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COSTA RICA Ecología y turismo


Una naturaleza deslumbrante y... muy protegida. Con una cuarta parte de su territorio bajo el régimen de parques nacionales, Costa Rica es una de las mecas mundiales del ecoturismo. Costas sobre el Pacífico, playas sobre el Atlántico, selvas, flora y fauna de todos los colores y tamaños. ¿Algo más? Sí: 68 volcanes, entre los que se destaca una estrella de fuego: el volcán Arenal.

Por Raquel Robles

Aquí estudiamos para ser mejores” es el graffiti que más se lee en Costa Rica. Emplazado entre Nicaragua y Panamá, este país centroamericano se ha mantenido al margen de la historia de convulsiones sociales de la región y sigue siendo un lugar tranquilo, con una clase media a la argentina (en épocas mejores que éstas) y una atención casi obsesiva por la educación. En cada pueblito, por pequeño que sea, hay una escuela. Quizá por esta razón, Costa Rica está considerado como uno de los países que más respeto tiene por sus recursos naturales. El 25 por ciento de su territorio está bajo algún régimen de protección, lo cual lo convierte en un destino imperdible para los viajeros ecologistas.
El turismo es una de las mayores entradas con la que cuentan los “ticos”, como se llaman a sí mismos los costarricenses. Están sumamente acostumbrados a tratar con gente de los países más diversos y son siempre muy amables y bien dispuestos a la hora de ayudar al viajero. Además, y por si esto fuera poco, desde 1949 está abolido el ejército y los policías distan mucho de tener la actitud represiva de otros países.
Pero no todo son buenos modales. Privilegiado por la naturaleza, Costa Rica tiene mucho para ofrecer. Desde sus costas dignas de película del lado del Pacífico y sus playas impregnadas de cultura jamaiquina del lado del océano Atlántico, hasta 68 volcanes, siete de los cuales ofrecen cada uno un espectáculo distinto. Lo mejor es alquilar un auto (si es 4 x 4 mejor) y recorrer hasta donde alcance el tiempo. Las distancias son cortas en cualquier sentido que se elija, y todo vale la pena. Aquí un recorrido por uno de los lugares más asombrosos. A apenas 100 kilómetros de San José, la ciudad capital, y por una ruta en buenas condiciones se encuentra una de las maravillas de Costa Rica: el volcán Arenal.

Los intensos colores de la selva se expanden sobre insólitas ranas.
Como rugido de tigre, pero es solo el grito del mono de la selva.

El día del volcán
Hasta el 29 de julio de 1968 el volcán Arenal no era más que el Cerro Arenal. Una inocente montaña solitaria llena de vegetación y animales. Tenía sus particularidades, como rocas que servían para refugiarse del frío porque emanaban calorcito y pequeñas fumarolas que brotaban en algunos puntos de sus laderas. Un vez por día más o menos tronaba, pero era sólo otro sonido que se mezclaba con el trinar de los pájaros y las conversaciones de los monos. Unos días antes de ese famoso 29 de julio ciertos hechos desencajaron con la rutina del lugar. El río Tabacón que brotaba de esa “montaña” comenzó a calentarse y los animales se batieron en retirada. La tierra se sacudió con cierta violencia la noche previa y los habitantes de La Fortuna y El Castillo, dos poblaciones cercanas, se asustaron de los rugidos del Cerro Arenal. Sin embargo, ninguno de estos signos alertó lo suficiente como para imaginar lo que sucedería. A las 7.30 de la mañana el volcán sencillamente explotó. Las temperaturas de los gases fueran tan altas que llegaron a deshidratar y carbonizar la vegetación. Los poblados de Tabacón y Pueblo Nuevo quedaron bajo la lava y se calcula que murieron alrededor de 87 personas. Dos días después una nueva erupción arrojó grandes bloques de piedras creando cráteres de hasta 60 metros de diámetro.

Un pueblo afortunado
Treinta y dos años después, reconstruidos los desmanes y con avances científicos que permiten prever la actividad volcánica, el Arenal se ha convertido en Parque Nacional y en una de las atracciones turísticas más convocantes de Costa Rica. El pueblo de La Fortuna, que era apenas uno más del Valle Central, ahora tiene hoteles, resorts e infinidad de cabañas que alojan a nacionales y extranjeros, con presupuestos desde 10 dólares la noche por persona hasta más de 100, que no quieren perderse este espectáculo increíble. No ha vuelto a matar a nadie desde entonces y sólo volvió a asustar en 1998 cambiando de ladera el flujo pirclástico, pero nada más. No ha cesado de despedir lava ni un solo minuto, aunque hay veces en que erupciona con cierta intensidad y entonces el regalo del fuego es realmente fascinante.

La inocente montaña
Si el día está nublado, el volcán puede parecer una inocente montaña, tal vez algo árida. Pero si toca la gracia de un cielo despejado es imposible no notar que algo se está cociendo ahí dentro. “Si él quiere se muestra, pero si no quiere, no hay caso”, dice Cecilia, de la localidad de Heredia, a pocos kilómetros de San José. Lo cierto es que hay que saber tener paciencia; la naturaleza no cuenta con los tiempos reglados de los hombres. Conviene tomarse unos días porque vale la pena. Con el sol, que sale muy temprano y se pone a las 17.45 PM todo el año, puede verse cómo ruedan ardientes desde el cráter hacia abajo piedras envueltas en lava. Como los vapores de un tubo de ensayo de película antigua o como un plato volador, desde La Fortuna y detrás de la iglesia y la infaltable canchita de fútbol que está donde en otros pueblos estaría la plaza, el volcán deja boquiabiertos a todos. Los pobladores no por acostumbrados dejan de asombrarse. Tal vez con el respeto que engendran las catástrofes naturales, o quizá con el agradecimiento por el cambio de vida que implicó para todos desde que se convirtió en atracción turística, los fortunenses no dejan de tener palabras de alabanzas para el volcán.
El espectáculo más impresionante, sin embargo, sucede cuando se esconde el sol. Si está calmo pueden verse continuas líneas rojas arañando la oscuridad. Pero si explota en erupciones entonces las emociones difícilmente quepan dentro de uno mismo. Estar “hecho un fuego” o “furioso como un volcán” son expresiones que uno se promete usar con más cuidado.

Las espectaculares flores costarricenses.
Cascadas de agua cristalinas.

Hidrobellezas
Al pie del coloso, como para que pueda ver el tinte exacto de su pirotecnia, el lago Arenal propone la calma que el volcán perturba. Aunque parece la antítesis perfecta al estilo que la naturaleza se compensa a sí misma, es una creación humana. De esas aguas sale la mayor parte de la energía eléctrica de Costa Rica. Muchos pájaros encuentran aquí una fuente vital, generando grandes oportunidades para fotógrafos o simples amantes de la observación de aves. Los vientos, que alcanzan hasta 40 millas por hora, hacen de este lugar un paraíso para windsurfistas. El volcán reflejado en sus aguas cuando cae la tarde es uno de esos golpes al corazón que vuelven a estremecernos cuando lo invoca el recuerdo.

Entre la lava y la selva
El volcán Arenal forma parte del 25 por ciento del territorio de Costa Rica protegido por el régimen de Parque Nacional. La extensión que puede ser visitada no es demasiado grande. La mayor parte tiene el acceso prohibido por razones de seguridad. A poco de entrar y pagar los 6 dólares si uno es extranjero, o diez veces menos si se es nacional, se encuentra un mirador desde donde se puede ver hacia un lado el volcán y hacia el otro el lago. Después, siguiendo un planito que dan en la entrada, se puede ir por el Sendero Natural Las Coladas, en el que es posible ver la dimensión de la avalancha de piedras de aquel famoso día en el que el cerro se convirtió en volcán. Enormes piedras amontonadas y una vegetación que todavía lucha por reponerse son testigos que cuentan en silencio la violencia del fuego. Imposible hacerlo con ojotas. A falta del infaltable equipo de trekking de yanquis y europeos, unas zapatillas vienen muy bien. Son dos kilómetros que se pueden desandar en unos 40 minutos. Para volver es interesante tomar el Sendero El Pilón, un poco más largo pero muy contrastado con el otro seco y sin el amparo de ninguna sombra. Arboles y más árboles y esa humedad tan característica de la vegetación selvática. Cangrejos de caparazón violeta y pinzas rojas se esconden a nuestro paso. Extrañas flores y todo un concierto de pájaros que se llaman y se contestan. Dicen que cuando Cristóbal Colón llegó a estas tierras confundió el grito del mono Congo con el rugido de un tigre. Más allá de lo poco avezado en ciencias naturales que podamos imaginar al genovés, escuchar aullar a este mono puede hacernos olvidar rápidamente que estamos en un Parque Nacional caminando por un sendero señalizado por el que han andado cientos de turistas antes que nosotros. Sobre todo si se lo escucha y no se lo ve. No hay nada en ese sonido que recuerde a unmono, más bien es un felino enfurecido lo que uno se representa. Pero a no alarmarse, no es más que un macho demostrando que defenderá a sus crías si es necesario.
Tomando como base La Fortuna se pueden hacer montones de excursiones y todas son muy provechosas. Cabalgatas hasta una cascada muy bonita; jugar a ser Tarzán colgando de un arnés y exudando adrenalina mientras uno se desliza por cables que enlazan distancias de hasta 70 metros a una altura de 30 (el nivel de las copas de los árboles) por cuenta de Canopy Tour (canopy en inglés quiere decir dosel del bosque); rafting en ríos agitados y la visita al refugio de vida silvestre en Caño Negro, en la frontera con Nicaragua, son algunas de las posibilidades que ofrece esta zona. En todas las opciones la observación de infinidad de aves, monos cara blanca, monos ardilla y los aulladores monos congos, perezosos, caimanes, tortugas, flamingos rosados, garzas y una vegetación increíble hacen del paseo un placer irrepetible. Mientras tanto se puede esperar a que el volcán se descubra de sus velos y se muestre en su imponencia si está nublado, o, si el cielo está descubierto, disfrutar cada noche de sus ataques de ira, que son siempre distintos, siempre asombrosos, y siempre útiles para recordar la nimiedad del hombre frente a la naturaleza.

Hidroplaceres
Otro de los encantos de este centro turístico es el beneficio de las aguas termales. Nada mejor para relajar los músculos y tersar la piel que estas aguas ricas en minerales calentadas por la actividad volcánica. Las opciones son varias. Tabacón Resort es un spa con todas las de la ley al precio de 16 dólares diarios. De ahí entran y salen señoras con guardapolvo blanco que atienden a quienes se alojan en este complejo pensado para desestresarse. Las piscinas están en frente y se puede acceder a ellas por 6 dólares por día. Son seis, algunas tienen distintos dispositivos de hidromasajes y en este lugar se proveen toallas, mesitas y reposeras y una de las piletas tiene una barra adentro del agua donde un barman en traje de baño sirve tragos a los clientes.
En el pueblo de La Fortuna se reparten unos volantes escritos a mano con marcador que promocionan otro sitio. Ambiente Natural: es un lugar donde por 500 colones, es decir un dólar y medio, uno puede bañarse en unas aguas calientes como de termotanque puesto al máximo, comerse un pescadito con arroz con leche de postre, tomarse unas cervezas y pasarla muy bien. Las aguas no son del río Tabacón, sino que brota de un hueco a poco más de un kilómetro de distancia. El lugar está atendido por una familia que fue mejorando su finca como quien se hace una casaquinta. Construyeron una pileta del tamaño de una olímpica en la que este arroyo entra y sale generando una renovación continua del agua y una cascada que hace las veces de un violento hidromasajeador. Sobre la piscina hay un hermoso árbol, que ha sido respetado por la construcción, del que pende una soga con la que se divierten haciendo de tarzanes chicos y grandes. Hay lugar para estacionar los autos y no hay nada más. Abierto hasta las 11 de la noche es un lugar ideal para ver el volcán. Otra opción es tirarse al río Tabacón y no pagar nada. La única dificultad es que no tiene playa y hay que internarse desde la ruta por entre el follaje dejando el auto en el asfalto. De noche puede ser una aventura reservada para corajudos.