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NO HUBO DISCUSION SOBRE MALVINAS PERO MENEM HABLA DE “UN PASO ADELANTE”
Almorzando con Tony & Charlie

Blair y Menem repitieron sus monólogos sobre Malvinas. No hubo discusión de soberanía, pero un “Plan de acción” conjunto habla de las diferencias y también de las Naciones Unidas. Para los argentinos es un gesto de buena voluntad inglesa. Los detalles del almuerzo en Downing Street 10 y la interpretación británica.

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El presidente Carlos Menem y su hija Zulema saludaron a Susan Barrantes y sus hijas.

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El primer ministro Tony Blair y el presidente Carlos Menem en Downing Street 10.
Monólogos, diálogos, Beckham, Antártida y pesca.

Martín Granovsky desde Londres

t.gif (67 bytes) El presidente argentino Carlos Menem almorzó en el mismo sitio desde donde Margaret Thatcher dirigió la guerra de las Malvinas. Y a las siete de la tarde sintetizó en conferencia de prensa su comida en Downing Street 10 con el primer ministro británico Tony Blair, 43 años, laborista y jefe de relaciones públicas de la Tercera Vía. El menú de opciones para su resumen tiene su variante uno (“hemos dado un paso adelante”) y su variante dos (“algún avance sobre el tema hubo y la posibilidad de discutir sobre soberanía está más cerca que antes”). Las esperanzas argentinas están cifradas en lo que funcionarios del Gobierno definen como “muy buen clima” y en un comunicado conjunto que, en el mismo párrafo, se refiere a la soberanía y, tras un punto y seguido, dice que ambos gobiernos “también afirman su apoyo a las Naciones Unidas”.
El párrafo del entusiasmo reza así: “Cada gobierno reafirma expresamente su conocida posición con relación a la soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Ambos gobiernos también reafirman su apoyo a las Naciones Unidas y el compromiso de sus respectivos países de resolver sus diferencias exclusivamente a través de medios pacíficos”.
Mientras acomodaba su smoking para una cena de gala en la residencia del embajador argentino, un funcionario de muy alto rango calificó al párrafo como “un avance”. Dijo: “Significa que todos queremos a las Naciones Unidas, pero que nosotros además queremos sus resoluciones exhortando a negociar sobre Malvinas”.
Un diplomático lo llamó “ambigüedad constructiva”.
Y un colega suyo de gran experiencia internacional explicó esas dos palabras aplicadas al parrafito. “Ellos no querían poner ninguna referencia a la ONU en el contexto de Malvinas. La formulación no quiere decir que haya ningún acuerdo secreto ya cocinado. Significa que insistimos tanto que los británicos al final tuvieron la buena voluntad de escribir eso con nosotros. Es obvio que saben que podemos usarlo en el futuro, pero bueno, el párrafo no habla de resoluciones: ésa es la ambigüedad constructiva”, dijo.
El texto ya estaba redactado cuando comenzó el almuerzo con Blair, una comida sin pompa. “De trabajo”, como la definió el primer ministro. Los argentinos (Menem, Guido Di Tella, Carlos Corach, Raúl Delgado, Alberto Kohan y Rogelio Pfirter) disfrutaron, textualmente, salmon terrine with spinach and sweet peppers, cream cheese, roast breast of partridge, juniper berry sauce, peach and apricot cobbler, vanilla sauce y coffee. No hubo minué protocolar que obligara a hablar primero al de la derecha y después al de la izquierda, y Menem llegó al hotel con un gesto distinto al que tenía después de su comida en palacio. Aquél era el de un tipo maravillado. Ayer, cuando le dijo a Página/12, al pasar, que había sido una reunión “buena, muy buena”, lucía como político satisfecho. De la luna a la tierra con diferencia de 24 horas. Y con cambios notables en los temas de conversación.
En Buckingham, polo y caballos. En Downing Street, fútbol:
–Cuando estuvimos con (el ex premier italiano Romano) Prodi, nos pusimos de acuerdo para eliminar la definición por penales en el Mundial –dijo Blair.
Fútbol y un poco de política:
–Señor presidente, le agradezco el apoyo argentino para que Gran Bretaña sea sede del Mundial en el 2006.
–Y espero que lo inviten, porque en el 2006 Menem será presidente otra vez –apuntó Kohan. Menem dijo que Beckham había estado bien expulsado en el partido con Inglaterra y todos rieron por la ocurrencia de los lovely argentinos, tan irónicos como los anfitriones.
Todo había comenzado en una reunión previa al almuerzo, cuando Menem recordó la influencia de la cultura inglesa y el embajador William Mardsen dijo que había estado con los galeses de la Patagonia. “En este momento pienso mucho en los galeses”, sonrió Blair, cuyo ministro para Gales acaba de renunciar, sorprendido en un barrio gay mientras se proponía participar de una pequeña orgía.
Menem retomó el hilo para preguntarse “por qué estuvimos peleados”. Se contestó que no tenía sentido, conmemoró el apoyo británico en la independencia, pidió “mirar hacia el futuro con gran amor y opinó que las relaciones son mejores “que antes de 1982”. Después, Malvinas. Según los voceros del Presidente, el planteo fue en estos términos:
–Sería muy hipócrita si no saco el tema, y yo no soy un hipócrita. Es el momento de una reconciliación definitiva y de comenzar a trabajar a partir de la resolución 2065 –dijo Menem en alusión al primer pedido de la Asamblea General de la ONU de que Londres y Buenos Aires se sienten a negociar sobre la soberanía en las Malvinas–.
El Presidente subrayó la ceremonia de homenaje a los caídos en la catedral de Saint Paul y volvió a preguntarse por qué seguía vigente el embargo sobre las armas argentinas cuando el país “ama la paz”, “por qué nos discriminan y nos ponen en igualdad de condiciones con Irán e Irak”.
Blair coincidió en la apreciación sobre el responso en Saint Paul. Según los voceros argentinos, definió a Menem como “una de las más interesantes y fascinantes figuras políticas de la actualidad”. Dijo que los dos países tienen “posiciones distintas” sobre las Falklands pero que eso no impide hablar de otras cosas y anunció casi formalmente la reducción parcial del embargo “durante el mes próximo”.
Di Tella pidió apoyo para que la Argentina pueda ser sede del Tratado Antártico. Su colega Robin Cook prometió una respuesta antes de marzo. Un miembro del gobierno diría después a Página/12 que la respuesta será positiva, y está condicionada a la desmilitarización definitiva del tema en la Argentina, con la creación de un ente que dependerá de la Presidencia, al estilo de cuando las actividades espaciales salieron de la órbita de la Fuerza Aérea.
En la reunión anterior a la comida, Menem opinó que los militares argentinos no son los de antes. “Están con la democracia”, dijo.
Blair preguntó por Brasil. Menem respondió que Cardoso “es muy valiente” y aconsejó: “Olvídese de Brasil”. “Bueno, voy a poder dormir más tranquilo”, cerró Blair, y llamaron a comer.
Tanto en el encuentro previo como en el almuerzo, pesca y petróleo fueron los temas de la discordia.
Los británicos se quejaron por la legislación argentina de hidrocarburos y por los proyectos sobre pesca. Menem no hizo comentarios. O sea, una forma de manifestar desacuerdo. Y después, en la conferencia de prensa, prometió “seguir dialogando para procurar un acuerdo de pesca, siempre con el principio de preservar la riqueza ictícola en el Atlántico Sur”. O sea, una forma de anunciar que la Casa Rosada no convertirá en realidad el temor inglés de que se aliente la pesca indiscriminada en la zona del nacimiento del calamar, que la Argentina controla.

 


 

LA VISION BRITANICA
“Le dimos el podio”

Por M.G.

t.gif (862 bytes) Los británicos interpretan que en su visita Carlos Menem llegó al límite de lo que podía decir en público sobre las Malvinas. “Le dimos el podio y hasta ahí llegamos”, comentó un importante funcionario del Foreign Office a cambio de la reserva de su identidad. Y agregó: “Más, ya era un riesgo”.
El funcionario se refería a las declaraciones de Menem sobre la soberanía, un punto que siguió el programa acordado de sucesión de monólogos: los argentinos dirían lo suyo, es decir que las Malvinas son argentinas y deben reiniciarse las negociaciones de soberanía interrumpidas por la guerra de 1982, y los británicos repetirían su libreto sobre que los isleños tienen derecho a la autodeterminación que por cierto ejercen pidiendo ser británicos.
La visión oficial británica la completó luego el vocero de Blair, el famoso Alastair Campbell que participó en la edición y redacción de la carta de Menem al diario amarillo The Sun. Campbell, por quien el argentino Jorge Campbell, secretario de Relaciones Económicas de la Cancillería, bromeó en una conferencia que evitaría los problemas de traducción hablando directamente en castellano, fue tajante:
–En la reunión con Menem, el primer ministro Blair planteó que no estamos contentos con la legislación argentina de pesca y petróleo.
Campbell confirmó que Blair había prometido “considerar positivamente” el aflojamiento del embargo de armas que pesa desde la guerra de las Malvinas y admitió el argumento de Menem de que la Argentina “no es ni Irán ni Irak”. Dio luz verde a que la Argentina pueda ser la sede de la Secretaría del Tratado Antártico si se da “otro contexto” (ver nota central) y remarcó que la visita no se programó para discutir sobre las Malvinas.
El diplomático consultado dijo que Londres no cree que la legislación argentina sobre petróleo sea compatible con el acuerdo alcanzado por los dos países en 1995. Admitió que, en la reunión de Downing Street 10, Di Tella había dicho que sí era compatible.
Sobre la soberanía y la relación bilateral dijo que dos políticos, Blair y Menem, encontraron que hay un tema para discutir pero igual pudieron sentarse a conversar con “tranquilidad y amistosamente”.
El mismo diplomático interpretó que había sido clave la ceremonia de anteayer en la catedral de Saint Paul, con la idea menemiana de la reconciliación, y dijo que el gobierno británico había recibido “muy bien” el discurso de Menem en Canning House pregonando el derecho de los isleños a conservar su modo de vida.

 


 

UN LABORISTA QUE CREE EN UNA SALIDA NEGOCIADA
“El tiempo cura las heridas”

Por Marcelo Justo desde Londres

t.gif (862 bytes) Martin O’Neill es el presidente del Consejo del Atlántico Sur, un grupo formado en 1983 que busca una solución “definitiva” al conflicto de las Malvinas y que cuenta en su seno a políticos, empresarios, y ex diplomáticos. A diferencia de la línea oficial esgrimida por el gobierno del primer ministro Blair, Martin O’Neill, diputado por el laborismo, cree que se puede avanzar en dirección de una salida negociada pero que el progreso será muy lento.
–¿Qué piensa de la visita de Menem?
–Creo que la manera en que se viene llevando a cabo la visita, incluyendo el acto en la catedral de Saint Paul, es una clara indicación para los británicos de las intenciones pacíficas del gobierno y el pueblo argentinos. El Presidente está transmitiendo la idea de que él mismo no apoyó la guerra y de que no está a favor de la violencia como método para resolver las disputas internacionales. Creo que los británicos perciben este mensaje cada vez con mayor claridad.
–¿Cree que este cambio de percepción obedece únicamente a la presencia de Carlos Menem en Gran Bretaña?
–El tiempo cura heridas. Además la gente puede ver que hay un cambio en Sudamérica. Ha habido un claro movimiento hacia una sociedad democrática y abierta, con una economía estable. Antes había la impresión de que todo era muy frágil y que siempre podía volverse a una dictadura. Ahora es claro de que Argentina es una democracia madura, robusta.
–El arresto del general Pinochet, ¿no vino a confundir un poco esta percepción?
–Generó una confusión menor. Creo que la gente distingue entre ambos países. Y creo que saben que no hay nada equivalente a Pinochet en Argentina. Una de las cosas más interesantes en Argentina no es sólo la democratización sino el modo en que el conjunto de la sociedad se ha desmilitarizado, se ha vuelto una sociedad civil.
–Se ha hablado de contactos secretos entre Buenos Aires y Londres sobre nuevos caminos para resolver el tema de la soberanía.
–Por el momento ha habido conversaciones de naturaleza exploratoria entre ambas partes. Creo que hay una cierta sensación de que, en una época en que se han encontrado salidas a dos problemas que parecían insolubles como Irlanda del Norte y Sudáfrica, es también posible encontrar nuevos caminos para solucionar este problema. Por el momento hay mucho trecho que cubrir.
–Se ha hablado de soberanía compartida, de un congelamiento del tema de soberanía por 20 años. ¿Con qué fórmula cree que se podría avanzar en esta cuestión?
–Nadie cree que la visita de Carlos Menem va a traer una solución a la disputa. Pero es claro por la recepción que recibió acá que no hay antagonismo entre Argentina y Gran Bretaña. Lo que pasa es que hay un fuerte lobby proisleño en el Reino Unido. Están los veteranos de guerra y otros sectores vinculados a los isleños, que creen que no se puede sacrificar toda la sangre derramada durante la guerra. De modo que hay un camino por transitar para modificar al conjunto de la opinión pública en este sentido.
–¿Cuánto poder real tiene este lobby?
–Probablemente sea más vociferante que realmente poderoso. Pero representan indudablemente el sentir de las islas. Aunque no he estado allí mi impresión es que en las islas la opinión puede estar cambiando. Pero siempre a un paso muy lento. Para un cambio más drástico se necesitaría una intervención espectacular de algún nuevo factor. La explotación petrolera podría ser ese factor, en la medida en que promuevarelaciones más estrechas entre ambas partes. Algunos pasos pequeños, como por ejemplo que los argentinos puedan viajar a las islas, podrían también ayudar a cambiar las cosas. Por el momento a los isleños este tema les produce mucha ansiedad, una ansiedad que no es racional pero que es comprensible si uno tiene en cuenta que son una comunidad pequeña y aislada que tiene razones para sentirse vulnerable tras los hechos de 1982. Hay que recordar que, de hecho, los isleños no tienen ninguna razón obvia para querer un cambio del actual statu quo.

 


 

SONRISAS AL ESTABLISHMENT
Menem en la primera vía

Por M.G.

t.gif (862 bytes) “Soy partidario de privatizar el Banco Nación”, insistió ayer el presidente Carlos Menem con un tema que parecía no obsesionarlo desde hace algún tiempo. “Pero los sectores de la producción se oponen”, agregó durante un desayuno en el Banco de Inglaterra con representantes de fondos de inversión que escucharon exactamente lo que querían.
La respuesta sobre el Nación surgió ante una pregunta de John Bond, presidente del HSBC Holdings, el grupo que este año compró el Banco Roberts, y Menem aprovechó para decir que la creación del Instituto Nacional de Reaseguros le parecía una “idea nefasta”.
El desayuno financiero era uno de los principales objetivos de Menem en sus contactos británicos. Con la crisis asiática, nada mejor que convencer a los gerentes de los fondos de que insuflen dinero en la Argentina, es el razonamiento de los funcionarios argentinos.
Alberto Ibáñez, del Iberian Investment Banks, escuchó que la privatización del Hipotecario está en marcha.
Sir David Walker, presidente del Morgan Stanley, recibió de Menem la opinión de que la crisis en Asia “sólo hará que disminuya el ritmo de crecimiento, que quizás llegue al cinco por ciento el año que viene, y que se reduzca la velocidad de generación de empleos”. El Presidente le pidió que no se preocupe por la Convertibilidad. Dijo que hasta la oposición ha prometido garantizarla.
Un homónimo, Lord Walker of Worcester, del Dresdner Kleinwort Benson Group, preguntó por el alicaído Nafta. Menem le dijo que primero estaban los intereses del Mercosur, y aprovechó para mencionar que los subsidios agrícolas dificultaban la integración argentina con el comercio mundial.
Andrew Buxton, del Barclays Bank, quiso estar seguro de que la desregulación financiera seguiría sin trabas. “Seguimos los principios de Basilea”, dijo un Menem fiel a la ortodoxia económica.

 

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