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Plan
maestro para la conquista del mundo
por
Ezequiel Martínez Estrada
Podemos
asegurar que a cierta altura del ejercicio de escribir novela, Balzac
llega a la certidumbre de que la sociedad civilizada occidental obedece
a las mismas leyes estructurales que los seres orgánicos. Descubre
la correlación de formas y funciones, las homologías, que
permite emparentar dos seres, cosas o entidades abstractas disímiles
y hasta sin relación ninguna entre sí.
El hallazgo o descubrimiento data de su juventud (Luis Lambert), según
declara en diversos pasajes autobiográficos de sus obras; pero
sistematiza esa intuición haciendo coincidir las piezas sueltas
de sus obras en un amplio mosaico filosófico (Prefacio a la Comedia
Humana). Siempre anheló, sin conseguirlo, dedicarse a escribir
tratados y ensayos. Como Virgilio, no alcanzó a satisfacer ese
anhelo, apremiado por obligaciones circunstanciales. La obra la realiza
con estadios sucesivos de madurez de esa concepción intuitiva.
Desde el mismo instante del descubrimiento de que los seres humanos y
los lugares que habitan representan (como actores y escenario, literalmente)
un papel en la comedia humana, Balzac debe ser visto como un creador,
sin temor a las palabras: como un taumaturgo o un metagnomo. Crea, no
inventa. Pues sin declararlo ni proponérselo como tarea particularizada,
su visión del acontecer histórico y biográfico (son
lo mismo) lleva implícita una razón secreta y trascendental:
todo ocurre conforme a pautas invariables y expresa en calidad de apariencias
o símbolos de una verdad velada, un sentido que no queda circunscripto
y menos agotado en el hecho de existir liso y llano.
La más grande innovación de Balzac está en haber
hecho de la novela al mismo tiempo una obra literaria, ni más ni
menos como se la define en su género, y una obra filosófica,
sin que sus obras sean alegatos ni demostraciones. Pues lo cierto es que
la novela de Balzac, como la poesía de Rimbaud, no puede ser leída
por pasatiempo, por información o por curiosidad. Independientemente
de que con insistencia sus digresiones nos adviertan que lo que narra
forma parte de un todo mayor y de que hay abismos a los costados y cielo
arriba, sentimos que por nuestra cuenta necesitamos razonar sobre lo que
hemos leído.
Escribir, sencillamente, para comunicar algo que se desea expresar, es
un movimiento primario de intercambio de impresiones, es tarea al alcance
de cualquiera. Eso permite al novel engreído creer que alcanza
las cumbres de la literatura, porque ese es uno de los valores diferenciales
del alto estilo. Mas existe el problema de escribir como resultado de
que se ha concebido, engendrado y parido algo cuyo padre es el mundo;
servir de matriz, cumplir los deberes de la maternidad (cfr. Prefacio)
para los seres que rondan en las tinieblas en busca de un evocador, de
un médium, en busca de un autor.
De Sanctis dice que, aparte todas sus inconmensurables excelencias, uno
de los méritos de Dante sobre los poetas de su época fue
que puso en sus canciones la doctrina escondida bajo la figura de alegoría.
Es lo que dice Balzac, en otros términos y aplicada la crítica
a sí mismo, en La prima Bette.
Esta
audaz innovación compete también a la técnica de
la novela, y bien claramente lo ha expuesto Balzac en el Prefacio, de
donde se puede extraer el mejor material de crítica, exégesis
y encomio, estableciendo en qué su novela es una creación
a pesar de partir del antecedente de las de Walter Scott.
Naturalmente, después de iniciar Balzac un tipo de novela
que es la que hoy se cultiva, desaparece su entonces colosal estatura
junto a los otros; y sus creaciones hasta pueden pasar a enriquecer la
labor creadora de varios grandes novelistas que han hecho suyas una u
otra de las propiedades del nuevo mundo descubierto por él, pasando
todas ellas a engrosar el dominio público de la cultura. Para Balzac
crear era dar vida. Su observación de que hay autores vivíparos
y otros que no lo son, es profundísima; y, efectivamente, ningún
autor, ni Homero, ni Shakespeare, ni Dickens, ha transmitido a sus creaciones
el soplo de vida que es, desde el Génesis, el de la verdadera creación.
Henry James ha establecido bien neta la diferencia entre un creador de
la talla de Balzac y la creación parcial, esporádica, sujeta
a los caprichos de las Musas; entre cuando la obra nace viva y completa
y cuando se va organizando por agregados y recomposturas. Es el juicio
de un especialista muy fino: La mayoría de nosotros aspira
a llegar, en el mejor de los casos, a hacer un poco aquí y un poco
allí, escogiendo un tallo o una ramita suelta, carpiendo la tierra
en un solo rincón de la vida. El plan de Balzac era sencillamente
hacer todo lo que podía ser hecho.
EL
MUNDO COMO VOLUNTAD La creación está consagrada
por un signo de elección y es común al artista y al hombre
de empresa. Así consideró Napoleón, en Santa Elena,
su misión y su obra. En muchas ocasiones Balzac ha declarado que
se sentía dotado de un poder que le exigía expresarse, realizarse,
adquirir un ser. En el Prólogo a la Segunda Decena de los Cuentos
droláticos anuncia que tiene unos sesenta asuntos y muchas personas
llenos de cosas cómicas desvergonzadas, bromistas, picarescas,
burlonas, retozonas, reidoras, unidos a las dos decenas ya presentados...
Esa fuerza creadora que siente en sí, emparentada con la fuerza
genesíaca, es lo mejor y más valioso de su genio. Lo expresa
por él Luis Lambert: Soy fuerte, enérgico, y podría
convertirme en una potencia; siento en mí una vida tan luminosa
que podría animar a un mundo, y estoy encerrado en una especie
de mineral, como están encerrados los colores que usted admira
en el cuello de los pájaros de la península índica.
Si se evalúa con espíritu de justicia la totalidad de la
producción literaria de Balzac, se percibe que lo que se entiende
corrientemente al respecto por la palabra creación
puede aplicarse tanto al conjunto de los estudios como individualmente
a cada uno de ellos. A nadie se le había ocurrido articular las
otras entre sí, enhebrándolas por hilos de distinta índole,
dotándolas de unidad de acción por el elenco de los actores;
convertir la producción de toda una vida en un vasto mosaico donde
cada pieza, manteniendo su absoluta individualidad fuera a la vez parte
o fracción de un todo. Lo que no se ha dicho es que tal clase de
composición estaba en la mente de los Trágicos Griegos,
con la tetralogía, y que se resucita, contemporáneamente
con Balzac para la obra literaria, con Wagner para el drama musical. Goethe,
Byron y él tienen, por primera vez en el mundo moderno, conciencia
de los poderes mágicos que animan la creación entera; ellos
nos han demostrado por los métodos exactos de la semántica
de las imágenes (los ídolos), que las imágenes son
las esencias. El apotegma kantiano con que Schopenhauer inicia su obra
magna: El mundo es mi representación (que luego complementa
con otro: el mundo es mi voluntad), podría servir de
epígrafe a La comedia humana.
Balzac
creaba un mundo con la materia simbólica de la literatura, y ese
mundo se ha reconocido era simétrico y duplicado del mundo real
humano. Pero no creaba con símbolos abstractos, como las imágenes
del físico y del matemático, que corresponden a las imágenes-cosas,
sino con figuras vivientes, con estructuras de formas y contenidos semejantes
a las naturales. Creaba como un demiurgo, manejando imaginativamente las
mismas fuerzas naturales con que la naturaleza crea dando vida, y esta
labor a imagen y semejanza es para cualquier arte grande de
carácter trascendental. Es poco decir, con Wilde, que la naturaleza
imita al arte; hay que decir, como lo dice Balzac, que nada puede ser
creado por el hombre que no responda a las leyes universales de la naturaleza
creadora, la naturaleza naturante de Spinoza, de donde dos series paralelas
de existencia que se confunden en el absoluto de la unidad de plan, como
quería Schelling. Si el hombre de ciencia y el artista sienten
que es un deber imperativo, extrahumano, el entregarse como instrumentos
fáciles a una clase de experimentación a la que en cierto
modo permanecen extraños, es porque en ellos se está realizando,
efectivamente, una creación de la que se creen autores sin serlo.
Son matrices simplemente o, como se diría en el lenguaje
místico, mediums. Ningún artista es dueño
de dirigir la acción ni el destino de sus héroes. Estos
nacen con los mismos derechos a su vida que los hijos de la carne. Balzac
no puede manejar a sus creaciones como seres pasivos, obedientes a sus
mandatos, que harán lo que él quiera. Muy al contrario,
sabemos cómo estuvo toda su vida atado a la mesa de trabajo, frente
a pilas de cuartillas en blanco, en una labor diaria de quince a dieciocho
horas, privado del goce de las amistades y de la libertad, hasta el punto
de sucumbir agotado y exhausto por lo que él ha llamado esa
forma de la maternidad, y también esta espantosa tarea.
PLAN ORGANIZADO Es posible que, como
Balzac asegura, el plan de clasificar su obra en una serie orgánica
se lo sugiriera la lectura de novelas de Walter Scott, advirtiendo que
faltaba en ellas una idea central, un principio ordenador que colocara
las diferentes piezas como partes integrantes de una totalidad. La propia
afinidad de las obras que concebía escribir, después de
los ensayos o ejercicios preparatorios de las novelas de compromiso y
de obligación, anónimas o signadas con seudónimos
y por lo regular en colaboración, hubo de sugerirle cómo
ensamblarlas, más que basándose en un criterio cronológico
y geográfico, según el tema, los intereses en juego y el
aspecto común de las biografías individuales. Como habría
de decir en el Prefacio, existen unidades de tipo entre las clases de
vida como entre las clases de actividades profesionales; y esas agrupaciones
tipológicas correspondían, en otra esfera, a las de las
especies zoológicas. Si el plan de sus obras responde a la estructura
de la sociedad según los intereses en juego y las psicologías,
la estructura de la sociedad respondía a su vez a la de la naturaleza.
En carta del 26 de octubre de 1834, dice:
En los «estudios de costumbres» deben estar representados
todos los resultados de las situaciones sociales. Quiero reproducir todas
las situaciones de la vida, todas las fisonomías, caracteres masculino
y femenino, todas las formas de vivir, todas las profesiones, todas las
capas sociales, todas las provincias francesas, la niñez, la ancianidad,
la madurez, la política, el derecho y la guerra: nada de esto puede
quedar olvidado. Cuando esto ocurra, cuando se haya mostrado la historia
del corazón humano hilo por hilo, cuando se haya escrito la historia
social en todas sus ramas, la base, los cimientos habrán sido colocados.
No obstante, el primer plan de organización de su obra es contemporáneo
de la primera que publica con su nombre: El último chuan (más
tarde Los chuanes), pues al comienzo del Prefacio dice:
Al dar a una obra, emprendida hará pronto trece años,
el título de La comedia humana, es necesario decir el pensamiento,
contar el origen, explicar brevemente el plan intentando hablar de esas
cosas como si yo no estuviera interesado en ello.
De modo que hemos de admitir que desde la primera obra reconocida por
él como propia, toda su producción se rige por un plan o,
como dirá, conforme a principios.
Habiendo seguido fielmente su proyecto, desde el bosquejo de 1834 hasta
el Prefacio de 1842, en 1843 inicia la publicación de La comedia
humana, con los tres primeros tomos. El plan pudo anunciarlo categóricamente
en esta forma (Prefacio):
En esos seis libros [división natural: Escenas de la vida
privada; De provincia; Parisiense; Política; Militar; Campesina]
están clasificados todos los Estudios de costumbres que forman
la historia general de la sociedad, la colección de todos sus hechos
y gestos, como habrían dicho nuestros antepasados (...).
Después de haber pintado en esos tres libros (Escenas de la vida
privada, Escenas de la vida de provincia y Escenas de la vida parisina),
quedaba por mostrar las existencias de excepción que resumen los
intereses de muchos o de todos y que están de algún modo
fuera de la vida común: de ahí las Escenas de la vida política.
Esta vasta pintura de la sociedad finiquitada y concluida, ¿no
era preciso que se mostrara en su estado más violento, conduciéndose
fuera de sí, sea para la defensa, sea para la conquista? De ahí
las Escenas de la vida militar, la porción menos completa todavía
de mi obra, pero cuyo lugar se reservará en esta edición,
a fin de que forme parte de ella cuando la haya terminado.
En fin, las Escenas de la vida de campaña son en cierto modo la
tarde de esta larga jornada, si se me permite denominar así al
drama social. En este libro se encuentran los más puros caracteres
y la aplicación de los grandes principios de orden, de política,
de moralidad.
Tal es el cimiento pleno de figuras, pleno de comedias y de tragedias
sobre el cual se elevan los Estudios filosóficos, segunda parte
de la obra, en que el medio social de todos los efectos se encuentra demostrado,
en que todos los estragos del pensamiento son pintados, sentimiento a
sentimiento, y en que la primera obra, La piel de zapa, vincula en cierto
modo los Estudios de costumbres a los Estudios filosóficos por
el anillo de una fantasía casi oriental en que la vida misma se
pinta en lucha (aux prises) con el Deseo, principio de toda Pasión.
Coronándolo se encontrarán los Estudios analíticos,
de los cuales nada diré, porque sólo se ha publicado uno
solo, la Fisiología del matrimonio. De ahora en adelante debo entregar
otras dos obras de ese género. Primero, la Patología de
la vida social, después de Anatomía de los cuerpos docentes
y la Monografía de la virtud.
La sistemática de esa clasificación responde a un criterio
filosófico más bien que lógico. Si para él
los hechos de la vida privada revisten tanta importancia histórica
como los acontecimientos de la vida pública de las naciones,
pudo agrupar las obras con arreglo a características psicológicas
o profesionales. Por ejemplo: un ciclo de novelas del interés pecuniario
y otro de las pasiones de poderío habría reunido por afinidades
intrínsecas numerosas novelas que hubo de anexar a la Vida parisiense,
y a la Vida privada, a las villas y a los campos con un criterio harto
arbitrario.
El criterio que sigue nos indica que para Balzac existen tipos de vida
configurados por el medio, y que el ambiente implica todas las circunstancias
decisivas que califican la índole de la acción. La clasificación
obedece a un esquema geográfico más que funcional.
TIPOS DE NOVELA Una definición
muy acertada del tipo de novela característico de Balzac, es la
que sólo necesita esta palabra: fisiológica. Tanto Brunetière,
como Thibaudet, Dilthey o Alain la emplean en el sentido de una organización
natural, en que las partes integrantes funcionan como órganos internos.
Otra forma de novela es la que se construye según el esquema de
un mecanismo, con piezas que engranan entre sí, lógicamente,
tal como se monta una máquina racionalmente construida; que no
sólo tiene una función sino un proceso de principio y fin
y que conduce a un fin concertado sin que se pueda exigir una continuación.
En la novela fisiológica, que es la balzaciana, el acontecimiento
es siempre acontecimiento, es decir, forma enlazada o adherida a otras
formas y a todas (Alain); no solamente en cuanto cada unidad independiente
parece ser la continuación de otra y se cierra dejando sueltos
innumerables filamentos que pueden anudarse a otras historias, sino en
cuanto el argumento no necesita del tiempo y del espacio más que
como caja que lo contiene. El acontecer no sigue una línea recta,
un trabajo económico de aprovechar los materiales para lograr un
tipo de acción que puede representarse con un diagrama; se produce
desde distintos focos de interés y las acciones plurales a veces
concurren sumándose, pero otras se ramifican, se abren en delta,
sin que sus ramales se vuelvan a unir en un final verdadero. Algunos de
ellos se prolongan de modo que es indispensable seguir su curso; y esto
es lo que hace Balzac. Pues muchas continuaciones nacen de la costilla
de un cuerpo, adquiriendo importancia por sí.
Hasta es posible señalar en el decurso de la producción
de Balzac cierta evolución hacia las formas abiertas, radiolarias,
que exigen una maestría consumada y un arte de la polifonía
muy difícil. Esos dos tipos de construcción los podemos
encontrar en dos representantes típicos: Poe para la construcción
mecánica, deductiva y Dostoiewski para la construcción orgánica,
fisiológica o balzaciana. Aunque también es cierto que Balzac
se inicia con una novela de este último tipo, Los chuanes, de las
más complejas que escribió, donde todo es un tumulto de
acontecimientos, un hervor, como en un campo de batalla, efectivamente.
Este mismo tipo de novela glandular, acaso la de menos unidad de acción,
es la que le sigue: Fisiología del matrimonio, sin su nombre de
autor.
Si se pudiesen emplear palabras que ayudaran a definir el concepto, se
podría hablar de novelas anatómicas, articuladas, y de novelas
fisiológicas, de sistema orgánico, en que la economía
resulta de múltiples órganos y funciones concurrentes. En
aquéllas la acción responde a un plan visible, de relieves;
en ésta a una acción difusa, oculta, endocrina. Los personajes
están unidos por vías profundas, diluyéndose las
psicologías individuales en estados de ánimo colectivos,
en una atmósfera o medio del que absorben las sustancias vitales.
El grupo es la unidad. La forma característica de concebir Balzac
el argumento es un cuadro donde hay diversos elementos de composición
igualmente importantes: figuras, construcciones y paisaje, o como un sistema
de equilibrio inestable. Alain observa bien: nuestras novelas más
difundidas aumentan partiendo de un punto central, y proliferan como familias;
en tanto que los personajes balzacianos, aun los accesorios, ya existen;
su esbozo es como la cubierta de una novela ya existente; los impulsa
la masa del mundo.
Podemos usar también la palabra panorama; en cuanto la novela típica
de Balzac no se recuerda en un suceder sino en un estar; no se nos presenta
a la memoria como algo que ha transcurrido ante nuestra vista, sino como
algo para ser visto simultáneamente desde distintos ángulos
y que, consumado ya al comenzar, hubo de ser narrado en una de las numerosas
formas de que era susceptible el hacerlo. Los personajes significan lo
que las cosas en un acontecer de conjuntos, y es la acción la que
tiene una forma, un sentido: no el individuo.
Sin poseer Balzac de antemano una clave de interpretación de la
realidad, de simplificación y coordinación de los elementos,
la obra habría sido un caos en vez de una biografía colectiva.
Esto mismo encontramos de nuevo en Proust, pero no en Zola ni en Jules
Romains, quienes conciben las series como desarrollos, como cristales
y no como fermentos. En la novela de Balzac, como en la de Dostoiewski
y Proust, presiden los principios de una malacomorfosis gigantesca,
las leyes generales biológicas del acontecer social, pero no la
ingeniería ni la arquitectura. Lo sistemático no se articula
sino que se anastomosa; la idea de Proust es también fisiológica,
y pertenece como intuición a una familia de clínicos y de
cirujanos notables.
Para crear un sistema torácico y abdominal, redes circulatorias,
digestivas o nerviosas, le era indispensable unir unas partes con otras,
en series mas no por los extremos del antes y el después, sino
por los flancos. Por eso dije que una novela surge de otra como de la
costilla adánica. Los mismos personajes circulan por distintas
novelas, y si todas juntas forman un todo, La comedia humana, esto nos
indica que es el argumento y no los seres, la historia y no los individuos,
la zoología social y no la psicología del único caso
lo que importa. La idea de un panorama de ese tipo nació en él,
según dice en el Prefacio de una comparación entre
la Humanidad y la Animalidad. La historia como tejido con personajes
tipos eternos. Sean Rastignac, Biancho, Vandenesse, la Sra. Mortsauf o
De Marsay, no imprimen su personalidad al hecho; están ahí
porque algo acontece del tipo de lo que ya aconteció y que cada
uno de ellos tipifica. En algunos casos como en César Birotteau
o Beatrix, personajes ya conocidos podrían haberse omitido, pues
otro cualquiera habría llenado ese papel; pero al traerlos de nuevo
a la acción, Balzac nos convence de que son partículas circulantes
en un sistema. Hasta puede, como en Otro estudio de mujer, La casa Nucingen
o Papá Goriot, reunir a muchos de ellos como habitantes de un ámbito
de destino, cuerpos de un vivir conjunto y cuyo auténtico ser no
es el yo sino el nosotros. Para Balzac el plan de acción está
ya organizado por la realidad social y no necesita concebir argumentos
ni personajes, en cuanto el drama no está en lo interior, en la
conciencia, sino en el encontrarse, en el separarse, en el metabolismo
de un ser monstruoso cuyo trabajo interno no es psíquico sino digestivo.
Dentro de la caja o ambiente social, hallamos tipos de novela que se pueden
establecer, independientemente de la clasificación hecha por el
autor en grandes masas en, [por ejemplo]:
Novelas que demuestran una tesis: El médico rural.
Grupos de personajes afines: Casa Nucingen, Otro retrato de mujer, La
prima Bette, Los chuanes.
Un plexo familiar: Papá Goriot.
Una situación sentimental: El lirio en el valle.
Un simbolismo de la realidad: La piel de zapa, Luis Lambert, Serafita,
Una obra maestra desconocida.
Una novela pesadilla: César Birotteau. También: La prima
Bette, El primo Pons.r
Tomado de Ezequiel Martínez Estrada. Realidad y fantasía
en Balzac. Bahía Blanca, Cuadernos del Sur (Instituto de Humanidades,
Universidad Nacional del Sur), 1964. Agradecemos la autorización
de la Fundación Martínez Estrada.
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