ASTRONOMIA
El cuerpo
y los ritmos naturales
Reloj, no marques las horas
La
expresión reloj biológico se utiliza normalmente para designar las funciones
fisiológicas que en el cuerpo humano –y, según se ha comprobado recientemente,
en otros animales– regulan las jornadas.
Por
Martín De Ambrosio
Existe
la tendencia errónea por anacronismo a utilizar metáforas
tecnológicas para hablar del cuerpo humano o de la naturaleza.
Así, cuando una persona tiene problemas cerebrales es porque
le falla el hardware. Cuando se trata de grandes deportistas,
sobre todo de los velocistas, se dice que son unas máquinas.
De la misma manera, se utiliza la expresión reloj biológico
para designar las funciones fisiológicas que en el cuerpo humano
y, según se ha comprobado recientemente, en otros animales
regulan las jornadas. Con esta metáfora se intenta comprender
un mecanismo que ordena la vida de los organismos vivientes en pequeños
segmentos que tienden a repetirse de la misma manera durante toda la
existencia.
Cuando
el reloj atrasa
El caso más común en que se hace patente la adaptación
a un jornada limitada es en los viajes. Las tecnologías de transportes
le permiten al hombre, entre otras cosas, dar enormes saltos en relación
a la normalidad de la vida en su medio ambiente. De esta manera el viajero
sigue, por un tiempo, viviendo con el régimen de su lugar aun
cuando en el lugar visitado la cantidad de luz sea distinta. Si el viaje
es hacia los antípodas, el sufrimiento es tanto mayor. Por suerte,
los organismos pueden adaptarse, aunque el esfuerzo suele ser grande.
En los mamíferos, el reloj que maneja los ciclos de actividad,
conocido como ritmo circadiano del latín circa y dia,
reside en una parte del cerebro conocida como núcleo supraquiasmático
(NSQ), un grupo de células nerviosas del hipotálamo, en
la base del cerebro. Pero las células de todo el cuerpo también
tienen su propia regulación. Según pruebas de laboratorio,
el reloj biológico no necesariamente depende del ciclo de 24
horas de luz y oscuridad: los ritmos de actividad son innatos y autosustentados.
Quiere decir que pueden persistir en un medio con ausencia de los ciclos
nocturnos-diurnos.
En la década del 60, Jürgen Aschoff mostró que voluntarios
que vivían en un bunker aislado, sin luz natural, ni relojes,
ni nada que indicara el paso del tiempo, igualmente mantenían
un ciclo de vida de 25 horas aproximadamente.
El ciclo humano del dormir-despertar es de un día o, dicho de
otro modo, se completa un ciclo por día. Así, el ritmo
circadiano es generado por un mecanismo interno sincronizado a los ciclo
de luz y oscuridad en el medio ambiente. Sin embargo, agentes externos
pueden ocasionar cambios, de igual manera que los cambios que podrían
llamarse culturales (los relativos a las costumbres de los grupos humanos).
Tic-tac
El reloj se localiza en el NSQ, pero éste es sólo
el lugar donde el tiempo se almacena si es que es posible tan
extravagante cosa, ya que existen receptores de luz en la retina
que envían la información al NSQ. También la glándula
pineal recibe información indirectamente del NSQ. Según
parece, el NSQ toma la información solar que la retina le envió
en el día, la interpreta y la envía a la glándula
pineal que segrega la melatonina en respuesta. La luz que golpea el
ojo causa la detención de la producción de esa hormona
tan promocionada que tiene un importante rol para inducir el sueño.
La señal que reduce la secreción de melatonina es transportada
de la retina a través del nervio óptico al NSQ. Durante
la noche, el cuerpo produce melatonina, en tanto la luz del día
inhibe el proceso. Aun cuando no hay luz diurna, la melatonina sigue
produciéndose en un ciclo que tiende a ser regular. Si el NSQ
es destruido el ciclodesaparece completamente. El NSQ también
tiene un importante rol al influir en otras partes del cuerpo, incluyendo
los sistemas endocrino, inmunológico, cardiovascular y urinario.
Tu
también, mosca de la fruta
Muchas de las investigaciones sobre el reloj biológico de
los animales han enfocado sobre el cerebro, pero no es éste el
único órgano con esa función. Jadwiga Giebultowicz,
de la Universidad de Oregon, Estados Unidos, identificó las proteínas
que son el componente clave del reloj biológico en la mosca de
la fruta. También observó que estas proteínas son
producidas de acuerdo al ciclo circadiano: aumenta de noche y cae durante
el día. El ciclo persiste incluso cuando la mosca es decapitada,
lo que hace descartar la posibilidad de que el cerebro maneje todo el
sistema. Por su parte, Steve Kay del Scripps Research Institute de California,
descubrió evidencias del reloj biológico en las alas,
las patas, la boca y las antenas de la mosca de la fruta. Cada parte
tiene un fotorreceptor independiente que continúa funcionando
y respondiendo a los estímulos de la luz aun cuando se disecciona
el insecto.
Y no es la excepción: Ueli Schibler, de la Universidad de Ginebra,
en Suiza, demostró la existencia del mecanismo, también
dependiente del ritmo circadiano, en las ratas. Michael Young, del Laboratorio
de Genética de la Universidad Rockefeller, realizó un
experimento para identificar los genes y determinar las proteínas
que codifican otras proteínas para que sirvan como blanco de
terapias para un amplio tipo de desórdenes, desde los problemas
de insomnio hasta las depresiones ocasionales.
Imitaciones
Se ha dicho que el arte imita a la naturaleza, aunque algunas corrientes
artísticas modernas desdeñaron el representacionismo.
En vista de las investigaciones sobre el reloj biológico, se
podría decir que es la tecnología la que imita a la naturaleza.
Y por cierto que éste no es el único caso
es.
