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Pinochet, virtualmente echado del psiquiátrico

El ex dictador fue virtualmente echado de la clínica psiquiátrica Grovelands Priory. Ese fue el resultado de una larga pulseada que duró dos semanas, según dijo un vocero del hospital a Página/12.

Un padre muestra a su hijo fotos de la dictadura, en Santiago.
Si Pinochet no está enfermo, sus chances de zafar son menores.

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Por Marcelo Justo desde Londres

t.gif (67 bytes) Dicen que va a suicidarse. Que lloró al conocer el fallo de los lores. Que juró que lucharía hasta el fin. Que ni se inmutó. Que sufre stress, típica reacción de ancianos a noticias adversas. Que su salud es perfecta y que, por eso, dejó ayer el Grovelands Priory Hospital. Que en realidad no está bien de salud y que sólo la pérfida maniobra de la institución psiquiátrica forzó su mudanza. Que pocos saben dónde está, salvo que es una de esas mansiones de lujo que pueden alquilarse en el opulento Surrey, al sur de Londres, donde bajo arresto domiciliario, se parece cada vez más a un fugitivo que paradójicamente no ha conseguido huir de la justicia.
Una cosa es clara: el general tiene graves problemas de alojamiento en este país. El 29 de octubre las autoridades del hospital The Clinic, bajo presión de sus propios pacientes, consiguieron que lo trasladaran al Grovelands Priory Hospital. Ayer, después de un mes y días, fue el exclusivo psiquiátrico el que se deshizo del inoportuno visitante. “Hace dos semanas que el hospital lo dio de alta. Nosotros queríamos que se fuera y así se lo hicimos saber”, indicó a Página/12 Paul Jarman, portavoz del Grovelands Priory. Aunque aún secreto, un informe de Canal 5 dejó entrever que la hospitalidad no mejorará en la exclusivísima zona de Wenworth en Surrey, hogar de famosos y adinerados, donde aparentemente estaría alojado el senador vitalicio. “Si cometió crímenes, que lo juzguen”, indicaron una serie de vecinos a las cámaras. Una encuesta publicada poco antes de que la ambulancia del general lo trasladara, señala que el recibimiento sería similar o peor en otros lugares: el 51 por ciento de los británicos piensa que debería alojarse en la cárcel.
Otra cosa también es clara. El estado de salud de Pinochet parece variar de acuerdo al momento en que se halla su proceso judicial y a la fuente y el destinatario del mensaje. Desde el histórico fallo del miércoles pasado, los altibajos de la convalescencia del general ya no se dirigen a los cinco lores que debían dictaminar si gozaba de inmunidad como ex jefe de Estado, sino al ministro del interior Jack Straw que anunciará el 11 de diciembre si usará o no sus atribuciones cuasijudiciales para dejar en libertad al general. “El general tiene que demostrar que no está bien de salud porque eso podría favorecer que se le conceda la libertad por razones humanitarias y le evitaría presentarse para la audiencia del 11 de diciembre ante el tribunal de Bow Street”, señaló a Página/12 el encargado de temas legales de Amnistía Internacional, Andy Mc Etel.
De hecho, los contradictorios trascendidos sobre su estado de salud se multiplicaron a partir del jueves pasado. Según lo publicado por algunos diarios al otro día del ajustado 3–2 en su contra, el general había llorado al conocer la decisión de la última instancia jurídica inglesa. Sin embargo, otros medios señalaban que había reaccionado con entereza jurando que seguiría hasta el final en la lucha. La primera versión presentaba a un anciano quebrado por lo que consideraba una injusticia y fue reportada primero por la prensa española. La segunda mostraba a un general que se estaría comportando hoy como corresponde a un militar y apareció primero en los medios informativos chilenos.
El viernes fue la tapa del matutino inglés The Times la que provocó alarma entre los que desean la extradición del general Pinochet. Según el diario del magnate australiano Ruppert Murdoch, el general se encontraba bajo el cuidado del director del Grovelands Priory, el psiquiatra Geoffrey Lloyd, quien estaba tratándolo por problemas de stress. Ayer el encargado de relaciones públicas del hospital desmintió categóricamente esainformación. “Eso surgió del entorno del general Pinochet. La realidad es que el general vino a la clínica por problemas de stress y que fue dado de alta. Repito: hace dos semanas”, subrayó Jarman a Página/12.
Este lunes el tabloide The Mirror, segundo en circulación nacional, publicó una nueva variante, en clave dramático–trágica. Según el matutino, un sobrino del general, Rafael Pinochet Saavedra, indicó que “el general se suicidaría antes de enfrentar la humillación e indignidad de la extradición y el juicio en España”. La esposa del general, Lucía Hiriart de Pinochet, añadió lo suyo. “El se siente muy débil y está muy deprimido ante su situación”, declaró al The Mirror. Como era de esperar, ambas declaraciones fueron recibidas con escepticismo por los exiliados chilenos. “Es toda una maniobra para presionar a Jack Straw. El parte de salud de la clínica es claro. Pero además, lo del suicidio sería contradictorio con su personalidad de macho latinoamericano que no podría aceptar la debilidad y derrota de un suicidio”, opinó ante Página/12 Carlos Reyes Manso, de Chile Democrático.

 

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