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Economía abstenerse

 

Por Julio Nudler


t.gif (67 bytes)  Como están hoy las cosas, en las elecciones del año que viene nadie podrá decir que vota por la economía, a favor o en contra del modelo, o en respaldo de éste pero con correcciones. Con el mundo patas arriba, nadie sabe ya qué está defendiendo ni qué otro camino proponer. La experiencia más alucinante que uno puede hacer estos días es presenciar un panel de acreditados economistas discutiendo sobre la crisis. El moderador se vuelve loco, el público mira de reojo la salida y cualquiera se arrepiente de no haber ido al cine.

La Argentina, que viene de aplicar la receta con el celo del pecador redimido, vive una situación penosa. Desreguló todo, y ahora hasta Paul Krugman recomienda los controles. Para no hablar de la reforma previsional: al cumplirse cuatro años de su estreno, los trabajadores se sienten tan estafados como lo fueron por el sistema de reparto. Lo que la moda ideológica de los '90 indicaba como la panacea, es sólo un mecanismo carísimo y volátil, al que además Hacienda le pide plata para cerrar sus cuentas.

Los obreros que empiezan a quedarse en la calle pagan mientras tanto la incongruencia de una globalización fundada en el libre fluir y refluir de inmensas masas de capitales. En un escenario tan inestable siempre acechan las crisis crediticias, porque los dos ejes del sistema están apoyados sobre un flan. Uno son los bancos, cuya obligación básica es asegurarles a sus depositantes la devolución de su plata más el interés prometido. ¿Pero cómo pueden garantizarlo si cualquier destino que le den al dinero es tan riesgoso? Durante el pico de incertidumbre, el banquero que no quiere quebrar prefiere entonces sentarse sobre la plata, aun sacrificando rentabilidad. Así, al cortar el crédito dispara una recesión.

Peor aún es lo que sucede en el mercado de capitales, donde la posibilidad de obtener financiación desaparece de la noche al día. En esta situación, ninguna empresa puede calcular con cuánto crédito cuenta en el mediano plazo. En cualquier momento pueden cortárselo e incluso exigirle la devolución anticipada de lo que debe, además de encarecerle la financiación que le mantengan. Lo aconsejable será entonces hacer caja y postergar cualquier proyecto de inversión, lo que también le echa baldes de agua helada a la economía.

Este es el panorama, y ningún poder universal se hace cargo de él. Por ahora no hay piso para la crisis, ni idea clara sobre la nueva construcción que se alzará sobre las ruinas del libre mercado.

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