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Yo me pregunto

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Los suecos se quieren matar

Una semana después de entregarle el Premio Nobel de Literatura a Günter Grass, la Real Academia Sueca es acusada por una ola de rumores de haber sucumbido a sobornos por parte de los gobiernos portugueses y alemanes en los dos últimos años. El gerente de la agencia de publicidad Jerry Bergström AB, de Estocolmo, declaró en el Dagens Nyheter (el diario más grande de Suecia) que fue contratado en 1997 por ICEP (un órgano estatal portugués a cargo de la promoción del comercio y el turismo nacional). El objetivo de la campaña era divulgar en Suecia a dos autores portugueses: José Saramago y Antonio Lobo Antunes. Bergström explicó, además, cómo armó la campaña. Para empezar, en septiembre del ‘97, organizó una visita de Saramago a Estocolmo, durante la que dio un seminario en Hedengrens, la principal cadena de librerías sueca. Después, dio una charla en la Universidad de Estocolmo. Durante esos dos días, Saramago concedió entrevistas a casi todos los diarios, noticieros y radios del país, a la vez que la televisión estatal sueca producía un programa dedicado a él. Según alega Bergström, la Feria de Frankfurt de ese año –que fue dedicada a Portugal– se celebró poco después de esa visita de Saramago. “Mi trabajo era brindar información y apoyo económico a los periodistas nórdicos que deseaban viajar a la Feria.” Como era lógico esperar, Sture Allén, secretario de la Academia en esa época y todavía miembro, negó enfáticamente que la decisión haya sido afectada “por campañas publicitarias, comentarios de académicos o escritores, o cualquier otro tipo de presión”. Pero enseguida le salieron al cruce al secretario los profesores Knut Ahnlund y Lars Gyllensten (dos de los tres miembros que renunciaron a sus puestos en la Academia en 1996), quienes dijeron que sería ridículo creer que los miembros de la Academia “son inmunes a las agencias publicitarias”. Según Ahnlund, la presión de los publicistas fue tan excesiva en el ‘97 que el Nobel terminó recayendo en Dario Fo, y Saramago debió esperar hasta el año siguiente. Según el Dagens Nyheter,habría pruebas de una campaña similar orquestada por Alemania. Y parece que la denuncia armó un revuelo considerable, porque los Nobel fueron hasta ahora la mejor manera de promocionar a Suecia en el mundo.

Cuando el chivo no está

La industria publicitaria ya está experimentando con chiche nuevo: insertar chivos virtuales durante los programas, vía trucos de computación. A finales del año pasado, durante un partido de la Copa Parmalat entre Boca y el Benfica de Portugal, se insertó un logo de Coca Cola en el círculo central de la cancha, para la transmisión a Norteamérica (para otros países, en cambio, se insertó el logo de Parmalat, que auspiciaba el torneo). Se ve que la idea funcionó: en marzo, el yeite debutó fuera de las canchas, cuando los productores de la serie televisiva Seven Days colaron botellas de Coca-Cola y de Evian en un mostrador, cajas de videos Blockbuster sobre un escritorio, y bolsas de la marca de indumentaria Kenneth Cole en el lobby de un hotel. Todo sin cargo, a cambio de prestar la marca para el experimento (se ve que por allá no conocen a Gerardo Sofovich y al negro Olmedo, pionero de la versión no-virtual con su legendario “Savoy, Savoy”). La pregunta era: ¿para qué hacerlo vía virtual? La respuesta, según declararon distintos cerebros publicitarios encargados de promocionar la técnica computarizada, es que, de esta manera, en un mismo programa se puede publicitar distintos productos a distintas audiencias (los partidos de fútbol son literalmente terreno virgen para que los canales de cada país, que pagan los derechos de transmisión, inserten lo que quieran). El yeite es tan exitoso que la marca de yogures Dannon lanzó una serie de comerciales, donde diversas estrellas deportivas contratadas especialmente relatan sus proezas, y se insertan botellas de Dannon en las fotos de su infancia. Como si fuera poco, ya empiezan a hablar de meter chivos en programas viejos como Yo quiero a Lucy. Habrá que ver qué pasa cuando se avive Adrián Suar: ¿hará poner los modelos actuales de Chevrolet en los viejos episodios de Pelito?

China ataca a Morita

El sábado 3 de octubre murió, en Tokio, Akio Morita, cofundador de Sony. El lunes pasado, La Nación escribió una sentida necrológica del hombre que lideró el desembarco japonés en el mundo a través de televisores, grabadores, walkmans y discmans, alabando la destreza comercial de quien convirtió a la Sony en la primera empresa japonesa en cotizar en la Bolsa de Nueva York. Pero, para sorpresa de muchos, la nota sobre Morita estaba firmada por un tal Ochinito Likidara. Hasta ahora, no se pudo saber si se trata del debut de un nuevo corresponsal de La Nación en Oriente, o el seudónimo ventila sutilmente un complot chino para ir liquidando a los ejecutivos nipones más importantes, empezando por Morita-San, que “oficialmente” murió a los 78 años como consecuencia del ataque de apoplejía que lo atacó en el ‘94.