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QUIENES SON Y DE DONDE VIENEN RAMON MESTRE Y JOSE MANUEL DE LA SOTA

Viejos conocidos en el amor y el odio

Atributos de ayer, defectos de hoy

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Ramón Mestre, un hombre suro que intenta cambiar su imagen

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José Manuel de la Sota va por el tercer intento para la gobernación

Por Fernando Cibeira
Desde Córdoba


t.gif (67 bytes)  Cuando en 1983 llegó a la intendencia de Córdoba, Ramón Mestre encontró el edificio tomado por los empleados y al municipio atado de pies y manos por un contrato leonino con una empresa recolectora de basura de los Macri. No anduvo con vueltas: sacó a los empleados y rescindió el contrato. En meses solucionó el problema y al año ya había inaugurado 33 escuelas. Ese perfil expeditivo y sin contemplaciones que Mestre siempre consideró su principal virtud se ha convertido para la elección de hoy en su peor estigma. "Yo siempre voté al radicalismo, pero a mí el Gordo no me va a retar más", cuentan los dirigentes radicales cordobeses que la gente les dice para justificar su voto a De la Sota.

Quien hubiera visitado la provincia estos últimos días no hubiera comprendido muy bien el porqué de esta reacción. En las publicidades del tramo final se veía un gobernador humano y autocrítico, admitiendo errores y aceptando el enojo de quienes debieron sufrir el rigor de su ajuste. "Yo eché de la administración pública a 16 mil radicales", reconoció esta semana en la que también dijo que algunas de esas medidas no lo dejaron dormir. Pero los cordobeses, que lo conocen muy bien porque ya lo tuvieron ocho años como intendente y ahora casi cuatro como gobernador, deben haber sospechado que conseguir el tono de ese spot publicitario les costó tres días de filmaciones, como sucedió, y que un fotógrafo se volvió loco para lograr esa cara de padre bueno mirando al futuro de los afiches de campaña.

Quienes lo frecuentan aseguran que en la intimidad es distinto. Que tiene un humor bien cordobés y que le gusta jugar al truco y matear con los amigos. Que acepta hasta algunas de las rebeldías de sus hijos, aunque hasta ahí. Pero eso en la intimidad. Cuando gobierna es otra cosa.

Dicen que no le gusta delegar, que no acepta consejos y, sí, es un poco autoritario. Que su relación con la prensa pasó de mala a pésima hasta que se dio cuenta de que perdía. Que hay sólo dos o tres funcionarios que le duran desde sus comienzos, como el actual ministro de Asuntos Institucionales, Oscar Aguad, y el de Hacienda, Ramón Darvitz, en quienes confía y le responden ciegamente. Que de su profesión de médico odontólogo heredó esa obsesión por construir hospitales que distinguió su administración. Que pensaba que eso sólo bastaría para volver a ganar y que ni siquiera haría falta hacer una campaña tradicional. Que la gente recordaría la provincia caótica que había recibido de su histórico rival, Eduardo Angeloz, y que pese a eso igual se las había ingeniado mostrar realizaciones. Estaba seguro de que eso sería suficiente.

"Los cordobeses lo ven ahora como un tipo hosco, que choca con todos y no sabe buscar consensos", resumía ayer un político radical que tiene su suerte atada a la del gobernador. Al mismo tiempo, en la UCR sostienen que nadie se animaría a poner en duda sus condiciones de administrador. Pero ya les quedó claro que eso sólo puede no alcanzar para el triunfo. Hace un mes y medio nadie hubiera pensado en Mestre pidiendo disculpas, aceptando gustoso la hipotética renuncia de la fórmula del Frepaso y recorriendo su provincia del brazo de Fernando de la Rúa, cuando había dicho que no quería ver dirigentes nacionales poniendo un pie en Córdoba. Pero todo sea por no pasar de hombre fuerte a mariscal de la derrota de la UCR en su distrito emblema desde hace 15 años.

 


La bronca y la fidelidad

 

t.gif (862 bytes) En la maratón de reuniones que mantuvieron ayer en la Casa Radical cordobesa, los hombres de Ramón Mestre aseguraban tener nuevas razones para alimentar sus esperanzas: comentaban que los sondeos finales mostraban a los indecisos proclives a seguir la tradición del voto radical. En el PJ, en cambio, sólo aceptaban como válidas las encuestas que, casi unánimemente, terminaron dando arriba a José Manuel de la Sota. Un síntoma de esa seguridad fue que el peronista fue el menos violador de la veda electoral. Mientras que Mestre participó de actos como gobernador, De la Sota desapareció después de la última caravana para encerrarse --según dijeron sus voceros-- en su chalet de Carlos Paz.

"El voto oscila entre la bronca y la fidelidad", aseguraba un importante dirigente radical cordobés que había recibido un sondeo de una joven encuestadora que trabaja con ellos. El dirigente aseguraba que esa encuesta a favor era más confiable que los que salieron publicados porque esos eran sondeos de opinión y no de intención de voto. Lo que sí admitían era que si finalmente se concretaba su derrota, no sería por poco margen. "Si gana De la Sota, va a ser por 15 puntos", explicaba. El razonamiento era que en la hipótesis "bronca-fidelidad", la gente se había volcado por la bronca a los 15 años de gestión radical, que se sumarían al alto piso electoral que siempre mantuvo el PJ.


Renovador, anti y promenemista

 

Por Adrián H. Mouján
Desde Córdoba

t.gif (862 bytes) La campana ya marcó el final del último round. José Manuel de la Sota espera en el centro del ring a que los cordobeses, convertidos en jueces, den su fallo --su voto--, sobre la tercera pelea que sostuvo con un radical por la gobernación de la provincia. En las dos oportunidades anteriores, sus coprovincianos se inclinaron por el ahora senador Eduardo César Angeloz. En esta oportunidad el rival es otro radical, Ramón Mestre, pero las encuestas de Julio Aurelio, Manuel Mora y Araujo y Heriberto Muraro marcan que el dirigente peronista está más cerca que nunca de conseguir su objetivo más deseado.

Con el regreso de la democracia, De la Sota le disputó la presidencia del PJ cordobés al veterano dirigente ortodoxo Raúl Bercovich Rodríguez quien, recurriendo a artimañas de viejo zorro, lo venció, aunque le dejó la posibilidad de enfrentar a Ramón Mestre por la intendencia, una pelea perdida de antemano en un tradicional bastión radical. El deseo de desalojar a la ortodoxia y a los capitostes sindicales de la dirección del justicialismo lo encontró en la misma vereda con Antonio Cafiero, un porteño, Carlos Grosso, y un mendocino ambicioso, José Luis Manzano. A ellos solía sumárseles, muy de vez en cuando, un pintoresco caudillo del noroeste argentino, que por su afinidad con el alfonsinismo generaba mucha desconfianza: Carlos Menem.

En 1984, en el accidentado congreso justicialista de Río Hondo, De la Sota, Cafiero, Grosso, Menem, Manzano y el entrerriano Jorge Busti rompieron lanzas y anunciaron el lanzamiento de la renovación peronista. De esta forma en el '85, este cordobés llegó al Congreso Nacional, que fue la pantalla que la renovación necesitaba para proyectarse hacia todo el país. Por esa época, De la Sota se casó cono la dirigente del justicialismo sanjuanino Olga Riutort.

En 1987, De la Sota resolvió disputarle la gobernación al radicalismo cordobés. En su primer enfrentamiento con Angeloz, De la Sota perdió, aunque los comicios marcaron el principio del fin de la era alfonsinista. El peronista cordobés se dedicó junto a otros renovadores a alentar la candidatura presidencial de Antonio Cafiero, lo que provocó la división de la renovación ya que Carlos Menem también lanzó la suya. A ese grupo de dirigentes se lo denominó la 'cafieradora', y fueron ellos quienes entronizaron al cordobés como compañero de fórmula del bonaerense, provocando la huida de la dirigencia sindical que prefería a José María Vernet para ese sitio.

Ya en su rol de precandidato a vice, De la Sota dedicó cada uno de sus discursos a descalificar duramente a Menem. Luego de la derrota del 8 de julio de 1988, este hincha de General Paz Juniors, un club de la segunda división de la liga cordobesa de fútbol, volvió a presentarse como candidato a diputado en 1989 y consiguió derrotar a la UCR al igual que Menem, que aventajó a Angeloz.

Entre 1990 y 1994 estuvo al frente de la embajada argentina en Brasil, aunque en el '91 regresó nuevamente para disputarle la provincia a Angeloz, quien volvió a ganarle. En 1997, este amante de las playas cariocas y el sabor de la feijoada que hoy se hace cocinar en su casa arribó a senador por la reforma constitucional que permite un representante para la minoría.

En este último año, el padre de Candelaria, de 25 años, y Natalia, de 23, conformó el grupo de los ocho, junto a Antonio Cafiero, Eduardo Menem, Carlos Reutemann y Eduardo Bauzá, entre otros.


Los datos de la elección

 

* Horario de votación: de 8 a 18 horas.

* Total de votantes: 2.091.075.

* Mujeres en condiciones de votar: 1.075.071.

* Hombres en condiciones de votar: 1.016.004.

* Padrón en el interior de la provincia: 1.242.956.

* Padrón en Córdoba Capital: 856.074.

* Fórmulas que se presentan para disputar la gobernación: nueve.

* La fórmula ganadora asumirá el 12 de julio de 1999.

* En 130 municipios y comunas se elegirán intendentes, concejales, vocales de los tribunales de cuentas y presidentes de comuna.

* El justicialismo pone en juego más de 90 municipios y comunas.

* En la elecciones para gobernador de 1995: el radicalismo, que consiguió 730.239 votos, derrotó al PJ, que sacó 619.554 votos.

* En los comicios de octubre de 1997, la UCR consiguió el 34 por ciento de los votos, contra el 27,6 del peronismo. El Frepaso obtuvo el 11,1 por ciento.

 


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