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UN NUEVO DESEMBARCO DE CONJUNTOS CUBANOS EN ARGENTINA
Con la música no hay bloqueo que valga

La llegada a Buenos Aires de Compay Segundo, Paulito FG y NG La Banda certifica la consolidación de un fenómeno que recorre el mundo, priorizando el baile o el romanticismo nostálgico por sobre el compromiso político que Cuba había exportado en los '80.

Compay Segundo tiene 92 años y en Cuba es la última leyenda viva en actividad.
Tuvo éxito hace cincuenta años, y luego fue eclipsado en la isla por otras propuestas musicales.

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Por Fernando D'Addario

t.gif (67 bytes) Ni la épica romántica que se desgarra de los versos de Silvio Rodríguez ni la sabrosura contagiosa que despide el ritmo de los Van Van podrían contrarrestar una verdad universal que, tratándose de Cuba, se tiñe de un pragmatismo agridulce: la música, como fenómeno cultural de cualquier país (y en la tierra de José Martí más que en ninguna parte) fluctúa según los vaivenes políticos y sociales que la rodean y, como producto de exportación, desparrama por el mundo las pruebas más irrefutables de esa fluctuación. Quince años después del entusiasmo progresista que despertó en Argentina la nueva trova cubana, con Silvio y Pablo Milanés a la cabeza, la actual temporada es testigo de un nuevo desembarco, emergente de una nueva realidad política. En octubre, Los Van Van prepararon el terreno. Paulito FG, que debutó el viernes pasado en el Salsón, agregó funciones para la semana que viene en el mismo reducto salsero. El legendario Compay Segundo, con la sabiduría de sus 92 años, se presentará en La Trastienda mañana, el sábado y el domingo próximos. Y NG La Banda, un poderoso combo salsero, actuará también en La Trastienda el 4, 5 y 6 de diciembre.

Esta sobredosis cubana, que certifica con diferentes características la fascinación que produce entre los argentinos todo lo que sale de la isla, admite varias lecturas. Lo que llega aquí, que también se ha instalado furiosamente en parte de Europa e inclusive en Japón (aunque el éxito en Japón no sea parámetro de nada porque todo allí tiene éxito), es un espejo borroso de la Cuba actual. Y la Cuba actual se refleja en sensaciones aparentemente antinómicas, que tienen su correlato en lo musical: Paulito FG es la cara de la isla "post período especial". Sus discos mixturan la timba (una expresión más compleja y endurecida de la salsa patentada por los inmigrantes caribeños en Nueva York) con el funky, incluyen guitarras eléctricas, y cierto tufillo a rap se cuela en las improvisaciones vocales. Compay Segundo debería ser, desandando el camino, la antítesis. Sin embargo, representa sólo la contracara del mismo fenómeno. El más legendario de los músicos cubanos en actividad es, además de la expresión viviente del bolero, la guaracha, el son y la guajira, uno de los vehículos que garantizan la resurrección de aquel cubanismo de los años treinta y cuarenta, el de Benny Moré y Rita Montaner, el de un romanticismo ingenuo y al mismo tiempo picaresco. Cuba intenta reflotar esa estética, que viene acompañada de otros síntomas prerrevolucionarios, también alentados por el gobierno en su política turística: los grandes hoteles y la reinstalación de La Habana como un paraíso de placeres, algunos más legales que otros. Compay con su onda retro, Paulito con su apertura estilística, encajan en la Cuba que debe conocer el mundo.

Los años más duros de la Guerra Fría propiciaron de cara al exterior un nuevo lenguaje musical (la denominada nueva trova), que de algún modo dejó de lado el costado más fiestero de lo cubano. Si lo que había que exportar era la revolución, el cha-cha-cha (el ritmo de los tiempos de Fulgencio Batista, cuando Cuba era poco menos que un garito de los EE.UU.) no era muy recomendable. Sin embargo, todos esos subgéneros (desde el mambo hasta el filin) siguieron su línea evolutiva y se mantuvieron, despolitizados, hasta hoy. Tanto los artistas de la vieja trova como los de la timba actual no manifiestan en su obra una postura militante, pero tampoco se animan a sacar los pies del plato. José Luis Cortés, líder de NG La Banda, le comenta a Página/12 en comunicación telefónica desde Miami, donde actuó sin las restricciones de otros tiempos, que "la revolución ha tenido errores y aciertos, pero de lo único que estoy seguro es de que han sido más los aciertos. Lo que ocurre es que hay un grupito de gente que se dice demócrata que impulsa en los Estados Unidos el bloqueo y no nos permite crecer". Paulito piensa que "no hay sistema social perfecto. El que lo encuentre que me avise. Mi política es mi música". Y Compay, en conversación con este diario desde La Habana, se muestra orgulloso de lo que tiene: "Este es mi país, y me gusta que aquí los problemas siempre los hemos resuelto los mismos cubanos".

Lo curioso es cómo han influido las variables de la música cubana en el público argentino. Más allá de la épica revolucionaria de Carlos Puebla y sus Tradicionales, que consumió el progresismo criollo en los '70, el boom llegó en los '80 con la nueva trova. A ese público nunca le terminó de gustar la salsa (salvo cuando la cantaba Rubén Blades), quizá porque intuían en ella cierto sabor gusano. Claro, no sabían que en Cuba siempre se bailó salsa. La actual apertura de la economía cubana y el auge del turismo fomentaron la aparición de un nuevo "cubanismo militante" en Buenos Aires. Aséptico políticamente, consumido por una clase media-alta que cuando viaja a la isla queda tan extasiada con la playas de Varadero que no tiene tiempo para visitar el Museo de la Revolución, el cubanismo de hoy baila en las salseras y escucha "timba" en los lujosos restaurantes cubanos de Puerto Madero. No hay morrales allí. A lo sumo, alguna remera del Che comprada en La Habana Vieja, junto con la de los Chicago Bulls.

 

Leyenda viva

Compartió momentos con otros mitos de la música cubana, como Sindo Garay y Miguel Matamoros, pero Compay Segundo está vivo. Y tiene más éxito que nunca. Durante décadas estuvo olvidado, hasta que en 1989 un turista español lo "descubrió" tocando el armónico (instrumento creado por él, una mezcla de "tres" y guitarra) en un hotel de La Habana y lo invitó a Madrid. Desde entonces no para de actuar. Hace dos años fue incluido en el disco Buena vista social club, producido por Ry Cooder y ganador de un Grammy. "Cualquier niño, a poco de nacer, escucha una guaracha y ya se mueve. Y antes de saber lo que es el amor, ya anda cantando boleros por allí. A mí me ha pasado eso, y no veo por qué debería dejar de hacerlo", dice con sabiduría este hombre que quiere igualar a su abuela, que vivió 115 años. "Y nunca dejó de fumar habanos", agrega, por las dudas.

Timba callejera

La de NG La Banda es una timba dura, callejera, que se destaca por su ritmo enloquecedor. "Hago música para la gente que suda la camisa", dice José Luis Cortés, "El Tosco", quien admite que muchas de sus canciones han sufrido censura. "La culpa no la tiene el gobierno, sino los cuadros intermedios, que a veces son más extremistas de lo que deberían. Nosotros solamente hacemos crónicas sociales, pero no para perjudicar al sistema, sino para remarcarle los errores y que los solucionen". Su música es menos popular que la de Paulito FG, pero está mejor reconocida en Cuba entre los entendidos. "Nadie se ha de quedar quietito en un show de NG. Eso se los puedo asegurar", amenaza, y es probable que cumpla.

El sofocador

A Paulo Fernández Gallo (Paulito FG) lo llaman el "sofocador", y es quien más seduce a las chicas. No se pone colorado cuando dice que en estos momentos es "el número 1 en popularidad, en todo Cuba", y las cifras lo avalan. En el disco Sofocándote incluyó un tema llamado "Ina", y fue generando un escándalo que terminó involucrándolo en un tema de drogas, del que salió Con la conciencia tranquila, nombre de otro de sus discos. "No me tienta irme de Cuba, aunque pueda hacer giras por todo el mundo. Ahora está entrando dinero en mi país. Yo puedo vivir bien, sin privilegios, pero sin problemas. Tengo una familia numerosa y mucha gente que trabaja para la banda. Y es importante que yo me quede, porque si me salvo yo, se salvan todos. En mi familia también socializamos las ganancias".

¿Silvio en Miami?

En otra señal de que los tiempos han cambiado, Silvio Rodríguez anunció que "le gustaría mucho" ofrecer un concierto en el estado de Florida (Estados Unidos). El cantautor destacó que en caso de que tuviera que actuar en Miami, "creo que por mi edad y después de haber vivido con tanto compromiso, sería algo muy fuerte, muy verdadero, porque seríamos cubanos demostrando que somos capaces de discrepar y encontrarnos en la misma plaza, sin tener que insultarnos o hacernos pedazos". En un hipotético recital, "y sin ánimo de desafío", confiesa que cantaría temas como "El necio", "Días y flores" y "Reino de todavía", todas ellas canciones de contenido político y revolucionario.

 

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