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Una querella 21 años después de la tortura


El ex director editorial de “La Opinión”, Enrique Jara, querelló al director propietario de ese medio, Jacobo Timerman, que lo había acusado de “eficiente canalla” en una nota periodística.

Jacobo Timerman, ex director del diario “La Opinión”.
Secuestrado en 1977, junto con Jara, por Ramón Camps.

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Por Luis Bruschtein

t.gif (67 bytes) La historia comenzó hace 21 años, la retomaron cuando el ex director de La Opinión, Jacobo Timerman, publicó un artículo el 17 de junio pasado en trespuntos y en una página polémica en el desaparecido diario Perfil del 25 de junio. Ahora el ex director editorial de La Opinión, Enrique Jara, inició una querella contra su ex jefe por considerar agraviante el contenido de la nota publicada en la revista sobre los hechos que debieron afrontar ambos cuando fueron secuestrados y torturados en 1977 por efectivos al mando del ex general Ramón Camps.
“Un oscuro personaje de los tiempos de la reciente dictadura militar –afirmaba Timerman– ha reaparecido en Buenos Aires. Enrique Jara, periodista capaz y eficiente canalla, es uno de los directivos del nuevo diario Perfil.” Relata más adelante las condiciones de su detención y afirma que: “Durante ese interrogatorio, cada vez que yo negaba alguna de las acusaciones de Jara, el subcomisario Darío Rojas me sacaba al pasillo golpeando mi cabeza contra la pared”.
Jara, quien en la querella hace “reserva para pedir en sede civil la indemnización por el daño que la injuria me ha causado”, señala que “en el centro clandestino donde fuimos a parar debió escuchar mis gritos, cuando desnudo, vendado y atado al elástico de una cama yo recibía las descargas que surgían de la picana. El debe haberme oído porque yo lo oí a él. Lo oí gritar y escuché su intento por persuadir a sus torturadores de que, a pesar de ser el director de La Opinión, era ajeno a las publicaciones que los militares juzgaron ‘subversivas’”.
Los torturadores usaban muchas veces esa técnica. Cada uno escuchaba el sufrimiento del otro y después les hacían escuchar grabadas las supuestas confesiones o las mentiras que el dolor generaba.
Lo cierto es que el objetivo del general ultraderechista era Timerman, como lo demostró en sus libros El caso Timerman. Punto Final y El poder en las sombras. Desde su antisemitismo primitivo, a Camps le interesaba demostrar una supuesta conspiración judeo-sionista para tomar el poder en la Argentina. Esa era su obsesión. Camps siempre tuvo contacto con grupos de ultraderecha y su segundo en la policía bonaerense, el comisario Miguel Etchecolatz, aún hoy mantiene buenas relaciones con grupos neonazis.
Timerman y Jara fueron torturados, pero a Camps le interesaba incriminar al primero por su condición de judío. En ese sentido, Camps quería a Jara para usarlo como instrumento contra Timerman. Jara fue liberado días más tarde, pero Timerman permaneció secuestrado en distintas cárceles hasta que, años después, una campaña internacional consiguió que los militares lo liberaran expulsándolo del país.
La nota en trespuntos terminaba de la siguiente manera: “En cuanto a Enrique Jara, no olviden los periodistas de Perfil que quienes asesinaron a Cabezas, antes me torturaron a mí”. El diario Perfil había salido a la calle con una campaña publicitaria muy crítica sobre el periodismo que colaboró con la dictadura y, cuando se publicó esa nota, Jara debió renunciar a su cargo. Y ahora procedió en la instancia judicial.
Jacobo Timerman fue repudiado por los dueños de medios de prensa argentinos que preferían sumarse al “por algo habrá sido” que malquistarse con los militares. Cuando Timerman regresó al país y asumió la dirección de La Razón en 1984, muchas grandes empresas todavía se resistían a publicar avisos en el periódico porque seguían pensando de esa manera.
Durante todos esos años hubiera sido importante el testimonio de Jara, no solamente por Timerman, sino porque eran importantes todos los testimonios de lo que había sucedido. Más allá de la actitud frente a la tortura, que no puede ser enjuiciable humanamente, la dimensión humana de la valentía está relacionada con la forma de asumir una responsabilidad ante la sociedad. En ese caso, la discusión seguramente habría sido distinta.

 


 

LIBERAN A UN APROPIADOR DE MENORES
Una cuestión de cálculo

t.gif (862 bytes) Poco después de las siete de la tarde del viernes, el ex mayor médico Norberto Atilio Bianco, quien espera sentencia por la apropiación de dos menores durante la última dictadura militar, salió de la cárcel de Caseros. La Cámara Federal de San Martín dispuso su excarcelación tras considerar que “permaneció detenido ininterrumpidamente desde el 21 de abril de 1987 hasta la fecha, por lo que lleva en esa situación once años, cinco meses y diecinueve días, tiempo que supera la pena solicitada por el fiscal”. Las Abuelas de Plaza de Mayo rechazaron la medida y argumentaron que la mayor parte del encarcelamiento del ex mayor se produjo mientras cumplía prisión domiciliaria en Paraguay, donde contó con muchos beneficios.
Cuando en 1985 las Abuelas de Plaza de Mayo descubrieron que Pablo y Carolina, los chicos que el matrimonio Bianco había anotado como propios, eran hijos de desaparecidos, e hicieron el reclamo ante la Justicia, el ex mayor se fugó con los niños y la mujer a Paraguay. Allí fue amparado por los funcionarios de la dictadura de Stroessner. En 1987 se pidió su extradición, medida que se concretó luego de diez años. Las Abuelas de Plaza de Mayo tienen testimonios en los que se asegura que Bianco se movía con libertad mientras estaba bajo prisión domiciliaria en Paraguay.
Bianco está a la espera de su condena. El querellante Abel Madariaga solicitó veinte años y la fiscal pidió ocho. La excarcelación había sido negada por el juez Roberto Marquevich por considerar que el régimen de detención impuesto en Paraguay no se había cumplido, pero la Cámara ordenó su libertad.

 

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