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México
Lujos y playas en Puerto Vallarta

En la costa del lujo

En la costa mexicana del Pacífico, la bahía de Banderas alberga 40 kilómetros de playas y deslumbrantes hoteles donde pareciera que nada está negado en materia de placeres. Un destino costero con un trasfondo de selva tropical cuyos románticos encantos, según se dice, enamoraron Liz Taylor y Richard Burton.

Por Julián Varsavsky

Cuando el director de cine John Huston llegó a Puerto Vallarta por primera vez, a principios de los 60, no era más que un pueblito de pescadores que en época de lluvias quedaba aislado del mundo. “Llegué en un avión pequeño y tuvimos que volar muy bajo para espantar el ganado del solar donde íbamos a aterrizar,” fue la primera impresión del cineasta. Que de inmediato cayó seducido por la atmósfera virgen de esa playa sobre el Pacífico y que al poco tiempo regresó para usarla de escenario de La noche de la Iguana, del escritor Tennessee Williams. Al frente del elenco estaban Ava Gardner y Liz Taylor, quien tuvo con Richard Burton .compañero de filmación– su famoso romance de mujer casada. La historia de amor paralela al rodaje atrajo la atención del mundo y podría decirse que cambió el destino de Puerto Vallarta. Todos quisieron conocer esas playas custodiadas por la cadena montañosa de la Sierra Madre, cubierta por una espesa selva tropical que muere en la arena de la costa. Artistas e intelectuales estadounidenses construyeron sus casas junto al mar. Entre ellos, la pareja Burton-Taylor y John Huston, quien vivió hasta el día de su muerte en una mansión de la ensenada de Las Caletas.

Hoy en día Puerto Vallarta ha cambiado mucho. Es una ciudad con una estela de 25 hoteles cinco estrellas desplegados a lo largo de los 40 kilómetros de playa de la bahía, compitiendo en servicio y elegancia arquitectónica. Se puede entender por qué los mejores arquitectos mexicanos exponen aquí sus obras más inspiradas. Tanta fama convirtió a la bahía en uno de los más exitosos del mercado norteamericano y en su marina atracan las principales líneas de cruceros del mundo.
A pesar de la modernidad, los vallartenses han sido cuidadosos de su estilo: el centro de la ciudad perdura como una aldea de casas con tejas rojas que suben del mar a la montaña por calles empedradas. Las fachadas de adobe encalado brillan bajo el sol de Jalisco y las rejas y balcones de hierro forjado terminan de configurar un estilo colonial costero poco común en México. La torre de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe domina el malecón, decorado con las esculturas contemporáneas de Alejandro Coluga: un banco con dos enormes orejas a los costados -.serían del ex presidente Salinas– es la obra más comentada.

Reposo y relax La gama de actividades para el turista es muy variada: navegar hacia una isla en una réplica de la Santa María de Colón; viajar en submarino observando el universo bajo el océano; volar en globo aerostático o en parapente sobre el océano; nadar tomado de las aletas de un delfín; intentar un “hoyo en uno” en un green ubicado sobre una isla a metros de la costa (donde está el campo de golf); participar en una suelta de tortugas recién nacidas para que corran hacia el mar; e incluso aprovechar la escala en el Distrito Federal para conocer las ruinas de Teotihuacán.
Muchos prefieren la calma absoluta. En Puerto Vallarta se puede recibir el don de una copa de camarones gigantes al tequila con sazón de cilantro, mientras reposamos sobre una hamaca entre dos palmeras. Si de grandes esfuerzos se trata, en el bar instalado dentro de la piscina espera un daikiri de fresa para saborear con el agua hasta la cintura en los banquitos sumergidos de la barra. En los hoteles de Vallarta hasta el más mínimo detalle está calculado para comodidad del turista. Por ejemplo, las piscinas tienen en la parte baja reposeras para que el huésped se recueste en el agua y se entregue a la lectura. Las instalaciones son monumentales y espaciosas y reina una discreta intimidad. Para quienes busquen la exclusividad total, hay habitaciones con piscina privada y jacuzzi en el balcón con vista al mar (a precios relativamente accesibles). Los hoteles son pequeños universos con gimnasio, discoteca, restaurantes, playa, campos deportivos y hasta transportes internos –carritos al estilo cancha de golf–, para que el turista no se agite caminando los escasos metros que separan la piscina de la playa. En Puerto Vallarta rige, de manera terminante, la ley del menor esfuerzo.

DATOS UTILES

Cuánto cuesta: Un paquete con aéreo 7 noches en el hotel San Marino (5 estrellas) con el sistema all inclusive cuesta 997 dólares más impuestos. Más información en www.omegaresorts.com.
Por e-mail: puertovallartarep@ciudad.com.ar (Oficina de Fideicomiso de Puerto Vallarta en Buenos Aires). Mexicana de aviación es la única línea de bandera mexicana que vuela a México desde Argentina.
Dónde comer: El Tequila Café, situado justo frente al Malecón, ofrece una atmósfera mexicana con presencia de mariachis durante la noche. Los platos más populares son los tallarines con pesto de cilantro y camaroncitos, y las crepas de huitlacoche y calabaza.
Excursiones: Entre los meses de enero y abril se realiza la excursión para observar a las ballenas jorobadas aparearse en la Bahía de Banderas (65 dólares por persona).
Más información:
www.puertovallarta.net
www.vallarta-adventures.com

 

POR AIRE A SAN SEBASTIAN

Un vuelo de 15 minutos en avioneta lleva hasta la cima de la Sierra Madre, a un pueblito rodeado de un bosque de pinos que se detuvo en el tiempo. Desde el avión se distingue la blanca torre de la iglesia de San Sebastián, que a principios del siglo XVIII tuvo su época de gloria gracias a las prolíficas minas de plata. De la época quedó el estilo colonial, las casas a dos aguas con tejas rojas, las calles empedradas donde pasan hombres a lomo de mula. Hoy sólo viven 600 personas en este somnoliento pueblo alejado de la civilización, que en épocas de lluvia queda virtualmente aislado del país (la excursión cuesta 110 dólares).

 

SENDEROS DE ECOTURISMO

La playa y el hotel son una parte de Puerto Vallarta. Una excursión a la Sierra Madre recorre pueblitos rurales como El Porvenir y San José del Valle, donde a veces las casas se esconden entre los árboles y las palmeras y nunca falta la iglesia con una plaza enfrente. La travesía es en camión Unimog acondicionado para el turismo. Se va sentados al aire libre en la caja del vehículo por un camino de tierra –lleno de pozos inundados– hacia el corazón verde de la selva. “¡Izquierda!”, grita el guía y todos los pasajeros de ese lado deben agachar la cabeza porque la vegetación invade el camión y amenaza con rasguñarnos. Se respira un húmedo aroma a verde y la vegetación es cada vez más selvática. De repente, una nube de garzas blancas levanta vuelo y aterriza en un estero.
El viaje continúa a pie por la jungla, a la vera de un rocoso arroyito. El guía señala las hojas en forma de corazón de una planta venenosa que no hay que tocar, mientras los anfitriones comienzan a aparecer: una mariposa negra con pintas amarillas lleva la mirada hacia arriba y, al enfocar en lo alto, se descubre un halcón deslizándose en círculos. “¡Híjole!, mira esa tarántula”, grita el guía, que toma con la mano cuanta araña se cruce por el camino y en este caso se abstiene. En una ocasión agarró de una pata a la terrorífica araña-alacrán, de cuatro ojos, que se le zafó de la mano y le recorrió el cuello y la cabeza a toda velocidad. Más adelante un saguro detiene la marcha. Se trata de un insólito cactus de varios brazos y 15 metros de altura, con una antigüedad de 700 años.
Hoy los impresionables están de suerte: faltó a la cita la serpiente índigo, de color azul, que suele encontrarse enroscada en alguna rama. Se avanza con los pies en el agua hasta un diquecito formado por la raíz enorme de un árbol –donde las lianas caen sobre la superficie del arroyo para alimentarse– y en una playita se ven las huellas de los animales que se acercan a abrevar aquí: pumas, venados, lagartijas, oxolotes, armadillos, mapaches... una ínfima parte de las especies que pueblan este mundo verde. El destino final es la playa San Pancho, de difícil acceso, rodeada de un encanto virginal.

 

OPINION

Por Oscar Vázquez C. *

Donde el romance no termina

Al dibujar en la mente la riqueza de la riviera mexicana, las playas enmarcadas por palmeras, la exuberante jungla, los lujosos centros vacacionales, es seguro que Puerto Vallarta se destacará en la elección para gozar de los mejores atardeceres del país y del romanticismo de una ciudad que mezcla el atractivo del sol con la de un pueblito típico de México. A la misma latitud que Hawai, disfruta de una temperatura promedio anual de 27 grados y está rodeado de una exuberante vegetación que se desprende de las azules aguas del Pacífico para trepar las laderas de la Sierra Madre. Anidado en las playas de la Bahía de Banderas, la más extensa de México, Vallarta conserva el carácter de su historia, que arranca a comienzo del siglo XVI. Todavía tiene su fisonomía original de casas blancas con techos de tejas rojas, de balcones y azoteas cubiertas de flores.
La ciudad tiene hoteles para todos los presupuestos: villas privadas, lujos de gran clase, posadas de encanto modesto sobre la playa o sobre las calles empedradas que se asoman al mar. Los alojamientos se concentran en cinco zonas: Nuevo Vallarta, el conjunto de hoteles y condominios al norte del aeropuerto; Marina Vallarta, desarrollo que cuenta con hoteles de lujo, condominios, centros comerciales y campo de golf; Zona Hotelera, ubicada entre la Marina y el centro del pueblo; Centro, en la encantadora villa, llena de compras y vida nocturna; y Sur, la frondosa área apartada del pueblo, que nos lleva hasta la playa Mismaloya, donde el paseante encuentra excelente hospedaje. Las actividades al aire libre no tienen límite: en Vallarta se practican todos los deportes acuáticos. Hay comida y diversiones para todos los gustos, las compras son de lo más selecto e incluyen artesanías elaboradas por talentosos artistas mexicanos e internacionales que hicieron de la villa su hogar y centro de trabajo. Puerto Vallarta es uno de los destinos más completos de todo México, con un despliegue de servicios y comodidades para el visitante que te harán sentir a vos como en casa.

* Director adjunto del Consejo de Promoción Turística de México.