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EL DESFILE MILITAR EN HOMENAJE A SAN MARTIN ATRAJO A UNA MULTITUD
Taconeando por la avenida Santa Fe

Miles de personas se concentraron en la zona de Retiro para presenciar el imponente desfile que incluyó a 4000 efectivos, tanques y vehículos anfibios y que generó un caos de tránsito. El Gobierno estuvo en pleno.

Los tanques admiraron, pero más aplaudidos fueron los granaderos.

Fue el desfile más grande desde el del 9 de julio de 1990 y tal vez el más popular.


Por Horacio Cecchi

t.gif (862 bytes) �¡Avancen! ¡Avancen�, gritaba la mujer sumergida bajo un bloque cerrado y homogéneo de cuerpos, diez escalones debajo de la boca de la estación San Martín del subte C y sin poder asomar a la superficie. �¡Avancen �gritaba desesperada�, que yo no voy al desfile, llego tarde al trabajo!�. No fue la única. Ayer, desde temprano y hasta las cinco de la tarde, la avenida Santa Fe separó en dos a la ciudad de Buenos Aires para dar lugar a un inmenso desfile militar en homenaje a San Martín, al cumplirse un siglo y medio de su muerte. Miles de personas bordearon el vallado a uno y otro lado de la avenida para ver, aplaudir y vitorear a los 4 mil efectivos anunciados por el Gobierno, mientras el resto de la ciudad intentaba sortear el nudo caótico que se extendió a lo largo de la avenida y las calles laterales, desde Pueyrredón hasta Libertador. La demostración de fuerza constituyó un popurrí de todo el espectro de seguridad, incluido el polémico Servicio Penitenciario Federal, y una bandera argentina colgada entre dos árboles a cien metros del palco presidencial, con la que Mohamed Seineldín se hizo presente reclamando su libertad.
A las 15.23, Fernando de la Rúa dio la orden de inicio del desfile desde el palco oficial, ubicado sobre la plaza San Martín y la calle Maipú. Desde mucho antes, el tránsito se había atestado a lo largo de las 20 cuadras que demandó la ingeniería del desfile y sus alrededores. Los 4200 efectivos se concentraron a lo largo de Santa Fe, desde Pueyrredón hasta Callao. En ese punto se ubicó la cabeza del desfile. La multitud se concentró especialmente en la zona del palco, donde estaba De la Rúa, acompañado por su esposa, Inés Pertiné, el presidente uruguayo, Jorge Battle, el vicepresidente, Carlos �Chacho� Alvarez, el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, y gobernadores provinciales. Sobre la acera, bordeando el vallado, el público era nutrido: muchos vecinos de la avenida Santa Fe, muchos alumnos, muchos empleados públicos. Regía el asueto administrativo.
�¡Avancen!�, gritaba la mujer, una empleada de comercio, algo despeinada después de luchar a codo partido para subir un escalón en la estación San Martín. A su pesar, su hora de ingreso laboral coincidió ayer con el preciso momento en que se entonaban las estrofas del Himno Nacional. En un acto reflejo, la cabeza de la columna que intentaba salir del subte se detuvo a pie firme, en un emotivo acto de obediencia cívica, extendiendo el atascamiento prácticamente hasta el andén.
El desfile estuvo a cargo del general de Brigada Eduardo Altuna. El último de estas características se realizó en los festejos del 9 de julio de 1990. Participaron unos 4200 efectivos de las tres fuerzas armadas, de Gendarmería y Prefectura, de la Policía Federal, del Servicio Penitenciario Federal, aviones Mirage y Douglas A-4 AR de la Fuerza Aérea, vehículos anfibios, de asalto, tanques, camiones cargando pontones, orugas, un batallón de ingenieros uniformados para una guerra bacteriológica, inmensos cañones de 155 milímetros. Y el cuerpo de Granaderos a caballo, quizás el más aplaudido por el público junto con algunas agrupaciones femeninas.
�¡Mirá! ¡Mirá!�, gritaba un chiquito de no más de 5 años, trepado a los hombros de su padre y junto a su madre, sobre la esquina de Esmeralda y Santa Fe. Por la avenida circulaban en tríos, hombres del Ejército cargando sobre sus hombros ametralladoras pesadas. �¡Mirá si disparan!�, le decía a su madre. �Son de los buenos�, le decía ella. �¡Que disparen, que disparen!�, aplaudía el chiquito, ajeno a toda memoria y completamente consustanciado con la demostración de fuerza y las enseñanzas paternas.
Al rato, Juan sin apellido, cadete del Colegio Militar, hizo su paso, mirada al frente, arma al hombro, mientras un aplauso cerrado de la barra familiar lo alentaba con vítores. Poco después, avanzaban por la avenida los cadetes de la Escuela de Caballería, al mismo tiempo que el locutor oficial los anunciaba aclarando �... de Caballería, hoy a pie...�.Efectivamente, marcaban el paso sobre el pavimento, del mismo modo que los heroicos granaderos a caballo iniciaron el día en colectivo. Imágenes de modernización.
El mismo efecto, quizás, tuvo el saludo de De la Rúa al paso de los uniformados frente al palco oficial: lo hizo con su brazo cruzando su pecho, un saludo de raigambre civil que buscó equilibrar en imágenes el imponente despliegue militar. La partición en dos no sólo se expresó geográficamente con el corte de Santa Fe. �Qué país, qué país�, se quejaba, malhumorada, una mujer que intentaba avanzar entre la multitud. �Hacen el ajuste y andá a saber cuánto gastaron en esto�. Decía esto mientras empujaba a otros que intentaban acercarse al vallado. �Me arruinaron el día�, señaló Carlos, en el kiosco de diarios de Esmeralda y Santa Fe. �¡Garrapiñadas, garrapiñadas!�, alentaba un vendedor ambulante con más ilusiones que el kiosquero, mientras una columna de taxistas perdía sus esperanzas a dos cuadras del desfile y en medio de un atascamiento de tránsito. A las 17, De la Rúa dio por terminado el desfile. A esa hora, la ciudad intentó iniciar la normalidad del día después, mientras la multitud ganaba el pavimento de Santa Fe, marcado por las orugas militares.

 

 

La defensa del asueto

�Lo único que hicimos fue disponer, a partir de las 13, asueto en la administración pública nacional en la ciudad de Buenos Aires, por los inconvenientes que pudiera producir el desfile militar en el tránsito�, se defendió el presidente Fernando de la Rúa de las críticas que despertó el doble feriado por el 150º aniversario. A la par de los actos de homenaje, De la Rúa se encargó de aclarar que no tiene ninguna intención de modificar las normas preexistentes que regulan el régimen de los feriados. �Se ha opinado sin averiguar. A mí me parece mejor que el día que se evoca realmente el hecho esté cada uno presente en su lugar, sino cada uno toma al feriado para irse y es bueno que, en el día del hecho, se participe en los colegios.� Luego de inaugurar una muestra en honor a San Martín, el jefe de Estado también trató de evitar los cuestionamientos económicos. Subrayó que las ceremonias se realizaron en con �gran austeridad� con �la movilización de los efectivos a pie para evitar el gasto de combustible�.

Para De la Rúa, �un modelo de virtudes�

�Un instante de recogimiento en memoria del héroe que nos dio libertad: ese es mi pedido, ese es mi mensaje�: las palabras de Fernando de la Rúa fueron seguidas por un minuto de silencio a las 15, la exacta hora de la muerte de José de San Martín. 
Luego tomó la palabra el general de brigada Diego Soria, titular del Instituto Sanmartiniano, quien se dedicó a fustigar a �aquellos mediocres que quieren desacreditarlo�, en obvia alusión a los historiadores José García Hamilton y Hugo Chumbita, que abrieron una polémica al afirmar que San Martín podría ser hijo de Diego de Alvear y una india, Rosa Guaurú, e incluso pidieron que se realice un examen de ADN para despejar dudas sobre su origen, una propuesta que desató las iras de los sanmartinianos. �Lo mejor que podemos hacer �siguió Soria� es inspirarnos en su ejemplo y venerarlo.�
En su discurso, el Presidente exaltó la figura de San Martín como un �modelo de virtudes que tanto precisamos hoy buscando la unión, la paz y la integración latinoamericana por la que él luchó�. �Fue un héroe -agregó De la Rúa�, pero antes que todo fue un hombre que amó y luchó con pasión.� 
�Los argentinos queremos oír de nuevo las lecciones del Padre de la Patria, más allá del estilo y las épocas. El Presidente de la Nación, los integrantes del Gobierno y los poderes del Estado, todos lo argentinos nos inclinamos para escuchar su mensaje�, afirmó. 
Para De la Rúa el recuerdo de San Martín �debe ser prenda de unión y paz�, ya que �hemos sufrido enfrentamientos, heridas, silencios y cansancio�. También habló de la integración latinoamericana, que �no es soplar y hacer botellas, una frase del libertador�, pero �se la está logrando con el mismo empeño, conscientes de que es una tarea grandiosa�.
Su discurso terminó con un esperable �Viva la Patria�.
De la Rúa compartió el palco oficial con su par uruguayo, Jorge Battle, gobernadores provinciales y jefes de las fuerzas armadas y de seguridad. La primera línea estuvo integrada por el vicepresidente Carlos Alvarez, los gobernadores de Buenos Aires, Carlos Ruckauf; de Santiago del Estero, Carlos Juárez; de Formosa, Gildo Insfrán; y de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá. Por detrás de ellos, estuvieron el jefe y la vicejefa de Gobierno, Aníbal Ibarra y Cecilia Felgueras, y el interventor de Corrientes, Ramón Mestre. En un lugar destacado se ubicó el jefe del Estado Mayor Conjunto, Juan Carlos Mugnolo. Y, un poco más alejados, se vio al jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno; los ministros de Defensa, Ricardo López Murphy; de Educación, Juan Llach, de Justicia, Ricardo Gil Lavedra; del Interior, Federico Storani; de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini; y de Salud, Héctor Lombardo, junto al secretario general, Jorge de la Rúa.

Entre el héroe y el espectáculo

Norberto, 54 años. �Me siento identificado con San Martín, fuera de la discusión sobre su paternidad�, explica, mientras aplaude fervorosamente junto a su esposa. �Me vine desde Adrogué, porque me siento identificado con el que está ahí arriba�, afirma, y mira hacia el cielo. 
Juan Pablo, 21 años. �Es la primera vez que vengo a un desfile militar. Vine porque San Martín es un prócer importante. Esto es una muestra de un sentimiento nacional, es un prócer que representa nuestras cosas. Siento que formo parte de todo esto�, asegura Juan Pablo y aplaude. De sus hombros cuelga una mochila. Es estudiante de la Universidad Austral.
Malena, 29 años. Vive en Almagro. �Vinimos especialmente a ver el desfile, más que por la fecha�, dice y señala a su prima que observa absorta hacia los uniformados. �Me interesa conocer cuál es cada regimiento, como son sus uniformes. Siempre vi los desfiles por la tele, y es muy distinto vivirlos.�
Mario, 61 años. Avanza gritando a espaldas del público, que se da vuelta. Muchos murmuran �está loco�. �¡Viva la patria!�, grita Mario. Después aclara: �Viva la bandera y no la de la selección. Toda esta clase media de mierda, que se guardó sus ahorros y ahora viene a mirar y ni siquiera grita de alegría�.
Berta, 60 años. �Vine porque estoy muy identificada con San Martín, pero no estoy en absoluto de acuerdo con el uso político del prócer, al que debían haber imitado�, asegura y señala indignada al cartel que reclama la libertad de Seineldín. �Ese es un subversivo que se levantó contra la Constitución y la ley�.
Alicia, 53. �No vine al desfile�, asegura, muy enojada. �Vivo allá, enfrente. Tengo trombosis en una pierna y me tengo que ir caminando hasta Pueyrredón o esperar dos horas más, porque no me dejan cruzar�, murmura, apoyada contra una tanqueta estacionada sobre Esmeralda, del otro lado del muro de Berlín.

 

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