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"No me importa compartir  la lista con peronistas"

Renunció al radicalismo, pero igualmente votó para presidente a Fernado de la Rúa. Hoy Marta Oyhanarte es candidata a legisladora de Domingo Cavallo.

Marta Oyhanarte encabeza la boleta de candidatos a legisladores del partido de Cavallo


Por Romina Calderaro
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Marta Oyhanarte es aficionada al tenis, y entre dos partidos conversó con Página/12. La mujer tiene motivos para pasar un fin de semana de placer: todavía no se cumplió un año de su renuncia a la Unión Cívica Radical y ya logró ubicarse en el primer lugar de la lista de legisladores de su nuevo partido. Oyhanarte pasó del radicalismo al cavallismo y, paradojas de la vida, fue el ex ministro de Economía de Carlos Menem quien la eligió para encabezar la nómina de legisladores porteños de Encuentro por la Ciudad, la alianza que conforma con Gustavo Beliz, otro ex ministro de Menem. En 1997, fue el presidente Fernando de la Rúa quien la impulsó para encabezar la lista de la Alianza. En diálogo con este diario, habló de su pase, de la "difícil" situación de las mujeres en la política, del nepotismo en la Legislatura porteña y de las elecciones del 7 de mayo.

  --¿Cómo es pasar del radicalismo a un partido de derecha?

  --Yo creo que hay circunstancias que en este momento, históricamente, están más allá de las izquierdas y de las derechas. Están juntos López Murphy y Aníbal Ibarra; Rodríguez Giavarini y Graciela Fernández Meijide; Llach y Zaffaroni. En Encuentro por la Ciudad ocurre lo mismo. Lo que la gente busca son personas con trayectoria, personas que sepan organizarse, armar equipos y hacer aquello que prometen.

  --¿No le incomoda que en la lista haya tantos peronistas, que históricamente fueron sus adversarios? Hay ocho entre los primeros veinticinco. Amén de Beliz, Cavallo y Enrique Rodríguez, que fueron ministros del menemismo.

  --No, para nada. No me importa compartir la lista con peronistas. A mí me interesa la calidad de las personas. Cuando yo encabecé la otra lista puse, sí, una serie de condiciones en cuanto a aquellos que debían integrarla. Y estas condiciones tenían que ver con su trayectoria democrática, con su compromiso de trabajo y trata de que se evitara el punterismo, el clientelismo, el amiguismo. Con el tiempo me castigaron porque exigí idoneidad para la designación de los cargos y hechos de corrupción. Entonces dije basta. Y renuncié a la UCR.

  --Eso fue en junio del '99. ¿A quién votó en las elecciones presidenciales de octubre?

  --Voté a la Alianza. Yo lo decía. Decía que la mejor opción en ese momento era la Alianza aunque más no sea por la necesidad de alternancia dentro del sistema democrático.

  --¿Y no pensó en Cavallo en ese momento?

  --Siempre tuve un enorme respeto por Cavallo y siempre se lo expresé a él. Pero, bueno, en las últimas elecciones tal cual él mismo lo expresaba, su candidatura era testimonial.

  --Cuando usted renunció al radicalismo, su bloque la acusó de estar resentida "porque nunca ocupó espacios de poder". También la criticaron porque mientras usted cuestionaba al radicalismo por hechos de corrupción, había nombrado en la Legislatura a su hija.

  --Si yo hubiera querido ocupar más espacios de poder, me callaba la boca, cerraba los ojos. Mucho más, sabiendo como todos sabíamos y como expresé en la renuncia, que el doctor De la Rúa iba a ser el próximo presidente. En segundo lugar, yo había designado, sí, como asistente, a una de mis hijas y bueno, cuando hubo el cuestionamiento que hubo, ella inmediatamente renunció, no estuvo más de dos meses. Creo que aprendí yo, aprendió ella y aprendió la gente. Sin embargo, fue éste el único caso de renuncia, porque en la Legislatura hay enorme cantidad de familiares.

  --¿Alguna vez se sintió discriminada por ser mujer en la política?

  --Sí. Las mujeres, si bien estamos ocupando cantidad de espacios en la vida pública en general, todavía seguimos siendo discriminadas en todos los sectores y fundamentalmente en el ámbito de lo político, que es quizá el más masculino de la vida pública. Es difícil para las mujeres que no estamos dispuestas a subordinarnos ni a masculinizarnos. Yo aplico un dicho que me acompaña desde mi infancia: "Paciencia para aguantar las cosas que no se pueden cambiar, fuerza para cambiar las que sí, y sabiduría para distinguir entre las dos situaciones".

 

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