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EN MARSELLA SE VIO EL MEJOR PARTIDO DEL MUNDIAL
La alegría no es sólo brasileña

Brasil venció por penales a Holanda en un encuentro al que no le sobran los adjetivos.Lo pudo ganar antes, con el contragolpe.

Taffarel adivina la intención de Frank de Boer. Es el segundo penal que el arquero brasileño contiene.
Brasil necesitó ir a la serie de penales, porque no pudo rematar a Holanda con el contragolpe cuando ganaba 1-0.

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Por Juan José Panno  desde Marsella

t.gif (862 bytes) Aviso: seguramente a este comentario se le va a escapar algún adjetivo exagerado, una figura que sobredimensiona lo que fue la semifinal entre holandeses y brasileños, el mejor partido del Mundial. Es irremediable. Tal vez convenga largar todo de una buena vez: fue electrizante, fue lindo, fue emotivo, fue caliente, fue picante, tuvo unas dos docenas de jugadas para recordar en todos los sectores de la cancha, un montón de goles transformados en situaciones increíblemente salvadas, tuvo varias actuaciones individuales rozando el 10, tuvo un marcador incierto hasta el final y de yapa evitó la crueldad de un gol de oro y los 120 minutos terminaron como no podía ser de otra manera: con un empate.

Lo mejor estuvo en el segundo tiempo y el alargue, por lo que hasta uno podría olvidarse de ese primer tiempo que nos dejaba la sensación amarga de pensar que Argentina no estaba tan lejos de lo que habían producido los dos equipos. Los 45 finales y los 30 de la extensión se agradecen aunque nos hayan devuelto a la realidad: estaba bien, por si quedaba alguna duda, que en la cancha estuvieran los que estaban. Y la Selección Argentina no tenía nada que ver con todo esto.

Estos partidos hay que comentarlos así, en caliente, aunque la diferencia horaria con Argentina permita sentarse a tomar un café, enfriarse, repasar todo y buscar los puntos justos del análisis. Quedará para después, en todo caso. Ahora, en la piel está grabada la conmovedora búsqueda de Holanda a partir del gol de Ronaldo (a lo Ronaldo, con pase de Rivaldo a lo Rivaldo) y hasta casi el final del partido que empató con un cabezazo de Kluivert, a lo Kluivert, bien arriba, metiendo la pelota abajo. Hubo momentos en que el equipo de Hiddink, al que seguramente muchos acusarían de romántico en la Argentina, se quedó con dos jugadores en el fondo, caminó todo el tiempo sobre la cornisa, tirando la pelota de aquí por allá, casi siempre a ras del piso, a veces por arriba, pero siempre disfrutando del placer del juego asociado.

A otros jugadores, la pelota en los pies les quema y se desprenden rápidamente de ella para sacarse el compromiso. Los holandeses, por el contrario, la prestan y se vuelven a mostrar, porque lo que les gusta es justamente el compromiso de tenerla para podérsela pasar a un compañero y volver a empezar. Todo eso que hicieron los de naranja se revaloriza si se tiene en cuenta que enfrente estaba el Brasil de Ronaldo agazapado, el de Rivaldo displicente, discontinuo y brillante en sus escasas apariciones, el de Denílson que no sabe que hizo un curso de magia y amaga y pasa por arriba y de golpe, eso que estaba al alcance del defensor, no está más y el tipo tampoco. Frente al Brasil de Roberto Carlos, al que se lo ve carreteando despacito por su lateral y de pronto despega y cuando alcanza la altura crucero del fondo mete centros como bombas. Frente a ese equipo de grandes jugadores que se alternaron para subir a la escena y ganarse los aplausos, Holanda. Un equipo con menos actores protagónicos, pero con una concepción de la geometría y la audacia que convierte en dignas cada una de sus actuaciones.

Lo pudo ganar Brasil antes de los noventa porque no le faltaron oportunidades en su contraataque cuando el rival se jugaba por el empate. Lo pudo ganar y no lo consiguió para toda la alegría de la gente. El cabezazo de Kluivert del 1-1 lo gritaron junto con los holandeses los que querían que, por favor, no se terminara. Uno, como suele decir Galeano, anda por las canchas mendigando un cachito de fútbol y no era justo que los tipos que venían con las manos abiertas para dar la limosna doblaran para otro lado o los atropellara un auto en el medio de la calle. Fue gol de Kluivert, empate, alargue y limosna. Gracias. Por la emoción que siguió, por el remate del negrito del número 9 junto a un palo, por la corrida de Ronaldo, por el tiro de Bergkamp que tapó Taffarel después de un error del inseguro Zé Carlos, por la de Ronaldo desde afuera del área que el arquero holandés sacó imitando las voladas del Pato Fillol, por la chilena de Ronaldo que sacó Frank de Boer, por un ratito más del gigantesco pelilargo, paticorto y guapo Davids, por un ratito más de Denílson y de De Boer.

Holanda y Brasil hicieron el partido que todos esperaban. Quizás por eso cuando terminó, cuando se acabó la quiniela de los penales, terminaron aplaudiendo todos. Quizás mañana uno se dé cuenta de que exageró, que si no se hubiera producido el gol de Ronaldo en el arranque del segundo tiempo los dos hubieran continuado respetándose demasiado. Pero eso se verá en el análisis en frío. Quizás mañana, al despertarse, uno se dé cuenta de que la mina no era tan linda, que no tiene la voz de Edith Piaf, ni las formas de la Schiffer, ni la mirada perfecta. Pero eso será mañana. Hoy, hoy es una diosa.

 

1 BRASIL: Taffarel; Zé Carlos, Aldair, Junior Baiano, Roberto Carlos; Dunga, César Sampaio, Leonardo, Rivaldo; Bebeto, Ronaldo. DT: Mario Zagallo.
1 HOLANDA: Van der Sar; Reiziger, Stam, Frank de Boer, Cocu; Jonk, Ronald de Boer, Davids, Zenden; Kluivert, Bergkamp. DT: Guus Hiddink.
Cancha: Velodrome (Marsella).
Arbitro: Alí Mohamed Bujsaim (Emiratos Arabes).
Goles: 45m Ronaldo (B), 86m Kluivert (H).
Cambios: 56m Winter por Reiziger (H), 69m Denilson por Bebeto (B), 75m Van Hooijdonk por Zenden (H), 85m Emerson por Leonardo (B), 111m Seedorf por Jonk (H).

Incidencias: definición por penales: convirtieron Ronaldo (B), Frank de Boer (H), Rivaldo (B), Bergkamp (H), Emerson (B), Dunga (B). Taffarel les atajó a Cocu (H) y Ronald de Boer (H).

 


 

 

De Ronaldo a Ronald de Boer: una diferencia penal

Paso a paso, la definición: los shoteadores del campeón mundial no desperdiciaron un solo remate, y ni siquiera precisaron a Roberto Carlos. A Holanda, la serie no le quedó pipí Cocú...

Por J.J.P.   desde Marsella

t.gif (862 bytes) Está bien que Brasil ganara la definición por penales: es coherente con aquello de que cuenta con mejores individualidades y que lo mejor de su rival es el funcionamiento colectivo con la pelota. En los penales, aún considerando que hay una importante cuota de lotería, importa la técnica individual en el mano a mano.

Los cuatro brasileños que ejecutaron sus remates desde los 12 pasos convirtieron; de los cuatro holandeses que patearon sólo dos mandaron la pelota a la red; los otros dos se estrellaron con Taffarel, de quien ya se ha hablado en la página anterior.

La secuencia fue la siguiente:

1) Ronaldo: fuerte a la derecha, Van der Sar al otro lado, al Viejo Puerto de Marsella. Brasil 1-0.

2) Frank De Boer: de zurda, a la derecha de Taffarel, que adivina pero no llega. Holanda iguala 1-1.

3) Otro zurdo, Rivaldo: A la izquierda del arquero, que otra vez elige el lugar equivocado. Brasil 2-1.

4) Bergkamp: a la izquierda de Taffarel, que sigue amenzando con recibirse de héroe. Holanda empata 2-2.

5) Emerson: Corre mucho, pega una vueltita en el camino, les pone el corazón en la boca a los brasileños, le pega a la derecha de Van der Sar que esta vez no compra ningún buzón, pero tampoco llega a la pelota. Brasil, otra vez en ventaja, 3-2.

6) Va Cocu: zurdo como Ronald de Boer. Tira débil, casi entregado a la izquierda de Taffarel que da muy bien el primer parcial antes de recibirse. Brasil se acerca.

7) Le toca a Dunga: va con cara de malo, con cara de Dunga en realidad. Fuerte arriba a la derecha del arquero. Lo grita más que nadie. Brasil 4-2, y le queda un penal a Roberto Carlos...

8) Ahora, Ronald De Boer: había jugado un montón, pero duda otro tanto. A la derecha de Taffarel, que no duda, y definitivamente se consagra de héroe, como en el último Mundial. Brasil a la final. Holanda, al premio consuelo de pelear por el tercer puesto.

 


 

Diez sobre veintidós

Por Juan Sasturain  desde Marsella

t.gif (862 bytes) Sin poner números, sin hacer un escalafón, a simple vista nomás, fue evidente que el partido dejó un montón de excelentes actuaciones individuales. Teniendo en cuenta que colectivamente fue más Holanda, que no tuvo casi defecciones individuales y que mantuvo una línea, un orden y una actitud más coherente a lo largo de todo el partido, cabe deducir que Brasil equilibró por la irrupción (aislada o simultánea) de sus individualidades. Pero hubo, entre ambos equipos, por lo menos diez actuaciones destacables. Un promedio que explica la calidad del partido.

Lo del petiso Edgar Davids en el medio campo holandés fue excepcional. Uno suele verlo peleando en el Juventus y se hace una imagen más pobre de sus capacidades: corte, combatividad, dientes apretados. En este otro contexto, esta salsa holandesa que es la suya, mostró un repertorio variado, sumó criterio, pausa y ubicuidad de conductor. Una maravilla. Por suerte el árbitro no lo echó aunque debía cuando reaccionó ante Rivaldo. Patrick Kluivert demostró que es un delantero notable al que Italia no ha arruinado todavía. Sutil, elegante, armonioso, sabe echarse atrás para recibir, tocar con inteligencia, perfilarse para tirar él, tocar e ir a buscar. Además, se eleva como Francescoli: le ganó cinco veces a Junior Baiano, embocó el empate abajo y pudo sentenciar con un derechazo cruzado. Bárbaro.

Frank De Boer, el mellizo del fondo, sabe una barbaridad. Desde ahí atrás maneja todo el movimiento de Holanda. Tiempista de sangre fría y salida clara; gran pegada, además: le dio una a Kluivert de cuarenta metros, como la de Bergkamp a Argentina. Y sacó, a su vez, la chilena de Ronaldo sobre la raya. Sobre el final, no soportaba los piques demoledores del muchachito, pero se bancó lo que viniera a fuerza de calidad.

Ronald de Boer, el mellizo delantero por derecha, no mereció errar su penal después el buen partido jugado. Las jugó todas con criterio, ojos abiertos y profundidad, y casi todas bien; puso con la mano el centro medido que se convirtió en gol. Y queda el arquero Edwin Van der Sar, un tipo especial. Además de cumplir bajo los palos fue salida clara y limpia siempre para su equipo, incluso en las situaciones más comprometidas. Se agranda aún más que los casi dos metros que mide.

En Brasil, Ronaldo fue decisivo. Y eso que tuvo largos ratos de ausencia. Cada arranque fue un surco en el piso y un agujero en la defensa. Hizo un gol, le robaron apenas uno mellizo, metió una chilena que si entraba, bueno...; metió un zapatazo de afuera después de hacerse el hueco ante dos, y tuvo un arranque en el alargue, robado en el toque final que, si entraba, había que cerrar el Velodrome. Un jugador distinto.

Rivaldo empezó frío pero tuvo una segunda parte excepcional, cuando Brasil apostó al contragolpe y Zagallo eligió muy bien su sector izquierdo para atacar. Hizo sentir tres cosas: la gambeta, el tranco y la precisión en las entregas. Le dio el gol a Ronaldo y otra igual que lo merecía.

Roberto Carlos no tiene parangón. Hace cosas que nadie, de desaforado. Contenido al principio, corrió y se mostró, suelto, durante toda la segunda parte y desbordó al pobre Reiziger primero y a Winter después, cuanto quiso. No las terminó todas bien, pero demostró esa fuerza y confianza increíbles que lo caracterizan. Espectacular.

Lo de Denílson, que Zagallo restringe a pocos minutos por partido, fue lo mejor que ha hecho en la Copa. Ubicado por izquierda en tándem con

Rivaldo y delante de Roberto Carlos, usó su extraordinaria habilidad para limpiar el camino y llegar al fondo. Muy seguro, no desperdició pelotas y puso un par de pases gol: uno, que Rivaldo no pudo conectar, era definitivo.

Y queda Dunga. Siempre Dunga, el malo del equipo, el que grita, reta, no celebra sino con Zagallo y está más cerca del banco de técnico que del área rival, de la que ya no conoce el olor. Sin embargo, tapa, releva, toca, le pega con precisión y se hace cargo de los zafarranchos que los grandotes que deberían asegurar sus espaldas, desencadenan con regularidad. Ya no puede irse tranquilo porque lo necesitan. Y está.

 


 

BRASIL FINALISTA

En el mejor partido de la Copa del Mundo, venció a Holanda por penales luego del empate 1-1. Claudio Taffarel fue el héroe de Marsella, al detener dos penales y definir el pase a la final.

As maos de Deus 

Por Carlos Stroker

t.gif (862 bytes) "No he sido yo, ha sido Dios" dijo, tras detenerle el último penal a Ronald de Boer. Sean de quien sean las manos, ellas le permitirán jugar su segunda final de una Copa del Mundo. El 8 de mayo pasado cumplió 32 años. Pese a toda la crítica que recibió el veterano entrenador Mario "Lobo" Zagallo por haberlo convocado para su tercera Copa del Mundo, el técnico siempre lo tuvo en la mente como el titular indiscutido. Es uno de sus hombres de confianza dentro del plantel.

Cláudio (en Brasil se acentúa la a) André Mergen Taffarel pesa 80 kilos, nació en el estado de Santa Catarina, al sur de Brasil, y hasta el comienzo de este torneo atajaba en el Atlético Mineiro. El Galatasaray de Turquía lo contrató ofreciéndole 1,5 millones por dos años de contrato.

En el choque frente a Holanda logró un record de 17 partidos en copas mundiales y comparte ese privilegio, vaya casualidad, con Dunga. Los dos quebraron el record que tenía Jairzinho, con 16 cotejos.

Jugó en el fútbol italiano, el japonés y ahora vivirá su experiencia turca. Tranquilo, amable, un creyente católico al que siempre le gusta rezar antes de irse a dormir, suele ingresar a las canchas con el pie derecho.

Estas mismas manos también lograron darle el título a Brasil en Estados Unidos cuando disputó la final frente a Italia y la definición llegó con tiros desde el punto de penal. El arquero fue protagonista, en Los Angeles y tras salir campeón, de una curiosa historia. Al día siguiente de obtener el título salió a pasear y dejó en el taxi la medalla de oro, su billetera con 60 mil dólares y su pasaporte. Dios lo ayudó: el chofer, Geraldo Blanco, un hispano fanático del fútbol brasileño, le llevó todo al hotel donde se alojaba. El taxista sólo le pidió una foto. Taffarel lo recompensó con mil dólares, una campera de la selección brasileña y una foto abrazados.

Cuando Brasil partió desde Río de Janeiro hacia Francia, luego de jugar la Copa de Oro en Estados Unidos, las críticas arreciaron. "No me afectan", solía decir Zagallo y aclaraba: "Taffarel es un gran arquero". Con algunas fallas importantes a la hora de salir de abajo del arco, con virtudes cuando debe responder con intuición en momentos clave, fue ayer el jugador que le permitió a Brasil seguir soñando. Por eso, cuando al entrenador lo critican, uno de los hombres que más lo defiende es el arquero. Un amigo, más allá de los tres palos de Brasil.

 

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