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OPINION
Ajuste con tooonada
Por Mempo Giardinelli *

Cuando ayer se supo que Ramón Mestre sería el interventor federal en Corrientes, un aire de alivio pareció recorrer la ciudad. No fue una explosión de simpatías hacia el ex gobernador cordobés, pero la designación acababa con una incógnita y abría perspectivas de solución a la crisis.
La situación ayer seguía grave: se habían cerrado algunos supermercados y tiendas por temor a los saqueos. Otros comercios declaraban su desabastecimiento. El calor a la siesta había sido de casi 40 grados y el tránsito era completamente caótico: sin entradas ni salidas abiertas, con todas las rutas e incluso el aeropuerto inaccesibles, la ciudad estaba aislada. No había policías, no había autoridad, no había responsables prácticamente de nada. Al fastidio generalizado se sumaban el cansancio y el miedo.
“Es el hombre que puso a Córdoba en caja luego del desastre angelocista”, decían unos. “Es la persona indicada: se sabe que es incuestionablemente honesto y tiene experiencia en hacer ajuste en una provincia más grande que la nuestra”, razonaban otros. “No conoce Corrientes y no tiene compromisos con nadie de aquí, lo cual es muy bueno”, terciaban otros. Las declaraciones de los aliancistas correntinos fueron extremadamente cuidadosas: “Esta no será una intervención partidaria como la de Claudia Bello”, declaró un dirigente radical de larguísima trayectoria y perfil muy bajo. “Nosotros nunca fuimos gobierno aquí y éste no tiene por qué ser nuestro turno. Mestre, en tanto interventor, vendrá como delegado personal del presidente de la República. Nosotros a lo sumo acompañaremos, y desde afuera. Pero ahora los que están arriba del puente deben bajarse de ahí voluntariamente.”
Desde diferentes sectores se les pedía a los autoconvocados la misma decisión, que nuevamente aparecía como lógica y atinada. Así lo reclamaron el ministro Storani y hasta el comandante general Chiape, de Gendarmería, quien dialogó con los autoconvocados a través de FM Sudamericana, la radio del inefable periodista Natalio Aides que ha sido la más escuchada en estos días y donde hasta el cuestionado Tato Romero Feris habló ayer al mediodía durante casi una hora. Y así lo pidieron varios dirigentes del comercio y de instituciones intermedias que clamaban por la apertura del puente.
Sin embargo, el panorama desde allá arriba era muy otro: maestras, empleados públicos, estudiantes y también militantes políticos de izquierda coincidían en la negativa. Y enumeraban los cinco puntos de reclamo como argumento irreductible, acaso un modo de amalgamar la protesta: 1) pago incondicional de los haberes atrasados; 2) no al ajuste contra el pueblo; 3) urgente atención a la emergencia social; 4) juicio y castigo a los responsables de la situación; 5) control popular y auditoría del uso de los recursos.
Lo cierto es que, si bien en lo institucional la crisis parece haberse encaminado –y no es poca cosa, pues además se ha dado un ejemplo de manejo político diferente del estilo menemista–, en los hechos todavía no ha terminado. Ni mucho menos. Porque el puente sigue cortado y la paradoja es esta: Mestre no vendría a Corrientes mientras el puente siga tomado; el puente seguirá tomado mientras no venga Mestre.
Además es obvio que el interventor tendrá que imponer austeridad y transparencia a rajacincha, aplicar un ajuste durísimo y seguramente producir miles de despidos. Su mandato será de sólo seis meses o un año, y en ese plazo los políticos correntinos –muchos de los cuales se manejan como si estuvieran todavía en el siglo XIX– se lo querrán devorar. Habrá que ver, cuando se llame a elecciones, si, como temen muchos aquí, “lo más probable es que se presenten los mismos candidatos de siempre y nada habrá cambiado”. Al cierre de esta nota la luna se desplaza, maravillosa, sobre el río, y el cielo está completamente límpido. Pero la noche correntina tiene sombras, todavía.

* Desde la ciudad de Corrientes

 

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