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El robo hormiga en supermercados se lleva 150 millones por año

Hojas de afeitar, pilas y desodorantes lideran el ranking de los productos elegidos por quienes no pasan por la caja registradora.

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Por Claudio Zlotnik


t.gif (67 bytes)  Las cadenas de supermercados pierden entre 120 y 150 millones de dólares anuales por robos en sus salones de venta. Ese monto de pérdidas preocupa a los empresarios del sector, puesto que equivale al uno por ciento de la facturación total de las cadenas. El accionar de "las mecheras" --como se denomina a quienes hurtan en los comercios-- no se limita a los super e hipermercados. Los minoristas, especialmente aquellos que están instalados en los shoppings, también son víctimas de robos hormigas.

Los sistemas de alarma permiten prevenir los hurtos. En los supermercados, por ejemplo, se colocan stickers electromagnéticos que van adheridos a los envases de los productos. Consultadas por Página/12, las principales cadenas de supermercados coincidieron en que las hojas de afeitar, las pilas y los desodorantes, en ese orden, son las mercaderías más robadas. En un escalón más abajo figuran las aspirinas, las cremas y otros artículos de perfumería.

"Nuestros enemigos más grandes son las bandas organizadas que se dedican a robar en los supermercados. Eligen los productos más pequeños pero de alto valor, como los filos o las pilas, y después los colocan a un precio muy bajo en los kioscos, que a su vez los revenden al público en general", comentó a este diario un directivo de Norte, la cadena que está en manos del Exxel Group y de la francesa Promodés. En Norte, las pérdidas por hurtos y por mermas en los stocks llegan a los 15 millones de dólares anuales. Por su parte, Carlos Hermida, responsable de seguridad de Disco, señaló que "nosotros ya equipamos las sucursales del interior, y lentamente vamos haciendo lo mismo en la Capital. Es otra de las maneras que tenemos para maximizar la rentabilidad en función de la caída de los costos. En nuestro caso, las pérdidas por hurto ascienden a los 7 millones de pesos anuales".

En el Sam's Club, el brazo mayorista de la norteamericana Wal Mart, tomaron otros recaudos: colocaron todos las pilas, las hojas de afeitar, los chicles y algunos artículos de perfumería dentro de una jaula. Una vez que el cliente adquiere esos productos pasa inmediatamente por una caja registradora colocada a la salida de la jaula, por lo que se hace imposible sacar productos sin pagarlos.

Con la instalación de los sistemas de seguridad, las cadenas han reducido a la mitad sus pérdidas por hurto, que hasta hace un tiempo trepaban al dos por ciento de la facturación. Un comercio minorista necesita invertir por lo menos 4 mil pesos para instalar uno de esos controles electrónicos. Y cada adhesivo-alarma cuesta cinco centavos cada uno.

Las empresas fabricantes de los sistemas adaptan la tecnología según el tipo de cliente. En las tiendas de indumentaria, por caso, se colocan las alarmas en los broches inviolables que sostienen a las prendas. Los pedestales que se instalan cerca de las puertas de acceso al negocio detectarán si uno de esos adhesivos sale activo del local, sin previo paso por la caja. En ese caso, suena la alarma. Sensormatic es la fabricante líder de estos productos en la Argentina. Octavio Ríos, el gerente de marketing de la empresa, señaló a Página/12 que "el desafío más grande que tenemos es diseñar sistemas que se adapten a cada cliente". Así, por ejemplo, Sensormatic creó la manera de colocar alarmas dentro de las bolas de pool para impedir que los ocasionales jugadores se las lleven como recuerdo tras las partidas. Lo mismo hizo en el casino de Mar del Plata, donde instaló sensores dentro de las fichas.

 

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