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RIO TERCERO HABRIA DESAPARECIDO SI EXPLOTABA LO QUE FALTA
Dónde se fueron las bombas

Las pericias sobre la explosión de Río Tercero indican que si hubiesen estallado todos los explosivos que informó el director de la fábrica la ciudad hubiese desaparecido. Los investigadores creen que ese faltante fue el exportado ilegalmente a Croacia y Ecuador.

En los simulacros de esta semana se tratará de establecer si las explosiones fueron intencionales.
En la AMIA el artefacto explosivo tenía el equivalente a 200 kilos y en la embajada de Israel a 100.

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Por Raúl Kollmann

t.gif (67 bytes) Esta semana se terminan las primeras etapas de la pericia oficial de las explosiones de Río Tercero. Ya está establecido que desde el punto de vista contable –computando la documentación de entradas y salidas de proyectiles– hay un faltante de 26.000 proyectiles. Sin embargo, el estudio está produciendo más conclusiones de impacto. El peritaje de explosivos determina que, según lo declarado por el director de la fábrica, en el estallido se consumieron, como mínimo, unos 25.000 kilos de explosivos: la pericia establece que eso es imposible, que hubiera destruido toda la ciudad de Río Tercero y que, a lo sumo, la explosión consumió unos 2000 kilos.
En la AMIA, por ejemplo, el artefacto explosivo tenía el equivalente a 200 kilos y en la embajada de Israel a 100. La conclusión es que el 90 por ciento de los proyectiles y explosivos no estaban en el lugar en el momento del desastre, no estallaron y seguramente fueron traficados en forma ilegal. “Es obvio que no se vendieron cañones sin proyectiles así que de ahí salieron los proyectiles para Croacia, Ecuador y los demás lugares”, le dijo a este diario uno de los peritos. Las otras conclusiones del estudio estarán referidas a la intencionalidad de la explosión. Esta semana se van a hacer en Serrezuela, Córdoba, los últimos simulacros de cómo pudo iniciarse el infierno de Río Tercero. Por los estudios ya hechos, los peritos sostienen que la explosión fue intencional y se fue de las manos de quienes la prepararon.
En el peritaje oficial ordenado por el juez Luis Martínez participan un perito de la Gendarmería y uno de la Policía Federal. Son observadores, un especialista del Ejército y tres peritos de parte designados por los damnificados. Se evalúan las dos explosiones, ocurridas en noviembre de 1995, justito en el momento en que Fabricaciones Militares estaba a punto de pasar de la órbita del Ministerio de Defensa al Ministerio de Economía, es decir que supuestamente se iba a hacer un recuento de material bélico y podrían quedar al descubierto los faltantes traficados en forma ilegal.
El cóctel explosivo
Las conclusiones iniciales surgen del siguiente cálculo:
* El director de la fábrica declaró un faltante, por la explosión, de 30.000 proyectiles. Si sólo hubiera explotado el 10 por ciento de esa cifra –el resto supuestamente se quemó–, habrían estallado 3.000 proyectiles y el total de kilos que volaron por los aires sumaría 12.000, ya que cada proyectil tiene, en promedio, cuatro kilos. De manera que tomando lo declarado, en el rubro proyectiles habrían explotado 12.000 kilos.
* En la fábrica también había tambores de sustancias explosivas. Lo que se declaró como faltante por la explosión son 12.000 kilos de una mezcla de trotyl y exógeno. Si hubiera explotado el 10 por ciento -.el resto se quemó–, en el rubro sustancias explosivas habrían volado por el aire 1.200 kilos.
* En Río Tercero, según lo declararon las autoridades de la fábrica, faltaron 8.000 kilos de pólvora. Supuestamente todo explotó, es decir que habría que agregar al estallido, en el rubro pólvora, 8.000 kilos.
* También según lo dicho oficialmente, había almacenadas y supuestamente se perdieron en la desgracia 36.000 espoletas. Cada una tiene 100 gramos de explosivo iniciador, es decir que se agregan 3.600 kilos más.
Si se hace una sumatoria –aunque los kilos de los distintos explosivos tienen distinto poder– todo el cóctel que supuestamente estalló en Río Tercero, llegaría a unos 25.000 kilos. Los expertos que están haciendo la pericia coinciden en que eso es absolutamente imposible: a lo sumo estallaron 2.000 kilos. Debe tenerse en cuenta, por ejemplo, que en la AMIA, el artefacto explosivo tenía, como máximo, 200 kilos y en la embajada de Israel unos 100. “Si hubieran estallado 25.000 kilos no hubiera quedado nada de nada de la ciudad de Río Tercero y obviamente hubiera arrasado todo el barrio cercano a la fábrica, donde sólo destruyó completamente la primera línea de viviendas”, le dijo a Página/12 una fuente muy cercana al peritaje.
La conclusión es evidente: en Río Tercero las explosiones intentaron tapar un gigantesco faltante de material bélico que había sido traficado seguramente al exterior. A esa conclusión se llega por la evaluación contable, por la pericia de explosivos y por un tercer estudio que indica que era prácticamente imposible, por falta de lugar, el almacenamiento de las cantidades declaradas.
Se fue de las manos
En los simulacros que se van a hacer esta semana en Serrezuela se tratará de establecer si las explosiones de noviembre de 1995 fueron intencionales. Los peritos oficiales sostienen que prácticamente no hay dudas: hablan de inobservancia de las reglas, pero no se trata de errores sino de la creación intencional de las condiciones para el estallido. La hipótesis es que se preparó la explosión, estableciéndose un alerta interno para evitar muertos o heridos dentro de la fábrica, pero el estallido se fue de las manos, fue mucho mayor al programado y provocó el desastre en la ciudad.
La clave, entonces, estará en la reproducción de la forma en la que supuestamente se inició la explosión. En Serrezuela se harán los siguientes simulacros, utilizándose en cada caso unos 25 kilos de explosivos:
* Iniciar la explosión por incendio de combustible.
* Por un arco voltaico, es decir un cortocicuito.
* Por efecto lupa, o sea el efecto del sol.
* Por brasa incandescente, simulando un cigarrillo o algo que se le parece.
Cada una de estas pruebas se realizará:
* Sobre una mezcla íntima de exógeno y trotyl, es decir las sustancias explosivas almacenadas.
* Sobre trotyl solo.
* Sobre exógeno solo.
La idea es ver si todo pudo empezar sin detonadores, que son los que hacen explotar los proyectiles. El hecho mismo de que se hagan estas pruebas indica que no hay una hipótesis de cómo se inició el desastre, porque la realidad es que las sospechas apuntan al estallido intencional, tanto en la primera como en la segunda explosión de Río Tercero.
Hay otros elementos que apuntan en esa dirección: “el estallido de la fábrica sería un caso único en el mundo del sabotaje industrial: semejante explosión no produjo ni un muerto ni un herido dentro de la fábrica”, le dijo a este diario uno de los expertos que trabaja en las pericias. Esto significa, en concreto, que hubo una siniestro sabotaje para encubrir .mediante la explosión-. el faltante de material bélico que se traficó a las distintas regiones del globo. El problema fue que el estallido se les fue de las manos.

 


 

“Las explosiones han tenido una   conexión con la venta de armas”

Ana Gritti perdió a su marido en la explosión de Río Tercero. Por ser querellante la investigaron. Está convencida de que el fuego fue intencional.

En la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero hay muchos interrogantes abiertos.
Las pericias técnicas y la investigación judicial los van cerrando alrededor del Ejército.

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Por Daniel Rolando desde Río Tercero

t.gif (862 bytes) “En Río Tercero existe una especie de pacto de silencio. La gran mayoría de los damnificados sólo estuvieron preocupados unos días después de las explosiones y más tarde se ocuparon de comprar autos nuevos, casas nuevas y hacer viajes de placer con la plata de las indemnizaciones.” Ana Elba Gritti, querellante en la causa de la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, dice esto con la seguridad de quienes están solos en una lucha por descubrir la verdad.
“Ese día mi esposo ayudó en la evacuación de los alumnos del ENET número 1 General Savio, una escuela que está a cuatro cuadras del lugar de las explosiones. Luego se dirigió a casa a ver qué había ocurrido aquí y sufrió un paro cardíaco en el camino, coincidente con la tercera explosión, la más fuerte.” Así perdió la vida Hoder Francisco Dalmasso, un técnico químico que trabajó durante treinta años en la planta productora de amoníaco dependiente de la Fábrica Militar de Río Tercero. “Actualmente estoy constituida en el proceso penal como actora civil y querellante criminal, accionando contra todos los que están acusados de estragos culposo”, relata a Página/12 la viuda de Dalmasso. “Más allá de un resarcimiento, lo que persigo es ayudar en la investigación y arribar a la verdad de lo ocurrido”, dice esta abogada cuyo patrocinante, Ricardo Olcese, fue recientemente amenazado. “Le tiraron tres bombas de estruendo en su casa y unos días después le avisaron por teléfono que abandone la investigación porque la próxima bomba iba a ser de trotyl.”
“De todos modos –continúa Ana Gritti con su relato–, estamos tranquilos. A nadie le servimos muertos y eso complicaría mucho más la causa. Ahí donde está sentado usted tuve a más de un integrante de los servicios y de la Policía Federal indagando sobre mi vida. Sin contar con los que me seguían o averiguaban de mí. Este es un pueblo chico y uno se entera de todo.”
–¿Que opinión le merece el trabajo del juez federal de Río Cuarto Luis Martínez?
–En un principio yo solía decir que la investigación del juez Martínez era muy prolija. Hoy debo decir que en la investigación se tomó una sola vía, la de la culpa, de la falta de seguridad. Hasta que no sepamos cómo se inició el fuego es imposible que digamos “esto fue un hecho accidental”. Desde los primeros días del hecho y tal vez por intuición nada más y después por una serie de indicios que vamos acumulando, le pedimos al juez que no abandone la otra hipótesis, la del dolo, es decir la posibilidad del incendio intencional. Y no hablamos de sabotaje sino de la vía intencional de producir el fuego en cualquiera de sus formas. Felizmente hace ya un año aproximadamente advertimos que el juez tomó esa otra vía de investigación paralelamente y que está poniendo todos los esfuerzos para llegar a descubrir cuál es la verdad. En este punto quiero aclarar que una cosa es el inicio del fuego y otra muy diferente es no haberlo podido controlar o apagar. Si ocurrió esto último, hay responsabilidades culposas porque no estaban dadas las medidas de seguridad para dominar el siniestro. De todos modos, la pericia que se va a desarrollar el viernes en Serrezuela va a disipar estas dudas.
–De sus propias investigaciones, ¿en qué punto se unen las explosiones con el tema tráfico de armas?
–Hay indicios claros, como el faltante de proyectiles en la fábrica. Ese es el punto que puede hacer que el fuego y sus consecuentes explosiones haya tenido una motivación conexa con el tema de la venta ilegal de armas. Obviamente no lo puedo decir yo, es la Justicia la que lo debe decir. Pero es un punto muy importante de conexión el hecho que exista un faltante de 30 mil proyectiles, porque de haberse encontrado esa cantidad de proyectiles en la fábrica, el 3 de noviembre se hubieraproducido un verdadero desastre, de una magnitud entre diez y doce veces superior al estrago que ocurrió, según informes que me suministraron técnicos en la materia (ver página 3).
–¿Qué aportó el ex ministro Oscar Camilión en su declaración judicial?
–El doctor Camilión no dijo nada importante ni dio elementos para avanzar en cualquiera de las líneas de investigación, pero del contexto total de los dichos del ex ministro se advierte que no dijo lo que sabe y que no hizo lo que debió hacer. Como por ejemplo, iniciar una investigación desde su ministerio. Camilión dijo que nunca más habló de nada, nunca más investigó, nunca más supo nada. Coincide con la declaración de quien ese día estaba a cargo de la fábrica, quien sostuvo que ninguna de las autoridades que vinieron a Río Tercero el día de las explosiones lo consultaron, ni lo interrogaron, ni se reunieron con él para saber qué había pasado.


 

LA PROCESION QUE SE SALVO POR UNA OPORTUNA LLAMADA
¿Milagro de dios o un aviso?

Por Eduardo Tagliaferro

t.gif (862 bytes) El 3 de noviembre de 1995, la ciudad de Río Tercero fue un verdadero infierno, del que milagrosamente se salvó la virgen de Shoenstat y un grupo de misioneras, entre las que se encontraba la mujer del teniente coronel Oscar Nicolás Quiroga, quien estaba a cargo de la fábrica. Lo curioso del caso es que el coronel alertó mediante un oportuno llamado telefónico sobre la inconveniencia de que las peregrinas se hicieran presentes a las 9 de la mañana como estaba previsto.
Precisamente a las 9.08 de ese viernes diabólico, comenzaron las explosiones en la “sección de ensamble” de proyectos de morteros. La virgen iba a estar siete días en la fábrica militar, recorriendo todos los pabellones de la planta, en una plegaria por la defensa de la fuente de trabajo, ya que estaba en proceso de privatización.
La casualidad podría interpretarse como un “milagro” de la virgen alemana, si no fuera porque el llamado del teniente riojano, único desprocesado en la causa se suma a la cantidad de sospechas que indican que la explosión de Río Tercero pudo ser producto de un “sabotaje”.
“Es altamente sospechoso que todos los proyectiles se dispararon hacia adelante, en un radio de 160 grados, como si fuera un bombardeo dirigido en forma deliberada hacia la ciudad”, dijo a Página/12 la abogada Ana Gritti, querellante en la causa que instruye el juez Luis Martínez.
Detrás de la fábrica militar y en línea recta se alinean: la Dirección de Producción Mecánica de FM, ATANOR, la Dirección de Producción Química de FM, y Petroquímica, las que no fueron afectadas ni en un 5 por ciento, evitándose de esta manera una explosión que hubiera arrasado con los 55 mil habitantes de Río Tercero.
Los vecinos de la fábrica militar comentan que, en los días previos a la explosión, los operarios trabajaron “horas extras” acomodando las cargas explosivas, por este motivo se preguntan si no se trata de una explosión orientada y planificada.
El teniente Quiroga ratificó la semana pasada ante el juez cordobés que “se estuvieron acomodando las municiones de la planta, ya que se esperaba para la semana siguiente la visita de compradores de armamento”.
Estas dudas se vienen a sumar a las presentadas por Omar Gaviglio, jefe del centro de Carga de la División Mecánica de la fábrica militar, quien en una presentación judicial le pregunta al magistrado de Río Cuarto, “por qué motivo no investigó al general Andreoli, el que era jefe del Comando de Arsenales del Ejército cuando las armas, municiones y pólvora pasaron a la Dirección de Fabricaciones Militares so pretexto de ser reparadas, aunque luego fueron vendidas y después es nombrado interventor de Fabricaciones Militares, cuando ya fueron conocidos los ilícitos”. “¿Se puso al Zorro a cuidar las gallinas?”, interroga Gaviglio.
La suma de hechos fortuitos como alertas telefónicas, accidentes aéreos, y una saga inexplicable de testigos muertos indican que los zorros intentan escapar presurosamente de la Justicia, mientras la gente sigue esperando y sospechando que la explosión fue un sabotaje planificado.

 

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