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el Kiosco de Página/12

Escribir para comer
Por Juan Gelman

En �La puerta de bronce�, un cuento de Raymond Chandler que transcurre en Londres, el protagonista -.un alcohólico, como el autor� se encuentra con alguien que acaba de regresar de una colonia británica del trópico y cuya autoestima está indisolublemente ligada a una vieja corbata escolar que conserva en una lata �para que los ciempiés no se la coman�. El protagonista lo imagina bajo la noche tropical �despierto en la jungla pensando en Londres�. Este patético personaje refleja sentimientos del propio Chandler; en su poema �Nocturno de ninguna parte� había dicho: �No hay país tan bello/como la Inglaterra que recorro en las horas nocturnas/de esta tierra prometedora y desconsolada/de exilio y desaliento�. 
El poema fue concebido en la década del 30 en una barriada de Los Angeles castigada por la Gran Depresión que creó dos millones de desocupados en Estados Unidos. Hombres sin trabajo y sin techo vagabundeaban de una ciudad a otra para ganarse el sustento y a menudo esa errancia era obligada, violenta y policial. En 1931 la policía angelina levantó barricadas en el perímetro de la ciudad para cortar el flujo de los nuevos nómadas, que llegaban a razón de dos mil por semana. En ese contexto, Chandler empezó a escribir. Para comer.
Había nacido en Chicago, pero la nostalgia británica del poema tiene su explicación: en 1896, a los 8 años de edad, Chandler viaja a Inglaterra y vive con su madre hasta los l4. Regresa, se instala en California, y cuando estalla la Guerra Mundial I se enrola, pese a su nacionalidad, en el ejército canadiense y pasa luego a la Royal Air Force. En el campo de batalla descubrió varias cosas: el ejercicio de la jefatura de un pelotón de asalto a posiciones alemanas, las heridas que causan las esquirlas de metralla y su afición al alcohol. Años después de practicar oficios varios -.el de instalador del entramado en las raquetas de tenis, entre otros�, se convierte en �director de ocho compañías (petroleras) y presidente de tres, aunque .�precisó� la verdad es que yo era nada más que un empleado con altísimo sueldo�. La bonanza no duró mucho: lo despidieron por dipsómano en medio de la crisis económica más dura y prolongada que el país hubiera padecido nunca.
Black Mask, la famosa revista policial que dio a conocer a muchos excelentes escritores del género, publica en 1933 el primer cuento de Chandler. Tenía 45 años y practicaba un método de aprendizaje peculiar. Ejemplo: resumía con cierto detalle una novela de Erle Stanley Gardner �prolífico autor de relatos policiales cuyas tiradas no bajaban del millón de ejemplares� y la reescribía a su manera. Al parecer, no era fácil para Chandler construir el argumento de sus narraciones; le interesaban más el tono, la atmósfera, el lenguaje. Pronto adquirió la costumbre de tipear observaciones y ocurrencias en pequeños papeles. De ellas se servía, como quien incrusta joyas, para que cada escena o fragmento terminado tuviera el �poco de magia� que siempre procuró en su obra.
Chandler dijo alguna vez que hay dos clases de escritores: �escritores que escriben historias y escritores que escriben escritura�, ubicándose de manera implícita a sí mismo en la segunda categoría. Con razón. Su aguda sensibilidad evocadora de ambientes y su capacidad de infundir carnadura a las sensaciones más diversas se funden y revelan la existencia de relaciones inusitadas. �El lugar era horrible de día. El trasto chino en la pared, la alfombra, las lámparas pretenciosas, los muebles de teca, la botella con éter y láudano, todo tenía bajo la luz diurna un aspecto furtivo desagradable, como una fiesta de maricas�. La descripción de una resaca de ginebra se acuña en �Yo olía a sapo muerto�. Una voz escuchada por teléfono, en �La voz que contestaba era gorda. Jadeaba ligeramente, como la de un hombre que acabara de ganar un concurso de comer pasteles�. Philip Marlowe, detective privado de Los Angeles, es el protagonista de las siete novelas que Chandler escribió, la primera, El gran sueño, a los 51 de edad. Hollywood la llevó a la pantalla grande con Humphrey Bogart de primer actor. Para Chandler, Marlowe �representa la mentalidad estadounidense... Es un hombre de honor, para usar una expresión manida�. El largo adiós (1953), su sexta novela y la más extensa y ambiciosa, fue sin embargo criticada porque el detective aparece como una suerte de Jesucristo urbano. El estilo es el hombre y Chandler se deslizaba entonces por la rampa de su declinación, repitiéndose en la escritura hasta rozar la autoparodia. La muerte de su esposa, bastante mayor que él, lo sumió aún más en el alcoholismo. Pero tal vez ya había dicho todo lo que tenía que decir en sus primeras cuatro y magníficas novelas.
También declinaba su prestigio en ciertos círculos intelectuales yanquis que persisten en subestimar su obra. Mike Davis sentencia en City of Quartz que Marlowe �el personaje que tanto amó Osvaldo Soriano� es �un ciudadano vengador (que) se tambalea precariamente al borde del precipicio de la paranoia fascista�. Juicios neoortodoxos de tal naturaleza acelerarán, sin duda, el justo reconocimiento general de lo que Chandler fue: sencillamente, un gran escritor.

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