un desfile de la Orden la semana próxima en Lower Omeau, una calle católica en Belfast. "Esto no debe entenderse como una compensación por haber prohibido el desfile en Portadown. Simplemente analizamos las condiciones y nos dimos cuenta de que era factible realizar la marcha el lunes próximo", indicó Alistair Graham, presidente de la comisión. El anuncio logró un perverso consenso entre los distintos sectores de la provincia: protestantes y católicos reaccionaron con iguales dosis de incredulidad y desilusión. "Nosotros seguiremos manteniendo nuestro derecho a desfilar por donde querramos", indicó George Patton, miembro del ejecutivo de la Orden de Orange. "Este anuncio es una simple capitulación a la política de intimidación violenta que usan los protestantes", señaló el líder católico Gerard Rice.

La disputa en torno al derecho de la Orden a desfilar por calles católicas como la Carvaghy en Portadown o la Lower Omaug en Belfast se ha convertido en un símbolo del abismo que separa a ambas comunidades. Los católicos consideran que el desfile es una provocación, ya que conmemora la decisiva victoria que obtuvo William de Orange sobre las fuerzas católicas en el siglo XVII, mientras que la Orden aduce que la libertad de reunión es un derecho inalienable de cualquier comunidad en un Estado democrático y que negarlo es una concesión más que hace el gobierno británico a los católicos. En 1996 las fuerzas de la Orden se atrincheraron en Portadown durante cinco días hasta obligar a la policía a dar marcha atrás y autorizar la procesión, desatando así la ira y la violencia de los católicos. Los católicos temen que ahora vuelva a pasar lo mismo. "No se puede hablar de derechos civiles absolutos. No se puede invadir el espacio ocupado por la otra comunidad sin pedirle permiso. Este es el fondo de la actual crisis", explicó a Página/12 Paul Bew, profesor de Política en la Universidad de Belfast.

El forcejeo territorial entre las dos comunidades cobra un significado especial porque se da en el contexto del acuerdo firmado en Semana Santa por los principales partidos protestantes y católicos, así como por la mayoría de las organizaciones armadas. Este acuerdo, ratificado en un referendo el 22 de mayo, allanó el camino para la elección el 25 de junio de una Asamblea Legislativa de 108 miembros que debe formar un gobierno de consenso. El referendo contó con el apoyo del 71 % de la población, pero una importante minoría protestante se inclinó por el No y aún entre aquellos que votaron a favor hubo un considerable porcentaje que lo hizo más por hastío que por genuina convicción. La Orden de Orange, que cuenta con 80 mil miembros, se encuentra entre los que rechazaron el acuerdo al que consideró como un paso en el camino hacia la unificación de Irlanda del Norte con la República de Irlanda.

El protestante David Trimble, que como ministro principal de la Asamblea es el virtual gobernador electo de la provincia, se sumó ayer a las voces del primer ministro británico Tony Blair, su homólogo irlandés Bertie Ahern y del presidente estadoundiense Bill Clinton, que durante el fin de semana hicieron reiterados llamamientos para resolver pacíficamente la crisis. "Esto requerirá un esfuerzo mancomunado. Estamos haciendo todo lo posible", indicó Trimble. Por el momento las posibilidades de que estos llamamientos encuentren eco parecen remotas. El apoyo a la paz proviene de la mayoría silenciosa que hasta ahora no ha conseguido organizarse para hacer frente a la capacidad militante y aguerrida de los violentos. En la madrugada del viernes los lealistas incendiaron diez iglesias católicas y en las dos últimas noches repitieron actos de violencia en los barrios protestantes de Belfast y de otros condados en la provincia. La temporada de los desfiles, que comenzó en junio, termina a mediados de agosto, en el gris verano de Irlanda del Norte, al final del cual habrá que volver a contar lo que queda de los acuerdos de paz firmados el 10 de abril.

 



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