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Jueves 14 de Octubre de 1999

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A.N.I.M.A.L. y Puya, el poder latino de la nueva generación metálica

Hacerse cargo
(y hacer correcto)

En una semana, el cartel rockero de Buenos Aires mostró a las dos bandas más prometedoras del heavy metal modelo 99 hecho-en-español. Puya, de Puerto Rico, tocó en el Luna Park junto a los Red Hot Chili Peppers. A.N.I.M.A.L., local, presentó su nuevo disco en atiborradas sesiones en Cemento. Celebrando la coincidencia temporal, el No concretó una reunión entre las promesas de invasión latina al planeta anglosajón del rock duro.

 

TEXTOS: PABLO PLOTKIN
FOTOS: TAMARA PINCO.

Para los aficionados fue nada más el fallo polémico de una pelea mediocre pomposamente promovida. Los especialistas de box dijeron que fue todo “una vergüenza” y le pusieron precio a la cabeza de los jueces. Andrés Giménez vio algo más. En la pantalla de su televisor, las luces de Las Vegas brillaban sobre la piel negra de Félix Trinidad, los camarógrafos parecían aturdidos y el campeón puertorriqueño le gritaba al mundo “Yo gané, ¿ok?”. Oscar De la Hoya, impasible Golden Boy chicano, respondía a la prensa con una sonrisa blanca y elogiaba la detreza de su rival. “Había algo más... una pelea de razas”, dice el guitarrista y cantante de A.N.I.M.A.L. en el camarín húmedo del Luna Park. La cumbre latinoamericana del metal joven sucedió cuando Puya –puertorriqueños también, como el campeón– visitó Buenos Aires la semana pasada, para telonear a los Red Hot Chili Peppers. “Es un orgullo nacional”, resume Sergio Curbelo, cantante del cuarteto (en su único disco editado aquí, Fundamental, hay un tema titulado “Trinidad”, tal como reflejó el No hace un par de semanas). “Además de ser tremendo boxeador, el hombre es tremenda persona. Un tipo humilde, dedicado, que se propone sus metas y las logra. Tú sabes, un muy buen ejemplo. Una buena representación de lo que es un puertorriqueño, un latino”. Al fin y al cabo, de eso se hablará durante este encuentro. Del poder latino.
Marcelo Corvalán, bajista de A.N.I.M.A.L, escuchó por primera vez a Puya en Los Angeles. “Apenas nos recibió en el aeropuerto, un amigo español nos subió a su auto, puso un casete y empezó a sonar: ‘Bembelé, bembelé...’”, cuenta. “Dijimos ‘guau, esto es muy bueno’, porque fusionaban el metal con una cosa súper latina. Y A.N.I.M.A.L. estaba llegando a Estados Unidos, iba a grabar El Nuevo Camino del Hombre y venía con todo ese rollo naciendo en nuestras cabezas”. “La primera vez que los escuché a ustedes fue en Miami, en el MTV latino”, recuerda Eduardo Paniagua, baterista de Puya. “Ahí nomás quedé enganchado”.

El idioma
Corvalán: No creo que nosotros hayamos cambiado algo en el metal latino. Pero intentamos levantar un mensaje, una manera de sentir y de pensar de mucha gente, desde Argentina hasta México. Difundir de lo que siempre habló A.N.I.M.A.L: el barrio, la manera de ser, el sentimiento por la familia, la amistad. Un montón de cosas que siente el latino. Eso lo ponemos más en la actitud, en nuestra cultura, que en lo musical.
Giménez: En otro momento nadie habría pensado que una banda que canta en castellano podría participar de festivales como el Ozzfest (del que participó Puya). Era una idioma que no era el más representativo para el rock. Hoy suena como algo exótico, pero aceptado. Por ese lado tal vez haya algo, que no llega a ser un invento: es ser punta de lanza de un movimiento donde nadie es primero ni último. Un movimiento que se está gestando en toda Latinoamérica para hacer que el idioma prevalezca en una música a la que es difícil entrar.
Ustedes en Miami y en Puerto Rico, ¿abrieron en ese sentido algunas mentes del público pesado?
Curbelo: Pues sí, nuestra lírica es en español, y tratamos de hacer algo diferente. No hay mucha música pesada en el mundo cantada en español. Y llevarle nuestra cultura a la gente anglosajona, especialmente, es una manera de decir quiénes somos. Y esto se hace cada día, en cada gira, cada concierto.
Harold Hopkins (bajista de Puya): Sí, nosotros participamos en el compilado Spanglish 101, de bandas latinas de distintos aleros. Está bastante mezclado, ¿tú sabes?, no sólo la pesadera. Dentro del disco, hay un comentario sobre cada banda. Y cuando habla de nosotros, dice que el spanglish de Puya se encuentra en la música. Y eso es lo que tratamos: meter el espíritu latino dentro del hardcore, del metal.

Korn
Paniagua: Crecimos escuchando música de nuestra tierra, pero también Sepultura, Pantera, los viejos discos de Metallica.
¿Y qué hay del nuevo metal norteamericano, con bandas como Korn y Limp Bizkit?
Curbelo: Creo que el único de aquí que escucha Limp Bizkit y Korn soy yo. Pero en cuestión de bandas nuevas, hay cosas más interesantes que esas: System of a Down, que hacen algo parecido a lo nuestro pero con sonidos de su país de origen, Armenia. Me encanta Deftones, que tiene dos miembros mexicanos. Fear Factory también. Eso en cuanto a lo que sale en Estados Unidos.
Corvalán: Sí, son cosas que te llegan, como a todo el mundo. Igual tratamos de no perder la identidad de nuestra música, que tal vez de por sí tenga algo de originalidad y algo en común con otras bandas. Así como Puya mezcla el metal con la salsa –que sería la cumbia o el folklore de acá, como hicieron Divididos y otras bandas–, nosotros, de otra manera, hacemos algo de eso. No tanto en lo musical, sino más en lo representativo, en lo cultural. Pero de Estados Unidos recibís información siempre, y te lleva tiempo entender bien quién es cada uno, qué hace, aunque uno crea saber todo.


Sepultura
Curbelo: Sin duda que Sepultura es un gran ejemplo para Puya. Para nosotros es un gran honor que nos relacionen con ellos, aunque sea en una oración. El material que ellos hicieron fue estupendo, de alta calidad, algo que influye en toda la música pesada. Salieron de Latinoamérica y se impusieron en el mundo.
Giménez: Nosotros tuvimos la suerte de conocerlos y tocar con ellos. Cumplimos un sueño. Para todas las bandas latinoamericanas, Sepultura es Dios. Creo que si no se hubiera dividido, ahora sería la banda número uno de la música pesada en todo el mundo. Y hubiese sido mucho más importante para la música latina. Ellos son los que más impresionan porque todos los integrantes son latinos, pero Fear Factory, Coal Chamber... Hay millones de bandas con integrantes latinos. Y lo que resalta es que ahora todos se están haciendo definitivamente cargo de su condición. No se avergüenzan. Al contrario, se identifican con eso.


La raza
Curbelo
: Es un orgullo para nosotros ser latinos. Eso no hay que decirlo, porque se nota, pero lo recordamos para que la gente también lo sepa.
–Ricky Martin dice lo mismo...
Curbelo: ¿Ricky qué?
Corvalán: Aunque te cagues de risa, lo que está haciendo Ricky Martin es algo muy importante a nivel idioma y cultura. No comparo la música, ni nada, porque creo que A.N.I.M.A.L. y Puya tienen una meta muy distinta a la de Ricky Martin. Pero como fenómeno social, significa algo. No creo en los Grammys, MTV y eso, pero que Ricky Martin haya estado ahí, puso al idioma latino en la cumbre. Ahora los yanquis quieren lucir latinos. Cambian el look para que les digan “parecés latino...”. Son cosas que trae este cambio de siglo. En Miami, el español es el primer idioma. En Los Angeles, el cuarenta por ciento de la gente habla castellano.
Curbelo: Ya en ciudades como Miami, los anglosajones tienen que aprender a hablar español. Como hay tanta concentración de raza, si quieren hacer negocio con nosotros, primero tienen que aprender nuestro idioma. Al igual que ellos nos forzaron a aprender inglés, ahora nosotros los forzamos a ellos a aprender español.
Corvalán: Creo que es la venganza, la venganza del aborigen. Después de colonizarnos, nosotros vamos a colonizarlos a ellos con la lengua. Se la van a tener que bancar. Todo el daño que hicieron... No es que se lo vamos a devolver, pero al menos les demostramos que pudimos desarrollarnos y expandirnos, aunque ellos no nos dejaron.

Ozzfest
Hopkins
: Estábamos tocando en un anfiteatro, era un concierto de música pesada, y la seguridad no dejaba mochear a nadie. Parecía que se estaba perdiendo el espíritu contestatario que se supone lleva esta música. Yo decía “¡coño, esto es rock!”. Aquí tú tocas y es pura emoción, sacarlo todo afuera. Y de eso se trata. En Latinoamérica hay una energía y una vibra que no se siente en otras partes.
¿El Ozzfest es una meta?
Giménez: Sería un logro. No es la vida o la muerte. Sería una palada más de tierra para la montaña latinoamericana, una cuestión de raza. Pero si no se da... Tampoco nos quita el sueño. Toda banda quisiera tocar ahí, es una vidriera muy grande. A raíz de eso te relacionás con mucha gente, pero hay cosas muy importantes también, como tocar en Estados Unidos con Puya, por ejemplo.
Curbelo: Nosotros, en Estados Unidos, no diría que tenemos el público ganado, pero sí un grupo de gente que es muy apasionada con nuestra música.
Giménez: Para nosotros se hace difícil: estamos acá, en la punta del otro lado del mapa, y el mercado norteamericano es muy exigente. Para entrar, tenés que estar.

El instinto
“Sigue tu instinto él te va a guiar” (“Keep it simple”, track 7 de Fundamental).
Hopkins: ¿Qué puedo decir del instinto? Todo tiene que salir del corazón, hay que saber mantener las cosas naturales. A veces menospreciamos las cosas más básicas, pensando en otras cuestiones, y nos olvidamos de lo más simple: respirar, comer, follar, reírse, disfrutar del sol.
Curbelo: Hacer las cosas más naturalmente, que salga lo natural de ti, no ser de plástico.
Corvalán: A.N.I.M.A.L piensa mucho en cómo debe haber sido nacer en una comunidad aborigen y ver la vida de ese modo. Tratamos de rescatar eso. Somos una pequeña tribu con nuestra propia manera de ser, nuestra propia cultura y códigos. Seríamos medio nómades, como dice Max (Cavalera) en “Nomade”: vas de un lado a otro, llevando tu herramienta, que es la música, y a cambio te dan afecto. Eso te hace ver cosas que nunca las hubieras visto estando en tu habitación con el Play Station, o trabajando de fletero en Buenos Aires.

Juego de las semejanzas
y diferencias
Frente a frente

La historia
En el primer Animal, Polaco Zelazek tocaba el bajo y Aníbal Alo la batería. Después de que el ex Violadores dejara la banda por diferencias musicales, hubo una pequeña riña por el nombre y Andrés Giménez la rebautizó convirtiéndola en siglas (más que nada por un problema de patente con una feria de cachorros que llevaba ese nombre). Acosados nuestros indios murieron al luchar, Fin de un mundo enfermo, El nuevo camino del hombre, Poder latino y el reciente Usa toda tu fuerza (el primero que grabó Andrés “El niño” Vilanova en batería, reemplazante de Martín Carrizo) son sus cinco discos.
En 1992, después de trajinar los escenarios de San Juan de Puerto Rico, los cuatro Puya se mudaron a Miami. A los boricuas les gustaba Pantera y Public Enemy, pero en tierra gringa les salió la salsa de adentro y empezaron a mezclar. Gustavo Santaolalla los vio una noche en el House of Blues de Los Angeles y en octubre de 1998 editaron su primer EP, Puya. Este año grabaron Fundamental, su primer cd (producido por Santaolalla), y tocaron en el Ozzfest ‘99.
El estilo
Inspirados en el trash, el hardcore y el ánimo latino expansionista de Sepultura, A.N.I.M.A.L. parece dispuesto a llegar hasta el borde de la distorsión, la velocidad y la voracidad. En el último tiempo, León Gieco mediante, se acercaron (tímidamente) al folklore.
Puya combina el metal, la salsa, el hip hop, el rock industrial y el hardcore. Influidos tanto por Rage Against The Machine como por Rubén Blades, los puertorriqueños se hacen picantes cuando rompen el ritmo varias veces dentro de un mismo tema. Y lo saben.
En vivo
lA.N.I.M.A.L. traslada la voracidad de sus discos al escenario. Eso sucede mientras tocan. Entre tema y tema, el mensaje al público es bastante más liviano de lo que, se supone, correspondería al poder “destructivo-sonoro” de las canciones: el afecto, la amistad, la gratitud. En los últimos shows en Cemento (el viernes y sábado pasados) tocaron Mariano Martínez (guitarrista de Attaque 77), Pappo (al que Giménez presentó como “el más grande”) y León Gieco (“alguien que nos abrió la mente a otras músicas, como el folklore”). Juntos hicieron una versión de “Cinco siglos igual”, coreada por todo el público animal.
En sus shows como teloneros de los Red Hot Chili Peppers, los Puya armaron un repertorio monolítico y pesado, con sólo algunas dosis de los ritmos latinos que en el disco están extensamente explotados. El cantante es la figura visual de la escena, bailando, pudriendo la voz y poniéndose a tono en los pasajes de salsa. Sin la sección de vientos, el percusionista Eguie Castrillo es el principal responsable de los cambios de ritmo. Ideales para Woodstock.
La lírica
l“...Revolución hoy/ resta pelear, resta seguir firmes/ sobrevivir, sobrevivir, sí/ una actitud debemos llevar/ integridad, autocontrol, ya/ parado con los pies en la tierra/ ¡Revolución! ¡Revolución!”. (“Revolución”, de Usa toda tu fuerza).
“El nacer de una nueva idea esperanza una nueva canción/ Aquello que pareció algo tan puro/ se marchitó se endureció al ritmo del progreso/ Entre tanta careta y apariencia se nos sigue olvidando/ que bien adentro nuestro indio sigue sonando” (“Solo”, de Fundamental).

La conexión

MIGUEL MORA

La sangre latina hace rato que metió la cola en la música pesada del Primer Mundo. Este hecho no se vio reflejado en lo musical –hasta hoy con Puya, quizás–, pero si la tendencia sigue creciendo... Tras la irrupción de Sepultura (ahora con sucursal en Soulfly), son varios los grupos que intentan seguir los pasos. Hasta ahora, la filiación de algunos músicos de algunas bandas es la única relación directa y concreta. Desde su primera formación, durante los primeros años de los ochenta, Slayer cuenta en sus filas a Tom Araya, de reconocido origen chileno aunque nunca se hizo demasiado cargo de eso. No responde al castellano, ni le agradan las entrevistas en ese idioma. Más allá de este particular caso, en Los Angeles y aledaños, primera capital latina en Estados Unidos, los ejemplos abundan. Claramente, resaltan Fear Factory y Deftones. Desde su irrupción de la mano del excelente Demanufacture (1995), Fear Factory fue uno de los responsables en redefinir el sonido pesado en los noventas y para buscar la conexión latina, sólo hay que remitirse a los créditos de los temas: Dino Cazares y Raymond Herrera, guitarra y batería del grupo. En Deftones, el nombre de su cantante no deja dudas: “Chino” Moreno. Nacido Camilo Moreno, su sobrenombre viene de chinito, como a su papá le gustaba llamarlo. Para seguir con la tendencia, el pinchadiscos del grupo (ahora miembro estable) se llama Frank (¿Francisco?) Delgado. Otro “infiltrado” aparece en Coal Chamber: es su guitarrista Miguel Meegs Rascon, hijo de padres mexicanos. Gracias a él un par de temas del primer álbum, llevaron títulos en castellano (“Loco” y “Maricón Puto”, bastante explícitos por cierto). En Europa, el ejemplo más llamativo (¿el único?) es el de Drain STH, grupo sueco formado exclusivamente por chicas, cuya guitarrista Flavia Canel... Es uruguaya. Todavía falta el representante local. Porque lo de Pappo en Motorhead siempre ha sido una mentira.

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