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SUBRAYADO

Contra Bussi es otra cosa

Por Mario Wainfeld

 


t.gif (862 bytes)  Hasta hace un mes parecía que las elecciones para gobernador y autoridades provinciales a realizarse en Tucumán el domingo que viene serían un paseo para las huestes del patibulario Domingo Bussi, cuyo hijo Ricardo aspira a sucederlo, en una nepotista variante de reelección. Pero en los últimos días, según encuestas que exhiben dirigentes de la Alianza, su candidato Rodolfo Campero está cabeza a cabeza con Ricardito. A su vez los peronistas aseguran que su representante Julio Miranda también puede ganar. Habrá una elección cabeza a cabeza o, como poco, un escrutinio con suspenso.

En ese orejear casi semanal que son las elecciones anticipadas, una victoria aliancista implicaría un envión nada menor para la coalición opositora. Primero porque sería un batacazo. Segundo, porque, como en San Juan y sin solución de continuidad, sumaría una gobernación que antes no tenía. Tercero, porque daría una carambola a dos bandas derrotando al bussismo en los pagos del candidato a vice por el PJ Ramón "Palito" Ortega. Y cuarto, porque Campero es un aliancista de pura cepa, un radical progresista de la onda del chaqueño Angel Rozas. Mucho más cercano al perfil que busca mostrar la coalición --el que intentó mostrar en el texto y la presentación de su programa de gobierno-- que el que ostentaron los conservadores candidatos por Córdoba, Catamarca (provincias donde ni se conformó la Alianza) y San Juan (donde ganó un aliancista "sui generis", un venerable dirigente de provincia, no radical ni frepasista). Ni hablar de Santa Cruz, donde la Ley de Lemas permitió un rejuntado donde fungían hasta menemistas.

Obviamente para el peronismo llegar sería también un logro inesperado. Y para Ramón Ortega, levantar una asignatura pendiente. Palito (igual que Carlos Reutemann en Santa Fe) fue inventado por el presidente Carlos Menem como tabla salvadora para las elecciones de 1991. Ambos debían remontar desventajas en las encuestas y enfrentar el desprestigio y la división de los respectivos PJ provinciales. Los dos lo lograron y llegaron a gobernadores. Pero lo que armaron luego fue distinto. Reutemann construyó un prestigio local por su buena gestión e imagen y se constituyó en figura central del PJ santafesino, que ganó las elecciones del '95 y tiene óptimas perspectivas a nivel provincial para las de agosto de este año. En cambio Palito dejó al PJ atomizado, no tiene peso provincial. Si el peronismo ganara, su estrella tucumana mejoraría.

Habrá que esperar, como siempre, la magia de las urnas. En cualquier caso, una elección donde participa la dinastía Bussi no es una más.

Una elección "con Bussi" es para cualquier demócrata convencido, antes que nada una elección contra Bussi. Si el hijo del represor que tiene cuentas en el exterior es vencido por cualquiera de los dos partidos que --por muy imperfectos que sean y son-- expresan algo muy distinto del genocidio y la ignominia dictatorial será, si no una fiesta, un alivio nacional. Una bocanada de aire fresco para el alicaído sistema democrático argentino que, entre otros vicios, contiene demasiada "tentación autoritaria".

 

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