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DOS DE LOS CHICOS FUERON QUEMADOS VIVOS; UNO FUE VIOLADO

Cara a cara con el triple asesino

Julio Aquines fue reconocido por los tres testigos que lo vieron antes del triple crimen. Había usado un arma de juguete.

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Por Eduardo Videla

t.gif (67 bytes)  Julio Enrique Aquines, el presunto autor del homicidio de tres adolescentes en Neuquén, fue reconocido ayer por los tres testigos que lo vieron el sábado al atardecer, cuando caminaba en dirección al lugar donde estaban las víctimas, momentos antes de la tragedia, según revelaron a Página/12 fuentes cercanas a la investigación. Con ese elemento, el juez Eduardo Badano confirmó la detención de Aquines, y anoche le tomó declaración indagatoria. El acusado se negó a declarar. Según el protocolo de la autopsia, dos de las víctimas murieron por "hemorragia externa por degollamiento", pero además, por "asfixia con monóxido de carbono", lo que indica que aún estaban con vida cuando el agresor prendió fuego a sus cuerpos. La tercera víctima recibió una puñalada que le seccionó la médula a la altura de las vértebras cervicales. Según confirmó el juez, uno de los chicos asesinados fue violado antes de morir. El asesino usó una pistola de juguete para reducir a sus víctimas y para matarlos habría utilizado el mismo cuchillo que llevaban los jóvenes entre su equipo de pesca.

Pese a que la policía considera virtualmente esclarecido el caso, los familiares de las víctimas sospechan que en el crimen intervino al menos otra persona. La madre de Carlos Trafipán, una de los jóvenes asesinados, relató durante el velorio de su hijo que unos chicos le contaron que vieron a Aquinos en una bicicleta, cuando abandonaba el lugar del crimen en compañía de otro hombre. "Una persona sola no puede matar a tantos chicos", agregó la mujer, y pidió a las autoridades que "sigan buscando" a un eventual cómplice.

Sin embargo, tanto el juez como la policía coincidieron en que "hasta ahora no hay ningún elemento que lleve a pensar que intervinieron más personas en el hecho".

Aquinos está acusado por el homicidio de los hermanos Cayetano y César Correa, de 17 y 14 años, y su amigo Carlos Trafilán, de 16, asesinados a puñaladas cuando acampaban a orillas del río Limay, en el barrio Valentina Sur, adonde habían ido a pescar. Otros dos chicos --ambos de 11 años-- también fueron atacados por el agresor, pero lograron ponerse a salvo tras hacerse pasar por muertos y aprovechar luego un momento de distracción del homicida.

El testimonio de otros tres jóvenes que estaban con el grupo pero que abandonaron el lugar momentos antes de la tragedia permitió el virtual esclarecimiento del hecho. Los tres chicos se cruzaron con un hombre joven, que sacó de su cintura algo parecido a una 9 milímetros, y les preguntó si tenían permiso para pescar y si había otros chicos en el lugar. Según la descripción que hicieron los jóvenes, el hombre vestía remera blanca, jeans y zapatillas negras, y tenía los dientes "comidos" por las caries. Ayer lo reconocieron en una rueda de presos, en los Tribunales de Neuquén.

La descripción que hicieron los chicos el domingo llevó a la policía hasta el domicilio de Aquines, un changarín de 24 años, que desde hacía siete meses convivía con su mujer, que está embarazada, y los cuatro hijos de ella, a sólo cuatro cuadras de la casa de la familia Correa. La policía lo encontró durmiendo, el domingo al mediodía: después de cometer el crimen, había ido a una bailanta con su compañera. "Yo apenas lo conozco. Lo traje a vivir a mi casa porque quedé embarazada de él", se defendió la mujer cuando llegó la policía.

Según revelaron a Página/12 fuentes cercanas a la causa, en la casa de Aquines fueron encontrados dos latitas con anzuelos y tansa, y una mochila, que los padres de las víctimas reconocieron como pertenecientes a sus hijos. Los familiares también denunciaron la falta de un cuchillo de mango de madera y goma, con una hoja de quince centímetros de largo por dos de ancho, similar al que encontró la policía cerca de la escena del crimen, con manchas de sangre, y que ya fue enviado a Buenos Aires para realizar un examen de ADN, con el fin de determinar si corresponde a alguna de las víctimas. También hallaron en la casa un jean embarrado, una remera blanca con manchas y las mentadas zapatillas negras.

Cerca del sitio donde fueron hallados los cuerpos, la policía encontró la pistola, que resultó ser una réplica de una 9 milímetros, que las víctimas creyeron verdadera, según confirmó el juez Badano. Con esa pistola, Aquines habría amenazado a sus víctimas, los ató con los cordones de las zapatillas y luego los apuñaló.

El juez estimó que hasta el momento "no hay elementos" para suponer que Aquines sufre de alteraciones mentales. Fuentes policiales lo describieron como un hombre normal, aunque algo retraído. Habrá que esperar el resultado de la pericia psiquiátrica, que se realizará en las próximas horas.

El gran misterio está en las causas del crimen. Testimonios de algunos vecinos de Valentina Sur recogidos por la policía se refieren a un altercado entre uno de los chicos agredidos y Aquines, quien habría recibido un pelotazo en la cara, durante un reciente partido de fútbol en el barrio. ¿Ese hecho menor pudo derivar en un crimen de esta magnitud? "Suena como desproporcionado, pero la conducta humana tiene múltiples variables", manifestó Badano.

 


"Se daba poco"


Por E.B.

Julio Enrique Aquines, el principal sospechoso de la muerte de los tres adolescentes neuquinos en la ribera del río Limay, es descripto por algunos de sus vecinos del barrio Valentina Sur como "un hombre que se daba poco con la gente". Otros recalcaron que se notaba "su carácter violento".

Aquines es un hombre de contextura física pequeña, por lo que muchos descreen que haya sido capaz de maniatar y asesinar en forma solitaria a los tres jóvenes que fueron a pescar al río. Con todo, al rastrear sus antecedentes, la policía local se encontró que pesaba sobre él un pedido de captura por una causa de lesiones y amenazas.

 

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