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LA AUDIENCIA NACIONAL ESPAÑOLA DECIDIRA HOY LA COMPETENCIA DEL JUEZ GARZON
“Esto, Señorías, fue un genocidio”

La Sala en lo Penal de la Audiencia Nacional española concluyó la vista sobre la competencia del juez Garzón para juzgar los delitos de las dictaduras argentina y chilena. Si el fallo de hoy es a favor, Garzón pedirá la extradición de Pinochet.

Cuatrocientas personas se reunieron frente a la Audiencia Nacional española a la espera del fallo.
La vista oral y pública se extendió por más de seis horas y los jueces tomarán hoy la decisión.

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Por Norberto Bermúdez desde Madrid

t.gif (67 bytes) Ayer, poco después de las cuatro y media de la tarde hora española, comenzó en la Audiencia Nacional de Madrid la vista oral y pública a partir de la cual la Sala de lo Penal decidirá sobre la competencia de la Justicia española sobre el sumario de los desaparecidos en Chile y Argentina. Mientras centenares de personas se concentraban frente a la Audiencia Nacional, el juez Baltasar Garzón siguió discretamente las incidencias de la jornada desde su despacho ubicado en la segunda planta del edificio.
El primero en hacer uso de la palabra fue el fiscal Pedro Rubira, quien volvió a sostener que la Justicia peninsular no es competente para investigar los crímenes cometidos durante la última dictadura militar. Insistió en que debe intervenir un tribunal penal internacional y admitió que las víctimas tienen derecho a que los autores de las violaciones a los derechos humanos sean juzgados. Rubira afirmó que si en los países donde se produjeron los hechos se han cerrado todas las posibilidades de hacer justicia, se debe recurrir a las Naciones Unidas. El fiscal de la Audiencia Nacional negó que los militares cometieran genocidio, “porque que no perpetraron una persecución sistemática contra grupos nacionales, étnicos o religiosos”, aunque explicó a los once jueces que presiden la sesión que se podría aceptar algunos casos de asesinatos. “Los asesinados españoles en Argentina no lo fueron en razón de su nacionalidad, sino por motivos políticos y el genocidio no abarca los crímenes políticos. En todo caso serán asesinatos políticos, pero no un genocidio.”
Posteriormente, Fernando Gallo Pérez, abogado del ex capitán de la Marina Adolfo Scilingo, se adhirió a las tesis del fiscal Rubira para solicitar el archivo de las actuaciones por falta de competencia de los tribunales españoles. El presidente del tribunal, Siro García Pérez, llamó severamente la atención al abogado de Scilingo, conminándolo a informar y no a leer su intervención. El abogado Carlos Slepoy, que representa a la acusación popular de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos de Madrid, fue el primero en defender la prosecución del sumario que instruye Garzón. En un tono emocionado, invitó a los jueces a tomar una decisión histórica: “Que los genocidas se sientan acorralados y que la humanidad quede liberada de ese flagelo, que se respire mejor en el mundo. Y esto, Señorías, será un inmenso homenaje a los miles de supliciados en Argentina y Chile, de los exterminados por el terror, será un homenaje a los que quedamos vivos y a las generaciones futuras”. El público presente, entre los que había casi un centenar de periodistas, estalló en aplausos.
Tras un receso de media hora, luego de que hablaran los abogados de Izquierda Unida, Virginia Díaz y Enrique de Santiago, tomó la palabra Manuel Ollé Sese, abogado de Hebe de Bonafini, para rechazar el argumento del fiscal Rubira de que no hubo Genocidio en Argentina puesto que “hubo planes premeditados para eliminar a todo aquel que se oponía o podría ser sospechoso de oponerse a la dictadura militar y, en esa selección macabra hubo profesionales, obreros, estudiantes o niños”. Ullé mencionó que el artículo 10.2 de la Constitución española, la Ley Orgánica del Poder Judicial, la Declaración de los Derechos Humanos y las Convenciones contra el Genocidio y la Tortura dan competencia a la Justicia peninsular para sentar en el banquillo de los acusados a los responsables de los “execrables crímenes cometidos por la dictadura argentina”.
La experta en terrorismo Carmen Lamarca, que representa a la familia Berttini Francese, dos de cuyos miembros están desaparecidos, dijo que ennuestro país “hubo persecución política desde el Estado y ese es un gravísimo delito contra los derechos humanos perseguible en cualquier país que haya firmado la Convención de los Derechos Humanos. Es necesario, es imperioso y es nuestra obligación dar tutela judicial efectiva a las víctimas porque los represores y los torturadores se han construido un marco propio de impunidad”.
El penalista Juan Puig de la Bellacasa, en representación de Iniciativa por Catalunya, destacó las contradicciones del fiscal Rubira al reconocer éste que hubo crímenes pero niega que puedan ser perseguidos por la Justicia española. El broche final lo puso José Luis Galán, elegido por sus colegas para resumir la postura de las acusaciones. Galán se dirigió a los jueces en un tono firme explicando que los militares diseñaron un plan selectivo para “exterminar en masa a todos aquellos que no encajaban con el plan de reconstrucción nacional. Y esto, Señorías, se llama genocidio. Esto, Señorías es un delito que no prescribe. Esto, Señorías, fue denunciado en todo el mundo y sus responsables jamás han sido juzgados por genocidio”.
Luego de la vista del caso argentino y de un receso posterior, la Sala en lo Penal de la Audiencia Nacional escuchó las alegaciones del caso chileno, que en total no duraron más de media hora. El abogado querellante Joan Garcés pidió al tribunal que se “haga justicia” para que “ayudemos a la humanidad”. En su turno, el fiscal Ignacio Peláez replicó que, aunque los crímenes investigados constituyen delitos de torturas, deben ser juzgados en el lugar donde se cometieron y repitió el argumento de Rubira en el sentido de que no hubo genocidio. En cuanto a la acusación de terrorismo de Estado, Peláez indicó que no es aplicable la jurisdicción española porque los responsables no pretendían subvertir el orden constitucional de España.

 

La calle ya decidió la competencia
Por Felipe Yapur desde Madrid

Durante la extensa sesión de la Audiencia Nacional española se vivieron momentos de mucha indignación pero también de emotividad.
Unas setenta personas fueron autorizadas a presenciar el debate de los sumarios de Chile y Argentina. Fuera del edificio, cerca de 400 personas, en su gran mayoría jóvenes, se reunieron buscando influir con su protesta para que los jueces decidan a favor de la competencia del juez Garzón.
La tensión en la gente era más que notoria. Todavía está muy fresca la derrota que significó para ellos la decisión de la Justicia británica que beneficia al ex dictador. “Lo de Pinochet fue un golpe muy duro y nos duele por nuestros hermanos chilenos, pero todavía mantenemos la esperanza de que la Justicia española apoye a Garzón”, confesó a Página/12 Natalia, una jovencita argentina que milita en la agrupación HIJOS y que vive en la península desde que en diciembre de 1977 la trajeron sus familiares escapando de la dictadura militar.
La esperanza de Natalia se funda en que cinco de los once jueces son considerados progresistas, dos son moderados, uno conservador y tres independientes. Esta supuesta mayoría de jueces proclives a la posición de Garzón le permitiría al magistrado español continuar investigando los crímenes cometidos durante la dictadura militar en la Argentina.
En la calle, grupos de chilenos, argentinos, fuerzas políticas de izquierda y organismos de derechos humanos gritaban hacia el edificio consignas contrarias a los militares. Cientos de transeúntes españoles pasaban y miraban asombrados.
Mientras tanto, los medios locales dividían la información entre lo que sucedía en la Audiencia Nacional y el lanzamiento del Discovery. La nave espacial llevaba entre sus tripulantes al primer astronauta español, quien se fue hace tanto tiempo de su país que casi ni recuerda cómo se habla castellano.

 


 

LOS PRINCIPALES IMPUTADOS ARGENTINOS TIENEN ORDEN DE CAPTURA
Sólo en Argentina habrá seguridad

t.gif (862 bytes) Cuando la Sala en lo Penal de la Audiencia Nacional española decida hoy si el juez Baltasar Garzón tiene competencia en la causa en contra del dictador Augusto Pinochet, lo que estará resolviendo esencialmente es el destino de los 152 militares argentinos imputados en la causa que el magistrado abrió por la desaparición de más de 400 ciudadanos argentinos con nacionalidad española durante la última dictadura militar en este país. Gran parte de los acusados –entre los que figuran los miembros de las juntas militares y otros “altos oficiales” como Alfredo Astiz, Jorge “el Tigre” Acosta y el gobernador Antonio Bussi– tienen actualmente orden de detención internacional y podrían ser arrestados si salen del país. Esto dejará de ser así si hoy el tribunal decide archivar definitivamente la causa.
El viernes 19 de abril de 1996, la revista del diario barcelonés La Vanguardia –una de las publicaciones con más influencia y circulación en España– titulaba de la siguiente forma: “España acusa”. Así se anunciaba que la Justicia española comenzaría a investigar la desaparición de más de 400 ciudadanos de esa nacionalidad en la Argentina durante la última dictadura militar. También se publicaba la lista completa de nombres y antecedentes de las víctimas. Es que el juez Baltasar Garzón, a partir de una denuncia de la Unión Progresista de Fiscales, había decidido abrir un sumario en la Audiencia Nacional contra los militares argentinos considerados responsables de torturas y desapariciones. Más tarde hizo lo mismo con los ciudadanos españoles desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Cuando inició la causa para investigar la dictadura en Argentina, Garzón escribió en los considerandos de su resolución que: “Queda claro, dejando al margen la dimensión del terrorismo de Estado, que nos encontramos ante crímenes de lesa humanidad cometidos en forma sistemática y premeditada por grupos paramilitares y por los propios funcionarios del Estado argentino”. A partir de ese día comenzó un largo peregrinaje por el juzgado del juez español. Adolfo Pérez Esquivel, Ernesto Sabato, Hebe de Bonafini, el ex fiscal en el juicio a las Juntas Julio César Strassera, sobrevivientes de la represión, Isabel Perón, son algunos de los que dieron sus testimonios.
En setiembre de 1996, el juez citó a declarar en la causa al ex dictador Jorge Rafael Videla, al ex capitán Alfredo Astiz, a Emilio Massera, a Reynaldo Bignone, a Leopoldo Galtieri, a Antonio Bussi y a otro centenar de militares. Como era de esperar, ninguno se presentó. Mejor dicho, casi ninguno. En octubre de 1997, el ex capitán de la Armada Adolfo Scilingo –quien confesó haber participado de los denominados “Vuelos de la Muerte”– fue a España, declaró y quedó detenido. Después de unos días, Garzón lo dejó en libertad sin fianza, pero lo obligó a permanecer en España, donde se encuentra desde entonces con algunos “problemas económicos”. Los militares que hasta el día de hoy no se presentaron ante Garzón tienen orden de detención internacional. Si salen del país, podrían correr la misma suerte que el dictador chileno, a menos que el tribunal español resuelva hoy que Garzón no es competente para proseguir con la causa. La última medida que tomó Garzón fue el 17 de octubre. Ordenó el embargo de las cuentas bancarias, bienes muebles e inmuebles, valores mobiliarios, acciones y participaciones sociales de los 152 militares imputados en el juicio que instruye por los delitos de genocidio, terrorismo y tortura.

 


 

La inmunidad de Pinochet no puso felices a los laboristas ingleses

La Comisión de Derechos Humanos del Parlamento británico había presentado una querella contra Pinochet. Página/12 entrevistó  a su presidenta Ann Clywd sobre el fallo que concedió inmunidad.

Los periodistas no pudieron seguir a la caravana que escoltó a la ambulancia donde iba Pinochet.
Luego se supo que el destino era un hospital psiquiátrico conocido por sus célebres pacientes.

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Por Marcelo Justo desde Londres

t.gif (862 bytes) La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de los Comunes del Parlamento británico, la laborista Ann Clywd, muestra claras señales del vertiginoso ritmo de trabajo que mantiene desde la detención de Augusto Pinochet, el 16 de octubre. En su oficina en la Cámara de los Comunes el teléfono no deja de sonar. “Es la oficina del procurador General –explica a Página/12 después de uno de los tantos llamados–, dicen que el plazo para presentar la apelación a la Cámara de los Lores es el próximo lunes a las cuatro de la tarde.” Y la voz enronquecida, y la sonrisa posterior, delatan un cansancio de semanas.
–¿Qué sintió al conocer el fallo a favor del general Pinochet?
–Me sentí francamente infeliz. Me parece totalmente inaceptable, indignante. Pensaba que alguien que está acusado, bajo la ley internacional, de crímenes de este tipo debería ser juzgado. No entiendo cómo alguien que asumió su cargo gracias a un golpe de Estado puede ser considerado un jefe de Estado legítimo y ampararse en la inmunidad que se otorga a las personas que ocupan ese cargo. Creo que los criminales de guerra deben responder por los asesinatos, muertes y desapariciones de miles de personas. Si no, el mensaje que se está transmitiendo a todo dictador real o potencial es que puede hacer lo que quiera.
–¿Qué impacto tendrá este dictamen en la legislación internacional?
–Soy presidenta de un grupo que se llama Indict, que tiene como objetivo específico lograr que Saddam Hussein y algunos de sus allegados sean juzgados ante la Corte Internacional de Justicia. Pero si un ex jefe de Estado es inmune por su condición de tal, cualquier dictador, Hussein en Irak, Milosevich en Yugoslavia, puede venir acá, tomar el té con Margaret Thatcher y volver a su país sin ningún problema. Según la información que se procesa acá en la Cámara de los Comunes, en la ley internacional un ex jefe de Estado tiene inmunidad pero no una inmunidad total. Creo que los jueces ingleses interpretaron la ley de una manera muy restringida.
–¿Cuál es su respuesta a los que dicen que, si se juzga a Pinochet, se sienta un precedente para, por ejemplo, arrestar a Margaret Thatcher por lo que pasó en Malvinas o Irlanda del Norte, o al presidente chino por la masacre de Tian An Men?
–Soy una política, no una abogada. El argumento me suena francamente caprichoso. Margaret Thatcher, que yo sepa, no está acusada de crímenes de guerra. Hay gente que claramente ha cometido actos aberrantes en la violación a los derechos humanos: el general Pinochet es uno de ellos.
–La Cámara de los Lores es una institución habitualmente conservadora. ¿Qué cree que va a pasar con la apelación que se va a presentar este lunes?
–Me parece que va a confirmar el dictamen de los jueces que fallaron a favor de Pinochet. En ese caso, habrá un coro de indignación entre los diputados laboristas. En este momento se está haciendo una colecta de dinero para publicar un aviso en los diarios nacionales expresando nuestra preocupación ante lo que está pasando.
–¿Es la Cámara de los Lores la última instancia o la decisión todavía podría ser apelada ante la Corte Europea de Justicia?
–No lo sé. Espere un segundo (consulta con una colaboradora). No, no podría decírselo.
–¿Por qué cree que el tema Pinochet dividió tanto las aguas acá mismo en Gran Bretaña donde Margaret Thatcher y la prensa conservadora apoyaron abiertamente al dictador?
–Margaret Thatcher y algunos diputados conservadores eran los pacificadores cuando el general Pinochet estaba en el poder y no dudaron en apoyar su sistema represivo. También apoyaron el apartheid en Sudáfrica. No cambiaron.
–¿Está planeando algún tipo de acción?
–Un joven vino hoy y me dijo que recogió cientos de firmas en las calles anoche pidiendo que se juzgue a Pinochet. Este caso ha despertado grandes emociones acá en Gran Bretaña. Por el momento sólo podemos hablar con la prensa. En la Cámara de los Comunes ahora no podemos debatir el tema porque es considerado sub judice. Es decir, es un caso que está en proceso y cualquier intervención de nuestra parte podría influir en el curso de los hechos. De modo que los políticos que queremos hablar sobre el tema estamos amordazados.

 

Pinochet a un manicomio

En medio de una gran custodia policial, una ambulancia llevó ayer al ex dictador chileno Augusto Pinochet hacia el hospital psiquiátrico Groveland’s Priory, conocido por atender a personas ricas y famosas. Pinochet debió abandonar la London Clinic, ya que las autoridades del establecimiento aceleraron la orden de alta por considerar que las protestas que ocurrían en su entrada afectaban al resto de los enfermos internados. El Ministerio de Justicia británico confirmó ayer que la vista sobre la libertad bajo fianza de Pinochet –en la que éste deberá estar presente– no se celebrará antes de la semana próxima. Los abogados del actual senador vitalicio presentaron el recurso luego de la decisión de la Alta Corte de concederle inmunidad por su condición de ex jefe de Estado.

 


 

PARTE DEL OFICIALISMO CHILENO APUESTA POR GARZON
Más grietas en la transición

Por Pablo Rodríguez

t.gif (862 bytes) “Tenemos la ilusión de que el juez Garzón siga siendo competente para enjuiciar a Augusto Pinochet.” Luego de la decisión de la justicia británica de declarar la inmunidad de Pinochet en su condición de ex jefe de Estado, la diputada Isabel Allende resumió ayer las esperanzas de la parte socialista de la coalición gubernamental chilena. El gobierno del presidente Eduardo Frei prefirió atacar a la derecha, que “quiere secuestrar la democracia haciendo declaraciones que están al borde de un comportamiento sedicioso”, según el secretario general del gobierno, Jorge Arrate. Unos 1500 integrantes de la Juventud Comunista chilena repudiaron ayer en Santiago el fallo británico y fueron reprimidos.
Desde la detención de Pinochet, la discusión dentro del gobierno y de la gubernamental Concertación por la Democracia se centró en el carácter de la transición democrática chilena. Según la derecha, está en peligro. “El éxito de esta transición pasa por la eliminación de la ley de amnistía”, dijo Isabel Allende, en alusión a la ley que no permite juzgar los delitos cometidos entre 1973 y 1978 por la dictadura de Pinochet. Hasta el canciller chileno José Miguel Insulza reconoció la necesidad de que en Chile “haya más verdad y más justicia”. Pero el ministro de la Presidencia, John Biehl, recalcó que “aquí hubo una transición pactada”, en la que las Fuerzas Armadas chilenas “no fueron derrotadas” y participaron activamente.
La discusión sobre la Ley de Amnistía de 1978 también se produce a nivel legal. “En Chile existen tribunales independientes y quien está ofendido puede presentar sus agravios ante la justicia chilena”, dijo ayer desde Madrid el vicecanciller chileno, Mariano Fernández. El juez chileno Juan Guzmán Tapia, que investiga 12 querellas criminales presentadas contra Pinochet, ha dicho que interrogará personalmente al ex dictador en caso de que vuelva a Chile. Pero también reconoció que no podrá encarcelarlo por la vigencia de la amnistía.
La derecha chilena reaccionó al fallo de la justicia británica cambiando las cartas y apuntando ya a las elecciones presidenciales de 1999. En una última encuesta publicada por la consultora independiente CERC, el precandidato socialista Ricardo Lagos tiene el 39 por ciento de las intenciones de voto, frente al 23 por ciento del candidato de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Joaquín Lavín. La derecha apuesta a que las cosas cambiaron. “Desde aquí le decimos a Lagos que los socialistas de Chile siempre serán primero socialistas y después chilenos”, dijo ayer Pablo Longueira, presidente de la UDI, en un mitin de mil personas. “Los socialistas de Chile son los mismos del pasado”, agregó Longueira. Era una alusión a la filiación política del ex presidente chileno Salvador Allende.

 

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