Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


Ensayo general de la catástrofe informática que se trae el 2000

Lo conduce el BCRA con toda la banca durante este largo fin de semana, y lo repetirá en la próxima Pascua. Pero el e-mail de la Unidad que conduce Claudia Bello sigue sin responder.

Si no se les halla remedio, las computadoras volverían al tiempo del jopo.
Todos los procesos programados por ordenador –es decir, casi todo– entrarían en colapso.

na08fo01.jpg (8854 bytes)

Por Camilo Taufic

t.gif (67 bytes) A precisos 445 días del próximo milenio, la Argentina concluye hoy un singular ejercicio de catástrofe. Está durando todo el fin de semana largo y debe servir para poner a prueba los nervios del sector financiero en la tarea de desactivar a tiempo "La Bomba del 2000" en las computadoras, sistemas y enlaces informáticos que lo sirven, a lo largo y ancho del territorio. El Banco Central coordinó la operación, destinada a examinar los aterradores efectos del cambio de siglo sobre tarjetas de crédito, bancos, redes de cajeros automáticos y cámaras electrónicas de compensación. Porque el desastre amenaza a las entidades individualmente y al sistema bancario en su conjunto, en todos los países del mundo. También a las computadoras personales, pero en escala mínima.

Por un "error" al fabricarlas, casi todas las computadoras del planeta --si no se las reprogramó-- saltarán del 31 de diciembre de 1999 al 1º de enero de 1900, y no al 2000, porque leen sólo las dos últimas cifras y no las dos primeras, que suponen 19. Creerán que están cien años atrás o ante una fecha que no existe. Suficiente para provocar un caos mundial, cuya prevención podría llegar a costar hasta 600 mil millones de dólares, según una estimación "moderada" del Gartner Group. Unos 2500 millones de dólares en la Argentina, calcula el ingeniero de sistemas Bob Cohen, vicepresidente de la Asociación Norteamericana de Tecnología de la Información (ITAA), que viene asesorando a distintas instituciones locales desde julio pasado.

Una revista neoyorquina imaginó la siguiente escena: "Lunes 3 de enero del año 2000 (primer día hábil del próximo siglo). Miles de personas concurren a los bancos ese día a retirar fondos de sus plazos fijos. Pero no pueden hacerlo porque las computadoras indican que, por el contrario, adeudan intereses por más de 99 años. En realidad, tendrán suerte si encuentran las sucursales abiertas. Cientos de ellas no logran acceder a las bóvedas de sus tesoros, bloqueadas por los controladores electrónicos de tiempo. Desde el sábado anterior, innumerables usuarios de dinero plástico son víctimas de los cajeros automáticos. Las pantallas les avisan que sus tarjetas están vencidas desde comienzos de siglo. No es todo; las cuotas de los créditos hipotecarios dan cifras increíbles y los cheques no pueden cobrarse".

El desastre afectará a sistemas operativos, archivos electrónicos y bases de datos de todo el mundo. Hay cientos de soluciones en marcha, pero el tiempo no es suficiente, a sólo 14 meses y medio del 2000. Colapsarán los sistemas de control de existencias, contabilidad, facturación y compras y pagos a proveedores. Los supermercados tendrían que incinerar todos los alimentos perecederos almacenados, por estar en los frigoríficos durante 99 años, según sus "eficientes" computadoras. (Ya se están demandando indemnizaciones ante la Justicia norteamericana por cifras que --se estima-- bordearán el billón de dólares.)

Cualquier artefacto programable se verá afectado, incluso videocaseteras, centralitas telefónicas, marcapasos, acondicionadores de aire y agendas. Los sistemas de jubilaciones y pensiones quedarán trastrocados. Cuando se quiera revisar los aportes de alguien nacido en 1967, por ejemplo, las computadoras dirán que tiene 67 años y no 33.

La catástrofe del 2000 fue vaticinada en 1993 por el programador canadiense Peter de Jager, que desde entonces ha estado alertando a empresarios y políticos del mundo como un profeta que predica en el desierto. El problema parecía tan trivial para los gerentes generales y los ministros que, aún hoy, cuando ya es tarde en muchos casos, a algunos les cuesta tomar en serio que vamos a pasar --en este mundo computarizado y globalizado-- del 1999 a la nada. Sólo el 50 por ciento de los grandes consorcios japoneses, por ejemplo, estaban en condiciones de salvarse de la "Ruina del 00" hasta junio pasado, en un ejercicio preventivo similar al que concluye hoy el Banco Central argentino.

En la ex Unión Soviética el problema es más grave: el cambio de milenio podría enloquecer "a la cohetería, los armamentos y las centrales nucleares", según fuentes de la OTAN. En todo el mundo corren especial riesgo por el virus del 2000, según la revista inglesa The Economist, los servicios públicos (purificación del agua potable, luz y sistemas de transmisión, gas, transporte aéreo y terrestre), las empresas medianas y los países de desarrollo intermedio, como la Argentina.

En la Argentina, desde mayo e impulsado por el BCRA, existe el "Grupo 2000 Sistema Financiero", destinado a enfrentar el virus del milenio, y que integran todas las asociaciones de bancos, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, las redes de cajeros electrónicos Banelco, Link y Cabal, y las cámaras electrónicas de compensación de valores.

El gobierno nacional creó la "Unidad Ejecutora 2000 de la Secretaría de la Función Pública", a cargo de Claudia Bello, que incluso tiene una dirección electrónica para dar consejos (gratuitos) sobre el problema: http://www. sfp.gov.ar/2000/2000.html. Lo malo es que nunca contesta, o la computadora indica al llamar, anticipándose al año de la perdición, y muy escuetamente: "ERROR, esta dirección no existe o marcó mal. Llame a su proveedor". Un anticipo en vivo y en directo --aunque mínimo-- de lo que vendrá.

El ensayo coordinado por el Banco Central, que concluye hoy, sobre cómo enfrentar la emergencia del 2000, será repetido en los días feriado de Semana Santa de 1999, ya corregidas las fallas (se supone que) detectadas este fin de semana largo.

 

Pesadilla del doble cero
Por C. T.

Hay quienes temen despertar el 1º de enero del 2000 frente a un paisaje de pesadilla: ciudades gigantescas sin luz, teléfonos, gas ni transporte, con sus habitantes trabados en lucha por la supervivencia, ante la inminente falta de alimentos. La causa: el 'Virus del 2000' en las computadoras. Pero otros, como el economista Alex Patelis, de Goldman Sachs, opinan que el cambio de siglo traerá --si no los trajo ya-- muy buenos negocios para la industria de la informática.

Ed Yourdon, consultor en informática, sostiene que "la transición al Tercer Milenio estará marcada por un descarrilamiento industrial, el desplome de la Bolsa y disturbios populares a causa del hambre". El caos inicial podría durar varias semanas, incluso meses, seguido de una depresión como la de los años '30. Yourdon acaba de vender su departamento neoyorquino y se mudó con toda su familia a Taos, un retirado pueblo de Nuevo México. Estima que otros cien mil habitantes de la gran manzana seguirán su ejemplo. Por su parte, el economista Gary North eligió instalarse en una comunidad rural de Arkansas, adonde invita a seguirlo: da consejos en http://www.garynorth.como/y2k .

Más pragmática es la reacción de Patelis, quien predijo en el San Francisco Chronicle los siguientes efectos económicos: Descenso de la productividad. El personal informático deberá dedicar mucho de su tiempo, exclusivamente, a resolver el problema de la fecha. Los gastos con fines informáticos van a aumentar, lo cual hará subir el PBI de los países más avanzados. Los salarios de los computacionistas subirán. Decrecerán las ganancias de las empresas, y habrá un aumento general de precios al consumidor, a nivel mundial.

 

PRINCIPAL