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CARLOS MENEM INSTAURO POR DECRETO EL 25 DE MARZO COMO EL “DIA DEL NIÑO POR NACER”
Los únicos privilegiados son embriones

Tal como se lo había prometido al Papa en su visita a Roma un mes  atrás, el Presidente firmó el decreto que crea el Día del Niño por Nacer. El  texto afirma que “la vida comienza en el momento de producirse la  concepción”, una idea que infructuosamente se quiso imponer en la Constitución.

Menem con Juan Pablo II, durante la visita en que le propuso la creación del Día del Niño por Nacer.
La fecha del 25 de marzo fue elegida porque ese día se conmemora la Anunciación del nacimiento de Jesús.

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Por Eduardo Videla

t.gif (67 bytes) El gobierno nacional dio un paso más en su cruzada antiabortista: tal como se lo prometió al papa Juan Pablo II, hace casi un mes, el presidente Carlos Menem firmó ayer el decreto que instaura el 25 de marzo como “Día del Niño por Nacer”. La norma no se refiere a los futuros hijos de madres desnutridas. Por el contrario, instituye un día de militancia contra el aborto, según se desprende de los considerandos del decreto: “Para nuestra Constitución, la vida comienza en el momento de producirse la concepción”, se dice en los fundamentos. El concepto invocado, sin embargo, no aparece en la Carta Magna, ya que fue expresamente rechazado por los constituyentes que la sancionaron en 1994.
Con la sanción de la norma, Menem sigue la línea que mantuvo durante toda su gestión, pero que se hizo más virulenta a partir de 1994 cuando, en su afán por granjearse la simpatía de la jerarquía católica, se pronunció por la penalización total del aborto, al intentar incluir la prohibición en la reforma a la Constitución.
El Presidente le hizo honor al refranero popular: fue más papista que el Papa. En noviembre último viajó al Vaticano en una misión protocolar, programada por su embajador en la Santa Sede, Estaban Caselli. Era la quinta entrevista privada entre el riojano y el pontífice. Como el Presidente no sabe dar puntada sin hilo, aprovechó la ocasión para enunciarle a Wojtyla su idea: le propuso impulsar en forma conjunta la creación de un día internacional del niño antes de nacer, y sugirió que la fecha para celebrarlo fuera el 25 de marzo, día en que el catolicismo conmemora la Anunciación del nacimiento de Jesús. Exactamente nueve meses antes de la Navidad.
La idea había sido previamente conversada con Caselli, para algunos el mentor de la iniciativa. Según los voceros, fue celebrada por Juan Pablo II, como corresponde a un hombre que hizo del rechazo al aborto una de las banderas de su papado. Antes de hacer pública la propuesta, Menem la comentó con el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano. Nadie sabe bien a qué acuerdo llegaron en esa reunión. Lo cierto es que el entusiasmo presidencial lo llevó a cortarse solo con la iniciativa y firmar el decreto –para no perder la coherencia– el Día de la Inmaculada Concepción de la Virgen.
La norma, que lleva la firma de Menem y de su canciller, Guido Di Tella, encomienda al secretario de Culto y al embajador en la Santa Sede “la organización de los eventos destinados a la difusión y celebración del Día del Niño por Nacer”, el próximo 25 de marzo. En los considerandos de la norma se invoca, como fundamento, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos del Niño, de 1959, y la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989. Pero también hace referencia a que “para nuestra Constitución y la Legislación Civil y Penal, la vida comienza en el momento de producirse la concepción”.
En realidad, ése era el párrafo que, por mandato del presidente Menem, un sector de los constituyentes justicialistas intentó incluir en la nueva Constitución. Pero la cláusula –que hubiera implicado penalizar el aborto aún en los casos extremos en que no está sancionado– no despertó el consenso de la mayoría. Finalmente, peronistas y radicales acordaron una fórmula más moderada y ambigua: el inciso 23 del artículo 75 dice que es función del Congreso “dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia”.
Aunque apunta más que nada a garantizar un sistema de seguridad social para embarazadas y lactantes, para algunos ese punto consagra en forma implícita el derecho a la vida desde la concepción.
“Es una interpretación caprichosa de la ley. Si estuviera consagrado ese derecho, no se explicarían los embates legislativos para penalizar el aborto”, dijo a Página/12 Carmen González, titular de la Comisión de laMujer de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. “El Gobierno debería preocuparse por darles de comer a las madres desnutridas y garantizar que los chicos vayan al colegio y no estén en la calle”, opinó González. En la Argentina, 21 de cada mil chicos nacidos vivos mueren antes de cumplir un año, en su mayoría por problemas derivados de la mala nutrición y deficiencias sanitarias. Aunque la tasa bajó en 1996, sigue siendo mucho más alta que la de países como Cuba (9 por mil), Chile (11), Costa Rica (12), Paraguay (14,5), Jamaica (14,5) y Uruguay (17).
La cruzada de Menem contra el aborto tuvo uno de sus puntos culminantes en la Cumbre sobre Población y Desarrollo, que se llevó a cabo en El Cairo en setiembre de 1994. Aliado incondicional del Vaticano en esta misión, fracasó ese año en su intentó de alinear a los países iberoamericanos detrás de esa causa. Tras el desaire internacional, la ofensiva se centró en la Convención Constituyente, que logró resistir los embates del Presidente y de la jerarquía católica. El delfín de Menem en esa cruzada fue su entonces ministro de Justicia, Rodolfo Barra, un ex militante del Opus Dei que, después de renunciado, encontró un lugar en el gabinete como asesor presidencial para la Protección de los Derechos de la Persona por Nacer”.

 

opinion
Un día que nadie festeja
Por Andrea Ferrari

Cómo se protegen los derechos de un “niño por nacer”? Alguien podría pensar que la idea que impulsa al Presidente es mejorar la situación de muchas embarazadas que llegan al parto en pésimo estado de salud y sin controles médicos. Que se trata de lanzar una amplia campaña en las zonas carenciadas para cambiar las condiciones en que esos chicos van a aterrizar en el mundo. Pero no: nada dice de ellos el decreto y, vista la inversión dedicada a la salud pública, no parece ser esta la prioridad.
Poco tiene que ver la salud de un eventual futuro niño o de su madre con esta iniciativa presidencial. Poco tiene que ver el desarrollo o el bienestar de quienes realmente van a llevar a término un embarazo. Lo importante aquí es que la mujer no pueda abortar, que la batalla que la Iglesia Católica lleva adelante en el mundo contra el aborto tenga en este país su principal baluarte. “La vida no es una cuestión de ideología”, dice un decreto puramente ideológico.
¿Cuántas mujeres después de soportar la presión que implica una decisión como abortar, de la angustia y las dudas que golpean, cambiarán de idea al saber que el embrión que llevan en su vientre está “protegido” y cuenta con su propio día en el calendario?
Todo seguirá en realidad como hasta ahora: las mujeres que cuentan con los 1000 o 1500 pesos que sale un aborto bien realizado, en una clínica con todo el equipamiento necesario, seguirán haciéndolo, aunque sean las esposas de los miembros del gobierno que lleva adelante esta iniciativa o de los políticos que se niegan a debatir sobre el aborto porque creen que es piantavotos.
También seguirán haciéndolo quienes acuden a alguna vecina del barrio que usa agujas para terminar con el embarazo y que tal vez acaben convirtiéndose en una de las 400 muertas anuales por complicaciones. Esas ni se enterarán del decreto.
Hay otras, que no han pensado en el aborto, que van por el cuarto o quinto hijo con mucha dificultad, sin ayuda, mal alimentadas y con mínimo tratamiento médico. Tal vez no tengan con qué festejar, pero esas el 25 de marzo podrán celebrar que el feto que llevan en la panza tiene su propio día. Todo un honor.

 


 

LAS INTERVENCIONES CLANDESTINAS EN EL PAIS
Un aborto cada dos nacimientos

t.gif (862 bytes) Las estadísticas –obviamente extraoficiales– dicen que por cada dos nacimientos que ocurren en la Argentina se realiza un aborto. En ese marco, se practicarían no menos de 400.000 abortos por año y se produciría la muerte de una mujer por día. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) produjo en 1995 un informe aterrador sobre las hospitalizaciones en América latina derivadas de aborto séptico. Consignó que el 30 por ciento de las camas de mujeres en los hospitales del continente estaban ocupadas por pacientes que habían sufrido complicaciones tras la realización de abortos clandestinos.
En la Argentina, según datos oficiales de los últimos años, la mitad de las mujeres son internadas por problemas relacionados con el proceso reproductivo. De cada 4,6 egresos por patologías obstétricas, una habría sido por complicaciones postaborto, de acuerdo con los cálculos realizados por Martha Rosenberg y Teresa Durand en un trabajo sobre salud reproductiva en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo es muy difícil establecer el total de casos fatales porque “las muertes son adjudicadas, en los hospitales, a otras causas y muchas mujeres ni siquiera llegan a ser atendidas por un médico”.
El Banco Mundial, también en el año 1995, ha señalado en un informe que 500.000 mujeres mueren por año por problemas derivados de la maternidad. También especificó que un 30 por ciento de los embarazos son interrumpidos en forma consciente, lo que daría un total de 55 millones de abortos provocados en el mundo. De ese total, 25 millones se realizarían en las peores condiciones, en razón de las normas vigentes en países cuyas leyes penalizan la práctica del aborto.
“Todos los días llegan mujeres con hemorragias o infecciones generalizadas. En los barrios hay comadronas que les practican abortos con los elementos más rudimentarios, agujas de colchonero, de tejer, trozos de perchas”. Jorge Massarelli, director del Hospital del Centenario, de Rosario, admitió a este diario las condiciones dramáticas en que las mujeres más humildes deben someterse a esas operaciones ilegales.
La contracara son las clínicas privadas, muchas de las cuales funcionan casi “legalmente” en el conurbano bonaerense, que realizan “el trabajo” con la más avanzada tecnología, a precios que oscilan entre los 1000 y los 3000 pesos.
La psicoanalista Martha Rosenberg afirma que con la despenalización del aborto “no sólo tantas mujeres no morirían o quedarías estériles” por las operaciones ilegales sino que “habría menos maternidades signadas por el sacrificio de las mujeres y las desdichas de los hijos”. Para Rosenberg, “la maternidad debe ser elegida y decidida por cada mujer no sólo en su propio beneficio sino en el de toda la sociedad”.

 

Otro fallo con polémica

El juez platense Guillermo Atencio sumó con un fallo reciente un nuevo caso a la polémica sobre el aborto. El magistrado decidió rechazar el pedido de que se autorizara abortar a una mujer de 25 años autista y con síndrome de Down que fue violada porque “aún no fue acreditada la condición legal de quien representa a la joven” y porque “no fue expresado debidamente el consentimiento” para realizar el aborto.
El 24 de noviembre pasado, la madre de la joven denunció que su hija había sido violada. La fiscalía elevó, con carácter de urgencia, el primer pedido de aborto, luego de evaluar que la víctima se encontraba “privada de razón”. Atencio se ajustó a cuestiones formales de procedimiento y rechazó el pedido. El fallo contrasta con el dictado por el juez de Menores también platense, Julio Bardi, quien el lunes autorizó abortar a una niña de 10 años, discapacitada mental, que presentaba un embarazo de tres meses producto de una violación. A fines de octubre, el juez porteño Roberto Murature rechazó un pedido similar presentado por la madre de una joven de 18 años, discapacitada mental, que había sido violada.

 

Tres puntos de vista sobre la norma

“Un discurso hipócrita”

Carlos Escudé (experto en relaciones internacionales, ex jefe de asesores del canciller Guido Di Tella): “Esta es la idea de un asesor imaginativo, algo que por un lado no hace daño pero que por el otro resulta absolutamente improductivo. Sólo requiere una firma. Me parece tan absurdo que en todo caso debería tomárselo risueñamente, como un chiste. Me pueden atribuir reformular el nombre del Día del Niño por Nacer como el Día del Feto Prometedor. Trae consigo la promesa de nacer y tiene futuro. Eso no significa pronunciarse contra el aborto, del cual estoy absolutamente a favor. En el contexto de una ilegalidad absolutamente teórica y un discurso hipócrita, la clase media tiene la experiencia médica más avanzada para abortar en un marco de libertad poco común. Pero muy pocas personas están dispuestas a decir que el decreto es irrelevante, porque si la hija de un ministro queda embarazada va a abortar. Nuestra hipocresía no nos permite blanquear un comportamiento que se refleja mucho mejor que el discurso. Sin embargo no necesitamos este tipo de confirmación porque mientras la clase política sea tan oportunista, no vamos a encontrar ningún partido serio, con posibilidades de acceder al poder, que esté dispuesto a pelearse con la Iglesia. Que el Gobierno esté alineado con la Iglesia es una cuestión absolutamente retórica que no tiene ninguna incidencia práctica. Es una posición respecto del aborto, pero yo no me doy por aludido”.

“Discusión religiosa”

Virginia Franganillo (socióloga, ex presidenta del Consejo Nacional de la Mujer): “Se me ocurre un chiste cuando las estadísticas indican que uno de cada cinco chicos no pasa el quinto grado. Yo estoy a favor de una política activa en materia de los niños que han nacido. El Gobierno plantea una discusión religiosa que debe darse en otro plano, el de la mujer. El alineamiento con la posición del Vaticano permitió la apertura de un debate y hacer visible una problemática. Pero ello no alcanzó para aprobar una política preventiva, que debería ser un tema clave dentro de las políticas públicas porque el problema afecta cada vez a más mujeres. El debate se ha obstaculizado porque la dirigencia se ha alineado con los sectores más reaccionarios del aborto. Y esto es una demanda muy sencilla de las mujeres. La actividad principal en una unidad básica es asistencia en materia de prevención y educación. No se trata de un problema de las mujeres de clase media, pero en los sectores populares pega con la muerte, más allá de que hay efectos en amplios sectores medios. Antes de que se abriera el debate, un 56 por ciento de las mujeres estaba a favor     de la legalización del aborto     y un 99 por ciento pedía          políticas de prevención. Es      una discusión moral. El Estado no garantiza los derechos de los niños que han nacido, aunque esa tiene que ser nuestra preocupación. Creo que al Día del Niño por Nacer no lo va a festejar nadie”.

“Absurdo y carnavalesco”

Nora Coledesky (abogada, miembro de la Comisión por el Derecho al Aborto): “La primera cuestión es que no se trata de un niño cuando está en el vientre de una    mujer, es un embrión o feto.     Lo consideramos como niño desde el momento en que     nace. Interpreto que el decreto que establece el Día del          Niño por Nacer es parte de los acuerdos que el presidente     Menem mantiene con la Iglesia Católica para buscar tapar las críticas acerca de la situación social. Frente a la realidad      actual, me parece absurdo y carnavalesco. Los niños          mueren por raquitismo y están subalimentados. Las mujeres abortan por las malas condiciones de vida que
atraviesan. Sería mejor si el Presidente se preocupara por los niños ya nacidos que se están muriendo de hambre.         El decreto responde a un criterio dogmático y religioso, ni jurídico ni político, por eso las mujeres vamos a rechazarlo, como venimos haciéndolo     cada vez que reaparece este     tipo de intenciones. Ya hemos conseguido que se quitara     de la Ley de Minoridad la      cláusula con la intención que regía desde la concepción. Ahora que el aborto empieza a discutirse en la sociedad, es necesario que los políticos dejen de darle la espalda al tema porque el movimiento social existe. Por eso insisto en que hay que debatir con la sociedad porque el Parlamento, por ahora, no se va a poner a discutir esta cuestión”.


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