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Colombia
Playa del Caribe

Santa
Marta, sobre el Caribe colombiano, se hizo famosa como destino de buceo
y de vacaciones. Además de ser una puerta abierta a la selva
tropical y a un parque arqueológico con vestigios de culturas
primitivas, todos los 20 de enero se realiza aquí la fiesta folklórica
del caimán.
Por Graciela Cutuli
Los
mapas de Santa Marta muestran hacia el interior de las tierras grandes
extensiones verdes que quieren traducir las selvas tropicales del norte
de Colombia, y sobre el mar una franja azul jalonada de decenas de banderitas
rojas cruzadas por una franja blanca: la divisa que identifica a los
buceadores. Hoy resulta difícil pensar que esta bahía
alegre pero apacible que se convirtió, gracias a la dulzura del
clima, en un destino muy buscado para quienes sueñan con unas
vacaciones hechas de palmeras, sol y playa, pudo ser en el pasado, cuando
los primeros españoles llegaron a América, el escenario
de luchas feroces que concluyeron inevitablemente con la derrota de
los indígenas. Aquí también se refugió Bolívar
en sus últimos días, ya pasados los tiempos de los ataques
piratas que habían asolado la costa en los siglos anteriores,
y ya terminado su sueño de unir al continente. Por eso, más
allá de los atardeceres de postal que se complacen en mostrar
las guías turísticas, Santa Marta tiene una historia que
contar.
El
Rodadero
Las playas de El Rodadero son las más conocidas, y las mejor
equipadas para el veraneante que quiera convertir su tiempo libre en
horas de actividad. La franja costera de arena fina y la transparencia
del agua atrajeron a los turistas y, paradójicamente, la propia
naturaleza ayudó a llenar el lugar de restaurantes, hoteles,
campings, cines, juegos para chicos y negocios de recuerdos. Por eso,
si bien vale la pena pasar por el Acuario y Museo del Mar, donde se
exhiben los corales y otras especies del Caribe, como tiburones y barracudas,
pero que sobre todo atrae a los más chicos con espectáculos
de focas y delfines, los amantes del buceo prefieren el pueblo de Ta
ganga, que queda a pocos kilómetros por un camino muy agradable,
entre el golfo y las montañas, entre los precipicios que dan
al mar y las laderas donde florecen cactus altos como una persona. En
la aldea, casitas de techo de paja desparramadas aquí y allá,
la mayoría de los habitantes viven de la pesca, y cada atardecer
vuelven con los frutos del mar a extender sus redes y ofrecer el pescado
sobre la playa. Para los buceadores, Taganga es un pequeño paraíso
menos frecuentado que El Rodadero, pero con el toque de fiesta que le
ponen los domingos a la mañana las orquestas y los turistas que
llegan desde Barranquilla a disfrutar de los ritmos caribeños.
Cuando cae la noche, sin embargo, lo mejor es quedarse en los hoteles
disfrutando de la calidez de los colombianos, sin aventurarse demasiado
en las calles del pueblo.
Los
colectivos pintorescos de Santa Marta bien valen un paseo típico.
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Playas
colombianas. Aguas ideales para bañistas y buceadores.
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Parques
Nacionales
Abierto hacia el Caribe desde la Sierra Nevada de Santa Marta, el Parque
Nacional Tairona se extiende sobre unas 15.000 hectáreas de tierra
y mar, y muestra un contraste extraordinario con las secas montañas
de otras regiones. Cocos, mangos y guayabos son los frutos tropicales
nacidos de la conjunción del calor y la humedad de la selva;
mientras tanto, en las orillas casi desérticas donde las aguas
turquesas avanzan en olas más o menos tranquilas, los cocoteros
ponen un toque de sombra sobre la arena de hermosísimas bahías
como Concha y Gairaca, o las playas de Cañaveral y Arrecifes.
Privilegiados dueños de este jardín florecido frente al
mar son los pájaros, los monos, las iguanas y las ardillas, los
mismos animales que formaban parte de la vida cotidiana de los indios
tairona, pero que, a diferencia de ellos, pudieron quedarse en sus tierras.
De lo que fue una cultura bien desarrollada hoy sólo quedan entre
la densa vegetación, en el sitio llamado Pueblito, casitas de
piedra, habitaciones, templos, terrazas de cultivo, cerámicas,
puentes, avenidas, canales y escaleras. Se puede llegar tomando la ruta
troncal del Caribe desde Santa Marta y desviándose en el kilómetro
20 (Calabazos), desde donde hay que seguir unas tres horas a pie o a
caballo, pero también partiendo de Cañaveral, pasando
por Arrecifes y subiendo luego por un sendero de piedra escalonado que
construyeron los tairona hace siglos. Otra de las reservas a las que
se accede desde Santa Marta es el Parque Nacional Isla de Salamanca,
21.000 hectáreas comprendidas entre la margen derecha de la desembocadura
del río Magdalena, la Ciénaga Grande (la mayor laguna
de Colombia), el Caño Darién y el Caribe. Por aquí
pasan aves migratorias y anidan especies nativas; viven también
entre los árboles del bosque tropical pantanoso numerosos mamíferos
y reptiles que se pueden divisar a distintas horas del día. Cocodrilos,
flamencos, serpientes, pájaros multicolores: las sorpresas son
constantes en este lugar que es punto de reposo obligado de las aves
americanas durante su período migratorio. Hacia el oeste del
parque, el toque distintivo lo pone la exuberancia de los mangles, mientras
en otros puntos parece reinar el más absoluto desierto. La Ciénaga
Grande, a 23 kilómetros de Santa Marta, uno de los límites
del Parque Nacional, es un gran pantano nacido de las crecidas del río
Magdalena, que inunda las llanuras durante ocho meses al año;
sus aguas saladas son riquísimas en numerosas especies de peces.
Pero no sólo llama la atención la fauna: la vista enseguida
se detiene en algunos racimos de pequeñas canoas, pertenecientes
a los pescadores que viven en los pueblos lacustres de Trojas de Cataca
y Buenavista, un curioso fenómeno urbano que no puede evitar
exhibir costados de gran pobreza.
Parque
Nacional Tairona. Pasarelas sobre el Caribe.
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Playas
de Arrecifes, una postal agreste del Caribe colombiano.
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Santa
Marta ciudad
Si bien es común que, yendo en busca de playas y selva, la propia
Santa Marta quede de lado, vale la pena recorrer el casco urbano de
esta ciudad que es terminal del Ferrocarril del Atlántico. Empezando,
como en toda ciudad de origen español que se precie, por la Catedral,
o Basílica Menor. Una fusión de estilo romano renacentista
con algunos elementos de barroco dio como resultado esta iglesia totalmente
blanca de fachada sencilla, que culmina en una torre campanario de cúpula
acebollada. La calle principal es la Avenida del Fundador (hace referencia
a don Rodrigo de Bastidas, enterrado justamente en la Catedral), convertida
en parte en paseo peatonal recientemente, cuando se celebraron los 450
años de la fundación de Santa Marta. Por la tarde, son
las horas más lindas para pasear, porque frente a los restaurantes
y cafeterías se van reuniendo los músicos y conjuntos
típicos que no vacilan en cantar las canciones más conocidas
del repertorio local. Los interesados en las culturas precolombinas
de esta región pasarán también por el Museo Etnológico
y Antropológico Claustro de San Agustín, un antiguo convento
de los dominicos restaurado y convertido en museo arqueológico,
y por el Museo del Oro, que guarda las piezas de oro fabricadas hace
casi mil años por los indios tairona. Enfrente de la ciudad,
en medio de la bahía, un morro recuerda que la hoy turística
Santa Marta estuvo alguna vez a merced de los piratas, y que desde allí
se vigilaba el mar para prevenir posibles ataques. Varios siglos más
tarde, de los piratas no hay huellas, de modo que el morro quedó
más prosaicamente convertido en asiento de un faro que guía
a los barcos al entrar y salir de la bahía.
| Sierra
nevada y la ciudad perdida |
| Picos
como el Colón y el Simón Bolívar, de casi 5000
y 6000 metros de altura, ponen en este paisaje tropical una corona
de nieves eternas. Es la Sierra Nevada, un macizo montañoso
situado a poca distancia del mar que alterna frente a la costa bahías
bordeadas de acantilados, playas de arena y promontorios rocosos.
Los colombianos no se olvidan de señalar que es el lugar
de montañas con nieve más cercano al Ecuador, y también
la cadena montañosa costera más alta del mundo. Es
posible visitar la región en vehículos 4x4 (camperos,
como los llaman en Colombia), pero se les recomienda sólo
a los andinistas más experimentados, y se advierte sobre
todo que por razones de seguridad nunca hay que ir solo. En las
cercanías, el gran misterio de la Ciudad Perdida, un asentamiento
desaparecido antes de la conquista española, se oculta en
el corazón de la selva. El sitio fue descubierto en los años
70 por dos colombianos, a unos 1000 metros sobre el nivel del mar:
allí los taironas construyeron un conjunto de 160 terrazas,
22 anillos de viviendas, 200 manzanas y extensos muros de contención
como defensa. Arboles gigantes, lianas, orquídeas salvajes,
líquenes y hongos cubren todo el entorno, entre montañas
de más de 5000 metros de altura envueltas en una niebla permanente.
Se puede llegar a la Ciudad Perdida, siempre con guías, en
excursiones en helicóptero que llevan alrededor de una hora
de vuelo, en 4x4 o bien caminando varios días por la selva. |
| Datos
útiles |
Se
puede llegar a Santa Marta en avión, desde el interior
de Colombia, al aeropuerto Simón Bolívar. Por tierra,
la carretera Troncal de Oriente parte de Bogotá y pasa
por Fundación, Bucaramanga y Tunja. Desde la capital también
se puede tomar la ruta que cruza a Medellín, Cartagena
y Barranquilla (entre Barranquilla y Santa Marta hay unos 100
kilómetros, que pueden recorrerse en una hora y media aproximadamente).
Para desplazarse en la zona, el taxi es uno de los medios más
comunes. En distancias cortas, se rige por tarifas fijas y predeterminadas;
siempre hay que averiguar de antemano cuánto cuesta el
viaje. Entre Santa Marta y El Rodadero, muchos eligen desplazarse
en ómnibus, de frecuencia bastante regular.
Acuario y Museo del Mar de El Rodadero: Carrera 1ª
con calle 8 esquina, edificio Fuentemar, local A3. Teléfono
227 222.
Parque Nacional Tairona: se puede ingresar entre las 9.30
y las 17.30; la temperatura oscila entre los 19 y 33 grados.
Imformes: Transvaal. Teléfono: 4311-9002 |

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