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MIGUEL PEREIRA, CINEASTA, DIRECTOR DE �LA DEUDA INTERNA�
�La idea es seguir mostrando historias de Jujuy�

En sus películas aparece el rostro del país profundo, de Jujuy y sus choques culturales. Son ficciones o documentales de rostro indio, con jinetes y coyas, con maestros rurales y reclutas del Belgrano. Pereira vivió largos años en Londres, filmó siempre en la Puna y volvió, �ganado por la nostalgia�, a este país donde todo le cuesta más.
Por Andrew Graham-Yooll

t.gif (862 bytes) --Estás encarando un nuevo proyecto de película en medio de una fuerte medida de desencanto.

  --Sí, pero estoy entusiasmado por el proyecto sobre una novela de Héctor Tizón, El hombre que llegó a un pueblo. Esto tiene su origen hace cosa de dos años cuando hice un documental con reportajes a once escritores jujeños. Era la camada más vieja, aparte de ser los más reconocidos, que han trascendido la frontera provinciana. Incluyendo a mi padre, escritor y docente jubilado, Miguel Angel Pereira, sobre cuyos cuentos se basó la película La última siembra. Quería conservarlos de alguna manera, cómo son físicamente y qué dicen. Algunos de ellos fallecieron desde entonces. Eso demuestra que fue fundamental el rescate en voz y en imagen de los actores culturales de una provincia. Después se pierden, o se conoce la obra pero no la persona. En ese reportaje también estaba incluido, por supuesto, Héctor Tizón. Después me quedó la idea de hacer algo más. Porque siempre he sido admirador de la obra de Héctor. Admiro cómo logra extrapolar la Puna, sacarla de la región y hacerla universal. A los habitantes de la Puna les da una dimensión metafísica, justo donde hay más olvido que historia. Siempre me sentí identificado con su literatura. Hacía tiempo había leído esta novela, El hombre que llegó a un pueblo. Me identifiqué con el tema. Lo vi muy parecido a lo que yo trato de reflejar en mis películas. La pregunta que motiva es ¿qué ocurre cuando se encuentran hombres de culturas diferentes en un ámbito determinado? Los valores que trae un hombre de una cultura, que a lo mejor son los correctos para él, no lo son al aplicarlos a otra cultura. Esto fue el tema de La deuda interna, el encuentro de un maestro que viene de un mundo civilizado con un niño indígena. El maestro le regala unas revistas para hacerlo ingresar al proceso educativo, a la lectura. Sin querer, el destino hace que esa revista lleve al niño a la muerte, porque le despierta el interés por el mar. Ahí yo lo embarqué en el Belgrano y entronqué con la Guerra de Malvinas. En La última siembra hice cosa parecida. Un coya trata de integrarse a una tierra de gauchos, de jinetes. Se ve el desdén con que trata el jinete a un hombre de a pie. A su vez, el hijo del dueño de la finca, que venía de formarse en los Estados Unidos, decide liquidar la finca ganadera para plantar tabaco. El jinete pierde su caballo y tiene que igualarse al indígena en estar a pie. Pierden ambos.

  --¡Ahora el tabaco, es decir Nobleza, ha mudado su operación a Salta!

  --Mi película fue premonitoria. En 1991, los tabacaleros de Jujuy me querían comer crudo. Hoy se da que una forma de vida, una relación con todo lo que es la planta de acopio, se corta. También la producción cae, los precios se imponen de afuera. Pasó lo que veía la película. La novela de Tizón habla de un hombre que se escapa de la cárcel y va a parar a un pueblito de la Puna y es confundido con un cura. Decide aceptar el rol y se queda. Ahí está reflejado el encuentro de dos culturas. Yo vería la posibilidad de hacer una metáfora sobre la globalización, cómo afecta la identidad regional. Héctor Tizón fue entusiasta, me cedió los derechos.

  --¡El presupuesto llega al millón de dólares! ¿Cómo se paga?

  --Esto es lo más difícil en el mundo, no sólo aquí. Pero uno de los pocos caminos que nos quedan a los realizadores argentinos es la coproducción. Es casi imposible hacer cine aquí. Primero busqué gente amiga en Buenos Aires en una productora relativamente nueva, de gente joven. Ellos habían participado en una coproducción en España. Hay un productor español, Gerardo Herrero, que tiene predilección por trabajar con directores y obras de autores latinoamericanos. Se subió al proyecto. Con un productor amigo en Londres, de la época en que yo vivía allí, habíamos hablado mucho de hacer algo juntos pero nunca se concretó, si bien estuvo en la distribución de La última siembra y también en la realización de un mediometraje documental. Le pareció que ésta era una oportunidad para trabajar juntos y comprometió parte de los fondos para la realización.

  --Falta la tercera parte.

  --Falta la pata más difícil, que es la argentina. Y este año está vedado porque el Instituto de Cine no tiene fondos, no va a dar créditos. Lo único que ha podido hacer el Instituto es crear dos o tres concursos que creo que son de ópera prima, adaptación de obras literarias y guiones, y un tercero que no recuerdo bien qué es. Tengo que desembocar ahí, en ese concurso.

  --¿Tiene que haber un coproductor argentino?

  --Si no lo hay, es muy difícil justificar, para un español, venir a hacer una película argentina, con director argentino. Se necesita el componente económico argentino.

  --¿Y los bancos argentinos? Quedan algunos bancos argentinos, ¿no?

  --No... no existen. Bah, no sé si hay bancos argentinos, pero sí sé que no hay financiación de los bancos. La única vía posible es generar la estructura financiera a través de un crédito o un subsidio del Instituto Nacional de Cine. Se han hecho intentos de crear fondos de inversión, pero no sé cuál fue el resultado. Por eso decía que la única posibilidad cierta que nos queda para la realización en la Argentina es por vía de la coproducción.

  --Vos tenés una frase nefasta: "la única forma de hacer cine argentino es irse de la Argentina".

  --La verdad... depende, porque hay gente que de alguna manera sigue filmando. Pero creo que en mi caso es más difícil hacer el tipo de cine que yo he elegido. Hoy en día los multimedios también están haciendo cine. Pero el producto que ellos generan es un entretenimiento, usan figuras de sus propios canales que ya han sido probadas y reconocidas por el público. Hacen películas populares que tienen mucho éxito. A mí me interesa el cine como hecho artístico. Esto es más difícil de financiar, genera desconfianza en quien pueda invertir. La pregunta es siempre si el producto va a tener alcance masivo. Pero eso es un prejuicio. Mi primera película, que no era totalmente atípica, la vieron ochocientas mil personas. Entonces el prejuicio contra el arte también hay que vencerlo. Se puede defender el hecho artístico, si uno encuentra la vía de conexión con el público, con los problemas que se están viviendo, con lo que nos rodea. El público responde.

  --Entonces, ¿por qué volviste a Jujuy? Te pasaste tantos años en Inglaterra...

  --Me fui a estudiar cuando tenía veintidós años, y estuve prácticamente hasta los treinta y cinco años... casi trece años entre estudios y trabajo. Volví por la nostalgia, básicamente. Casi toda mi filmografía la hice acá en Jujuy. A pesar de vivir en Inglaterra, siempre me las ingeniaba para venir a filmar acá. Así me ganó la nostalgia, y el deseo de comprometerme de otra manera. No es fácil. Recuerdo que una vez vine con un proyecto a Buenos Aires y me presenté al Instituto y medio que me dijeron "Pero si vos conseguís plata del exterior, ¿por qué venís a pedir plata acá?" Eso dolió. Pero me dije que probaría desarrollar cosas desde afuera. La realidad demuestra que es difícil hacer cine, hacer cualquier cosa, como vivir, en Argentina.

  --Pero tu vida está hecha acá. Toda tu filmografía es jujeña.

  --Exacto. Creo que voy a tener que volver a lo que era. En la Argentina hacía un cine de Jujuy. Parece prácticamente imposible, ¿no? Para financiarlo tuve que hacer esa conexión Jujuy-Londres para que me escucharan en Buenos Aires, donde estaba la audiencia que a mí me interesaba. Allí, en Inglaterra donde vivía, construía la estructura financiera, y filmaba acá. Creo que voy a tener que volver a hacer algo parecido.

  --¿Buenos Aires no te atrae?

  --La verdad que no. Buenos Aires me resulta más foráneo que Londres, o Nueva York. No sé por qué. Estuve ahí tres años, fui a estudiar... pero no tengo afinidad con esa ciudad. La gente de cine anda muy dispersa. Busqué que nos juntásemos, para conversar, hablar de los problemas comunes, pero fue muy difícil. Cada uno está cuidando su quintita y nada más.

  --¿Así es Buenos Aires vista desde Jujuy o es característica de la gran ciudad?

  --Es la mentalidad de la capital. Es la división absurda entre la capital y las provincias. Cuando me acerco a Buenos Aires, ninguno dice: "Miguel Pereira, el tipo que vivió en Londres trece años, que trabajó para la BBC y Canal 4, bla bla". Dice: "Ahí viene Pereira de Jujuy". No importa que yo haya ganado el Oso de Plata, que tenga mis premios, mi filmografía y todo... Cuando yo llego a Buenos Aires soy Pereira el jujeño. No soy Pereira el argentino que vivió afuera y consiguió dinero en el exterior.

  --¿Eso se puede atribuir a una mezquindad?

  --Mucha. Pero es así. Hay mucho egoísmo entre los artistas. Nadie se alegra de los triunfos de otros. Cuando se estrena una película argentina todos están esperando ver qué día se cae. Si se cae antes de la semana todos están contentos. Eso nos hace mal a todos. ¿Cómo no hemos sido capaces de generar una escuela, un grupo de cine, como lo hicieron los brasileños, y otras cinematografías? Los brasileños tenían los mismos problemas económicos, sufrían los mismos embates sociales, tenían una visión estética parecida. Jamás se ha dado esa unión en la Argentina. No hubo un grupo en que se puedan relacionar para trabajar juntos los cineastas. Lo intenté varias veces, pero siempre cayó en saco roto. Entonces esto se hace muy solitario.

  --Y ahora estás como amenazándote que te vas a ir o que tendrías que irte, pero al mismo tiempo seguís echando raíces, haciendo una casa, en Jujuy.

  --Contrariamente a todo lo que pregono --que tengo profundas raíces jujeñas, que he vivido en el exterior pero mi raigambre la tengo en Jujuy-- nunca he tenido una casa, ni un lugar aquí. Creo que es un hecho hasta simbólico, imprescindible tener un pedazo de tierra, y un lugar donde volver. No sé si la habitaré, espero que sí, porque quisiera desarrollarme acá. Sería feliz haciendo cine acá, en mi provincia, pero no están dadas las condiciones. Ya lo he probado. No veo que se abra una veta inesperada. Lo que había que hacer ya lo hice. Me parece que como forma de vida y producción voy a tener que ir al exterior, también para no desactualizarme ni perder contacto con los que hacen lo mismo que yo, y a la vez generar los dineros para venir y filmar. La idea es seguir mostrando o narrando historias de Jujuy. Esto no es chauvinista. Simplemente, en lo que es el país quiero mostrar el otro punto de vista.

  --Quizás sea una ilusión demasiado grande para proyectar desde Jujuy. Los índices de desempleo en algunos pueblos son el ochenta por ciento.

  --Sí, en el ranking del desempleo estamos segundos en el país, después de Santa Fe. Pero yo he hecho dieciocho películas en estas condiciones. ¿Entendés? No es un sueño. Ya lo hice. Hice dos largometrajes y dieciséis medios y cortometrajes en esta provincia, con estas condiciones y peores. O sea que es posible, no es ilusorio. Lo que ha cambiado es que antes siempre tenía la ilusión de que podía mejorar. Hoy en día no, cada día está peor. Entonces lo que se ha cortado es esa esperanza de decir: puede ser mejor. Valía la pena estar, esperar, eran como tiempos de preparación, de meditación, de estudio, en que iba preparando proyectos. Pero hoy lo veo cada vez más lejano. Esa espera se puede convertir en la muerte.

  --¿La muerte en Jujuy?

  --La muerte en Jujuy...

  --Pareciera tu próximo título...

  --Pero ¿sabés, Andrew? trato de relatarles a mis colegas en Buenos Aires, y a la gente del Instituto, mi experiencia en Inglaterra. ¿Por qué me ayudaron los ingleses? Era extranjero, con propuestas de cine exótico, nada comercial. La respuesta de los ingleses es tener dos institutos para dos tipos de cine. Cosa que no tenemos en la Argentina. Por un lado está British Screen, que financia proyectos comerciales. Por otro lado está el BFI (British Film Institute), que ayuda, fomenta películas más experimentales, regionales, artísticas... Pero una película del BFI siempre era de bajo presupuesto. Acá todos vamos a la misma bolsa. Yo puedo hacer películas acá con trescientos mil dólares y me daría por satisfecho. Pero entramos en un juego donde una película, como mínimo, cuesta un millón de dólares, y de ahí para arriba. Entonces no hay nichos para distinto tipo de cine. Así no se alientan nuevos talentos.

  --¿Los festivales no ayudan?

  --Una vez estuve en un festival de cine en Miami. Después de una proyección teníamos mesas redondas. Entonces, los latinoamericanos, todos, llorábamos por la falta de plata, las dificultades para hacer cine, que esto y que lo otro... Tomaban la palabra los independientes norteamericanos y lloraban porque para ellos también era imposible porque estaban marginados de los circuitos y esto y lo otro... Hablaban los europeos, y lloraban todos. ¡Lo mismo! Es mundial. Lo trasladás a la literatura, y tenés a los best sellers contra la obra de un tipo que no quiere escribir best sellers. Hoy para que te den plata para realizar una idea que tenés en la cabeza, los tipos están buscando seguridad, que por lo menos me vean cien mil personas. Nunca se puede garantizar eso. Solamente si se gastan cien millones de dólares y una publicidad de cien millones de dólares que da la vuelta al mundo... Sentiría como más positivo que fuéramos más realistas en la Argentina. Necesitamos un instituto más pequeño, más especializado, que atienda proyectos más pequeños, más realizables, más autoral.

  --¿Qué dicen de ti aquí en Jujuy?

  --Acá tenemos esos vagos, filósofos de pueblo... Me encontré con uno un día y me dice: "¿Qué hacés vos acá, Miguel? ¿Qué hacés en Jujuy?" No lo podía entender. Le dije: "Yo quiero estar acá, donde me gusta narrar historias, me gusta la geografía de Jujuy". Y me dijo "Pero vos sos buzo en el Río Chico", que es uno de los ríos que encierran el casco de la ciudad. Era muy gráfico. Tengo el equipo completo, y estoy tratando de bucear en los veinte centímetros del Río Chico.


 

Por que Miguel Pereira
Por A. G.Y.

La tristeza de que tenga que irse

Tiene 43 años, dos hijas inglesas, es jujeño, hace películas en Jujuy. Tiene una suave intensidad en la voz, trasmite la fuerza del compromiso con su tierra y con los proyectos que instaló ahí. Mantiene la tonada provinciana a pesar de la larga ausencia de su ciudad natal.
No le ha ido mal en la vida, pero ahora necesita que le vaya mejor. Desde su primer cortometraje en 16 milímetros, que hizo en Londres en 1981 y que representó al London International Film School en el Festival Internacional de Hong Kong, la mayoría de sus películas, cortas y largas, documentales e historias, han recorrido los festivales del mundo. La deuda interna (1988) ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, y recogió premios en Chicago y Biarritz y representó a la Argentina para los premios Oscar. Su segundo largometraje, La última siembra (1990) ganó premios en los festivales de Huelva y Canarias (España) y en Tokio.
También ha sido asesor en el Banco Interamericano de Desarrollo y, durante un tiempo muy breve y frustrante en meses recientes, participó en la dirección de cultura de Jujuy.
Nos conocimos en Inglaterra y nos confesamos la nostalgia que sentíamos por la Argentina, y nuestros anhelos recurrentes de regresar algún día. En realidad, trabajando bien estábamos mejor allí, en Londres. Luego trabajamos juntos en dos películas, en una serie para la BBC y en una adaptación para el Channel 4 de Londres. Trabajar juntos ayudó a construir una amistad. Miguel volvió a Jujuy antes de que yo volviera a Buenos Aires y un poco nos perdimos de vista.
Esta conversación, sostenida hace pocos días en la casa de sus padres en San Salvador de Jujuy, era parte del reencuentro postergado. Me quiebra por el eje la tristeza y el temor de que se vuelva a ir, como dice que va a tener que irse, para poder seguir haciendo películas en Jujuy.

 

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