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La moda de los videos llegó a la selva norteña

Greenpeace instalará un observatorio ecológico para vigilar los trabajos del gasoducto.
"Las filmaciones mostrarán la destrucción de la zona", aseguró su director, Martín Prieto.

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t.gif (67 bytes)  Algunas horas de avión, aeropuerto de Salta, bus hasta Orán y siete horas de camioneta hasta el destino final: las yungas salteñas. A las puertas de la finca San Andrés, la organización ecologista Greenpeace tirará cables y cámaras para filmar y registrar el tajo selvático que provocará la empresa Nor Andino cuando inicie el trazado de un gasoducto en el último reservorio selvático del país. De acuerdo con la organización, el ducto pone en peligro a los yaguaretés. Los ambientalistas anunciaron este proyecto como una solución alternativa a una medida dictada por la Justicia que prohibió al organismo y a la comunidad colla de la zona cualquier actividad que obstaculice el trabajo del consorcio en el lugar.

Cinco hombres de la organización ambientalista se trasladaron ya a la zona de las yungas que será cruzada por el gasoducto. Para continuar el trabajo del gasoducto iniciado en Tartagal con destino a Chile, Nor Andino deberá entrar al área de las yungas en los próximos días y terminar los trabajos antes de octubre. A partir de esa fecha y durante todo el verano, en el corredor biológico de las yungas comienza la estación lluviosa que imposibilita cualquier actividad. Con estos datos, los de Greenpeace aceleraron el traslado de su gente que desde la llamada "estación selvática" intentarán documentar y trasmitir cada movimiento de la empresa.

"Las filmaciones mostrarán la destrucción de la zona para que la exposición pública del sacrificio haga recapacitar a los constructores y desviar la obra", indicó Martín Prieto, director de la organización.

Como en un travelling extremadamente prolongado, la cámara desplazará el ojo de cristal a lo largo de 70 kilómetros. Esa es la extensión de selva que atravesará el gasoducto. Con un ancho de 15 metros, Nor Andino despejará terreno para colocar el gasoducto y una carretera que partirá, literalmente, la selva en dos. Según Greenpeace, el camino abierto romperá el cordón natural que protege la selva y, además de alteraciones graves en el ecosistema, provocará un aumento del tráfico comercial de tipo forestal y turístico.

Nor Andino aseguró a través de una solicitada que no habrá detonaciones de explosivos para el trazado. También destacó que "no se producirán daños ambientales" y resaltó los beneficios de que el gas llegue a la Puna.

Por su parte, Greenpeace insistió en que "en las zonas bajas no necesitarán dinamita pero a partir de los 3500 metros de altura y hasta los 5000 deberán usarla", aseguró Prieto. Y este será uno de los puntos que buscará documentar el ojo fílmico de la organización, emplazada en la finca San Andrés habitada por unas 350 familias collas.

Actualmente son dos los gasoductos que se llevan a cabo en el Norte desde Tartagal a Chile para la exportación de gas. Mientras Nor Andino evaluó como necesario atravesar la zona de yungas, Atacama --el otro consorcio-- diseñó su trazado hacia el sur rodeando San Salvador de Jujuy. Greenpeace presentó en marzo un recurso de amparo y obtuvo la paralización de la obra por tres meses. El 24 de julio la Cámara de Apelaciones de Salta dejó sin efecto la medida de "no innovar" dispuesta en primera instancia.

 

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