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Por JOHN WATERS
Todo el mundo quiere ser famoso. Muchos quieren ser ricos, felices o exitosos. Pero todo el mundo quiere ser famoso, hoy. Esa es la verdad. Y la verdad es que es más fácil hacerse famoso que conseguir trabajo. Sólo se trata de abandonar toda cautela e irrumpir -con anteojos negros o sin ellos- en el rutilante mundo de la fama. ¿Quién no prefiere firmar un autógrafo antes que besar a alguien? ¿Ser descubierto en flagrante romance por los paparazzi antes que estar en una relación madura que desembocará tarde o temprano en divorcio? ¿Ser un histérico antes que un ejemplo de conducta intachable? Usted se sabe genial, ¿para qué simular falsa modestia entonces? Pruébele a sus estúpidos amigos cuán ciegos fueron con usted todos estos años. No hablo de talento; hablo de lo que cuenta realmente: maltratar a todos aquellos que estuvieron cerca en nuestro camino a la cima. Tómese cinco segundos y elija una carrera. ¿Es estridente, grosero y desafinado? Su futuro está en el rock. ¿Le gustaba copiarse en el colegio? Sea productor. ¿Se enorgullece de haber contagiado venéreas a la mitad de su barrio? Lo suyo es ser estrella de cine. ¿Tiene problemas serios de mitomanía? Querido amigo, la presidencia de la Nación lo está esperando. Y ahora que ya ha malgastado su valioso tiempo en esa trivial decisión, vamos a lo importante: los diez pasos hacia la fama.
1) Exagere su persona.
Si tiene algunos kilos de más, coma mucho. Si tiene acné, frótese un paquete de papas fritas por la cara. Si es un político en ascenso, haga comentarios racistas: perderá seguro la primera elección, pero los ríos de tinta a la larga redituarán. Y cámbiese el nombre, por el amor de Dios (y haga lo opuesto de todo lo que solía hacer hasta ahora).
2) Autopromociónese.
Haga lo que sea para salir en los diarios y en la TV. Si eso no alcanza, levántese temprano y recorra el edificio insertando fotos suyas dentro del diario de sus vecinos. Vierta veneno en su propia comida en un restaurante y después llame a conferencia de prensa (o directamente acuse al director/a de su escuela de abuso sexual).
3) Use a su familia.
La caridad bien entendida empieza por casa, especialmente si hay parientes ricos en la familia. Si los gritos, pataleos y pucheritos no funcionan, no dude en apelar a cualquier trastorno real o imaginario de su infancia, a la hora de hacerlos sentir culpables. Si tampoco eso funciona, chantaje (a ningún padre le simpatiza que se ventilen en público los trapos sucios de la familia).
4) Múdese a Europa.
Así puede mentir todo lo necesario acerca de sus logros en su país de origen. Cuando vuelva, haga lo mismo respecto de su currículum europeo.
5) Sea un animal.
Sé que suena ridículo, pero piénselo. Hay menos competencia, si exceptuamos a los clásicos (Mister Ed, Francis la Mula Parlante), los exitosos de otrora (Lassie, Rin-Tin-Tin, Benji) y los advenedizos de siempre. Y no olvide que no habrá creativo publicitario al que no se le ocurra promocionar algún producto con usted.
Si me ha prestado atención, a esta altura ya será famoso. Los cinco próximos pasos le servirán para mantenerse en la cima:
6) Tenga problemas sexuales.
Y que sean novedosos. Odie el sexo y pontifique. No se desanime si tiene la mala suerte de ser heterosexual. Y evite toda relación estable, a cualquier precio.
7) Enférmese.
Todo sirve: clínicas psiquiátricas, de reposo, de trastornos alimenticios (obesidad, anorexia, da igual), de desintoxicación. Lo importante es que, al salir, recaiga de inmediato.
8) Sea infeliz.
Nada le gusta más al público que saber que las celebridades sufren. Todo intento de suicidio es óptimo (garantícese sobrevivir). Se recomienda especialmente involucrar en el proceso a otro famoso (por ejemplo, tirarse de una azotea y embestir a alguien en la caída).
9) Mate a alguien.
Nunca a alguien más famoso que usted. Salvo que sean sus propios padres, en cuyo caso el asesinato le garantizará primera plana y horario central en TV.
10) Hágase matar.
¿Drástico? Creí que estábamos hablando en serio. ¿Cuál fue el toque final que terminó de moldear el mito de John Fitzgerald Kennedy, del Mahatma Gandhi, hasta de Sharon Tate? Hasta las causas naturales sirven, siempre y cuando demore mucho su agonía. Eso sí: planee su funeral por anticipado. No sea cosa que lo entierren en su pueblo natal.
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