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GUILIN El segundo destino turístico de China

Una excursión en barco por el río Lijiang, el paisaje chino por excelencia, único en el mundo por su belleza y originalidad, que fue pintado innumerables veces sobre seda. El poblado de Yangshuo, una meca para mochileros, rodeado de montañas. Paseos en bicicleta recorriendo campos de arroz y ancestrales poblados campesinos.


Por Julián Varsavsky

Los célebres pintores de paisajes chinos de los siglos XII y XIII creaban sus obras con fines mucho más sublimes que el de decorar las paredes de un palacio. Aquellos cuadros rectangulares pintados sobre seda, que se guardaban enrollados en preciosos estuches de madera, eran desplegados solamente en los momentos de calma e intimidad absolutas, del mismo modo en que se abre un libro de poesía. Su contemplación era el punto de partida para sumirse en la apacible meditación interior, la misma que impulsaba al artista a pasarse horas admirando un paisaje que luego reproducía al volver a su casa. Con frecuencia, el pintor añadía unas líneas poéticas que también reflejaban el dominio del estilizado arte de la caligrafía china. En estos cuadros de perspectiva bidimensional abundan esas extrañas montañas de punta roma emergiendo entre las nubes, y jalonando el río surcado por estrechos sampanes de bambú que avanzan con tal suavidad que ni siquiera dejan estela. En la lejanía, entre los pinos y las cañadas de bambú, algún cerro es coronado por una inalcanzable pagoda roja de cinco pisos. Estos paisajes de belleza perfecta, verdaderas postales del paraíso, tienen su correlato auténtico en el extremo sur de China (provincia de Guangxi), cerca de Vietnam. Aquí se inspiraban aquellos pintores medievales frente a una de las vistas más deslumbrantes que existen sobre la tierra.


Las luces de Yangshuo parecen estrellas de una nebulosa entre las montañas.

China siglo XX Guilin es una típica ciudad china moderna reconstruida en la segunda mitad del siglo XX a raíz de los bombardeos japoneses. A diario arriban a la ciudad miles de turistas que se alojan en lujosos hoteles, atraídos por los escenarios naturales que depara la travesía en barco por el río Lijiang, hasta el poblado de Yangshuo (83 kilómetros). El 95% de los turistas realiza la excursión en este sentido, pero la experiencia más interesante es, sin lugar a dudas, la inversa: ir por tierra hasta Yangshuo, alojarse allí unos días, y hacer la travesía río arriba.

Hacia Yangshuo Al llegar a Guilin abandonamos el aeropuerto en taxi y nos dirigimos directamente a la estación de autobuses (basta con indicarle al taxista “bus station”). Una vez allí, no hizo falta decirle a los choferes hacia dónde nos dirigíamos: “¡Yangshuo!”, vociferaban a coro. Una de las estrategias para estirar el presupuesto que utilizan los mochileros en Asia consiste en pagar por los servicios su precio real en moneda local... Luego de cinco minutos de negarnos a subir a los colectivos, el valor del ticket pasó de 40 a 4 yuans (un dólar).
Camino a Yangshuo descubrí que a mi lado viajaba una joven china de sonrisa casi caribeña. Era profesora de inglés en el secundario del pueblo y sin embargo resultaba muy complicado entenderse con ella: los chinos -incluso los profesores-. generalmente escriben inglés en vez de hablarlo. Tienen grandes dificultades para pronunciar correctamente, y cuando lo intentan, igual parece que estuviesen hablando en chino.


El color de la primavera en los campos de bambú cerca de Yangshuo.

Meta de mochileros Yangshuo es un pueblito a la vera del río, encajonado en medio de diez picos montañosos que forman un estrecho valle. Es la meta elegida por mochileros de todo el mundo, en busca de una atmósfera tranquila que sirva de base para distintas excursiones en barco o bicicleta. Yangshuo está rodeado de idílicos parajes donde nadar a la luz del sol o de la luna, visitar ancestrales pueblos, o internarse en grutas de estalagmitas y estalactitas del tamaño de una catedral. Unos minutos alcanzan para subir los 300 metros de algún cerro vecino, y observar desde allí el techo de nuestro hotel.
Cada día, alrededor de las 2 de la tarde, desembarcan en Yangshuo más de mil turistas llegados desde Guilin (conviene no estar allí), pero en apenas dos horas todos se habrán ido.

Vino de cobra y souvenirs A la noche, chinos y extranjeros se encuentran en los bares al aire libre para comer caracoles y tomar cerveza o vino decobra. La variedad de idiomas que se oye es asombrosa: inglés, francés, alemán, hebreo, español, japonés. Allí uno aprende a diferenciar claramente el idioma chino tradicional del cantonés, por la distinta entonación.
La noche es también un buen momento para las compras. Los souvenirs por excelencia son los cuadros plegables con paisajes al estilo clásico, o simplemente grabados con caracteres chinos (uno mediano cuesta 3 dólares). Otra opción son los abanicos gigantes pintados a mano (2 dólares) o una inacabable variedad de artesanías que incluyen desde colgantes tibetanos hasta perfumeros tallados en madera y cajas chinas.

Por el río Lijiang La travesía por el río Lijiang se inicia al día siguiente con el resplandor del alba. Por los ventanales del barco desfilan las montañas que aparecen y desaparecen entre la bruma. Finalmente, las nubes se elevan para descubrir esas particulares cimas semejantes a jorobas de camello. Los nombres son de lo más inspirados: El Cerro de la Rana Despertando, La Colina del Elefante Hundiendo la Trompa en el Agua, La Tortuga Subiendo a la Montaña, El Camello Cruzando el Río...
La belleza del paisaje montañoso se duplica invertida sobre el reflejo inmóvil del río, mientras en cada orilla la brisa mece los bambúes atiborrados de hojas. Un aroma fresco a caudal de agua excita las sensaciones, y desde la lejanía nos alcanzan el piar fugitivo de los pájaros y el murmullo de los manantiales que brotan de las montañas para convertirse en cascadas. De vez en cuando se cruza algún pescador sobre su frágil balsa de bambú que no deja estela, igual que la del cuadro. En la embarcación viajamos unos pocos turistas -.la mayoría lleva su bicicleta alquilada sobre el techo-. y a las tres horas comienzan a cruzarse los barcos que vienen desde Guilin llenos de pasajeros disparando sus cámaras como ametralladoras.
A las cinco horas de viaje estamos extasiados con la belleza del paisaje, tan idílica que se torna monótona.


El paisaje tantas veces pintado sobre seda: las montañas, la niebla y un sampan de bambú por el río Lijiang.

Es evidente que alcanzamos una cumbre; que el paseo por el río no depara otra cuota más de placer -.por más que se la desee–. La certeza de plenitud nos está señalando que desandar el mismo camino río abajo podría ser bastante aburrido... Pero allí donde termina el deleite para quienes hacen la excursión desde Guilin, recién comienza la aventura para nosotros. Ya no más descansar tirados boca abajo sobre la proa del barco; de ahora en más todo es pedalear serenamente entre los arrozales.

Campos de arroz No sabemos a ciencia cierta en qué poblado hemos desembarcado (hay muchas paradas y uno puede bajar donde quiera, o volver en el barco). Esta es la primera de las aldeas campesinas aisladas de la civilización moderna que cruzaremos en el trayecto. En toda China hay millares de estos poblados; no se debe olvidar que el 72% de la población vive en el campo. A los diez minutos de recorrida, ya no se ve otra cosa que verdes campos de arroz inundados, que se extienden por varios kilómetros a cada lado de la carretera. El sol transmite su brillo al verdor de los arrozales, mientras los campesinos trabajan con el agua hasta las rodillas, escondiendo sus enjutos rostros bajo el tradicional sombrero cónico. Cuesta imaginar un aire más puro y lozano que el que nos acaricia la cara al recorrer los sembradíos.


El pescador chino y su balsa de bambú se deslizan suavemente
en el reflejo de las montañas sobre el río inmóvil.

“Ma-la-do-na” en la lluvia Sin advertencia previa se desató una torrencial lluvia con sol que duró unos instantes. Ocurrió justo a mitad de camino entre un pueblo y otro, en medio de los arrozales, donde no había un solo lugar para guarecerse. Avanzando a duras penas contra el viento, alcancé la primera casa de un poblado, una especie de almacén. Ya casi no llovía, pero igual ingresé al ansiado refugio chorreando agua. Allí, un grupo de hombres en cuclillas, formando un círculo en lapenumbra, seguía las instancias de un extraño juego de fichas colocadas sobre el piso. No habían notado mi grotesca aparición bajo el marco de la puerta, hasta que uno de ellos me divisó y exclamó algo con severidad. Todos levantaron la cabeza al unísono y estallaron en una estridente e interminable carcajada que debe haberse escuchado en todo el pueblo. Un poco más diplomáticos, no tardaron en ofrecerme té de jazmín y una toalla, y balbucearon algo de un tal “Ma-la-do-na”.

Una casa de la dinastía Ming El último destino es Xingping, una aldea de pescadores fundada hace 500 años. Una calzada de piedra conduce a la famosa casa de Zhao Jiashuai, una construcción tradicional, con sus ventanas finamente talladas en madera, construida durante la dinastía Ming (siglo XVII). Los pescadores de Xingping también son agricultores, ya que cada una de las 139 casas del pueblo posee un huerto con un centenar de árboles de pomelo.
Todos los senderos conducen a Yangshuo. Teniendo como referencia el río es difícil extraviarse. Sólo resta dejarse llevar, un poco por la intuición, otro poco por el azar. No hay mucho más para decir de estos paisajes. Ni las redundantes palabras ni las fotos dan una idea de lo que significa navegar por el río Lijiang y recorrer sus alrededores... Aunque una exclamación, presuntuosa y trillada, califica estos paisajes con brutal exactitud: ¡Qué belleza!


Cada tanto aparece una pagoda roja y azul sobre
los márgenes del río.

pescando con
los cormoranes
En el poblado de Yangshuo hay una suerte de espectáculo nocturno muy fuera de lo común. Alrededor de las 9 de la noche parten excursiones en barco para observar a los pescadores en canoas de bambú, pescando con la ayuda de cuatro o cinco cormoranes. Aquí el verdadero trabajo lo realizan las aves, que nadan atadas delante de la embarcación, mientras que el “pescador” se limita a supervisar las labores. Un farol suspendido en la punta de la canoa ilumina el agua para que las aves vean a los peces y los atrapen con el pico. Pero los cormoranes llevan un anillo en el cuello que les impide tragar. Entonces, el “esforzado” pescador toma el pescado con la mano y lo coloca en una cesta. Finalmente, cuando el capataz de los cormoranes pescadores considere que se ha producido lo suficiente les quitará los anillos y las aves se despacharán a gusto con sus futuras presas.

la caverna de la flauta de caña
Guilin es una zona de cavernas de piedra caliza. Alcanza con visitar una sola (la de la Flauta de Caña); la más deslumbrante de todas, con sus gigantescas estalagmitas y estalactitas, sus pilares y cortinas de piedra, y 70 inscripciones en tinta que datan de año 792 d. C (dinastía Tang). La caverna, ubicada al noroeste de Guilin, mide 240 metros de largo y fue utilizada durante la Segunda Guerra Mundial para guarecerse de los bombardeos. Dice la leyenda que las cañas que crecen en los alrededores de la caverna servían para hacer maravillosas flautas.

datos utiles
Cómo llegar: Quantas vuela a Pekín (con escala en Sydney) por 1750 dólares. La conexión hasta Guilin cuesta 120 dólares.
Dónde alojarse: Holiday Inn Guilin: calle Ronghu South 14. Tel.: 2823950 - En Yangshuo hay una gran variedad de hotelitos aceptables y limpios, donde una habitación doble ronda los 10 dólares. No se puede pretender la comodidad de los hoteles de Guilin, pero el silencio perfecto de la noche y el aire puro no tienen precio.
Qué comer: en Yangshuo abundan restaurantes muy baratos donde probar una variedad de comida china que parece infinita. Recordar el nombre de algún plato es imposible, así que conviene leer en los menús la composición de las comidas (están en inglés). La mayoría son variaciones en base a arroz, todo tipo de vegetales y carne. También hay pastas (los chinos fueron quienes inventaron esta comida), y para paladares conservadores nunca falta una hamburguesa o un tostado de jamón y queso.
Donde nadar: En los alrededores de Yangshuo existen lugares casi secretos para ir a nadar. Una buena forma de encontrarlos es tomar la bicicleta y dirigirse hacia el sur, hasta alcanzar el puente Yangshuo, y tomar un sendero que nace hacia la izquierda. Hay que seguir por ese camino un rato, cruzar un caserío y tomar un bote hasta el otro lado del río. A lo largo del camino que bordea el río Lijiang sobran los lugares para nadar en absoluta soledad.