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CADA VEZ SON MAS LAS OBRAS TEATRALES CLONADAS DEL EXTERIOR
El fenómeno del “compre importado”

La cantidad de puestas clonadas ha generado un estado de alerta en los directores argentinos, que afirman que “la globalización no es igual para todos”.


Por Silvina Friera
t.gif (862 bytes) Las cinco cuadras de la avenida Corrientes que van desde el 800 al 1300 producen en el peatón atento un raro efecto: las marquesinas de todos los teatros están llenas de nombres y apellidos en inglés. El detalle sirve para graficar un fenómeno consolidado, que es la importación a mansalva de obras .-dramas o comedias musicales– inglesas, americanas o europeas, con los mismos directores de la puesta original. La reapertura de El Nacional con Mi bella dama, el estreno de Los miserables y Alarma demuestra que los británicos, especialmente, apuestan a probar suerte en el mercado argentino con piezas taquilleras, bajo el supuesto de que esa clonación reproducirá el éxito de sus propios países. La exitosa ART fue una de las puntas de lanza de este fenómeno, que llena de inquietud a numerosos teatristas argentinos, pero hace frotar las manos con fruición a varios empresarios. 
Es que lo que para algunos actores se traduce en una experiencia enriquecedora, para los directores argentinos es un cuestionamiento de su trabajo. Alejandra Boero le contó a Página/12 que varios de sus colegas están formando una asociación para defender la cultura y la identidad y proponer soluciones para la problemática de las fuentes de trabajo, sobre todo en la ciudad. “Una cosa es que venga Jorge Lavelli, que es un excelente director, y otra muy distinta lo que está pasando. Me indigna que Venecia sea llevada a Londres sin Tritek, que descubrió la obra y la puso en escena. No queremos ser chauvinistas, pero si vamos a aguantar la globalización que sea pareja. Así como están planteadas las cosas, usan nuestros valores y a nosotros nos dejan mirando el techo”, protesta Boero. Agustín Alezzo, Carlos Gandolfo, Augusto Fernández, Juan Carlos Gené y Hugo Urquijo son algunos de los directores que junto a Boero están tramitando la personería jurídica y planificando las acciones a seguir. El ex zar televisivo Alejandro Romay comenzó a transitar este camino globalizador de la mano del irlandés Mick Gordon. Entre los principales argumentos para traer a foráneos a dirigir en Buenos Aires están las trabas para comprar los derechos de una obra. Y que los autores prefieren que estén a cargo los directores con los que trabajaron. Closer, del inglés Patrick Marbeck, dirigida por Gordon, fue la obra con la que Romay inauguró el complejo de dos salas en el Broadway. Mal no le fue: en 178 funciones la vieron 90.000 espectadores. Además, Gordon es responsable de la dirección de Mi bella dama y de ART, que ya va por su tercera temporada en el teatro Blanca Podestá, y acredita más de 265.000 espectadores. 
Pero en la era de la globalización, hay caminos de ida y vuelta. Durante su estadía en la Argentina, mientras hacía audiciones para Mi bella dama, Gordon vio Venecia, de Jorge Accame, y decidió llevarla a Londres, claro que sin su directora, Helena Tritek, como bien apunta Boero. Fernando Tobi, de Producciones teatrales Alejandro Romay, cree que este fenómeno no se armó intencionalmente sino que fue resultado de varios procesos paralelos. “La apuesta por los directores internacionales responde a las exigencias de los autores. Como productor uno quiere que la idea original sea respetada. El propio dramaturgo recomienda al mismo director, porque se siente más seguro, sabe que entendió lo que quería transmitir. Si comprás algo no podés deformarlo”, subraya. “Los buenos directores no tienen dificultades con el idioma porque trabajan con lo corporal y con un traductor simultáneo, que conoce sobre el hecho teatral”. Para el 10 de junio, Romay tiene previsto el estreno de El zorro vivo o muerto, en el Nacional, con dirección de Claudio Hochman y actuación de Fernando Lúpiz, en el rol que hizo en el cine Antonio Banderas. 
La comedia musical Mi bella dama, inspirada en Pygmalion de Bernard Shaw, tiene un elenco de 60 artistas, encabezado por Paola Krum y Víctor Laplace, y una inversión de 2 millones en producción. Con más de 63funciones, la vieron 57.771 personas. “Es la primera vez que trabajo con un director extranjero en la Argentina”, contó a Página/12 el actor Pepe Soriano. “En este caso no es una reposición porque los integrantes del elenco participamos con libertad en la recreación. La obra que llega con una puesta copiada es limitada para el actor, resulta frustrante”. Soriano asegura que “una cosa es la reposición, que es una fuente de trabajo más para los actores. Otra es la discusión en el orden artístico de la creación, en el que podemos prescindir de lo que viene calcado”. Cuando estuvo en España, Soriano hizo una comedia musical del suizo Friedrich Dürrenmatt, Frank V, que también se estrenó en Rumania, Rusia e Inglaterra. “Las versiones eran distintas por las particularidades de cada pueblo, pero a Dürrenmatt le gustaba la española, le parecía más sanguínea”, recuerda. “Desde el rol de un productor que invirtió 2 millones de dólares es lógico que quiera un reaseguro: el director de la puesta original. Yo defiendo al director y al actor argentino”, sostiene Soriano. 
Alejandra Flechner y Valeria Bertucelli son dos actrices que “padecieron” el trabajo con un director europeo. Ambas sintieron que la dirección de Alarma fue acotada, demasiado coreográfica. Más de una vez, aseguran, se plantaron frente a David Grindley para desobedecer las indicaciones que consideraban absurdas. “Cuando empezamos a trabajar, comprendí que se trataba sobre todo de una puesta en escena, con demasiada marcación. Costó mucho hacer algo más personal. Inspirada por el elenco que se había formado, pensé que se podían romper un poco los límites, cosa que no sucedió... hasta que se alejó el director. Pero tampoco es que se va el director y los actores nos apropiamos del texto. Por ahí tiene que ver con elegir no poner el acento en el mismo lugar en que lo ponía él, prestar atención a ciertos detalles y obviar otros, que para el director eran los más importantes. Por ejemplo, él tenía ciertas ideas sobre cómo son las mujeres y los hombres. Aceptar esas ideas para mí y para Alejandra era una tortura. Durante los ensayos nos la pasábamos tratando de discutir esos lugares comunes, y ahora ya vamos encontrando cómo hacer la nuestra”, dijo Bertucelli a Las/12. La versión de la obra de Michael Fray fue dirigida en Londres por William Blackmore, pero como no podía acercarse hasta Buenos Aires, recomendaron que Grindley fuese el director repositor, que la preparó en tiempo record: menos de cinco semanas. Con más de 32 funciones, sólo 5256 personas vieron en acción a Flechner, Bertucelli, Humberto Tortonese y Roberto Catarineu en el Nacional. 
Los miserables, basada en la novela del escritor, poeta y dramaturgo francés Víctor Hugo, es una millonaria producción que tiene 40 artistas en escena (incluye actores, directores, cantantes, bailarines, acróbatas y músicos). Con el sello de los grandes musicales de Broadway, la pieza, originalmente estrenada en París con un guión de Alain Boublil y música de Claude-Michel Schönberg, fue reconstruida por el mismo equipo bajo la supervisión del productor británico Cameron Mackintosh, y la dirección de Ken Caswell. El actor Carlos Vittori, que interpreta a Valjean, cuenta cómo fue su experiencia con un director extranjero. “Estoy acostumbrado, porque trabajé con directores norteamericanos y austríacos. Lo bueno es que conocés una forma de trabajo donde cada una de las tareas apuntan a objetivos concretos”, detalla Vittori. “El resultado fue positivo, incluso Mackintosh definió al elenco como el mejor del mundo”. Los miserables recorrió 188 ciudades en 30 países, fue traducida a 18 lenguas y vista por 52 millones de espectadores. Obtuvo 50 premios en todo el mundo, entre los cuales se destaca un Grammy por la banda sonora y ocho Tony. Como si todos estos galardones no alcanzaran, el presidente estadounidense Bill Clinton utilizó el tema central de la banda sonora para su campaña presidencial. “Tener al mismo director es una tranquilidad. Pienso que la puede hacer un argentino que la haya visto muchas veces y tenga bien en claro el espíritude la obra. Cuando la fórmula es exitosa no se debe tocar nada, por eso es lógico que venga el director que la hizo en otro país”, razona Vittori. 

 

“Un fast theatre en la ciudad”

Helena Tritek, directora de Corpiñeras y Venecia –que será estrenada en Inglaterra, pero, a diferencia de lo que sucede aquí, con un director local–, afirma que “la industria de los espectáculos importados (obra, director, escenografía e iluminador) evidencia la condición colonial de nuestra cultura. Algunos productores teatrales locales van a lo seguro apostando al franchising, sin reparar en si se trata de productos que reflejan idiosincrasias ajenas (y superficiales), almas secas y sonrisas tan congeladas como las hamburguesas que importan sus colegas del fast food”. La directora sostiene que “hay, en efecto, un fast theatre en desarrollo en nuestro Buenos Aires querido. A eso apuntan los ilusos que creen que en el teatro hay recetas que no fallan, como las que incluyen figuras de la televisión y éxitos de Broadway. Como si el Misterioso Teatro tuviera algo de previsible.”

 

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