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UN ANALISIS DE POR QUE INGMAR BERGMAN, QUE HOY CUMPLE 80, ES UNO DE LOS GRANDES ARTISTAS DEL SIGLO

LA MUERTE, LOS SUEÑOS Y LOS PAYASOS

"Es imposible ser más clásicamente romántico", escribió Jean-Luc Godard intentando definir el modo en que el sueco elaboró su cine-total.

 

 

 

Ingmar Bergman dirigió 45 films y realizó más de 130 puestas teatrales,, entre otros trabajos.

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Por Luciano Monteagudo

t.gif (67 bytes)  Una década atrás, en su autobiografía, Linterna mágica, Ingmar Bergman amenazaba con un nuevo retiro, uno de los tantos que hasta ahora, afortunadamente, nunca cumplió. Decía: "Intuyo un ocaso que no tiene nada que ver con la muerte, sino con la extinción. A veces sueño que se me caen los dientes y escupo pedazos amarillos carcomidos. Me retiro antes de que mis actores o mis colaboradores vislumbren al monstruo y los invada el asco o la compasión. He visto a demasiados colegas morir en la pista del circo como payasos cansados, aburridos de su propio aburrimiento, silbados o abucheados o cortésmente silenciados, apartados de los focos...". Pues bien, hoy 14 de julio Bergman cumple 80 años y no se puede decir precisamente que sea un payaso exhausto, dispuesto al escarnio y la humillación. Más bien, todo lo contrario: recluido en su isla de Farö, lejos del mundanal ruido, sigue escribiendo con la urgencia de siempre --guiones, piezas teatrales, memorias-- y acaba de estrenar en el Festival de Cannes un film para la televisión europea que no es otra cosa que la summa de su pensamiento artístico, una conmovedora reflexión sobre sus dos eternas pasiones, el teatro y el cine.

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"El mago"

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"Hacia la felicidad"

En presencia de un clown se titula este film con el que Bergman continúa la exploración de ese misterioso haz de luz plagado de fantasmas que descubrió hace setenta años, cuando durante una Navidad le cambió a su hermano mayor un centenar de soldaditos de plomo por un proyector de juguete, con el que vio sin cesar la misma película de apenas un par de metros, en la que se veía fugazmente bailar a una niña. Aquella escena primaria fue evocada por Bergman en los momentos iniciales de su monumental Fanny y Alexander (1983) --un testamento cinematográfico que siempre se negó a ser tal-- y esa misma linterna mágica vuelve ahora a estar en el centro de su nuevo film, en el que Bergman recuerda una vez más a su tío Cari (aparecía también en Fanny y Alexander, Con las mejores intenciones y Los niños del domingo, siempre interpretado por el notable Börje Ahisted), que allá por los años '20 salía por los pueblos de Suecia a exhibir sus propias películas y que cuando el rudimentario proyector se averiaba recogía la sábana raída que oficiaba de pantalla y continuaba la función con su troupe de actores, bajo la luz de unas velas.

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"Detrás de un vidrio oscuro"

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"Escenas de la vida conyugal"

Ya en Cuando huye el día (1957), el viejo profesor, en camino a la consagración académica y a la muerte, tenía la emocionante visión de sus padres jóvenes, sentados a orillas de un río. Es una imagen rescatada de los propios recuerdos familiares de Bergman, que hizo de su infancia su patria, una patria cruel --plagada sobre todo de pesadillas y terrores nocturnos, oscurecida por la sombra de ese severo pastor protestante que fue su padre-- pero que siempre nutrió de imágenes casi toda su obra, hasta hoy mismo, a los 80 años. Creador inagotable --45 largometrajes, más de 130 puestas teatrales (Strindbwerg, Ibsen, Chéjov, Shakespeare...), innumerables piezas propias para la escena, la radio y la TV-- Bergman conjuró sus demonios interiores hasta convertirlos en la materia de su arte. "En verdad, vivo continuamente dentro de mi sueño y hago visitas a la realidad", escribió no hace mucho. Y desde esa tenue frontera entre ficción y realidad, entre el sueño y la vigilia que siempre ha dominado su obra, se ha cuestionado no solamente a sí mismo y sus fantasmas, sino que también ha interrogado a Dios, con la furia del ateo que fue creyente, o con el empecinamiento de quien reconoce su presencia aunque más no fuere por ausencia.

En un artículo publicado en la revista Cahiers du Cinéma, a raíz del estreno en Francia de Juventud, divino tesoro (1950), Jean-Luc Godard escribía: "El cine no es un oficio. Es un arte. No es un equipo. Se está siempre solo: tanto sobre el plató como ante la página en blanco. Y para Bergman estar solo es hacerse preguntas. Y hacer films es contestarlas. Es imposible ser más clásicamente romántico". Más tarde, el propio Bergman consideraría que Godard no estaba hablando tanto de Bergman como de sí mismo, pero aún así la frase resume de manera notable el método de trabajo del cineasta sueco, que siempre se interrogó en sus films no sólo sobre problemas de orden metafísico (la muerte en El séptimo sello, el silencio de Dios en la trilogía integrada por Detrás de un vidrio oscuro, Luz de invierno y El silencio), sino también sobre las más terrenas cuestiones de pareja, como lo demuestran incluso sus comedias Una lección de amor, Confesión de pecadores y la aclamada Sonrisas de una noche de verano.

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"El séptimo sello"

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"Un verano con Mónica"

Formado junto al maestro Víctor Sjöstrom (a quien siempre consideró su verdadero padre, su padre artístico) en el marco de la rígida estructura de los estudios suecos, filmando desde 1945 una película tras otra, sin solución de continuidad, Bergman supo encontrar allí --y también en el teatro Real de Estocolmo-- la familia artística que integraron sus prodigiosos actores y actrices, una galería encabezada por Mai Zetterling, Gunnar Björnstrand, Eva Dahlbeck, Anita Björk, Harriet Andersson, Max Von Sydow, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Liv Ullmann y Erland Josephson, con quien comparte una amistad desde los tiempos del colegio secundario. Todos ellos supieron y saben de sus neurosis y de su mal carácter, de sus arranques de furia y de su inestabilidad emocional, pero comprendieron también que no había nadie como Bergman, que pudiera extraer de sus rostros --el rostro es la unidad de su cine-- sus misterios más elusivos, insondables.

Desde Fanny y Alexander, sin embargo, ya no se sufre tanto con Bergman. Allí, según sus propias palabras, le pudo dar forma "a la alegría que a pesar de todo llevo dentro de mí, y a la que tan rara vez y tan vagamente doy vida en mi trabajo. El poder describir la fuerza de actuar, la vitalidad, la bondad. Sí, no estaría mal, por una vez". Ni por dos. Esa suerte de reconciliación con la vida también se siente de manera muy poderosa en su nueva película, En presencia de un clown. Aunque ese payaso del que habla el título del film no es otro que la Muerte, un personaje a quien Bergman conoce bien desde hace tanto tiempo y a quien ahora él imagina acechando obstinadamente, detrás de las cortinas de un escenario. Mientras tanto, Bergman desafía con firmeza a ese clown ominoso, con el haz parpadeante de un proyector, o simplemente con el hechizo de unas palabras pronunciadas con verdad y con belleza, desde la mágica luz del proscenio.

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"Luz de inverno" (arrib.)


El nuevo film de Bergman se llama "En presencia de un clown" (izq.)

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