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GENDARMERIA REPRIMIO EN CORRIENTES; HUBO DOS MUERTOS Y 40 HERIDOS
Balas y gases en un puente a ninguna parte

Bajo la exclusiva responsabilidad del comandante que dirigía el operativo, la Gendarmería atacó a los manifestantes. Según su versión y la del Gobierno, no dispararon armas de fuego y las dos víctimas presentan orificios calibre 22.

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t.gif (862 bytes)  Dos manifestantes muertos, más de cuarenta heridos --siete de bala-- y casi treinta detenidos. En resumen, así terminó la ocupación del puente General Belgrano, que une Chaco con Corrientes, después de que la Gendarmería Nacional reprimiera a los autoconvocados correntinos --estatales y docentes a quienes se les debe cinco meses de sueldo-- que lo mantenían cortado desde hace una semana. "La triste noticia de que haya muertos y heridos es un gran dolor para el país y el Presidente de la Nación", sostuvo Fernando de la Rúa.

Al Presidente no sólo le queda ahora por delante solucionar el descalabro de esa provincia, sino también aclarar qué fue lo que ocurrió. El comandante de la Gendarmería que condujo el operativo, Ricardo Chiappe, asumió "toda la responsabilidad", pero en el Gobierno aclararon que las armas con que se mató a los manifestantes --calibre 22-- "no son utilizadas" por esa fuerza de seguridad y aseguran que hubo "activistas de izquierda infiltrados". La CGT y el MTA repudiaron la "brutal represión", mientras que la CTA convocó a un paro nacional para el próximo lunes (ver página 8), día en que Ramón Mestre llegará como interventor a Corrientes y empezará a pagar los salarios atrasados.

Todo comenzó a las cuatro de la madrugada, cuando la Gendarmería dejó a oscuras al puente General Belgrano y a media ciudad de Corrientes. De las casi 100 personas que estaban en el piquete la mayoría bajó del lado correntino para resolver qué hacer y sobre el puente quedó una guardia.

Los mismos estatales y docentes reconocieron que en el puente había también piqueteros de otras provincias, aunque en un número limitado. De todos modos, aclararon que en los siete días de convivencia habían establecido ciertas normas de funcionamiento: una, que no hubiera armas, y otra, que se debía acatar lo que decidiera la mayoría. Ante una eventual intimación para que abandonaran el lugar, la estrategia era retirarse para evitar la represión y no alimentar aún más el conflicto.

La Gendarmería no les dio opción: sin que mediara advertencia alguna, unos 500 efectivos de esa fuerza arremetieron con gases y balas de goma. Los gendarmes no ingresaron al viaducto por el lado de Chaco --donde estaban apostados y como lo habían tratado de hacer el lunes pasado en el fallido intento por desalojarlo--, sino divididos por mitades por ambos accesos. Los que subieron por Corrientes habían cruzado el Paraná en lancha. El operativo cerrojo sorprendió a los autoconvocados, quienes se replegaron tras una mínima resistencia con piedras y palos.

Lo peor llegó después y a plena luz del día. Mientras en Buenos Aires el secretario de Seguridad, Enrique Mathov, sostenía que la Gendarmería estaba "cumpliendo con el mandato constitucional de mantener liberado el puente" y decía que tenía "entendido que no hubo que lamentar ninguna víctima fatal", en Corrientes moría el primero de los manifestantes.

Los piqueteros se reagruparon en la avenida 3 de Abril de la capital de Corrientes y allí se les sumaron otros autoconvocados. En poco tiempo se juntaron cerca de cinco mil personas, empezaron los enfrentamientos con los gendarmes y llegaron las balas de plomo y los muertos.

Federico Escobar, de 25 años, murió desangrado como consecuencia de una herida de bala calibre 22 en la aorta. Los mismos manifestantes lo señalaron como uno de los autoconvocados, aunque sus familiares aseguraron que era un cartonero que pasaba por el lugar. El otro muerto es Mauro Ojeda, de 29, a quien una bala le dio en el corazón. La embarazada que se había dado por muerta resultó no estarlo.

El ministro del Interior, Federico Storani, brindó la nómina oficial de víctimas, que podría aumentar porque cuatro manifestantes también recibieron graves heridas de bala. Más de cuarenta, en cambio, tuvieron la suerte de salir sólo con contusiones o intoxicados por los gases. Hubo 28 piqueteros detenidos y cuatro gendarmes heridos de bala.

"Las armas que han producido las muertes son de calibre 22, son las mismas que producen las heridas a los gendarmes y el arma que produce la perforación del chaleco antibalas del gendarme, es calibre 32. Ninguna de estas armas son utilizadas por la Gendarmería", explicó Storani. También habló de "intencionalidad política" y afirmó que en los enfrentamientos intervinieron miembros de "Patria Libre, Venceremos, Quebracho y algunos grupos que se definen con una afinidad a estos mismos", además de comprometerse a "producir la investigación más amplia" de lo ocurrido.

Storani deslindó su propia responsabilidad por el desempeño de la Gendarmería y recordó que estaba bajo las órdenes del juez federal Carlos Soto Dávila. Chiappe asumió "toda la responsabilidad" y reveló que, si bien "el juez estaba comunicado del operativo", dispuso su comienzo "porque se habían acabado los tiempos. No quedaba otra y, si se esperaba un poco más, las consecuencias hubiesen sido terribles e inimaginables".

Varios manifestantes aseguraron a Página/12 que "los disparos provenían de francotiradores de civil" y opinaron que se trataba de "integrantes de alguna fuerza de seguridad". Sin llegar a avalar esa hipótesis, una alta fuente del Gobierno confió a este diario la posibilidad de que las armas hayan sido provistas por la policía correntina.

Lo cierto es que en el momento en que arreciaron los enfrentamientos la policía de Corrientes no intervino. A esa altura, Storani llegó a decir que el gobernador interino, Hugo Perié, no disciplinaba a la policía para "establecer las condiciones de negociación con la intervención y negociar bajo la mesa sus prebendas". El mandatario dio otra explicación: "La policía correntina no va a disparar contra el pueblo correntino". Después encabezó un cordón de 120 policías desarmados y con banderas blancas, que se interpuso entre los autoconvocados y la Gendarmería.

Esa medida, el llamado a la paz del obispo correntino Domingo Castagna y los anuncios de la Casa Rosada consiguieron apaciguar los ánimos. De decir a la mañana que había aceptado ser interventor porque no pudo "zafar" del pedido de De la Rúa y que no podía adelantar su viaje a Corrientes porque antes debía ir a buscar "ropa" a Córdoba, Mestre apareció por la tarde al lado de Storani. En conferencia de prensa, reiteró que recién llegará el próximo lunes a la capital correntina, pero adelantó que ese día estará la plata para comenzar a pagar los salarios y precisó un cronograma: "Noviembre, antes de Nochebuena, y diciembre, antes de Año Nuevo". Por lo menos, ya consiguió un respaldo calificado: el propio Carlos Menem aseguró que "Mestre es el hombre ideal para solucionar la crisis".

El gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, sobresalió entre quienes solicitaron la presencia anticipada de Mestre en Corrientes. Se lo pidió a De la Rúa al cabo de una reunión que ambos mantuvieron, a cuyo término llamó a apoyar al Gobierno "ante una situación de esta magnitud" y dijo estar de acuerdo con la liberación de las rutas que son ocupadas por piqueteros. Quien hoy mismo viajará a Corrientes es el secretario de Provincias del Ministerio del Interior, Walter Cevallos.


LA GENDARMERÍA CULPA A LA SIDE
"Está paralizada"

 

Por R.K.
t.gif (862 bytes) En la Gendarmería aducen que lo de Corrientes fue la crónica de un final anunciado. "Se veía venir desde hace días, con esa mezcla de gente común y activistas de izquierda --explicaba anoche un jefe de la fuerza--. Uno de los problemas es que la SIDE está paralizada y no hay información de ningún tipo. Eso complicó todo", redondeó el oficial.

Como es obvio, la Gendarmería jura y rejura que ninguno de sus hombres porta armas calibre 22 y que los grupos de intervención no llevan armas de fuego. "Esto estuvo armado y hay indicios de que la gente de la policía correntina anduvo distribuyendo armas. Tal vez las armas con las que nos dispararon. Las muertes también fueron provocadas por esas armas. Una de las víctimas tiene un disparo de calibre 22 en el pecho y hay un gendarme con un disparo de 32 que le atravesó el chaleco antibalas. No traemos esas armas, y calibre 22 sólo se usan en las prácticas de tiro", argumentó el oficial.

En las fuerzas de seguridad hay notorio malestar por la interminable transición en la SIDE. "El primo del Presidente, Jorge de la Rúa, llegó con la orden de recibir la Secretaría de manos de la gente de Hugo Anzorreguy. Pero, más que darle continuidad a las cosas, le pone fajas a algunas oficinas, fajas a cajones, sella cosas y no toma ninguna decisión. El país está hoy sin Inteligencia. Y eso que hay problemas en Corrientes, situaciones difíciles en otras provincias y supuestamente seguimientos a iraníes e integrantes de la ETA. Todo está parado."

En la Gendarmería había anoche cierto ambiente de optimismo: "Están llegando unos 300 efectivos más y las cosas parecen haberse aplacado un poco", analizaban en Corrientes. De todas maneras, en la fuerza saben que existen otros focos de conflicto inminentes, sobre todo en Salta y Tierra del Fuego. "El gendarme está bastante acostumbrado a esto. Por ahora no hay problemas. Si el conflicto social se vuelve más duro y más impactante, habrá que ver."

 

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