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REPORTAJE A ESTEBAN CASELLI
"La Iglesia no debe meterse con el Estado
"

Caselli es embajador ante el Vaticano, lobbysta de Menem ante la Iglesia y verdugo del secretario de Culto, Angel Centeno. En diálogo con Página/12, Cacho defendió la política del Gobierno y criticó duramente a algunos obispos, entre ellos a monseñor Laguna.

Pobres: "El (monseñor Justo Laguna) es crítico de la situación social y política. El habla de la pobreza pero a los pobres no es capaz de hablarles."

Relación: "No sé cuál es la política de (el ex secretario de Culto, Angel) Centeno. Creo que la relación de la Iglesia tiene que ser una sola: de respeto mutuo."

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Por Nora Veiras

t.gif (67 bytes) Esteban "Cacho" Caselli es un soldado de Menem. Desde que fue designado

como embajador en el Vaticano intenta demostrar que la Iglesia no es tan crítica por la situación social en la Argentina. Esta semana, el obispo de Campana y titular de Caritas, Rafael Rey, contó que lo llamó para pedirle que "bajara el tono" de sus cuestionamientos al Gobierno. A los pocos días, el ministro del Interior, Carlos Corach, le ofreció 300 mil pesos como ayuda y el obispo se indignó por el manejo. La trama de intrigas por las complejas relaciones entre el Gobierno y la Iglesia terminó ayer con la obligada renuncia del secretario de Culto, Angel Centeno. Caselli dijo a Página/12 que él no tiene nada que ver con el alejamiento, criticó al obispo de Morón, Justo Laguna, porque "habla de la pobreza pero no dialoga con los pobres", dijo "la desocupación y la pobreza son problemas mundiales" y destacó que "la política económica es la correcta". Caselli llegó a Buenos Aires para dar cuenta de su trabajo y anunció que el 13 de noviembre el presidente Carlos Menem se verá nuevamente con el papa Juan Pablo II en el Vaticano.

--El secretario de Culto, Angel Centeno, dijo que renunciaba porque usted y él tenían políticas diferentes en cuanto a la relación con la Iglesia...

--No estoy enterado de que haya renunciado. No sé cuál es la política de Centeno. Creo que la relación de la Iglesia tiene que ser una sola: de respeto mutuo.

--El dijo que no estuvo de acuerdo con el viaje del Presidente al Vaticano que se hizo antes de las elecciones y que usted insistió igual.

--Si manifestó eso es una falta de respeto total. No se puede decir semejante cosa. La decisión es del Presidente y no del secretario de Culto. El señor Presidente me solicitó esa visita. Yo no soy inventor de visitas ni mucho menos.

--Centeno dijo que usted depende de él.

--Yo no dependo de Centeno. A mí no me nombró Centeno. Yo dependo del Presidente, es el Presidente el que nombra embajador.

--¿Usted qué opina de la gestión de Centeno?

--No tengo nada que objetarle al doctor Centeno. Yo cumplo mis funciones como embajador. No me ocupo de Centeno como funcionario.

--¿Habla directamente con el Presidente?

--Yo hablo con el Presidente y el canciller.

--El obispo Rey criticó la actitud del ministro del Interior, Carlos Corach, quien le ofreció un subsidio de 300 mil pesos...

--Es muy normal que eso pueda pasar. Es muy normal que se ayude a Caritas. La ayuda social se hace por medio de Caritas. No me cabe dudas de que fue algo normal, sin problemas.

--Pero doctor...

--No soy doctor.

--¿Cuál es su profesión?

--Bueno... empresario,

--El obispo Rey dijo que usted lo llamó desde el Vaticano pidiéndole que moderara sus críticas por la situación social.

--Yo no le dije tal cosa. Lo llamé a Rey invitándole a que dialogue con el Gobierno. Con un diálogo fraterno se pueden evitar peleas, buscar soluciones. A lo mejor el Gobierno está equivocado en algo y si se lo hacen notar se puede corregir. A él le pareció buena la idea. También hablé con monseñor (Marcelino) Palentini, que estuvo en el corte de rutas de Jujuy. Lo felicité en nombre propio y del Gobierno por haber promovido el diálogo y evitar un enfrentamiento entre Gendarmería y su pueblo. Con su palabra y su forma de actuar había eliminado el conflicto. No llamé a Rey para que baje el tono de la crítica, simplemente le dije que trate de dialogar.

--El obispo de Morón dijo que usted no tiene ninguna atribución para pedirle nada a un hombre de la Iglesia.

--El tiene su forma de pensar y yo la mía.

--¿Cuál es la diferencia?

--El piensa de una forma. El es crítico de la situación social y política. El habla de la pobreza pero a los pobres no es capaz de hablarles. Esto lo digo desde el mayor respeto por lo que siempre repetía la madre Teresa de Calcuta.

--¿Usted quiere decir que Laguna habla pero no actúa en consecuencia?

--Cuando uno critica al Gobierno también tiene que aportar soluciones. No sólo críticas a la política económica, a la parte social, al desempleo. Monseñor Laguna podrá decir `no soy un técnico' y si no lo es, ¿cómo sabe que está mal? Al Presidente lo votó la gente más pobre. La estabilidad, la posibilidad de acceder al crédito, eso es valorable.

--¿Entonces usted discrepa con la crítica de la Iglesia por la situación social?

--No disiento con la crítica. Estoy de acuerdo con el planteo sobre los más necesitados. El Estado no debe inmiscuirse en cosas de la Iglesia y la Iglesia no debe inmiscuirse en cosas del Estado. Los componentes pueden emitir opiniones, pero eso no significa que cuando hable uno de los funcionarios se diga que es el Estado el que habla, o cuando hable un obispo sea la voz de la Iglesia.

--Pero no se trata de un obispo aisladamente, sino de los documentos del Episcopado.

--Si la Iglesia no pide por los más necesitados y pobres, ¿quién lo va a hacer?

--Pero supone una crítica a la actitud del Gobierno.

--El Gobierno se está preocupando por temas sociales y de desempleo. Estos son problemas mundiales. De la desocupación no se tiene que ocupar sólo el Gobierno sino también los empresarios.

--La concentración de la riqueza en la Argentina no es comparable a la de otras partes del mundo.

--Sí, pero... A veces los empresarios tendrían que pensar un poco más con el corazón y menos con el bolsillo. Antes no había desempleo porque existían empresas públicas. Al privatizarse esas empresas se terminó con esa corrupción encubierta de reubicar en empresas públicas. Hay que hacer un llamado a la "projimidad", pensar un poco más en el prójimo. No podemos parar el avance de la tecnología. Lo que antes se hacía con 40 obreros ahora se hace con 15. Si tratáramos de reubicar a esos 35 obreros, la historia sería otra.

--Justamente, los cortes de ruta se produjeron en zonas donde se privatizaron empresas y no se previó nada.

--Hemos privatizado empresas y los empresarios que han comprado han indemnizado a la gente. Así bajaron sus costos. Acuérdese que YPF tenía 12 mil obreros y 1000 millones de pérdida por año. Hoy tiene 5 o 6 mil obreros y la empresa da ganancias.

--Sí, pero la gente no tiene de qué vivir.

--En el sur de Italia la desocupación llega al 50 por ciento.

--La diferencia es que en Europa hay una red de contención social que permite vivir dignamente.

--El Estado acá no tiene para repartir ese dinero. No hay duda de que, de lo contrario, el Presidente lo haría.

--¿Para usted no es necesario ningún cambio en la política económica?

--Estamos en el rumbo acertado. No se debe corregir nada. La estabilidad de la moneda y el crédito son muy valorables.

--¿Cómo tomó la decisión de Menem de no insistir con otra re-reelección?

--Creo que es una decisión que la historia juzgará. Es una decisión de un estadista que se sentía presionado por la oposición. Creo que el pueblo mismo juzgará si tenía que seguir o dar un paso al costado.

--¿Le gusta Duhalde como candidato?

--No quiero emitir juicio. Duhalde es uno, pero también están Eduardo Menem, Palito Ortega.

--¿Quién va a reemplazar a Centeno?

--No sé. Me estoy enterando por lo que me comentan. Me dijeron que será el actual subsecretario de Culto Juan Laprovitta.

--¿Usted pidió que lo saquen a Centeno?

--Cada uno es dueño de sus propios actos. Sería un atrevimiento de mi parte, sería una falta de respeto pedir una cosa así.

--¿Por qué se va a sacar la Secretaría de Culto de Cancillería para pasarla a Presidencia?

--Pienso que si el Presidente ha tomado esa decisión es porque ha querido jerarquizar la Secretaría de Culto.

--¿Cómo se lleva con el Episcopado?

--No tengo problemas con ninguno de los obispos. Puede haber distintas formas de pensar. Pero ninguno me ha manifestado absolutamente nada.

 


 

Un enfrentamiento con la Iglesia que se proyectó al Gabinete

El secretario de Culto Angel Centeno, que llevaba 9 años en el Gobierno, renunció por no estar de acuerdo con la política de Esteban Caselli, que supuestamente era su subordinado.

Una de los tantas gestiones exitosas de Caselli en la Santa Sede hecha foto: la plana mayor de la CGT con el Papa.
Caselli (a la derecha de Ubaldini) tiene varios retratos con el Papa; su antagonista, Centeno, tenía perfil bajo.

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t.gif (862 bytes) Después de batir el record de permanecer en el mismo cargo los nueve años del gobierno de Carlos Menem, el festejo de cumpleaños del secretario de Culto, Angel Centeno, mutó ayer en fiesta de despedida. El canciller Guido Di Tella, quien el martes le había comunicado la decisión del Presidente de separarlo del puesto asistió a la fiesta junto con el casi seguro sucesor, el subsecretario de Culto Juan José Laprovitta. La razón oficial de la baja fue la "jerarquización" de la secretaría, que dejará el ámbito de las Relaciones Exteriores para pasar a depender directamente del Presidente. Sin embargo, hasta el propio Centeno reconoció que el trasfondo de su paso al costado hay que buscarlo en sus desinteligencias con el embajador en el Vaticano, Esteban Caselli, el hombre que se ufana de sus "excelentes contactos" en la Santa Sede. Influencias que le permitieron hasta conseguir condecoraciones para ignotos personajes entre los purpurados del Vaticano como Carlos Ruckauf, Hugo Anzorreguy y Eduardo Bauzá (ver aparte).

Centeno siempre optó por el perfil bajo, mientras Caselli satisfacía los deseos del Presidente de llegar a fotografiarse con el Papa. Durante la última semana, la relación entre la Iglesia y el Gobierno se tensó a raíz de las declaraciones del titular de Caritas y obispo de Campana, Rafael Rey, quien reveló que el ministro del Interior, Carlos Corach, le ofreció 300 mil dólares para los inundados "de una forma muy poco transparente". Unos días antes, Caselli lo había llamado desde el Vaticano para pedirle moderación en sus apreciaciones sobre la situación social. El escandalete marcó una ruptura sin retorno entre Centeno y Caselli, ya que este último sospechó que el secretario de Culto filtró a la prensa esa información.

Varios obispos y rabinos se mostraron ayer sorprendidos por la decisión de desplazar a Centeno. El titular de la diócesis de Santiago del Estero, Gerardo Sueldo, dijo que el cambio "tiene olor a manejo político" y agregó que "a título personal puedo decir que estábamos muy cómodos con el manejo de las relaciones que ejercía Centeno, sin sufrir los avatares políticos". El obispo de Mendoza, José María Arancibia, se excusó de opinar sobre las diferencias entre la Secretaría de Culto y la embajada en el Vaticano, pero aclaró que "las relaciones con Centeno" fueron siempre "cordiales y efectivas".

El rabino Mario Rojzman, de la comunidad Bel-El, fue menos elíptico en la lectura del cambio. Lamentó el alejamiento y dijo que "es cierto que en la Argentina hay libertad de culto, los problemas pasan por otro lado, por la impunidad, la injusticia. El Gobierno puede hacer todos los cambios que quiera, pero si con esta medida buscan callar las voces de denuncia profética de algunos obispos, lo único que va a encontrar serán más voces de protesta".

El obispo emérito de Viedma, Miguel Hesayne, se pronunció en línea con el rabino. Consideró que la actitud de Caselli es "mezquina e interesada" y acusó al embajador de "confundir con mucha astucia y de modo preocupante a la mayoría de la Iglesia, que es el pueblo bautizado". Sobre los vínculos de la Iglesia con el Gobierno, Hesayne dijo que "no pueden ser buenos cuando el pueblo bautizado, que es Iglesia de Dios, es víctima de la política socioeconómica que lo sume en la desocupación y el hambre, la falta de salud y la mortalidad prematura de niños y ancianos, o en un analfabetismo esclavizante".

En diálogo con la radio Rock and Pop, Centeno dijo que "yo no comparto criterios del embajador en la Santa Sede. No estoy de acuerdo con alguna actitud política de él. Por ejemplo, el año pasado, la visita del Presidente me pareció que no era el momento adecuado hacerla antes de las elecciones, él creía que sí. Son diferentes puntos de vista. A lo mejor él tiene razón y yo me equivoco. El igual hacía lo que le parecía. Pero, bueno, él veía que uno no lo apoyaba. En la Cancillería no encontraba un gran apoyo, no sólo por mí, en general. El estilo de él es muy diferente al estilo habitual y serio de los diplomáticos. Como era distinto, se ve que se ha preferido que esté fuera de la Cancillería".

--¿Usted era el jefe de él? --le preguntó el periodista.

--Sí, sí. Así es funcionalmente, el secretario de Culto, la única embajada que estaba a mi cargo era la de la Santa Sede.

--Caselli decía 'hay que traerlo al Presidente diez días' antes de las elecciones. ¿Usted decía que no y él lo traía?

--Y sí.

--¿Usted cree que ese poder está bien utilizado?

--Hay que ver qué criterios de utilización tiene uno, ¿no? A lo mejor uno tiene un criterio que bien utilizado puede querer decir todo lo que sea obtener determinado fin.

--¿Se puede hacer una evaluación moral de los fines?

--Sí, siempre. Y yo estoy actuando así porque lo estoy haciendo.

--¿Por eso usted se va?

--Sí, sí. Si embargo, el Presidente conmigo ha tenido siempre buenos gestos.

 


 

SEMINARISTA, EMBAJADOR EN SANTA SEDE, BUEN AMIGO DE YABRAN
Un "obispo" menemista, apodado Cacho

t.gif (862 bytes) A los 19 años Esteban Caselli estuvo a punto de ser cura. El actual embajador ante el Vaticano evaluó seriamente la posibilidad de inscribirse en el seminario, pero a último momento decidió que lo suyo era la política y los negocios. Y no le fue mal. Cuando recién ingresó al Gobierno, allá por 1989, sus amigos le decían "Cacho". Con el tiempo, este hombre que siempre cultivó el bajo perfil se fue convirtiendo en "El Obispo", apodo que logró gracias a sus vínculos con la jerarquía de la Iglesia Católica. Desde los tres cargos que ocupó, Caselli también se instaló como un buen gestor de negocios: consiguió favores para una empresa propiedad de Alfredo Yabrán y fue acusado por la oposición de ser uno de los responsables de las operaciones de venta ilegal de armas a Croacia.

El primer puesto que obtuvo en la administración menemista fue el de subsecretario de Acción de Gobierno, bajo la órbita de quien fue durante años su padrino político, el entonces secretario general de la Presidencia Eduardo Bauzá. Rápidamente, Caselli logró instalarse como el canal de comunicación ideal entre el Presidente y la Iglesia Católica, gracias a la estrecha relación que lo une con el arzobispo de Córdoba, Raúl Primatesta, y con el fallecido arzobispo de Buenos Aires, Antonio Quarracino.

Sus contactos dieron sus frutos. En octubre de 1993 logró que el Papa condecorara al presidente Carlos Menem con el Gran Collar de la Orden de Piana, una distinción que el Vaticano concede a muy pocos jefes de Estado. También gestionó distinciones para el vicepresidente Carlos Ruckauf, el titular de la SIDE Hugo Anzorreguy y para su jefe Eduardo Bauzá. Pero el mayor éxito lo obtuvo años después. Dos semanas antes de las elecciones del 26 de octubre de 1997, en lo que fue calificado de "maniobra política" por la oposición, Juan Pablo II recibió a Menem en el Vaticano.

A finales de 1995 el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo fue al Congreso de la Nación y señaló a Alfredo Yabrán como "el jefe de las mafias enquistadas en el poder". Días después, tomó estado público una carta firmada por Caselli en la que se gestionaba un favor para el cartero muerto.

Lanolec, una empresa de taxis aéreos propiedad de Yabrán, no contaba con hangares en el Aeroparque para estacionar sus jets Cessna Citation. Como esta situación lo ponía en desventaja respecto de sus competidores, Yabrán utilizó su relación con Caselli para encontrar una solución. El actual embajador le transmitió la inquietud a Menem, quien le ordenó apurar el trámite. Días después, Caselli envió al titular de la Fuerza Aérea, el brigadier Juan Paulik, una carta en la que "por expresa disposición del presidente de la Nación", le solicitaba espacio para Lanolec "a fin de poder efectuar la construcción de un hangar con tecnología de punta y prestación de todos los servicios inherentes a la actividad".

"Yabrán es un empresario muy importante y me pareció oportuno ayudarlo con sus problemas. A veces los empresarios no llegan al Presidente o a los ministros. Entonces, me ven a mí y los ayudo. Es una colaboración que, en definitiva, ayuda al país". Así explicó Esteban Caselli el lobby en favor de Yabrán.

En el momento en que se conoció esta información, Caselli ya había renunciado a la Subsecretaría de Acción de Gobierno y se desempeñaba como secretario de Coordinación de la Vicepresidencia. Abandonó este último cargo en 1995, sin el respaldo de Carlos Ruckauf y jaqueado por una auditoría interna, que aún permanece bajo llave, en la que se lo acusó de malgastar partidas reservadas.

Estas no fueron las únicas sospechas que el embajador cosechó a lo largo de su carrera. Cuando la Cámara alta debía prestar acuerdo para su designación en el Vaticano, la UCR se opuso y el senador Antonio Berhongaray explicó los motivos. "Caselli estaba en Ezeiza, junto al director de Migraciones, Hugo Franco, cuando se cargaron los aviones con las armas que debían ir a Venezuela y que en realidad terminaron en Croacia. La información que tenemos es que tuvo bastante que ver con el tráfico de armas. Caselli fue uno de los encargados de monitorear los embarques." A pesar de las acusaciones de la oposición, el oficialismo hizo valer su mayoría en el recinto y, con el apoyo de los partidos provinciales, lo designó representante en la Santa Sede el 26 de febrero de 1997.

 

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