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Los Robinson Crusoe del siglo XXI
 sueñan con cien mil pesos de premio

La recompensa del final es el gran atractivo del programa del 13, con dos equipos que, en una isla desierta, irán eliminando participantes.

El conductor del programa, Julián Weich, durante su grabación.
La edición es central en el efecto que busca �Expedición Robinson�.


Por Julián Gorodischer

t.gif (862 bytes) La promoción en torno de �Expedición Robinson� parece anunciar la llegada a la Argentina del fenómeno de la TV con gente real, que en el mundo desencadenó un fenómeno de masas. El nuevo programa luce más parecido a las aventuras físicas de �Fort Boyard� (al cual reemplazó los lunes a las 23, por Canal 13) que a �Survivor� o �Big Brother� �exponentes máximos del culto al fisgón� aunque transcurra en una isla desierta, deje a los participantes librados a su suerte y asegure que todo lo que pasa es cierto.
Hay dos reglas de la TV real que �Expedición...� decidió �como opción para apartarse de cualquier polémica� pasar por alto: exponer las vidas privadas de los participantes y dejar a la cámara hurgar entregada a tiempos largos. Aquí, en cambio, el tono es siempre políticamente correcto y las imágenes, supereditadas. El monólogo a cámara reemplaza, en muchos casos, a la acción directa. El tono es elíptico y respetuoso. ¿Para qué espiarlos? Lo que tienen para decir los personajes lo cuentan ante la lente: el control es total. No permiten que la fisura se abra, que un ojo entre por la hendija y los pesque in fraganti, que se desate el placer del voyeur que consagró en Europa a �Big Brother�. La edición es impaciente, prefiere dejar que todo cristalice y no acompañar el in crescendo de la tensión. Acata el recurso preferido por �Real World�, un protoprograma de TV real, con varias temporadas en MTV. Como allí, a estos concursantes les gusta quejarse a cámara (de Guillermo, el gran villano del equipo sur) y son, en todo momento, más estrellas por un día (o por dos meses, en este caso) que gente común abriendo las puertas de su vida cotidiana. 
Cuando la espontaneidad es más fuerte, aparecen los momentos más interesantes. Rodrigo (que se proyecta como el divo del equipo norte) es un chico teñido de rubio con mucho amor propio y poca tolerancia al fracaso. Provoca en sus compañeros más ternura que rechazo, y se lo puede ver, reconcentrado, tratando de cazar y pescar antes que los otros. No lo consigue. Pocos minutos después, las chicas, sin proponérselo, llenan sus remeras de cornalitos. El se escapa, golpeado por la derrota, a meditar. La pequeña anécdota (de esas que no abundan) tiene más valor dramático que las grandes competencias y las votaciones secretas (que ocupan varios bloques). La vida cotidiana �sobre todo si es en una isla tan exótica y despoblada� merece más protagonismo, y menos aportes de Julián Weich en busca de una intriga que se imposta. 
El final pone en relieve una interesante paradoja: el equipo que pierde en la competencia debe echar a un integrante. Los miembros del grupo del sur suben a un árbol y muestran su voto secreto a cámara. Todos eligen a María, una chica poco sociable que desde el comienzo optó por los paseos a solas por la orilla. Los mismos que la exiliaron le dicen: �Te vamos a extrañar�. Lloran, pero saben que la excluida les garantiza la continuidad en la isla. María les retribuye la gentileza: �Cuídense, y no piensen en todo lo que voy a comer�, provoca a sus compañeros, hastiados de coco a cualquier hora. 
Los personajes son prometedores y, en general, tienden líneas simétricas entre ambos equipos: hay dos muy lindas (Consuelo y Picky), dos galanes (Sebastián y Gastón), dos incondicionalmente buenas (Laura y Libia) y dos veteranos con pretensión docente (Guillermo y Daniel). Por ahora no aparecieron amagues de tensión sexual, enemistades declaradas o amistades a prueba de terceros. Más allá de ciertas afinidades enunciadas, no hubo mucho para espiar, quizá porque la posproducción disipa cualquier ilusión de �efecto bruto�, justamente la clave que convirtió a la TV real en furor en el mundo. Si �Expedición Robinson� se consagra, no será como hijo dilecto de esa saga sino como heredero de una tradición mucho más frecuenteen la TV argentina: ver quién se queda con el pozo de cien mil dólares.

 

 

En rating, está bien

El debut de �Expedición Robinson� fue triunfal: se impuso ampliamente en el ahora supercompetitivo horario del lunes a las 23. El programa de aventureros cosechó 16.3 de rating, contra 13.1 de �Todos al diván�, que expuso una verdadera galería de mujeres veloces con ropas escasas. �Maldito lunes�, que presentaba una nota especial a Diego Maradona, confirmó su tercer lugar cómodo con 8.3, mientras que América consiguió el cuarto lugar con un especial deportivo, la entrega del �Balón de Oro�. �Todo x 2$�, una de las revelaciones de calidad de la temporada, quedó quintó en el horario, con 2,7 puntos. El debut en América de �Polémica en el bar�, el archirrepetitivo programa de Gerardo Sofovich originó 8.1 en las mediciones de Ibope.

 

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