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El giro de López Murphy llegó a los 360 grados

Lo que parecía un giro de posición de Defensa sobre Cavallo y Olivera terminó, al final, en el mismo punto donde estaba: ayuda sólo consular.

Por Martín Granovsky

t.gif (862 bytes)  Tanto altos funcionarios de la Cancillería como el Ministerio de Defensa debieron desmentir ayer que el Gobierno esté cambiando de posición sobre la detención de ex represores en el exterior. Las dudas surgieron luego de que Ricardo López Murphy hablara por primera vez después de la detención del marino Ricardo Cavallo defendiendo lo que definió como "principio de territorialidad". El Presidente Fernando de la Rúa también lo reivindicó, pero dijo que el Gobierno no pasará de la obligada asistencia consular a presos como Cavallo o el mayor retirado Jorge Olivera.
López Murphy dijo que la Argentina "siempre va a defender el principio de territorialidad". Remarcó que la cuestión de Olivera y Cavallo está en manos de los ministerios de Justicia y de Relaciones Exteriores y recordó que los delitos cometidos durante la dictadura "ya se han juzgado y sancionado".
El ministro habló al salir de un ámbito que interpretó como relacionado con los temas militares, el Primer Simposio de Investigación y Producción para la Defensa en la sede de la Escuela Superior Técnica del Ejército.
En otro acto industrial, aunque químico, De la Rúa dijo que la Argentina defiende el "principio de territorialidad", comentó sobre Cavallo que veía "en los diarios que no es clara su identidad" y aclaró, de todos modos, que "se presta asistencia consular".
La última parte de la declaración es clave, porque significa que el Gobierno sigue la política que se impuso cuando detuvieron a Olivera en Roma. La asistencia diplomática implicaría que el Estado argentino, a través de su embajador en Italia o México, asume la detención de alguno de los militares retirados como un problema de Estado a Estado. Así lo hizo Chile cuando el Reino Unido arrestó a Augusto Pinochet. La asistencia consular, en cambio, no va más allá de la obligación de los cónsules de supervisar que esté garantizado el debido proceso tras la detención de un argentino en el exterior.
--¿Qué significa adherir al principio de territorialidad? --preguntó este diario a un alto funcionario de Relaciones Exteriores.
--Que en otros países gravitan principios como el de la nacionalidad pasiva, lo cual supone la aplicación de la ley nacional propia a delitos sancionados con pena de prisión cometidos por un nacional o un extranjero fuera del territorio. La víctima, por supuesto, debe tener la nacionalidad del país que los defiende por lo menos en el momento en que sufrió un delito a manos de otra persona.
Un vocero del Ministerio de Defensa explicó su alineación con esa postura:
--Insistimos en que en este tema debe haber una sola voz, que es la que ha expresado la Cancillería desde el principio.
--¿Por qué el ministro, que callaba sobre Cavallo, cuando se decidió a hablar eligió como tema el principio de territorialidad?
--Fue una posición procesal, no política.
--¿Cómo procesal?
--Sí, una explicación de los principios jurídicos por los que se rige la Argentina. Porque en términos políticos el ministro López Murphy no tiene una posición diferente a la del resto del Gobierno.
Cuando Olivera fue detenido en Roma, el Gobierno decidió que no se haría cargo de su suerte, y evitaría así correr con un costo internacional difícil de tolerar. Una actitud aún más silenciosa acompañó, después, el arresto de Cavallo en México.

Oliveira pregunta

La defensora del Pueblo porteño, Alicia Oliveira, le solicitó información al Ejecutivo de la ciudad acerca de un contrato firmado con la empresa Seal Lock, a la que se encontrarían vinculados dos ex integrantes del grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada durante la dictadura. Uno de ellos es el detenido en México, Ricardo Miguel Cavallo, y el otro es Jorge Carlos Rádice, según versiones periodísticas. La Defensoría inició una investigación de oficio con el envío de una nota al secretario de Obras y Servicios Públicos de la ciudad, Abel Fatala, a quien le pidió "el contrato suscripto con esa empresa para la provisión de plásticos para la confección de las licencias de conducir".

 

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