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BRASIL Bajo el sol de Alá
Cuenta la historia que el Jardín de Alá, rodeado por las playas de Pituba y Boca do Rio, era el lugar donde los esclavos musulmanes negros de Bahía se reunían para recordar su tierra africana, quizá un paraíso en sus memorias. Aunque esos tiempos quedaron en el pasado, la playa del Jardín de Alá parece haber sido bendecida por los cielos. Cocoteros centenarios se concentran sobre la fresca alfombra de verde césped que enmarca las blancas arenas y las cristalinas aguas del nordeste brasileño. Con su gracia divina, esta playa es una de las más bellas de la costa de Salvador, la capital de Bahía.
Para llegar desde la ciudad bahiense, el visitante puede tomar un taxi en la entrada de su hotel o también la Jardineira Municipal, un ómnibus panorámico, de ventanas abiertas, pintado con vivos colores y de fácil acceso. Si dispone de automóvil, difícilmente equivocará su destino: tan sólo tiene que seguir por la avenida de la Margen Marina que lo llevará directamente al Jardín de Alá. Después, todo es cuestión de disfrutar el lugar. Allí se pueden alquilar bicicletas para pedalear por la acera de piedras, hacer largas caminatas a orillas del mar saboreando jugos tropicales piña, guayaba, mango, marañón o pitanga o entregarse al placer de un masaje al aire libre, a la sombra de los cocoteros. En el agua hay varias opciones: pasear en kayacs o alquilar pequeños botes para remar frente a la costa, o salir de pesca en busca del pez rojo que como su nombre lo indica es de color carmín y vive entre los islotes de piedra que están a pocos metros de la playa.
Cuando se emprende el regreso, se encienden las luces de Salvador, la ciudad que espera a los visitantes con su música, sus sabores y sus colores, y con aquella mística que rememora en los tambores y en los ritos la magia de la lejana tierra de Africa.
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