Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
secciones

George Williams, John Maynard Smith y Ernst Mayr

Premios "Nobel" 1999 en Ciencias Biológicas

Por Hernán Javier Dopazo *

En su conferencia titulada: “Sobre las fuentes del conocimiento y de la ignorancia”, el filósofo inglés Karl R. Popper advertía que el título era engañoso, porque, si bien pueden existir fuentes del conocimiento y hasta del error, la ignorancia compromete la ausencia del primero. ¿Tiene sentido acaso postular la existencia de una fuente que alimente un vacío? Obviamente no. Sin embargo, lo mantuvo porque le servía para guiar su disertación. De manera estricta, este título tampoco es correcto, no existe el premio Nobel de Biología. El químico sueco inventor de la dinamita, Alfred Bernhard Nobel, estableció que la Real Academia de Ciencias de su país entregase parte de su fortuna para promover algunas áreas de prestigio en su época: física, química, medicina, literatura y, supongo que con un poco de culpa, incluyó la promoción de la paz en el mundo. Posteriormente se incorporó la economía, pero la biología, preocupada por estudiar la historia y los mecanismos que han generado la diversidad y el diseño de formas y comportamientos que a muchos maravilla, era considerada, en vida de Alfred Nobel (y sigue siéndolo aún para algunos científicos desinformados), una disciplina practicada como hobby por viajeros y naturalistas curiosos.
Charles Darwin y la evolución
El más sobresaliente, el más brillante y más curioso de todos fue Charles Robert Darwin. Su tesis de evolución por selección natural (1859) proponía, entre otras cosas, una consigna revolucionaria: “dadme regularidad y tiempo y yo les daré diseño natural”. ¡Nada más grandioso y hereje! El paradigma de su época acerca del diseño de los organismos se sintetizaba en la influyente Teología Natural del filósofo y teólogo inglés William Paley (1802). Obsesivo del estudio de estructuras anatómicas extremadamente complejas como el ojo y otras delicadezas, éste argumentaba: “Estos sistemas componen todos juntos un aparato, un sistema de partes, una preparación del propósito tan manifiesta en su sentido y utilidad y tan exquisita en su mecanismo que no existen dudas acerca de un diseño explícito”. ¿Alguien puede imaginar un reloj haciéndose a sí mismo? Sólo un ser inteligente, con un propósito claro, una mente precisa y un poder sobrenatural podría diseñar semejantes estructuras. Según W. Paley, el poseedor de tales atributos y responsable de la creación de estas maravillas era Dios.
Ni dirección ni sentido
Darwin, por el contrario, razonó un mecanismo que trabajaba sin propósitos conscientes, sentido alguno ni dirección a priori, utilizaba los errores de la maquinaria de herencia y descartaba constantemente las variantes menos exitosas en la lucha por la supervivencia y la reproducción. Este mecanismo –lo más parecido a una “ingeniería inversa”- generaba, como productos de desecho, las estructuras más exquisitas y caprichosas del mundo natural. A ese mecanismo lo denominó selección natural, y su resultado es, generalmente, el cambio en el tiempo de las características de un grupo de organismos. La selección natural prediceque los organismos adquirirán características que los hacen sobrevivir y reproducirse mejor, en comparación con los de la generación anterior. Es decir, predice la adaptación y, por lo tanto, la mejora de su diseño. La teleología o filosofía de las causas finales, heredada de Aristóteles y vigente durante siglos en diferentes versiones en la cultura humana, comenzaba a erosionarse por un naturalista obsesionado por las lombrices y los huesos viejos, maravillado por las orquídeas, los picos de los pájaros de unas islas remotas y la expresión de las emociones de los animales y los seres humanos.
Los Premios Crafoord para la biología
La biología poblacional tiene el orgullo de tener estos antecedentes y sus desarrollos también son premiados por la Real Academia de Ciencias Suecas a través de los Premios Crafoord, destinados a la matemática y la astronomía, las ciencias geológicas y la biología. Desde 1980, los 500.000 dólares donados por Anna-Gretta y Hollger Crafoord han distinguido a biólogos evolutivos y ecólogos como Robert May (especialista en dinámica de poblaciones), Edward O. Wilson (especialista en hormigas y padre de la sociobiología moderna) y William Hamilton (autor de una de las teorías más robustas del altruismo biológico), entre otros. Ellos también son Nobel, aunque su distinción, por restricciones históricas, no lleve la combinación exacta de las cinco letras. El 23 de este mes, la biología evolutiva fue nuevamente galardonada por la Academia Sueca, distingiendo esta vez a Ernst Mayr, John Maynard Smith y George Williams por “sus contribuciones fundamentales al desarrollo conceptual de la biología evolutiva”. Resumiré tres aportes de cada uno de estos biólogos, científicos que, probablemente nunca hayan manipulado bien una pipeta.
Ernst Mayr
El naturalista Ernst Mayr (95), ornitólogo especialista en aves de Nueva Guinea, Australia e islas del Pacífico Sur y profesor de la Universidad de Harvard, es el autor de Systematics and the Origin of Species (Sistemática y el origen de las especies, 1942), uno de los tres textos fundadores de la Teoría Sintética de la Evolución. Desarrolló y definió el concepto de especie biológica que en la actualidad utiliza la mayor parte de los biólogos y, al escribir The Growth of Biological Tought (El crecimiento del pensamiento biológico, 1982), se ha tomado el enorme trabajo de rastrear los antecedentes históricos y filosóficos de las distintas corrientes que han confluido en lo que hoy conocemos como biología moderna.
John Maynard Smith
El ingeniero aeronáutico inglés convertido en biólogo teórico John Maynard Smith (79) ha estimulado la investigación de la teoría de la evolución a través de las innumerables predicciones generadas con sus modelos matemáticos, entre los que se destacan los que intentan explicar los beneficios de la reproducción sexual sobre la asexual. Es decir, la aparente paradoja que se plantea generación tras generación cuando un individuo decide descartar la mitad de su información genética (que con éxito le ha servido para llegar a la edad adulta) y mezclarla con un extraño. Tomó de la economía la Teoría de Juegos e inventó para la biología el concepto de Estrategia Evolutivamente Estable. Un concepto desarrollado para sortear la complejidad matemática que supone predecir la evolución de un carácter determinado por muchos genes cuyo beneficio depende del carácter que posee el vecino. Uno de sus últimos libros, TheMajor Transitions in Evolution (Las Principales transiciones evolutivas, 1995) ha sido considerado el tercer libro más importante de la biología evolutiva. En él se explican los desafíos y las soluciones que han encontrado los sistemas biológicos a medida que incrementaron su complejidad, desde el origen de las moléculas autorreplicantes hasta el surgimiento del lenguaje humano, entendido como sistema paralelo de herencia cultural.
La destrucción del argumento
El norteamericano George Williams (73), de la Universidad del estado de Nueva York, destrozó los argumentos que sostuvieron durante años que los grupos existen para el bien de la especie y los individuos para el bien del grupo. Su libro Adaptation and Natural Selection (Adaptación y selección natural, 1966) es un largo argumento en contra de las teorías que postulaban el beneficio de las poblaciones o la especie a expensas del individuo. Entre sus frases más provocativas me gusta citar: “Como regla general, un biólogo moderno debe suponer que, cuando un animal está haciendo algo en beneficio de otro, o bien está siendo manipulado, o es sutilmente egoísta”. Entre otras cosas, estableció la definición de gen utilizada por la biología evolutiva: la unidad mínima de replicación que sobrevive el tiempo suficiente como para ser blanco de la selección natural. Por último, en su libro, Why We Get Sick (Por qué nos enfermamos, 1995) estableció los cimientos para la creación de una medicina darwiniana. Su tesis podría resumirse del siguiente modo: el organismo enfermo se vale de mecanismos que fueron seleccionados durante decenas de miles de años de evolución para actuar en el estado patológico; este estado, por lo general, resulta del conflicto de intereses que surge cuando más de una entidad replicante (un gen propio u otro organismo) intenta aprovecharse de recursos que son limitados. Para Williams, la enfermedad como proceso y los factores que nos predisponen hacia ella son consecuencias del proceso evolutivo y merecen analizarse a través de la lógica darwiniana.
La epistemología de Bacon y Descartes
En aquella conferencia Popper argumentaba que la epistemología optimista de Bacon y Descartes que dio origen a la ciencia moderna es una epistemología falsa, preocupada por encontrar las fuentes del error, ya que la verdad es manifiesta, es decir, cuando se la coloca desnuda ante nosotros, siempre es reconocible como verdad. Sólo una mente confundida, corrompida o maligna puede evitarla o no reconocerla. ¿Quién vio alguna vez que la verdad llevara la peor parte en un encuentro libre y abierto con la falsedad? Más tarde concluye que la simple verdad es que a menudo es difícil llegar a la verdad y que, una vez encontrada, se la puede perder fácilmente. La historia de la humanidad está plagada de malas ideas que han durado cientos de años, generando sufrimiento, totalitarismo y muerte. El darwinismo tiene una historia riquísima de batallas ganadas contra las argumentaciones científicas más difíciles que se le han enfrentado. En estos tiempos, en los que el fanatismo religioso consigue eliminar a Darwin de las escuelas, es fácil deducir que Popper tenía razón y que la verdad no es manifiesta, por eso creo que es un deber y un privilegio el esfuerzo de comunicarla y halagarla cuando se la premia.

* El autor es biólogo evolutivo, investigador del Conicet y la Universidad de Buenos Aires.