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DESVIAN LAS AGUAS CONTAMINADAS DEL RIO TIGRE HACIA EL DELTA
Sanear el río a veces causa mal olor

La gente del Delta ya no puede usar el agua del río, como hasta ahora. Un dique les envía la contaminación del Reconquista. Denuncian que quieren favorecer a los inversores inmobiliarios de Tigre.
Una draga trabaja limpiando los barros del fondo del río, en la zona del Tigre.

Por Claudio Scaletta

t.gif (862 bytes)  Con la misma metodología de quien esconde la basura bajo la alfombra, el río Tigre fue “saneado” en tiempo record para beneplácito de los gestores de los florecientes negocios inmobiliarios de la zona. El ardid consistió en un liso y llano corte, mediante la construcción de un dique, y el desvío aguas arriba de su desembocadura natural. De esta manera, la corriente contaminada proveniente del Reconquista cambia de rumbo antes de llegar al casco urbano. La artimaña consigue el efecto deseado: eliminar el mal olor que ahuyentaba a turistas y potenciales inversores. Como contrapartida, se extendió la contaminación a la zona de las islas del Delta, afectando el ecosistema y el modo de vida de miles de habitantes, que ya no pueden usar el agua del río, como lo hacían hasta ahora.
La gente usa el agua del río.“No a la desviación del río Reconquista por el canal aliviador porque nos están envenenando”, reclama el volante de los vecinos del Delta que convoca a una caravana de lanchas y canoas para protestar contra la medida. “Desde el 5 de agosto, el río Luján y los ríos del Delta reciben una gravísima contaminación. Una obra que nos hace creer que sanea el río Tigre, pero lo desvía aguas arriba del río Luján. Ya hay mortandad de peces”, denuncia la ONG APro Delta. Página/12 recorrió las zonas afectadas. En los muelles aún se observan las bombas que toman el agua directamente del río. Y entre los habitantes se percibe cierta impotencia ante la situación. “Allá en el pueblo hay gente de mucha plata, mirá si nos van a hacer caso a nosotros”, resumió, escéptico, Domingo Dell’Aquila, un antiguo poblador que vive hace más de 40 años sobre el río Luján.
El río Reconquista recorre 14 partidos del Gran Buenos Aires, desde Morón a San Fernando. Poco antes de su desembocadura se divide en dos brazos, el Reconquista Chico y el más conocido río Tigre, que desagua en el Luján, frente a las recientes construcciones del Parque de la Costa y la nueva estación fluvial de Tigre. Antes de esta bifurcación, sale también un tercer cauce, el canal aliviador destinado a canalizar crecientes extraordinarias, que vierte su caudal en el Luján pocos kilómetros aguas arriba de los anteriores. A lo largo de sus 82 kilómetros, el Reconquista recibe la contaminación proveniente de aguas cloacales, curtiembres y mataderos, desechos industriales y químicos varios.
Al intendente de Tigre, Ricardo Ubieto, se le reconoce la promoción de inversiones de importantes grupos empresarios que transformaron la fisonomía de la zona. También por la increíble velocidad que su gestión exhibe en la construcción de plazas, en especial si se encuentran frente a su imponente mansión a punto de estreno. Entre sus frases célebres se cuenta: “La naturaleza debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la naturaleza”. Pero a pesar de que en la comuna las cosas comenzaron a verse mejor, algo continuaba oliendo mal. Las modernas construcciones y las verdes palmeras no evitaban que muchos visitantes porteños regresaran a la ciudad convencidos de no volver. En especial, cuando la bajante en el Río de la Plata reducía el cauce del río Tigre a su mínima expresión atentando, incluso, contra los olfatos menos sensibles. Así, las nuevas torres costeras enfrentaban dificultades para su comercialización y el Parque de la Costa no recuperaba inversiones al ritmo esperado.
La visita a fines del año pasado del magnate David Rockefeller, promotor de la construcción de 3 supertorres, un hotel de lujo y un shopping sobre el río Tigre, dio nuevo énfasis a los deseos del intendente Ubieto de impulsar la limpieza del Reconquista, que también pasa frente a su nueva vivienda y la del secretario de Gobierno de la comuna, Ernesto Casareto. En su paseo por el remozado Tigre, Rockefeller preguntó al intendente por el avance de la lucha contra la contaminación de las aguas. El intendenteno dudó: “En un futuro no muy lejano esos problemas estarán solucionados”, contestó.
Lo que los habitantes de la zona desconocían era cuál sería el método de saneamiento que tenía previsto la Unidad de Coordinación del Proyecto Río Reconquista (Unirec), el ente autárquico provincial creado en 1994 para el saneamiento de la cuenca. Como denunciaron los vecinos, desde el pasado 5 de agosto un terraplén obstruye el desagüe del río por su cauce natural y desvía la totalidad de su caudal por el canal aliviador. El resultado ha sido “un desastre ecológico de magnitud insospechada en gran parte de la primera sección de islas. Insospechada porque los desechos industriales tóxicos de más de 12 mil empresas se están vertiendo sobre un ecosistema sumamente delicado: los humedales de la zona de islas tienen como característica las funciones de filtrado y sedimentación natural”, explicó a Página/12 Martín Nunziata, integrante de APro Delta y habitante de las islas. “La masa de contaminación tendrá efectos irreversibles sobre la biosfera del lugar, por lo que no es exagerado decir que se está frente a un ‘ecocidio’. Ya se registran una sensible disminución de fauna y mortandad de peces. Las variadas direcciones de las corrientes, que suben o bajan según las mareas y la dirección de los vientos, han expandido la contaminación incluso muchos kilómetros aguas arriba de la nueva desembocadura”, agregó Alfredo Etchevarne Parravicini, de la misma agrupación.
Graciela Ambrosolio, directora ejecutiva del Unirec, justificó ante Página/12 la desviación del río. “Esta obra sólo apunta a crear una mayor capacidad para evacuar el agua de las posibles crecidas. Por eso necesitamos hacer una repartición de agua”, sostuvo.
–Sin embargo, no hay ninguna repartición, directamente cortaron el río con un terraplén.
–Sí, pero se trata de un corte temporario, de 4 o 5 meses. Se están haciendo las bases de hormigón para después construir las compuertas.
–Aquí hay un río de color negro al que se lo sacó de su cauce natural y se lo vuelca sobre un ecosistema incapaz de asimilarlo.
–Ese río ya salía sobre ese ecosistema, no es algo nuevo.
–¿Evaluaron el impacto ambiental de este cambio?
–En esta semana tendremos los nuevos resultados. Como tenemos las denuncias del impacto que aparentemente está produciendo la obra, nos hemos movilizado, no somos tan necios. Estudiaremos una nueva reconexión si la obra tiene realmente el impacto que se dice.
–¿No es sospechoso que hayan cortado justo el ramal que pasa por el centro de Tigre?
–No tiene nada que ver. Quizá se haya dado la coincidencia casual con algún proyecto urbanístico, pero estas obras vienen de antes.
Mientras tanto, las secretarías de Medio Ambiente de Nación y de la provincia de Buenos Aires optaron por tomar muestras para verificar el estado de las aguas.


TESTIMONIOS DE LOS HABITANTES DEL DELTA
“Ya no podemos usar el agua del río”

Hasta hace poco, los habitantes del Delta usaban el agua del río Tigre para la limpieza, la descarga de los sanitarios o para beber, filtrado mediante. En verano, los chicos se refrescaban en el río. Ahora, el paisaje cambió por completo después de la construcción del dique. Página/12 recogió testimonios de gente que vive sobre los ríos Carapachay y Caraguatá, afluentes del Tigre hacia el norte.
“En la Municipalidad nos informaron que el agua iba a estar mala por seis meses. Nosotros ya no la podemos usar para bañarnos. Esta agua apenas sirve para los sanitarios. Cada tanto voy al pueblo y traigo agua para tomar, pero la gente que está siempre acá no sé como hace. Los chicos que se entrenan en la cancha de remo están desesperados. Imagínese si uno se cae al río y toma esta agua.” (Juan Carlos Vásquez, río Caaguazú.)
“Esta agua ya no podemos usarla para nada. Nunca pensé que el mal olor iba a llegar hasta acá arriba. Cuando el río crece, entra toda la porquería que viene desde el Luján. La única manera que tenemos de llenar los tanques es esperar que baje el agua limpia del Paraná, pero igual tenemos que agregarle lavandina. Ni hablar de filtrarla para tomar. Ahora tenemos que comprársela a la lancha y cuesta mucha plata, 3 pesos cada botellón. Dicen que están limpiando ahí en el Tigre y por eso nos mandan el agua sucia.” (Carlos Mansilla, río Caraguatá.)
“El agua del río la usamos para la limpieza y los baños, pero igual la tratamos con cloro. Nuestra preocupación empezó cuando notamos el cambio de color del río: ya no tiene ese clásico marrón, muchas veces viene gris. Nos preocupa lo que pueda pasarle a los chicos que viven permanentemente y que no pueden acceder al agua potable. Además, cuando empiece el calor, va a ser difícil evitar que se metan al agua y entonces no sé que puede pasar.” (Susana Rosamilia, directora de la Escuela Nº 10, sobre el río Luján.)
“Cuando nos mudamos a la isla, hace 4 años, un amigo bioquímico tomó muestras del agua y las hizo analizar. Nos dijo que nos podíamos quedar tranquilos porque no tenía ningún tipo de contaminación. Hace un año y medio nació mi hijo y el agua del río la usamos para lavar la ropa y lavarnos nosotros. Hay gente que la usa para tomar. El problema ahora es que el agua está muy sucia. Uno puede comprar agua mineral para tomar, pero para el resto de las cosas, ¿cómo hacemos? Vinimos a vivir acá porque queríamos disfrutar del río. Si está contaminado, nos vamos a tener que ir.” (Ivonne Durán, río Carapachay.)
“Cuando nos enteramos del desvío del río, creímos que la contaminación no iba a llegar hasta acá. Pero un día sentimos un olor horrible. Nuestros vecinos que vienen los fines de semana tienen una planta potabilizadora. A pesar de los químicos que le ponen, el agua queda amarilla y no transparente como antes. Ya no sirve para tomar. Se ve que hay algo raro.” (Estela Giménez, río Carapachay.)

 

 

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