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JORGE LANZARO, DE LA UNIVERSIDAD URUGUAYA
“Lo que pasa es que el FA salió a pelear el centro”

El director de Ciencias Políticas de la Universidad Uruguaya explica por qué Tabaré Vázquez salió tan favorecido en la primera vuelta, pero más allá, con vistas al ballottage, el panorama es tan complicado para él como para Jorge Battle, su oponente principal.

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Tabaré Vázquez y seis razones decisivas para su triunfo el domingo pasado.
Pero el 40 por ciento de los votos puede ser su techo, y los blancos tampoco las tienen fáciles.


Página/12 en Uruguay
Por Pablo Rodríguez Desde Montevideo

t.gif (862 bytes) La cara de Jorge Lanzaro apenas aparece entre las montañas de libros que abarrotan su mesa de trabajo, su sala de trabajo, su biblioteca y hasta su computadora. Lanzaro es el fundador y actual director del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República, la UBA uruguaya. En esta entrevista realizada en su casa por Página/12, Lanzaro repasa lo que ocurrió en la primera vuelta de las elecciones presidenciales uruguayas, que consagró al Encuentro Progresista-Frente Amplio como la primera fuerza a nivel nacional. En ese repaso se interna en la historia reciente de la izquierda en Uruguay y en muchos cálculos y porcentajes para intentar resolver lo que ningún analista quiere pronosticar: quién, entre el candidato colorado Jorge Batlle y el frentista Tabaré Vázquez, ganará el ballottage del 28 de noviembre.

--¿Qué significa el resultado obtenido por el Frente Amplio, que le ganó por siete puntos al Partido Colorado?

--Significa la confirmación de un proceso de transformación del sistema de partidos en Uruguay en los últimos 30 años. Este cambio comenzó a confirmarse lentamente en el período posterior a la dictadura. En este camino, el resultado de 1994 fue impactante, porque el país se dividió en tres tercios: el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Frente Amplio. Y digo que es impactante porque en los 60 la izquierda había crecido en un ambiente de polarización. En cambio, en los 90, el Frente Amplio creció en un contexto donde no hay ninguna polarización. Y esto vale para la izquierda uruguaya, la más vieja y fuerte de la región, y para otras izquierdas de Latinoamérica. Tienen que luchar en espacios democráticos, pluralistas y fuertemente competitivos. Y entonces, para progresar, deben entrar en una lenta destilación, elección tras elección, voto tras voto, para lograr un crecimiento. Es el caso de la izquierda chilena, brasileña y mexicana. Ya no hay una competencia polarizada sino hacia el centro.

--Batlle está actualmente negociando con Luis Lacalle (candidato del Partido Nacional en la primera vuelta, que sacó el 21 por ciento de los sufragios) un acuerdo para obtener estos votos. Esto indica que la izquierda, en realidad, ya consiguió romper esos tercios. ¿Cómo se explica semejante crecimiento?

--En el largo plazo, se explica por el crecimiento constante y acumulativo que tuvo el Frente Amplio. Primero, con el liderazgo de Líber Seregni, que colocó a la izquierda en el tablero nacional. Y luego, con la candidatura de Tabaré Vázquez. Seregni fue un gran líder, Tabaré es un gran candidato. Vázquez logró envolver a los integrantes del Frente en una zona común, y ahora se puede decir que el Frente es más un partido que un frente.

--¿Y en el corto plazo?

--En el corto plazo, hay por lo menos seis razones que se pueden nombrar: 1) fue más rentable de lo que parecía la lógica de oposición al gobierno impulsada por Tabaré, más fuerte que la de Seregni o que la de Danilo Astori; 2) el Frente Amplio salió de manera muy fuerte a pelear votos en el interior del país y logró muy buenos resultados. Antes, la izquierda era un fenómeno montevideano. Ahora ganó en Canelones, en Maldonado y en Paysandú; 3) Batlle y Lacalle quedaron presos de su propio éxito. En 1989, fueron los grandes voceros del cambio. Esos cambios se hicieron sólo en parte, porque el liberalismo de Lacalle fue contrapesado por el Frente y por el mismo Sanguinetti, del Partido Colorado. A esta elección, los dos llegaron como defensores de la continuidad; 4) la recesión económica actual; 5) la inflexión de cambio en Latinoamérica y en Europa que se hace sentir luego de años de neoliberalismo; 6) el nuevo sistema electoral, que está hecho para atajar al Frente, pero que hace perder el efecto arrastre que tenía la Ley de Lemas, donde había varios candidatos de un mismo partido. Ese efecto se perdió para los partidos tradicionales y, en el caso de los blancos, generó una fuerte división en los comicios internas.

--Sin embargo, gracias al nuevo sistema, Batlle puede contar con buena parte de los votos blancos para frenar a la izquierda.

--Pero no es fácil para Batlle. El Frente Amplio votó mucho mejor de lo que se esperaba: le sacó siete puntos de diferencia a Batlle. Y hay que tomar en consideración, si el electorado va a ser entre el 90 y el 95 por ciento del padrón, los dos candidatos se repartirán en torno de un 40 o 45 por ciento. Y Tabaré está mucho más cerca que Batlle de ese número.

--Hagamos otra cuenta. Si Lacalle le da los votos a Batlle, la suma de los dos partidos en la primera vuelta da el 53 por ciento de los votos.

--Sí, pero los blancos no van a votar todos a Batlle. Batlle necesita alrededor del 70 u 80 por ciento de los votos del Partido Nacional. Y los colorados pueden asegurarse un 50 por ciento de los votos blancos, pero un 20 por ciento más será muy difícil. También será muy complicado para Tabaré, porque tiene que sumar menos votos, pero cada uno de éstos va a costar mucho trabajo. Casi el 40 por ciento de los votos es una votación espléndida para el Frente, pero también puede ser su techo. Y además, la segunda vuelta es un escenario nuevo.

--El Nuevo Espacio de Rafael Michelini obtuvo el 4,5 por ciento de los votos. Si éstos van al Frente Amplio, ¿no le garantizan el triunfo?

--No, porque los votos del Nuevo Espacio se repartirán mitad y mitad. El tema será el Partido Nacional y la cantidad de votos en blanco. Cuantos más votos en blanco haya (y habrá votos nacionalistas en blanco), más posibilidades tiene Tabaré.

--¿En qué medida puede influir la imagen de moderación que intenta dar Tabaré, su desplazamiento al centro?

--Puede influir hasta cierto punto, porque Tabaré no tiene mucho tiempo para cultivar este perfil. Llegó hasta el 40 por ciento junto a asesores económicos que no se inclinaban por el centro sino más bien a la izquierda. El Frente Amplio hizo exactamente lo contrario a lo que hizo la Alianza en Argentina. Lo primero que hizo la Alianza fue defender la estabilidad, la convertibilidad y la continuidad económica. El Frente tardó mucho en dar estas garantías y no sé si tiene tiempo hasta el 28 de dar una imagen de estabilidad.

--¿Cuál será la posición de la Alianza Nacional, el sector disidente del Partido Nacional liderado por Juan Andrés Ramírez?

--Puede ser que algunos votos blancos se inclinen por Tabaré. De hecho, parte del crecimiento del Frente Amplio en el interior se debe a la emigración de votos del Partido Nacional. Ramírez va a ser el niño mimado del Frente. Van a tratar de conquistarlo con todo lo que tienen. Pero, si Ramírez otra vez se corta solo, va a pagarla más cara de lo que ya la pagó en la primera vuelta. Y, como si esto fuera poco, Ramírez es ideológicamente más cercano a Batlle que a Tabaré.

--¿Cuánto puede llevarse Tabaré de votos blancos y colorados al margen de estos cálculos de estructuras partidarias?

--Muy poco. Ya consiguió casi todos los votos blancos que podía conseguir y esto también vale para los votos colorados. Y también existe la posibilidad de que Tabaré pierda parte de sus propios votantes.

--¿Por qué?

--Hay gente que votó al Frente en la primera vuelta y que en el ballottage lo va a pensar dos veces. No es lo mismo votar para el Parlamento que votar para presidente. Y aun hay quienes votan al Frente para contrapesar la hegemonía blanca y colorada, pero que no están dispuestos a acompañar a la izquierda en el ballottage.

--¿Cuánto puede haber influido o influirá el triunfo de De la Rúa?

--Influyó muy poco, se diluyó rápido y no creo que pueda influir en la segunda vuelta. Más allá del cambio que puedan representar la Alianza en Argentina y el Frente Amplio en Uruguay, lo cierto es que De la Rúa se parece más a Ramírez que a Tabaré, sobre todo en esta imagen de la transparencia republicana.

--Y si Ramírez se parece a De la Rúa, ¿Vázquez y Batlle a quién se parecen en Argentina?

--Vázquez no sé, pero Batlle se parece a Menem. En la ideología, no en el estilo político, sin duda.

 

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