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Qué
difícil es ser famosa
La
nueva sensación entre las celebridades europeas se llama Marina
Castelnuovo y su único mérito conocido es el de parecerse
vagamente a Elizabeth Taylor en sus peores momentos. El ascenso de esta
inglesa entrada en años y en kilos empezó en mayo de 1993,
cuando un Relaciones Públicas la paró por la calle y la
invitó a una cena a beneficio durante el Festival de Cannes. Tres
noches después, Castelnuovo llegó antes que Taylor (Ahí
descubrí lo que convierte a una diva en una diva: llegar lo más
tarde posible) y mantuvo confundido al enjambre de fotógrafos
durante una hora. Cuando llegó la Taylor, no sólo descubrió
que había una doble suya dando vueltas por ahí, firmando
autógrafos, sino que además las dos estaban con el mismo
vestido blanco y rosa. En siete años, Castelnuovo ya entabló
amistad con Sharon Stone, Tina Turner y Roger Clinton (hermano de Bill),
fue invitada a la Casa Blanca para la segunda asunción de Clinton,
a la entrega de los Oscar del próximo domingo y se coló
en la fiesta que la revista Talk organizó la semana pasada al fotógrafo
Patrick Demarchelier. En una de las muchas entrevistas que estuvo dando
en los últimos días, Castelnuovo dijo: Elton John
y Cher son los más simpáticos, pero Liz Taylor no quiere
saber nada conmigo. La versión de la Taylor es un poco más
contundente: No la quiero cerca. Es más, no la quiero en
el mismo edificio. Mientras tanto, Castelnuovo ya empieza a pagar
el precio de la fama: Psicológicamente, una corre el riesgo
de ser fagocitada por el personaje. Cuando en Cannes me pasaron a buscar
con una limusina y una escolta de ocho policías motorizados, me
empecé a preguntar ¿Soy yo o soy el personaje? Por eso,
cuando me piden un autógrafo nunca firmo con el nombre de Liz,
sino que garabateo algo incomprensible. Para superar el trauma,
Marinita ya escribió Liz & I (Liz y yo), un manual
de autoayuda para ayudar a otros que sean parecidos a algún
famoso. Lo que no queda claro es si la mencionada ayuda consiste
en presentar los diversos sosías al Relaciones Públicas
que la llevó a ella a la notoriedad.
Todos
ganan
A última
hora del viernes, nueve días antes de la entrega de sus premios
anuales, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood
emitió un comunicado de prensa en que de alguna manera reconoció
que éste no es su año. Según confesó la magna
institución mediante su comunicado, un número no identificado
de estatuillas que iban a ser entregadas el próximo domingo desapareció
de un muelle cerca de Los Angeles, a donde habían sido enviadas
por la empresa que las fabrica en Chicago. Acerca del total de estatuillas
faltantes, las cifras son contradictorias: algunos calculan que una veintena,
otros redondean para arriba y aseguran que desaparecieron todas. Lo cierto
es que sus dueños legales ofrecen cincuenta mil dólares
de recompensa a quien pueda recobrarlas o dar precisiones sobre su paradero.
La desesperación de la Academia es comprensible, sobre todo si
se considera que hace dos semanas desaparecieron cuatro mil de las 5067
boletas de votación que consagrarán a los ganadores. La
incertidumbre ahora es doble: quién ganará y qué
le van a dar. A menos que la Academia queme las naves y salga a reivindicar
aquello de que Lo importante es competir.
Llamado
a la solidaridad
Al parecer,
el alcohol causa estragos entre la población masculina de Kenya.
El martes pasado, un grupo de esposas irrumpió en la comisaría
de Kandara, un pueblo al norte de Nairobi, para exigir al comisario que
clausurara de inmediato los bares del pueblo o, caso contrario, ordenase
a sus agentes que les hicieran el amor ahí mismo para suplir la
atención que sus maridos les niegan. El grupo de mujeres, en representación
de 24 grupos femeninos de la Iglesia Católica, argumentó:
Nuestros compañeros se han convertido en vegetales. Salen
de casa temprano y regresan borrachos. No hay nadie que satisfaga las
necesidades sexuales de sus esposas y esto trae aparejado una disminución
en la población. Lo sospechoso es que, hasta hoy, los bares
de Kandara siguen abiertos y ninguno de los medios locales dieron a conocer
la respuesta del comisario (aunque no cuesta demasiado imaginarlo ordenando:
Muy bien, muerte a los bares, pero antes un poquito de dunga dunga).
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