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FRANCIA Turismo, historietas y arqueología
Un día en la Galia


En las afueras de París, dos lugares permiten revivir los tiempos de los romanos y los galos de manera muy distinta. En el Parque Astérix, se recuerda al mundo antiguo con humor, bajo el sello del famoso personaje de historieta creado por René Goscinny y Albert Uderzo. En Beaune, región de Borgoña, se lo recreó en cambio rigurosa y científicamente en un complejo turístico-arqueológico.

Por Graciela Cutuli

Desde muy chicos, los franceses repiten en las aulas de la primaria que sus ancestros son los galos, el pueblo celta que vivía en el “Hexágono” –como suelen llamar a su país– antes de la ocupación romana. El primer héroe nacional de Francia se remonta así al siglo I antes de Cristo, y se trata justamente de Vercingetórix, un joven príncipe galo que encabezó la última coalición de su pueblo frente al invasor romano. Y ya se sabe cómo termina la historia: la Galia fue vencida por César en aquellas guerras cuya crónica dio dolores de cabeza a más de un estudiante de latín en los siglos posteriores, y se volvió una nación latina después de casi cinco siglos de pax romana. Sin embargo, mucho de aquellas remotas épocas anteriores a los romanos se puede ver hoy todavía en Francia, en su paisaje y en su toponomia: empezando por la capital, que no se llama Lutecia (su nombre latino) sino París, una herencia de la tribu celta de los “parisii”, que allí vivían. Y es curioso que, a pesar de la fuerte latinización del territorio, tampoco el nombre del país se les deba a los romanos: porque Francia era para ellos la Galia, pero su denominación actual recuerda que fue también la tierra de los francos, un pueblo de origen germánico.
La cuestión es que para recrear la vida en aquellas lejanas épocas se llevaron a cabo en Francia dos proyectos que resultaron igualmente exitosos, pese a lo diferente de sus miradas sobre el pasado, y a sus propósitos, que resultan ser bastante opuestos. El Parque Astérix es un parque de diversiones proyectado según el modelo norteamericano, pero con un toque –¡por Tutatis!– inevitablemente galo. Por el contrario, el Arqueódromo de Beaune es muy pedagógico y fue construido gracias a investigaciones científicas avanzadas, con el objetivo de reconstruir algo del mundo tal como era hace más de 2000 años.


El “fanum” era un templo galo construido sobre el modelo de los templos romanos.

Astérix come hamburguesas
Al norte de la capital francesa, al borde de la autopista que lleva a Bruselas, un pueblito galo resiste aún y más que nunca frente al invasor de hoy: el modernismo (llámese globalización, por ejemplo...). Como en las historietas de Astérix, este pueblo quedó afincado en el mundo clásico. Se corren carreras de cuadrigas, se respeta todavía la disciplina de las legiones, se comen buenas hamburguesas... de jabalí. El Parque Astérix fue creado sobre la base de las aventuras del célebre galo dibujado, pero en algo ha hecho su concesión la temida modernidad: se trata, en efecto, de un centro de diversión “a la americana”, con muchas atracciones, numerosos espectáculos y reconstrucciones con detalles notablemente fieles de los edificios y paisajes salidos de la imaginativa pluma de Uderzo. Es así que en el centro del complejo se encuentra la famosa aldea que la valentía de un puñado de excéntricos habitantes convirtió en la última porción de la Galia que César no llegó a ocupar. Está cada una de las casas, tal como cada uno la imaginó: la del jefe, la del vendedor de pescado, la del bardo que espantaba a todos con sus desafinados cantos desde arriba de un árbol. Una curiosa forma de realidad virtual que pertenece al mundo de la historieta: el mundo de papel se hizo realidad... o bien la realidad entró en un dibujo.


Sorpresas en el parque: una de las cabezas del pintor italiano Arcimboldo.

“Vis comica”
En la entrada del parque, una leyenda advierte que el lema del particular mundo de Astérix es “vis comica” (la fuerza de la comicidad): y no hay duda de que cada detalle fue pensado para lograr este objetivo. Desde los graffiti sobre las paredes del centro comercial griego hasta los carteles de la ciudad romana, o las construcciones desastrosas del decadente arquitecto egipcio (quien no lo recuerde vaya corriendo a repasar Astérix y Cleopatra). Cada sector del parque hace referencia a una de las regiones del mundo antiguo mencionadas en los célebres álbumes, y cada uno de ellos tiene sus propias atracciones, juegos, restaurantes (para las ya mencionadas hamburguesas de jabalí) y –también en esto el designio de los parques norteamericanos hizo escuela– sus negocios de recuerdos.

Desfilando con Obélix
Para los que quieren más, lo hay también. Empezando por la reconstrucción de París a fines de siglo pasado, y una plaza medieval donde modernos juglares, a la usanza de los antiguos, presentan sus acrobacias y destrezas, como en las fiestas populares de seis o siete siglos atrás. No menos sorprendente resulta encontrarse con la enorme reconstrucción, en tres dimensiones, de una de las cabezas de Arcimboldo, el pintor italiano que formaba figuras componiéndolas sobre la base de decenas de imágenes de frutas, verduras, flores u hojas que armaban curiosos y perfectos collages. Para el verano, hay también paseos acuáticos, y sobre todo la posibilidad de volver a vivir la infancia al cruzarse con los Astérix y Obélix de carne y hueso que desfilan todo el día por el parque, muchas veces para abrazarse con los más chicos, pero otras tantas para sacarse fotos al lado de padres tan entusiasmados como sus propios hijos por el encuentro con sus héroes.

El reino de Vercingetórix
La otra propuesta está un poco más lejos y es un poco más austera. Es también un parque, pero aquí la pura diversión deja lugar al descubrimiento, y la reconstitución fantasiosa a la reconstrucción científica. El “Archéodrome” es un magnífico parque en el que se recrearon escenas y viviendas que se remontan hasta los tiempos prehistóricos, en un área de descanso y servicios ubicada en el sitio donde se juntan dos de las autopistas más transitadas de Europa: la que va de París a la costa mediterránea, y la que llega a la capital francesa desde Alsacia y Alemania. En este lugar hay dos circuitos de visitas: el primero se hace intra-muros, y en lo que es tanto un museo como un sendero de descubrimiento bajo techo se puede visitar desde un túmulo (tumba de la Edad de Hierro, unos 700 años antes de Cristo) hasta una villa galo-romana de los primeros años de nuestra era, la reconstrucción en una fuente rocosa del nacimiento del Sena o bien el sitio de Solutré, al que cada año peregrinaba el ex presidente François Mitterrand: se trata de un acantilado que dominaba la llanura y que utilizaban los cazadores del Neolítico para ahuyentar las manadas de caballos hacia el borde, de manera que se estrellaran contra el suelo y pudieran así comerlos.
En el circuito exterior, el Arqueódromo presenta verdaderas curiosidades, todas construidas con técnicas de las épocas presentadas y avaladas por estudios científicos. De hecho, el parque tiene una clara vocación pedagógica: si durante el verano son legiones las familias de vacaciones que bajan por la autopista hacia el sur y hacen una escala para visitarlo, durante el año escolar son en su mayoría colegios los que se acercan para participar en un curso de historia al aire libre. Los alumnos pueden visitar una granja gala, caminar sobre un trozo de vía romana, descubrir las fortificaciones de Alesia (donde fue derrotado Vercingétorix) y también sacar fotos a lobos que viven en el lugar.


El momento más esperado: la visita al pueblo de Astérix, con sus casas idénticas a las de la historieta.

Granja milenaria
Durante el verano boreal, la visita es más interesante y activa gracias a la presencia de actores y artesanos, ataviados con trajes de época, que hacen vivir estas construcciones y recuperan gestos de más de 2000 años de antigüedad: aparecen como granjeros, pero también alfareros, herreros, pastores o soldados. En la granja, todo el año se pueden ver los animales que criaban los hombres de aquellos tiempos, como el cerdo de piel negra (se utilizan chanchos de Gascuña, que conservaron muchos de los rasgos de sus antepasados), la oveja soay (de una isla de Escocia, que tampoco cambió demasiado con el paso de los siglos) y vacas de la isla de Jersey, cuya pequeña estatura muestra que la selección y la creación de razas es posterior a la era gala. En cuanto a los caballos, se exhiben los poneys pottock, del actual País Vasco. Son caballos de baja estatura, muy parecidos a los tarpanes, los caballos primitivos de Europa.
Para terminar la visita del Arqueódromo, hay que caminar por la vía romana que pasa frente a la necrópolis, ubicada –como solía ser en el pasado con todos los cementerios– al borde del camino, a la salida de los pueblos. En este caso, se reconstruyeron y colocaron en el piso estelas de piedra esculpidas, que señalaban el rango social del difunto.


Las estelas funerarias del Arqueódromo: rangos sociales en la necrópolis.

El Espace Bourgogne
Antes retomar el camino, el visitante puede pasar por el Espace Bourgogne, una sala dedicada al turismo en esta región del centro-este de Francia, famosa por sus vinos y su gastronomía, pero también por su cultura y sus monumentos. Y aquí ya no se trata del pasado sino de un presente que convierte a la provincia en una verdadera meta turística donde no falta la buena mesa.

datos útiles
El Parque Astérix está abierto desde el 1º de abril hasta el 15 de octubre, desde las 9 hasta las 19 (las 18 en septiembre, octubre, abril y mayo). En mayo y septiembre está cerrado algunos días.
La entrada al parque cuesta U$S 27 por un día o U$S 48 por dos días, para los adultos. Los menores pagan U$S 20 por día o U$S 35 por dos días. En el parque hay un hotel que ofrece pasar la noche a partir de U$S 90 por persona.
Para llegar, si no se dispone de auto, se pueden comprar en las estaciones de ferrocarril o subte boletos que combinan metro y ómnibus (U$S 34 ida y vuelta para un adulto, y U$S 23 para un niño).
Para más información sobre los horarios, las tarifas y las atracciones previstas este verano, el sitio del parque en Internet es www.parcasterix.fr.
El Arqueódromo de Beaune se encuentra en la salida de Beaune, sobre la autopista A6 que va de París a Lyon y el Mediterráneo. Está abierto todo el año, de 9.30 a 19 en verano, y con horarios más restringidos en invierno, de octubre a marzo. Un sitio en Internet da más detalles sobre sus reconstrucciones y horarios:
www.archeodrome-bourgogne.com