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Internet: el retorno de la escritura

Si algo puede decirse de Internet, la red de redes, es su capacidad para generar historias, porque hay algo de nuestra sensibilidad que resulta interpelado por el mecanismo. Se trata de la comunicación.

Acceder a la red es cada día más barato. Muchos son los proveedores que otorgan direcciones electrónicas gratuitas, uno de los primeros pasos para la comunicación. A través del correo electrónico se puede estar en contacto con personas conocidas que, por algún misterio de la vida, han decidido vivir fuera de Buenos Aires. Pero también se puede participar en “foros” o “listas de discusión”, “newsgroups”. El procedimiento es sencillo: basta con suscribirse a una de las infinitas listas de discusión que, organizadas temáticamente, permiten al común de los mortales discutir sin límite (a veces con censura en las listas “administradas”) cualquier tópico que alguien pueda imaginar. Lo interesante de las listas no es sólo la calidad de la discusión que se entabla sino, también, la posibilidad de conocer personas interesantes. No digamos noviazgos (aunque hay rumores), pero sí sólidas amistades se han armado al calor de la computadora y en el contexto de las listas de discusión. La Biblioteca Nacional, la Universidad de Buenos Aires, algunos proveedores privados como TCI ofrecen correo electrónico gratuito a sus usuarios o abonados o empleados.

La red, a través del correo electrónico, es el triunfo de la escritura, el retorno de la letra, la imagen humillada.

Gente que busca gente

Un día, un profesor de literatura encuentra un e-mail en su casillero. Alguien le pregunta si él es el mismo profesor que jugó una memorable partida de ajedrez hace aproximadamente veinte años con quien suscribe el e-mail. Seguramente sí, porque sería difícil que hubiera dos profesores de literatura con el mismo nombre judío y el mismo apellido alemán, piensa el remoto corresponsal. El profesor contesta, azorado (y preocupado), que no, que seguramente él no es aquél por la sencilla razón de que no sabe (y más bien lo aburre) jugar al ajedrez. El suscriptor del e-mail nunca contesta, de modo que el profesor de literatura queda en la duda de haber estado ante el pliegue que lleva a una realidad alternativa o, sencillamente, ante un loco.

Meses después, otro e-mail le pregunta al profesor si él tiene algo que ver con una tal Adriana (portadora del mismo apellido), señora que debería hoy tener setenta y cinco años y fue escaladora de altas cumbres. El profesor contesta, con melancolía, que no, que la señora Adriana no es su abuela, aunque le hubiera gustado que lo fuera y que, en todo caso, hay un primo de su padre que sí suele escalar montañas, pero se trata de montañas bajas en Baviera, y el pariente bávaro tiene menos de setenta años y, que el profesor sepa, no ha cambiado aún de sexo.

Ese tipo de “búsquedas” son posibles en la red de redes, Internet. Es la clase de piedras lanzadas al vacío que forman parte de las modalidades de comunicación que en la red se desarrollan. No son, claro, las únicas formas de comunicación: si es cierto que la red es básicamente un gigantesco dispositivo de promoción, no menos cierto es que día a día se carga de afectividades e intensidades diversas en un intento por humanizar el “más fabuloso medio de comunicación jamás inventado”.

Solos en la madrugada

Otra posibilidad es ingresar, vía world wide web (la telaraña mundial), en cualquiera de las páginas que tienen opción de “chat” (es decir: de conversación) con los demás usuarios conectados con esas páginas. O, vía undernet, en los cientos de canales de chat (organizados por áreas de interés o por nacionalidades). Hay de todo, pero sobre todo, mucho sexo. Latinolink posee diez canales de chat. Los que se conectan con mayor frecuencia son jóvenes latinoamericanos que estudian en universidades norteamericanas, ávidos por recuperar contacto con sus respectivas patrias: “¿Algún tico?”, “¿Alguien de Perú?”, son las preguntas clásicas que allí se ven. ¿Qué buscan en la red? ¿Lo mismo que cualquier estudiante norteamericano de provincias cuando ingresa en una Fraternidad? En todo caso, se ultranacionaliza la escritura al punto de que no cualquier hispanoparlante entiende de qué están hablando esos jóvenes portorriqueños o costarricences. Paradojas de la globalización, la red potencia las lenguas particulares y los dialectos.

Amor digital

Es sabido que a la red se conectan, sobre todo, hombres, por esa relación instantánea que la imaginación masculina establece con las máquinas. La desesperación por encontrar “una mujer de verdad” es otro de los tópicos que dominan la comunicación electrónica. Porque en estos niveles de conversación, claro, una mujer es sólo un estilo y, sobre todo, un estilo de escritura. Alguien que elige como seudónimo Salomé bien puede ser una mujer (y para temer, por otra parte), pero quienes se llaman Lolita, o Madonna, o Poison Ivy, o Z_Modem, ¿pueden ser mujeres? ¿Elegirían las mujeres nombres tan insensatos, tan quiméricos como ésos? Los hombres reclaman pruebas suplementarias para entregarse a las delicias del cibersexo: reclaman, por ejemplo, la voz. Y ésa es otra razón para buscar ciudadanos electrónicos de la misma ciudad, pues a 4000 km de distancia la voz se vuelve (económicamente) imposible.

En noches de particular ansiedad, sin embargo, hay que suponer que muchos jóvenes, que muchos hombres, se entregan a la electromasturbación aun en la sospecha de que, del otro lado del cable, sólo hay una ficción de mujer o un hombre desesperado por el contacto con otro cuerpo. Una solidaridad semejante ante la ansiedad sexual resulta conmovedora: algunos podrán pensar que lo que allí se ve es el puro narcisismo, el cuerpo propio como único cuerpo de deseo, pero mejor es pensar que llega un punto en el cual el deseo aniquila las diferencias de género: es una idea mucho más a la moda.

La comunicación homosexual, paradójicamente, es mucho más brutal: “¿Cómo es tu cuerpo, tienes músculos, activo o pasivo...?” y todo lo demás es literatura, literatura marginal, pero literatura al fin.

Santiago, de Córdoba, conoció cierta vez a Marcos, un uruguayo residente en los Estados Unidos. Siguieron la conversación (intensa, escabrosa) por correo electrónico. Después de una semana (o dos, o tres), Marcos viajaba a Uruguay y le exigió a Santiago que fuera a verlo, que cambiara sus vacaciones (familiares) para encontrarse con él, para tener sexo “como nunca en la vida”. “Este tipo -escribía Santiago- no entendió nada. ¿Qué onda podés llegar a tener con alguien cuya cara no viste nunca? La única vez que me encontré con alguien fue acá en Buenos Aires, con un flaco del chat de Clarín. De lo único que pudimos hablar fue de Andresito y otros usuarios”. Por supuesto, la humanidad en Internet tiene sus límites.

Tal vez lo que defina a la comunicación en la red sea precisamente esa alternatividad: es otra la vida que uno construye, es otro el lugar desde el cual habla, sin responsabilidades, sin coherencia. Una utopía libertaria. Rolando, un periodista, tiene un amigo en la red: “Si un amigo se mide por el cariño, yo a este tipo le tengo cariño. Pero no tenemos un carajo en común. Le digo: me quiero comprar un escarabajo. Me dice: Yo me estoy por comprar un Nissan. En la vida real nos odiaríamos”. El universo comunicacional de la red es puramente imaginario. Cuenta Groucho: “La idea es que cualquier mina que esté colgada con la computadora es fea. Una vez me enganché en una lista peruana de cine con una minita bastante piola. Nos hicimos amigos. Un día, se viene a Buenos Aires. Me dio miedo. Pensé que se iba a arruinar todo. A la primera cita que hicimos falté. Al final me vino a buscar al trabajo. Era un bomboncito. Divina. Le dije. ¡Claro que curtimos! Pero igual... se arruinó. Nunca más volvimos a mandarnos mails”.

¿Cuántos amigos se puede tener en la vida? Si le creemos a Proust, no vale la pena tener siquiera uno: la amistad es una pérdida de tiempo. Pero en la red, que nada tiene que ver con la vida, se pueden tener infinitas amistades, basadas en una complicidad leve como las fibras ópticas que transportan (misteriosamente, por cierto) tanta información.

Videoconferencias

Las páginas y canales de chat están hace tiempo superadas, al ritmo vertiginoso que domina la red y sus tecnologías asociadas. Hay servidores específicos para videoconferencias. Cada uno de ellos tiene varios canales en los cuales los usuarios se instalan (con una mínima información para evitar sorpresas y pérdidas de tiempo). Claro que hay que dominar ciertos códigos: M4W quiere decir “Man for Woman”, es decir, un hombre heterosexual. Hay una diferencia de matiz con M2M, que quiere decir “Man to Man”. “Clean Chat” es la aclaración de quienes no quieren tener cibersexo. En estos servidores de última generación, la conferencia funciona a través del texto como en los casos anteriores o a partir de la voz y la imagen, si uno tiene instalado el hardware adecuado. Frente al encanto decimonónico de la comunicación escrita, aquí domina el fragmento, el plano de detalle, el gesto. ¿Cuerpos espléndidos? ¿Cómo saberlo? El plano médico cuidadosamente calculado y la indefinición de la imagen apenas dejan ver las zonas estrictamente erógenas, lo que viene a ser un pedido desesperado de tacto y fricción, precisamente aquello que la red no puede (ni podrá nunca) dar. Diane-Horny, uno de los seudónimos que circulan por el chat, no miente: es una chica y parte de su anatomía está dispuesta a todo, supura. BigDick impresiona y humilla. HorseCock no deja verse (y por algo será). ¿Por qué semejante empobrecimiento? Por un lado, se habla allí un inglés macarrónico, elemental, exasperante en su simplicidad: “nice”, “yeaeaaah”.

Pero además, las palabras no hacen sino reiterar lo que las imágenes dicen, sirven simplemente como anzuelo para capturar, rápidamente (porque los pulsos telefónicos cuentan), el pedazo de cuerpo necesario para completar una masturbación electrónica. Aun cuando el cuerpo entrevisto fuera joven, espléndido y deseable, nada me permitiría considerarlo como mío, no puedo poseerlo. La videoconferencia es propiamente la pornografía de la red, una pornografía amateur, una pornografía pop, un work in progress: show me your ass”. ¿Y entonces, por qué tantos miles de personas -literalmente- se encuentran noche a noche para intercambiar sus delirios eróticos y sus faltas de amor? “Yo vengo de levante, busco sexo, no amistad ni amor ni nada de eso (dice Jav); es como antes pero al revés. Antes te gustaba alguien y no sabías qué te ibas a encontrar debajo de la ropa (o el maquillaje). Ahora te gusta un cuerpo y no sabés con qué envoltorio o con qué olor te vas a encontrar”. “Lo importante es saber lo que uno busca, y a mí me gusta mirar” dice Potrillo.

La fiesta virtual

Superadas (por aburrimiento o por prescripción médica) estas instancias de comunicación, Internet ofrece todavía más. Cualquiera puede obtener un número de identificación en la red (ICQ). Cada vez que uno ingrese, ya seaa contestar mensajes o a realizar alguna búsqueda en la web, el programa anuncia a todos los amigos del conectado que el usuario tal y cual está “on-line”. Quien tenga muchos amigos en la red será inmediatamente saludado por todos ellos (siempre que estén suficientemente desocupados). Y mediante el administrador virtual de ICQ se puede chatear, conversar por teléfono, tener una videoconferencia, intercambiar archivos, mandar emails instantáneamente. “Tengo un amigo en Nottingham y una amiga en Milán. Hace mucho que no nos vemos. Me gustaría que instalaran el ICQ para poder charlar con la fluidez que el e-mail no nos permite”, confesó un profesor de comunicación. “Pero en Europa, viste, son medio lentos con la técnica...”.

Alguna vez, tal vez, el mundo será un pañuelo. Hoy por hoy es, todavía, un laboratorio y, sobre todo: un laboratorio del lenguaje.

Click.

Ahora puede apagar el equipo.



G L O S A R I O


Internet
“Red de computadoras interconectadas que permite la transmisión de imágenes, sonidos y letras.”

Link: 1- Conexión virtual entre dos elementos por la cual al marcar uno de ellos se pasa automáticamente al otro. En el caso de las palabras que esconden un link (conexión) en la web, suelen estar subrayados.
2- Daniel, subeditor de Radar Libros.

Correo electrónico
“El correo electrónico es una de las utilidades de la Internet, que consiste básicamente en el envío de mensajes a computadoras determinadas, que pueden ser recogidas por el destinatario. Hay direcciones en la web que brindan este servicio gratuitamente. Por ejemplo www.yahoo.com

Chat
Dirección de Internet a través de los que pueden enviarse mensajes casi en tiempo real a otras personas que están conectadas al mismo tiempo. Lo que un chateador escribe en su teclado aparece en la pantalla de su o sus interlocutores.

Proust
(1871-1922)
Uno de los más grandes escritores franceses: su gran obra es En busca del tiempo perdido, que incluye: Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes y Sodoma y Gomorra. Luego de su muerte fueron publicados La prisonnière (1923), Albertine disparue (1925) y Les temps retrouvé (1927).
Links: www.proust.com
www.odin.cc.pdx.edu/~psu17767/proust
www.library.uiuc.edu/kolbp

Cibersexo
Los lugares más visitados de la web son los pornográficos. La falta de controles en la red facilitan todo tipo de ofertas sexuales, muchas de ellas pagas.

ICQ
Programa que sirve para saber cuándo hay algún conocido conectado a Internet al mismo tiempo que uno. Obviamente cada usuario tiene que anotar previamente aquellas personas que le interesan. Cuando recibe el anuncio, ambas personas puede chatear (ver chat).