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Riveros volvió a la cárcel y será 
procesado por el robo de bebés

El juez Bagnasco lo indagó, finalmente, ayer y lo detuvo por ocho casos de apropiación de bebés de desaparecidas. Riveros había trabado su comparecencia apelando a la Justicia militar. La causa pasará, antes de fin de año, a juicio oral y público.

El represor santiago Riveros parte del juzgado a prisión.


Por A.M.

t.gif (862 bytes) La mirada fría y adusta del represor Santiago Riveros al abandonar el juzgado de Adolfo Bagnasco, custodiado por efectivos de Gendarmería, trasuntaba la bronca inocultable que le provocó volver a prisión. El ex comandante de Institutos Militares quedó detenido ayer tras ser indagado en la causa sobre la práctica sistemática de apropiación de menores durante la dictadura. En su declaración enfatizó que nunca tuvo conocimiento de un plan para la sustracción de los hijos de los desaparecidos, al que calificó como algo �siniestro� que habría denunciado. En los próximos días sería procesado y así quedará abierto el camino para que el caso, en el que están detenidos y procesados otros diez ex jefes militares, sea elevado a juicio oral y público. 
A Riveros se le imputan la sustracción en ocho casos de menores nacidos durante el cautiverio de sus madres en el centro clandestino que funcionó en Campo de Mayo: los hijos de Liliana Delfino, Ana María Lancilotto de Mena, Norma Tato de Barrera, María Eva Duarte de Aranda, Mónica Masri de Rogeroni, Valeria Belaustegui Herrera, Beatriz Recchia de García y Silvia Quintela Dallasta. El represor afirmó que el delito que se le imputa no está suficientemente comprobado porque no está acreditado que los menores hayan nacido. �Son sólo presunciones�, habría dicho el militar, según una fuente judicial consultada por Página/12. 
En el descargo que dictó ante el juez, Riveros afirmó que el Estado Mayor General del Ejército había elaborado precisas disposiciones sobre la aparición de menores y de mujeres en estado de gravidez en las operaciones de lucha contra la subversión porque, según él, las �organizaciones paramilitares� alentaban a sus �jóvenes combatientes� a embarazar a sus parejas para protegerse. En tal sentido, agregó que unos 200 niños fueron entregados a sus familiares. El represor negó la existencia del centro que funcionó en Campo de Mayo bajo su mando y aseguró que nunca vio a detenidas embarazadas en ese lugar. Lo mencionó como �lugar de reunión de detenidos� que eran interrogados y liberados o puestos a disposición del Poder Ejecutivo, pero que no pasaban allí más de dos días.
El veterano militar trató de invalidar cada uno de los testimonios que hay en su contra en el expediente. También intentó deslindar responsabilidades al afirmar que el Hospital Militar de Campo de Mayo �donde se produjeron los nacimientos clandestinos� no dependía de él sino de Sanidad del Ejército, salvo en el aspecto de la seguridad por la �guerra civil que vivía el país�. Sin embargo, reconoció que hubo nacimientos en el servicio de Epidemiología, pero indicó que las mujeres fueron �bien atendidas� y negó que fueran detenidas. 
Riveros �asistido por su abogado, el ex funcionario de la dictadura, Florencio Varela� pidió que el juez cite al jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, para preguntarle si tiene alguna evidencia al respecto. Brinzoni dijo públicamente, en abril de este año, que no le constaba que hubiese existido un plan sistemático para robar los bebés de las desaparecidas. Riveros, antes de retirarse, señaló que su �profunda fe religiosa� no le hubiera permitido tolerar algo �tan infame� y realizó un curioso ejercicio de imaginación: afirmó que si fuera loco o malvado se habría prestado a ese plan, pero utilizando a un médico de confianza y no a la estructura del Ejército. 
Riveros había sido citado por Bagnasco en marzo, pero pudo dilatar varios meses su indagatoria, primero a través de apelaciones, planteos de nulidades y una recusación contra el juez, a quien acusó de estar identificado ideológicamente �con los subversivos de ayer�. Pero su mayor triunfo fue lograr que la Justicia castrense pidiera el expediente. Esto motivó la intervención de la Corte Suprema que le devolvió el caso a Bagnasco. Entre 1975 y 1978 comandó Institutos Militares y fue jefe de la zona 4 del Ejército. En 1985 fue detenido acusado de haber cometido quince homicidios. La Cámara Federal porteña lo procesó, pero en 1989 se benefició con el indulto que dictó el ex presidente Carlos Menem. LaJusticia italiana lo imputó por la desaparición de ocho ciudadanos de ese país en la Argentina. Al igual que la mayoría de los imputados en el caso, Riveros pidió el arresto domiciliario en virtud de sus 77 años y de su estado de salud. Sus certificaciones médicas indican que es hipertenso y que padece afecciones cardíacas. Pero anoche pernoctó en Campo de Mayo, el mismo lugar donde mandaba hace más de dos décadas y seguramente en mejores condiciones de detención que las que sufrieron quienes allí desaparecieron. 

 


 

MURIO EL PADRE ORLANDO YORIO, CURA DE LOS POBRES
Un luchador secuestrado en la ESMA

A raíz de un problema cardíaco murió el miércoles, en Montevideo, el sacerdote católico Orlando Yorio. Teólogo, doctor en derecho eclesiástico y experto en temas pastorales, Yorio dedicó su vida al trabajo con los sectores populares, se alineó dentro de las corrientes eclesiales que se identifican con �la opción por los pobres� y, como consecuencia de su compromiso, durante la dictadura militar fue secuestrado y torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada.
Orlando Yorio fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús (jesuitas), pero poco tiempo después de su secuestro decidió dejar la congregación y comenzar a trabajar en la diócesis de Viedma junto al obispo Miguel Hesayne, de quien fue estrecho colaborador. Hesayne y Jorge Novak, a cuya diócesis se incorporó después, fueron sus dos obispos católicos más cercanos. Yorio vivía actualmente en Montevideo porque, a raíz de su trabajo con grupos populares en la zona más pobre de la diócesis de Quilmes, dos años atrás sufrió serias amenazas de muerte.
El sacerdote, que también integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en los años �70, fue uno de los mayores pensadores y animadores de los llamados �seminarios de formación teológica� que, desde la perspectiva de un cristianismo comprometido con los sectores más pobres de la sociedad, reúne cada verano a centenares de militantes de base de las diferentes iglesias cristianas de todo el país. Yorio formó parte desde el comienzo del equipo responsable de esa iniciativa, y durante más de diez años alimentó el proceso con su reflexión y con su trabajo constantes.
El cura, referente para muchos cristianos de base, participó también de propuestas y encuentros latinoamericanos de los teólogos de la liberación, y, en el país, colaboró con las organizaciones de defensa de los derechos humanos. Dentro de los ámbitos católicos y cristianos más comprometidos con la acción social y política, entre los laicos y entre las congregaciones religiosas, Orlando Yorio tenía un gran prestigio y se le reconocía gran sensibilidad para atender, comprender e interpretar las preocupaciones de la gente sencilla.

 

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