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El regreso de Brian Wilson
" >   Por MARTIN PEREZ

Jamás agarró una tabla de surf y siempre le tuvo miedo al mar. A pesar de eso, Brian Wilson supo ser el genio creativo que hizo de los Beach Boys los auténticos rivales de los Beatles a mediados de los `60. Nunca demasiado recuperado del colapso nervioso que lo transformó en uno de los lunáticos más famosos del rock, el bueno de Brian acaba de editar Imagination, su primer disco con material nuevo en diez años. En él canta que quiere venir a Sudamérica, y que Argentina “está fuera de este mundo, pero sin salir al espacio”.

Sucedió en febrero de este año, al día siguiente de conocerse la noticia del fallecimiento de Carl Wilson, uno de los fundadores de los Beach Boys. Al comentar la novedad, Mario Pergolini declaró muy suelto de cuerpo que el principal legado del grupo de los hermanos Carl, Dennis y Brian Wilson eran las enfermizas bandas de sonido surf que vienen adosadas a toda película de Los Angeles con escenas de playa. Si bien no sorprendió --frases de este tipo son marca registrada del exitoso conductor de “CQC”, que se ha definido muchas veces como un bocón antes que un transgresor-- vale aclarar que, en este caso, la boutade suele ser compartida por gran parte del mundo del rock. La obra de Brian y sus hermanos siempre fue menospreciada, incluso por sus íntimos.

Tratado como el más efímero de los productos por su discográfica y censurado por sus propios compañeros de grupo, desplazada su imaginería californiana por el ideal hippie, Brian fue en realidad el auténtico rival de Los Beatles durante su época más creativa. “Hay que recordar que Los Beatles siempre se tuvieron el uno al otro para sostenerse. Tenían un enemigo común y toda una experiencia compartida. Brian, en cambio, siempre trabajó totalmente solo”, subrayó recientemente Van Dyke Parks, mítico colaborador de Wilson en aquella época. Víctima de un padre castrador, una psiquis inestable y la ceguera de Capitol Records, Brian Wilson corrió el destino de la gallina de los huevos de oro: a fines de los ’60 abandonó sus armonías y melodías celestiales para recluirse en su infierno privado. Condenados al ocaso sin su talento, Los Beach Boys recurrieron a él en más de una oportunidad durante las dos décadas que siguieron, en las que Brian apenas si asomó la cabeza de su arenero propio, para protagonizar efímeros regresos.

Sin embargo, durante la década del 90 el regreso de Wilson pareció ser una realidad. Además de homenajes y discos en colaboración, su figura ha comenzado a ser reconocida dentro del universo rocker: discos como Pet Sounds y canciones como “Good Vibrations” han alcanzado por fin lugares de privilegio en toda lista que aspire a registrar los mejores momentos de la historia del rock. Este es el contexto en el que aparece Imagination, el primer disco con material propio que graba Brian Wilson en exactamente una década. El estribillo de su contagioso hit --“Your Imagination”-- ilustra mejor que nadie toda esa carrera de treinta y siete años en la música pop: “Tu imaginación corriendo salvaje / de eso se trató todo”.

LAS OLAS Y EL VIENTO Hace unos años, un efímero grupo canadiense llamado Barenaked Ladies ganó difusión radial con un tema llamado simplemente “Brian Wilson”. Su letra decía así: “Si quieren encontrarme me encontrarán afuera, en el arenero / preguntándome dónde demonios se ha ido todo el amor / Tocando mi guitarra y construyendo castillos bajo el sol / y cantando Diversión, Diversión, Diversión”. Una imagen que bien puede ilustrar la larga reclusión de quien fuera el líder creativo de Los Beach Boys. Una historia que en realidad comenzó justo cuando terminaba el verano de 1961.

La leyenda cuenta que un fin de semana de setiembre en que los hermanos Wilson quedaron solos en casa, se gastaron los doscientos cincuenta dólares que sus padres les habían dejado para gastos en alquilar instrumentos para ensayar un temita que soñaban con grabar alguna vez. En medio del living de ese anónimo hogar de Suburbia estaban, además de los tres Wilson, su vecino Al Jardine y su primo Mike Love. Con él fue que Brian compuso el tema en cuestión, en base a una idea sugerida por su hermano Dennis, y titulado sencillamente “Surfin’”. Punto de partida para toda la iconografía Beach Boy --playas y tablas de surf, sol y autos relucientes--, el éxito local de ese tema los hizo entrar por la puerta trasera del mítico edificio circular de Capitol en Hollywood y lanzarse a la conquista de Norteamérica.

Y EL FRIO DEL MAR “Quiero moverme hacia adelante en términos de sonido y melodías, escribir una canción que contenga más de un nivel”, escribió Brian Wilson en su época de mayor creatividad. “Porque una canción puede tener movimientos, de la misma manera que un concierto clásico, sólo que encapsulados.” Esa fue la ambición que persiguió Brian al frente de los Beach Boys, alimentada por un reverencial respeto hacia las producciones de Phil Spector (que quedó tan demente como Wilson luego de una época de febril musicalidad). Si bien siempre tuvo sus particularidades, la primera señal de que algo andaba mal con el genio de Brian llegó en diciembre del 64, cuando --una semana después de su casamiento-- tuvo un colapso nervioso durante una gira. A partir de entonces el grupo saldría a tocar mientras el cerebro se quedaba componiendo en casa. En esa persecución tras el pop perfecto, Brian alcanzó cumbres como Pet Sounds, considerado por muchos como la respuesta norteamericana a Rubber Soul.

En su flamante biografía escrita con Barry Miles, Paul McCartney confiesa que Lennon y él siempre consideraron que sus rivales creativos durante los sesenta, antes que los Rolling Stones, fueron los Beach Boys. Menospreciado por Capitol en Estados Unidos --que apostaba fuerte a Los Beatles--, Pet Sounds fue muy bien recibido en Inglaterra. El mismísimo Andrew Loog Oldham publicó una solicitada de una página festejando su edición, aun cuando el extravagante manager de los Stones no tenía ninguna relación comercial con el grupo de Brian Wilson.

EL FRIO DE TU ALMA La debacle emocional del genio de la playa llegó cuando el resto de su banda y su audiencia no pudieron comprender su siguiente obra maestra: Smile. Sus armonías y arreglos (compuestos bajo un ataque de locura que incluía un piano instalado en un arenero y un estudio incendiado para grabar un tema dedicado al fuego) no encajaban dentro del formato comercial que aún regía el mercado pop, y fue rechazado.

Los Beach Boys tardaron casi un año en diluir su contenido y publicarlo bajo el nombre de Smiley Smile. Para entonces, Los Beatles ya habían cambiado para siempre las reglas con Revólver y Sargento Pepper (algunos dicen que el ataque de locura del buen Brian se produjo cuando escuchó Sargento Pepper), y los Beach Boys se condenaron a un olvido del que recién veinte años después comenzarían a salir. Mientras tanto, Brian Wilson pasó a ser un hombre al que cualquier contacto con el mundo real lo ponía demasiado nervioso.

ME HIZO REGRESAR “La creencia popular afirma que los Beach Boys eran originalmente un grupo de armonías vocales. Por mi parte, creo que fueron los primeros representantes de la vanguardia de la composición moderna”, escribió Sean O’Hagan, líder de The High Llamas y uno de los herederos de la música de Wilson en los 90. La afirmación aparece en el booklet de la caja que contiene todos los masters de Pet Sounds. En medio de estos sinceros elogios, y muchos más, Brian Wilson se ha pasado la última década intentando volver.

Su primer disco solista data precisamente de 1988, realizado bajo la supervisión del manipulador psicólogo Eugene Landy. Ese impulso inicial lo llevó a tener listo un segundo álbum --titulado Sweet Insanity-- dos años más tarde, pero su compañía discográfica lo rechazó por estar demasiado “influido” por Landy (que había llegado a arrogarse el título de compositor de un par de temas del álbum). Libre de la carga del psicólogo, 1995 fue un buen año para los fans de Wilson, ya que el genio apareció en escena por partida doble. Por un lado fue objeto de un especial de televisión producido por Don Was, para el cual Wilson regrabó en estudio algunos de sus temas preferidos (editados en CD bajo el nombre de I just wasn’t made for these times). Y, por el otro, volvió a hacer tándem con Van Dyke Parks, en un sorprendente disco: Orange Crate Art.

A LA ARGENTINA Por entonces ya se hablaba de la inminencia de un nuevo disco solista, pero aún haría falta esperar tres años más. Coproducido por un tal Joe Thomas --quien ayudó a armar un tributo country (!!!) a los Beach Boys--, el nuevo disco de Brian es una genialidad de once temas que llega desde el nuevo hogar del músico, en Chicago, convenientemente lejos de las arenas californianas. Entrevistado por Peter Buck (guitarrista de REM) para la revista británica Mojo, Brian Wilson aseguró que, si su nuevo disco llega a sonar en la radio, “se volverá loco de alegría”. No es que uno desee semejante consecuencia, pero si los programadores radiales locales descubren una joya llamada “South American”, tendrá difusión asegurada, al menos en la Argentina. Porque en ese tema -con letra de Jimmy Buffett, pero el preferido del disco para Wilson-- la mejor voz de los Beach Boys comienza cantando: “Recibí una carta de una vieja amiga perdida / que encontró un pedazo de cielo en Argentina / es un planeta diferente, es un lugar diferente / porque está fuera de este mundo / sin viajar por el espacio”.

Imaginándose definitivamente de alta, el lunático preferido del rock suena más sano que nunca en cada uno de sus coros, sus falsettos, sus estribillos. Dos años antes del fin de siglo, es tiempo de recibir a Brian Wilson. Ese que canta: “Si pudiera ir a Sudamérica / ojalá que alguien me lleve allí”.