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Una pequeña franja de rocas y arenas blanquísimas. Playas, palmeras y grandes resorts en esta isla caribeña con influencia europea. Rasgos arquitectónicos holandeses y colores pastel frente a un mar turquesa y transparente. Por encima o por debajo del agua, todos los deportes acuáticos. Y al caer la tarde, shows, bailes, casinos y restaurantes para disfrutar la cálida noche de Aruba.

L.F.

Una isla en el Caribe donde no soplan los huracanes. Arenas blancas, palmeras y suaves brisas. Sol en cualquier época del año, aguas transparentes y una apacible población caribeña y europea. Más que una isla, Aruba es un punto en el mapa frente a las costas de Venezuela, un pequeño lugar en el mar que sólo mide 9 kilómetros de ancho y 30 de largo. Una lengua de rocas y arena, con una colina de 188 metros de altura en el centro que se eleva entre las costas abruptas del lado oriental y las playas blanquísimas bordeadas de palmeras del lado sur y noroeste, donde están los grandes resorts.

Parece una postal de Holanda, pero son algunos edificios de Oranjestad, la capital de Aruba

Antillana y europea

Descubierta por los españoles en 1499 y ocupada por los holandeses en 1636, Aruba trasunta una cultura en la que se han integrado las raíces nativas con la influencia europea. Oranjestad, la capital arubana, se fundó a fines del siglo XVIII y su nombre proviene de la dinastía de la casa de Orange que reinaba en Holanda en esos tiempos. Aunque la ciudad creció sin seguir un patrón fijo de estilos arquitectónicos, se destacan los techos y fachadas que evocan imágenes de Amsterdam, la capital de Holanda. Los colores en tonos pastel que predominan en calles como Wilhelminastraat y los edificios más recientes que se construyeron frente al puerto le dan el “toque europeo” que identifica a esta isla y a sus hermanas Curaçao y Bonaire. Si bien las tres conforman las Antillas Holandesas, sólo Aruba logró su autonomía hace algunos años.

Aunque sus habitantes siguen teniendo la nacionalidad holandesa y la lengua oficial es el holandés, los arubanos hablan en “papiamento”, una mezcla de idiomas europeos y nativos. Pero como desde los 10 años aprenden en la escuela inglés y español, los turistas argentinos no necesitarán ni diccionario bilingüe ni traductor. Y aunque la moneda oficial es el florín, los viajeros tampoco tendrán necesidad de cambiar dinero si llevan dólares. Pero es casi imprescindible tener tarjeta de crédito no sólo para acceder a todos los servicios de los hoteles sino también para alquilar todo tipo de vehículos.

Surfwing frente a las playas. Un enjambre de velas que deslizan los vientos alisios de Aruba.

Apenas se desembarca en Aruba –ya sea del avión o de un crucero–, la amabilidad, la eficiencia y la atmósfera relajada que se respira en la isla, confirman a los visitantes que aquí está todo lo que imaginaron sobre unas vacaciones caribeñas. Playa, palmeras y sol, deportes acuáticos, excursiones náuticas a las otras islas antillanas, y una pequeña capital con restaurantes, casinos, discotecas y refinadas boutiques. De la mañana a la noche, un abanico de posibilidades para disfrutar la estadía.

Tesoro arubano

Uno de los mayores tesoros arubanos es la increíble transparencia del mar, cuya visibilidad en algunos sitios alcanza casi los 30 metros de profundidad, y la vida submarina que alberga. Por eso, los buceadores, sean expertos o novatos, se maravillarán con la diversidad de sitios que podrán elegir para lanzarse a la aventura de un paseo por ese mágico mundo sumergido. Existen unos 22 lugares identificados frente a las costas para deslizarse entre los arrecifes de coral junto a los minúsculos y coloridos peces tropicales y las más fascinantes especies de fauna submarina. Y además, los fantasmales restos de barcos que naufragaron hace décadas en los que los buceadores expertos quizá todavía podrán descubrir algunos secretos entre las cabinas y puentes que, en algunos casos, cubrieron las formaciones de coral. Los turistas más sosegados también podrán sumergirse... pero bien protegidos en los submarinos que los llevarán a recorrer el fondo del mar.

Pequeños paraisos

Sobre la superficie, todo es posible. Vientos alisios y olas apropiadas para el windsurfing, aguas suaves para el esquí acuático y la pesca mar adentro del marlin azul y blanco, la tuna y el bonito. Las mejores playas para nadar están en la costa suroeste de la isla, donde se han instalado los grandes resorts pero en la que también hay rincones aislados con blancas dunas de arena. Frente a la costa sur se encuentran unas islas, como la del hotel Sonesta, que son pequeños paraísos con aguas tranquilas y ondulantes palmeras a los que se llega en lancha desde un embarcadero ubicado en el mismo lobby del hotel y donde se puede comer en el restaurante y pasar el día refrescándose con el mar y con unos largos daiquiris. Para los más inquietos, hay instalaciones y equipos para buceo, pesca y todo tipo de actividades deportivas. Y para los que prefieren emociones más fuertes, una playa nudista con cuerpos nórdicos tendidos al sol.

La costa oriental es más abrupta y por lo tanto es menos recomendable para nadar. Sin embargo, la erosión del mar ha formado unos piletones naturales que vale la pena conocer y en los que también es posible zambullirse. En la costa norte, los visitantes encontrarán un puente de piedra que la espuma del mar fue tallando a través de los siglos, en cuyos alrededores pueden verse extraños montículos de guijarros. Cuentan que es un rito indígena –los primitivos habitantes eran los indios arawaks– y que los turistas lo han adoptado: piden tres deseos apilando tres pequeñas piedras. A lo largo del tiempo, miles de deseos han adornado el paisaje del puente de piedra.

Hacia el interior de la isla el paisaje es desértico y despojado. Un cerro de forma cónica recuerda el origen volcánico de Aruba cuando hace millones de años, la Tierra acomodó sus formas en esta región del planeta. Plantas de aloe, cactus, iguanas y lagartijas como contraparte de las palmeras y cangrejos de la costa, se pueden ver en un interesante recorrido lejos de la playa que generalmente se hace en jeeps, camionetas o autos alquilados. Una buena oportunidad para llevar la cámara y no perderse una foto del Divi Divi, símbolo nacional de Aruba, un arbusto que los vientos alisios inclinan hacia el sudeste hasta lo inverosímil. Si se está cerca de un Divi Divi, no hay posibilidad de perderse en la isla. Es una brújula natural que orienta cualquier rumbo.

Un brazo de arena, palmeras y Divi Divi tendido sobre el Caribe.

Las noches de Aruba

Si durante el día resplandece la luz del sol, durante la noche Aruba centellea con las marquesinas, letreros y farolitos de los casinos, restaurantes y barcos que se encienden al atardecer. Si de baile se trata, lugares como The Music Factory, Palladium, City One, Havana Beach o La Tisha están abiertos hasta las cuatro de la mañana. Y las fiestas más concurridas son las que se organizan en los hoteles en distintos días de la semana. Por ejemplo, los viernes se puede elegir entre la “Noche de Carnaval” en La Cabaña, “Fajitas y Ritas” en el Hyatt Regency, “Noche Mexicana” en el Holiday Inn o “Steelband” y show de moda en el Divi Aruba. Pero el lugar que nadie quiere perderse es el Charlie’s Bar, decorado por los propios y ocasionales parroquianos, donde entre baile y baile, no hay quien deje de probar los increíbles camarones que prepara su dueño.

Los juegos de azar tienen sus recintos en los once casinos, de los cuales el más conocido es el Alhambra, en realidad un gran centro de diversión donde se puede ver el show del teatro Aladdin, cenar en el Roseland o comer un enorme sandwich en el New York Deli para después ir a las mesas de ruleta, baccarat o blackjack. Pero el casino más grande del Caribe es el Royal Cabana, ubicado en el Cabana All Suites Beach Resort, donde además de apostar a los caballos y jugar a los dados o al poker caribeño, se puede llegar a escuchar en el Tropicana Showroom a estrellas del espectáculo como Gloria Estefan, Kenny G y Tito Puente.

Desde la década del 60, la afluencia ininterrumpida de viajeros impulsó la construcción de hoteles, casinos y restaurantes, y colocó al turismo como la principal actividad económica de la isla. En el siglo XV, cuando los conquistadores españoles atracaron sus barcos y recorrieron esta franja de arena y rocas sobre el Caribe, la declararon oficialmente una “isla inútil”. Claro, en esos tiempos no existía el turismo.

Grandes piletones naturales en la rocosa costa oriental

 


DATOS UTILES

Vuelos: Aerolíneas Argentinas, Varig, American Airlines, Avianca y charters de LAPA.

Población: 93.500 personas de 97 diferentes nacionalidades, incluyendo nativos de Aruba, holandeses, españoles, sudamericanos, norteamericanos y chinos.

Ubicación: Al sur del Caribe y a sólo 25 kilómetros de la costa de Venezuela, en un área fuera de la zona de huracanes.

Clima: Temperatura promedio de 28ºC todo el año. Clima seco con escasas lluvias entre octubre y diciembre.

Idiomas: El oficial es el holandés. Lengua de uso diario: papiamento (una mezcla de español, francés, portugués, holandés, inglés). La mayoría de los habitantes de Aruba hablan inglés y español.

Moneda: Florín de Aruba (AGW). Cambio: 1,77 florines por dólar estadounidense.

Internet: Programas de la Oficina de Turismo de Aruba:

www.family.aruba.com (ofertas de temporada, resorts, actividades).

www.honeymoon.aruba.com (programas para recién casados).