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Monseñor Jerónimo Podestá, el 
obispo que no tuvo miedo al amor

El ex obispo de Avellaneda falleció ayer a los 79 años. Era presidente de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados y sus Esposas, y precursor de la opción por los pobres.

Una foto reciente de Jerónimo Podestá junto a su esposa y compañera Clelia Luro.


Por Luis Bruschtein

t.gif (862 bytes) Monseñor Jerónimo Podestá, ex obispo de Avellaneda durante los años ‘60, impulsor de las comunidades de base y precursor de los curas obreros, falleció ayer a los 79 años, en su vieja casa de Caballito, donde vivía junto a Clelia Luro, la esposa y compañera de sacrificios, luchas y exilios. Este hombre pacífico, pero de actitudes revolucionarias; ferviente católico, pero activo crítico de la Iglesia; defensor de la misión evangélica de los sacerdotes y al mismo tiempo luchador por el derecho de los curas a casarse y “ser también hombres libres”, fue el único obispo católico en el mundo que reconoció públicamente estar enamorado. 
Podestá ingresó al seminario en 1940 y se ordenó en 1946. Después estudió derecho canónico en España e Italia hasta 1950. Al regresar fue docente en el seminario hasta 1962 y al año siguiente, a sus 42 años, lo nombraron obispo junto a otros jóvenes brillantes y progresistas como Eduardo Pironio y Antonio Quarracino. “Parece que no –recordó en una entrevista–, pero la Iglesia se fija en esas cosas y yo provenía de una familia de dinero. Monseñor Antonio Plaza quería nombrar obispos propios, pero no tardó en darse cuenta de que conmigo había metido la pata. En realidad, a mí me designó obispo el papa Juan XXIII.”
Su planteo era que la Iglesia no podía estar separada de la gente, que tenía que vivir sus problemas y estar inmersa en la sociedad. A la diócesis de Avellaneda comenzaron a llegar los primeros curas obreros y otros que más tarde integrarían el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Su figura se hizo popular, la gente lo quería, y hasta Alberto J. Armando y Luis Saccol, presidentes de Boca y Racing, le ofrecieron la presidencia de la AFA.
En 1966 conoció a Clelia Luro, que trataba de conseguir lugar en su diócesis para un sacerdote en crisis presa del alcoholismo. Ella había estado casada diez años con un sobrino del poderoso hacendado tucumano Robustiano Patrón Costas y tenía seis hijas. A finales de 1966, se preparaba una reunión de obispos sudamericanos en Mar del Plata. Plaza le pidió que estuviera para formar un frente contra el obispo brasileño Helder Cámara. La dictadura se oponía a la visita del obispo de la Teología de la Liberación, pero los demás brasileños amenazaron con no asistir si no dejaban viajar a Cámara. 
“Me preguntaba cuál sería monseñor Cámara –relató– y de pronto vi a Clelia que estaba hablando con él. Monseñor Cámara la tenía de la mano.” Clelia los presentó y Cámara le dijo: “No tengas miedo, Clelia va a ser tu fuerte”. Fue el comienzo de una amistad de muchos años. Clelia se integró a la diócesis como su secretaria. “Hasta que dejé la diócesis –confesó Podestá– no tuve relaciones íntimas. Era una gran amistad y una profunda influencia, reconozco que nos amábamos verdaderamente...”
Al promediar 1967, la política estaba prohibida en la Argentina. Podestá realizó un gran acto en el Luna Park para hablar sobre la Populorum Progressio, al que asistieron los prohibidos. El general Juan Carlos Onganía lo definió como el principal enemigo de su gobierno y pidió a la jerarquía eclesiástica que lo callara. Los monseñores Plaza, Adolfo Tortolo y el nuncio Humberto Mozzoni presionaron hasta que lograron su renuncia. “Yo les pedí que lo hicieran callar, no renunciar”, reconoció más tarde Onganía. “La moneda de cambio con el gobierno fue la subvención para la Universidad Católica”, denunció Clelia. Podestá fue designado obispo de Orrea de Aninico, una diócesis inexistente de Mauritania. En 1972 fue suspendido y se unió a su mujer.
Juntos sufrieron la pobreza, la persecución y el exilio en Roma, México y Perú. De regreso, respaldó el movimiento de derechos humanos, pero centró sus esfuerzos en la lucha contra el celibato obligatorio de los sacerdotes. Junto a Clelia fue presidente, hasta su fallecimiento, de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados y sus Esposas, que a nivel mundial representa a cerca de 150 mil sacerdotes. Parece una paradoja que la principal objeción eclesial para ser guía espiritual haya sido estar enamorado. Podestá fue obligado a dejar de ser obispo porque había descubierto que el amor de su mujer había sido “el regalo más importante de Dios a mi vida”, y lo había asumido como el amor de los dos por los seres humanos, la opción por los pobres y el compromiso social. Ambos usaban una frase de Teilhard de Chardin para explicar el amor que los unía: “No es mirarnos uno en el otro sino mirar los dos juntos hacia arriba y hacia adelante”.

 


 

EL JUEZ DEL CASO NATALIA CARGO CONTRA FRATICELLI
“Si no tuviera fueros estaría preso”

El juez Carlos Risso ratificó que si su colega Carlos Fraticelli “no tuviera fueros ya estaría detenido porque está imputado” en el homicidio de su hija Natalia, por el cual ha sido enviada a prisión la mamá de la víctima, María Graciela Dieser. En forma coincidente, los fiscales dijeron que si Fraticelli pierde el cargo lo acusarán como coautor, basándose en las evidencias que hay en el expediente. Como cierre de un mal día para el suspendido juez de Rufino, que sigue diciendo que es inocente, el procurador de la Corte Suprema de Santa Fe, Jorge Bof, sostuvo que existen “varios argumentos para inhabilitar al juez Fraticelli”. Bof será el encargado de acusar a Fraticelli en el jury donde puede resolverse la destitución que lo pondría a disposición del juez Risso. 
“Si se agotan las medidas de prueba y se confirma el procesamiento, Graciela Dieser podría ir perfectamente a juicio oral en un par de meses”, declaró el juez Risso ante los periodistas. El magistrado puntualizó que en la causa “hay muchas más certezas que dudas” y que una de las certezas es la que hace que “Dieser esté en prisión”. 
Risso insistió en que, dada la gravedad de la acusación, el juez Fraticelli tendría que haber renunciado a sus fueros. “Yo ya lo imputé y por eso ya podría estar detenido” si se hubiera alejado del cargo de juez penal por decisión propia, recalcó Risso. Tanto el juez de la causa como los fiscales Graciela Mastrocésare y Jorge Pozzi insistieron en que la que prevalece es la hipótesis que apunta al “círculo familiar” y que los padres están en el centro de la escena, aunque sigue sin descartarse la participación de una tercera persona allegada a los Fraticelli. 
El procurador Jorge Bof, por su parte, precisó los argumentos centrales contra Fraticelli: “La ignorancia manifiesta del ejercicio de sus funciones, las inhabilidades física y mental, el incumplimiento reiterado de las obligaciones que impone la Constitución provincial, el desorden de la conducta privada incompatible con el decoro y la dignidad, y la comisión de actos previstos en la ley como dolosos”. Los abogados de Fraticelli presentarán más de 30 testigos, todos de Rufino, que intentarán demostrar “lo buena persona que es Carlos”, dijo Antonio Di Benedetto, uno de los letrados. 
Los cargos surgen del expediente, donde se advierte con claridad que el juez mintió cuando primero dijo que sospechaba de un suicidio y minutos después argumentó un supuesto robo como presunto móvil del crimen. Todos los testimonios coinciden en señalar que las pruebas sobre el supuesto asesino externo fueron “plantadas”, como ser las bolsas de residuos que Fraticelli dijo que Natalia tenía en la cabeza o el pañuelo de seda con el que supuestamente tenía atadas las manos “con dos o tres nudos”.
En el escritorio de Fraticelli, en la casa, había bolsas de nylon similares a las halladas junto al cuerpo y el pañuelo en cuestión no presentaba arrugas como las que le hubieran producido los supuestos nudos. Para Risso, el que “plantó” las pruebas sería el propio Fraticelli, quien se contradijo en forma permanente y notoria, tal como señalaron los testigos que estuvieron en la casa luego de la aparición del cadáver.

 

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